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Intervención del Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguey V. Lavrov, en la Conferencia Internacional de Jubileo “Rusia en el mundo de fuerza del siglo XXI”, dedicada al 20 aniversario del Consejo para la política exterior y de defensa y el 10 aniversario de la revista “Rusia en la política global”, Moscú, el 1 de diciembre del año 2012

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Estimado Serguey Aleksándrovich,

Estimado Fiodor Aleksándrovich,

Estimados colegas,

En primer lugar permítanme leer el mensaje de salutación del Presidente de la Federación de Rusia, Vladimir V. Putin.

"Saludo a los participantes de la Conferencia del Consejo para la política exterior y de defensa (CPED), dedicada al 20 aniversario de la creación del Consejo y el 10 aniversario de la revista "Rusia en la política global".

Durante los años pasados el Consejo se ha convertido en una organización pública autoritaria, que reúne a destacados políticos y estadistas, empresarios, dirigentes de asociaciones empresariales, representantes de la ciencia y de los medios de comunicación.

El Consejo contribuye al desarrollo de la activa política exterior de Rusia, formación de posiciones sobre cuestiones mundiales claves y enfoques para abordar las cuestiones apremiantes de la seguridad y la defensa. Con esto la fidelidad a los intereses nacionales de Rusia siempre ha sido la base de sus actividades. Mientras que la evaluación objetiva y profesional de los procesos mundiales contemporáneos ha ganado respeto del CPED como uno de los centros independientes y más influyentes en nuestro país.

Las reuniones de discusión, seminarios, proyectos conjuntos de investigación realizados por el Consejo contribuyen al desarrollo de los contactos de la comunidad de expertos rusos con las principales instituciones académicas extranjeras, organizaciones públicas y políticas. La experiencia intelectual acumulada por el CPED se usa en el trabajo informativo de educación de la revista "Rusia en la política global" que ha ganada el reconocimiento de los profesionales y de todos aquellos, quienes se interesan en las relaciones internacionales.

Estoy convencido de que los miembros del Consejo para la política exterior y de defensa, la redacción de la revista "Rusia en la política global" también en lo ulterior contribuirán a la promoción de los intereses rusos en el extranjero, al fortalecimiento de la influencia de nuestro país en el mundo.

Deseo a los participantes de la Conferencia un trabajo fructífero, éxitos y todo lo mejor".

Quisiera llamar su atención que ese mensaje es poco informal, lleno del contenido. Esto subraya una vez más el respeto, del cual goza el Consejo en el liderazgo del país y en todos los que se dedican a la política exterior.

Por mi parte, quisiera decir lo siguiente. Hemos estado trabajando bajo el "paraguas" del CPED. Este trabajo ha ayudado a cristalizar los principios fundamentales de la doctrina de la política exterior rusa, tales como el pragmatismo, apertura, variedad de opiniones, defensa consecutiva, pero sin confrontación, de los intereses nacionales. Estos principios fueron reafirmados en el Decreto del Presidente de Rusia, firmado conjuntamente con otras leyes el 7 de mayo de este año, es decir, en el día de su inauguración, que estaba dedicada a las tareas de implementación de la política exterior de la Federación de Rusia. Estos mismos principios serán afianzados, desarrollados, completados o aclarados a la luz de los últimos acontecimientos - en la nueva redacción del Concepto de la política exterior de la Federación de Rusia, el trabajo sobre el cual se lleva a cabo según el Decreto mencionado, y ahora nosotros le estamos informando sobre ello al Presidente.

Por supuesto, no todas las ideas y los proyectos, que se desarrollan por el CPED, se materializan en la vida, pero muchos se implementan. Lo principal es que la actividad del Consejo realmente ayuda a ampliar los horizontes intelectuales en la política exterior rusa. Ciertamente en el futuro los estudios prácticos del Consejo serán usados en nuestro trabajo práctico, como lo ha sido en el pasado.

Quisiera decir unas palabras sobre el tema de la Conferencia de hoy. Parto de que los organizadores lo han hecho muy amplio para que los participantes tengan la oportunidad de expresar ideas que consideren ñomo más importantes y relevantes. Intentaré aprovecharlo.

En primer lugar diré que realmente vivimos en un mundo de profundos cambios, esto no es una figura retórica, sino una realidad muy concreta. Con esto, estos cambios, como lo sucede habitualmente en la historia, se desarrollan no por el escenario inventado por alguien, sin a menudo contra los cálculos y proyecciones. Basta decir que el proceso de globalización ha tomado completamente otro curso, en diferencia de lo que esperaban sus seguidores hacía veinte años. Se suponía que tras la desintegración de la Unión Soviética y del sistema socialista, los países occidentales desarrollados y las grandes corporaciones extenderían su influencia en todo el mundo sin cualesquiera restricciones, mientras que el sistema democrático liberal sería el único "faro", al cual aspirarían todos los pueblos "atrasados". De hecho, de la globalización han adquirido muchas ventajas muchos Estados en desarrollo que han creado una industria moderna y han mejorado sustancialmente el bienestar de su población, mientras que los Estados desarrollados han experimentado los procesos de desindustrialización, reducción de la capa de la clase intermedia y estratificación intensa social.

Ahora se trata de encontrar soluciones que permitirían superar los desequilibrios estructurales profundos de la economía en Europa y los Estados Unidos y sobre la perspectiva de salida de China durante los próximos 5-6 años en la posición de una potencia económica más grande del mundo. Es decir, al parecer, se trata de la transformación de yuan en una moneda principal de reserva. Por ahora no se ve el cambio del curso para continuación del bombeo inflacionario de la economía estadounidense, adquiere un carácter prolongado la crisis de la eurozona. En general, se puede esperar que en las próximas dos décadas habrá una nueva imagen del mundo, y esto implica un doloroso proceso de reajuste de las relaciones internacionales.

En este sentido quisiera llamar la atención sobre la conclusión que hizo el académico, Serguey P. Kapitza, volviendo al final de la vida a la problemática histórica. El mismo ha demostrado bastante claramente que el proceso histórico se acelera continuamente, y cada etapa posterior de la historia resulta dos veces más corta que la anterior. Creo que todos somos muy conscientes de esta realidad.

Muchos factores indican que comienza una nueva etapa histórica. Si hablamos específicamente sobre Rusia, entonces con esto, evidentemente, están conectados y los pros y los contras, riesgos y nuevas oportunidades. Por un lado, realmente no sabemos lo que traerán para nosotros los procesos en el Occidente, teniendo en cuenta ante todo la Unión Europea, nuestro partenaire clave en la cooperación comercial, tecnológica e inversionista y como consumidor de hidrocarburos rusos. Por otra parte, con tal "barajadura" radical mucho, probablemente, podría comenzar con una pizarra limpia y no todas las reglas que definen la jerarquía internacional de hoy, serían aplicables en el futuro. Por ejemplo, es posible, como se destaca en las tesis publicadas antes de la Conferencia, que tenga importancia no donde hayan inventadas tales o cuales tecnologías, sino la capacidad de aplicarlas mejor. En este sentido, Rusia con su población alfabetizada audaz y vastos recursos tiene ventajas obvias.

Hoy nadie discute que el sistema internacional emergente es por definición un sistema policéntrico. De esto en su análisis parten los principales centros cerebrales en Europa, Estados Unidos y Rusia. La otra cosa es que por ahora nadie puede decir exactamente cuales contornos adquiera el orden mundial del siglo 21, a que grado sea viable y sostenible. Consideramos como uno de los principales objetivos de la política exterior rusa la contribución a que el sistema internacional sea justo y democrático, idealmente, autorregulador. Esto puede lograrse sólo mediante la acción colectiva, de socio, de los principales "jugadores" en la escena internacional. También está claro que la aplicación de esta máxima, con la cual, al parecer, todos están de acuerdo, en el plano práctico es un proceso lento y complejo.

Hemos ido lo suficientemente lejos de las ideas difundidas ampliamente a principios de los años 90 de que el mundo avanza hacia un modelo unificado que representa en sí de una copia innumerable de estándar occidental con algunas adiciones del folclore local. Ahora es evidente que con el reconocimiento de la economía de mercado y los principios democráticos de la estructura estatal en calidad del canal principal del proceso histórico, la multiplicidad de los centros de poder y influencia supone la multiplicidad de los modelos del desarrollo. Además se hizo más nítida la tendencia, destacada con perspicacia por Samuel Huntington, del aumento de la identidad civilizadora. En la época del declive de los imperios coloniales y el predominio de las ideologías revolucionarias o nacionalistas - o en todo caso occidentales en a sus raíces – era difícil imaginar lo que pasaría medio siglo más tarde tan potente renacimiento de la autoconciencia islámica. El aumento del deseo de apoyarse en sus raíces civilizadoras se observa en Asia y otras partes del mundo. En la política internacional esto podría dar lugar a la intensificación de conflictos, o bien al entendimiento de la necesidad de cooperación de partenaires sobre una nueva base, que corresponda a las realidades contemporáneas.

La solución a este dilema en gran parte dependería de qué curso de acción elegirían nuestros partenaires occidentales y, sobre todo, los Estados Unidos de América. Hace poco he leído el artículo de Mark Sieff "The Closing of the Conservative Mind" en la revista "The American Conservative". El autor señala que los Estados Unidos como si hayan puesto los zapatos soviéticos en un intento de propagar la revolución en todo el mundo, esta vez – la democrática. El mismo escribe que la historia ha demostrado muchas veces la inviabilidad de la política de la transformación revolucionaria del mundo, mencionando en este contexto a Robespierre, Napoleón y Trotsky. No se puede de estar de acuerdo con M. Sieff que la imposición a otros de su propio sistema político y socio-económico en la mayoría de los casos provoca una reacción contraria y podría contribuir al fortalecimiento de las fuerzas extremistas y represivas, empujando hacia atrás la perspectiva de los cambios democráticos reales.

Esto es uno de los temas fundamentales de la actual política internacional relacionada con el tema del futuro orden mundial. Y aquí se trata del todo no de que Rusia por la "inercia" se opone a la influencia occidental o "de nocividad" pone unos palos en las ruedas de los proyectos iniciados por el Occidente. El hecho es que el avance de la democracia a "sangre y hierro" simplemente no funciona. Nos convencemos en esto hoy en día, en el último año y medio y incluso una década. Todos hemos escuchado sobre Irak, los problemas que se conservan en este país. Nadie entiende hasta el final lo que habría en el Medio Oriente.

El peligro de implantación forzosa de la democracia consiste en que la misma lleva al aumento de los elementos de caos y podría convertirse en una grave crisis de gobernabilidad a nivel global. Este peligro se siente ahora por todos muy claramente. Mi colega francés, Lourent Fabius, recientemente hablaba sobre los temores de aparición del mundo no multipolar, sino "multifraccionado". Dado que el mundo no puede ser unido ni bajo los auspicios de los Estados Unidos ni bajo el "paraguas" de la OTAN, la respuesta a estas inquietudes sólo puede ser el giro hacia una verdadera cooperación tanto a nivel euro-atlántico, como a nivel global.

En su artículo reciente, reproducido por la revista "Rusia en la política global", Henry Kissinger ha citado los argumentos convincentes que confirman la inconsistencia del apoyo en la fuerza para avanzar a los intereses estadounidenses, incluyendo la propagación de su propio conjunto de valores. El mismo hizo hincapié en que adaptar la política exterior estadounidense a las circunstancias internas de otras sociedades y factores relacionados con a su seguridad nacional no significa abandonar los principios. Es sólo la comprensión de los beneficios del avance evolutivo y civilizado hacia la materialización de sus objetivos. Es difícil estar en desacuerdo con esto.

Henry Kissinger destaca el carácter grotesco de la contraposición de enfoques conocidos como las políticas reales y del curso basado en valores. Es evidente que en el mundo de hoy deberíamos hablar de una combinación razonable de estas nociones, dada la misma inutilidad tanto de las "cruzadas", como de la política carente del apoyo moral.

Estamos a favor de ponernos de acuerdo sobre el conjunto de núcleo de valores que podrían ayudar a construir los cimientos de un sistema basado en una cooperación de las civilizaciones. Si los valores son comunes, entonces hay que elaborarlos conjuntamente, abandonando el mesianismo, que en la política trae un daño evidente. Debería ser evidente el peligro de reincidencia del pensamiento colonial cuando se ofrece, por ejemplo, para el bien de los sirios los "jugadores" exteriores se pongan de acuerdo sobre los principios para una nueva estructura política de la RAS.

Estamos convencidos de que la base de la escala común de valores sólo se puede encontrar en las tradiciones, comprobadas durante miles de años, en el denominador espiritual y moral común para las religiones más importantes del mundo, incluyendo tales principios y conceptos como la aspiración a la paz y justicia, dignidad, libertad y responsabilidad, honestidad, bondad, laboriosidad y moralidad.

La ciencia política rusa posee ahora, como me parece, mayor libertad intelectual, y esta nuestra ventaja hay que seguir aprovechando al máximo, intentando comprender en qué camino iría después de todo el desarrollo histórico en el mediano y largo plazo. Aunque, por supuesto, la confección de las previsiones en el giro brusco histórico es una tarea extremadamente difícil e ingrata.

Parece ser una constante en nuestros pensamientos sobre el rol de Rusia en la política global en el siglo XXI debe ser la reafirmación del curso político independiente de nuestro país. La autonomía de la política exterior de Rusia es nuestro logro, alcanzado por los siglos anteriores del desarrollo histórico y la experiencia de los últimos 20 años. Estoy convencido de que nuestro país no es capaz de existir como un "encuarte" de tal o cual líder mundial. En este contexto viene a la mente un comentario reciente del ex Presidente de la Comisión Europea, el ex primer ministro de Italia, Romano Prodi, que en el mundo de hoy, sólo tres Estados han conservado su soberanía – los Estados Unidos, China y Rusia. Una exageración, por supuesto, pero notable.

Nos vemos a nosotros mismos y somos en realidad uno de los centros de un nuevo mundo policéntrico. Este status de Rusia se determina por sus posibilidades militares, económicas, geográficas y su potencial cultural y humano. Se determina también por el hecho de que en los asuntos internacionales nuestro país está firmemente en las posiciones del derecho y la justicia. La supremacía del derecho debe ser asegurada también en el ámbito internacional. Esto permite a Rusia jugar un papel de equilibrio, estabilización, que es cada vez más demandado por nuestros socios internacionales, incluso aquellos que no pueden imaginar a sí mismos fuera de las relaciones aliadas con los Estados Unidos o la OTAN.

Por supuesto – y esta tesis ha sido enfatizada repetidamente por el Presidente de Rusia, Vladimir V. Putin - este enfoque no tiene nada que ver con el aislacionismo. Nosotros ya estamos profundamente integrados en los procesos globales y estamos dispuestos para avanzar por este camino en lo ulterior. Estoy seguro que tomamos conciencia en la práctica que la adhesión de Rusia a la OMC está llevando a profundos cambios en las "reglas del juego" y la atmósfera general en la economía rusa.

Nos vemos como un país que constantemente hace profundizar las relaciones de integración con nuestros vecinos. Se trata, por supuesto, sobre todo de la integración eurasiática, que consideramos como un proyecto a largo plazo y mutuamente beneficioso. Pero no es sólo esto. Constantemente expresamos las opiniones a favor de la aproximación audaz y de gran alcance con la Unión Europea. Recientemente el Presidente Vladimir V. Putin propuso la idea de crear un espacio común económico y humano. Partimos del curso paralelo sin alternativas sobre la integración en la región de Asia y el Pacífico.

Sé que Serguey A. Karaganov muchos años defiende la tesis sobre la "Unión de Europa", como es difícil materializarla en la vida real. Pero en última instancia es una cuestión de voluntad política, el deseo de definir las condiciones bajo las cuales tal concepto podría ser viable. Sobre esto piensan mucho y en las capitales occidentales. En este sentido son las ideas expresadas en Alemania y Francia, así como las reflexiones en el último libro de Zbigniew Brzeziński. Pero esto no debería ser la incorporación de Rusia en el Occidente, sino precisamente un acercamiento equitativo.

Desde el punto de vista de la civilización - y su importancia, como he dicho, en nuestra opinión, crece - Rusia es una parte de la civilización europea "grande" conjuntamente, por supuesto, con la América del Norte. Por lo tanto, no tenemos problemas con respecto a la aplicación de la "opción europea" a través de la interacción de respeto mutuo y la integración real.

En general, me parece muy extraño cuando nuestras conversaciones con los socios occidentales, a veces, me recuerdan la situación como si no hubiera ningunos otros poderosos centros de fuerza o si el Occidente todavía como en los años 1990, pretenda al papel del árbitro de los destinos de la humanidad. Parece que los cambios enormes ocurridos durante los últimos 20 años en el mundo - el surgimiento de poderosos centros de crecimiento económico, del poderío financiero y la influencia política, no se notan en la práctica política de algunos partenaires occidentales.

Estoy convencido de que el aceleramiento del estado de confrontación en el Euro-Atlántico es un camino políticamente injustificado y desviando. En cualquier caso, esto no es nuestra elección.

En las tesis para la presente Conferencia ha sido tocada también la cuestión de los esfuerzos para fortalecer la capacidad de defensa de Rusia. En mi opinión, no cabe duda que en un mundo perturbado alrededor de nosotros, esto es una cuestión lejos del "status", sino una necesidad urgente, ya que sólo de esta manera puede garantizarse confiablemente la seguridad del país.

En este sentido voy a mencionar que últimamente hablan mucho sobre el factor de fuerza en las relaciones internacionales. Supuestamente después de los cambios en la frontera de los años 1990 el papel de este factor debe reducirse, pero en esta etapa histórica estamos viendo su aumento. La tesis que no nos cansamos de repetir - todas nuestras predicciones sobre los camino óptimos del desarrollo de Rusia tienen sentido a condición del manteniendo de la estabilidad internacional. Es un reflejo de la realidad de la situación. Si aceptamos esta tesis, entonces la acumulación de los elementos de la tensión en las relaciones internacionales no pueda ser un motivo de la preocupación. Sin embargo la tensión se acumula, lo que se confirma por el aumento de la cantidad y de la intensidad de los conflictos internacionales.

Sabemos a cuales consecuencias lleva la intervención armada en los asuntos de otros Estados no autorizada por el Consejo de Seguridad de la ONU. Vemos los intentos de hacer el "modelo de Libia" como un precedente. Cabe señalar otro aspecto: en tiempos de las crisis económicas aparece tentación a recurrir a los métodos militares para resolver los problemas. Esta tendencia no es ajena a algunos de nuestros socios. El conflicto militar ya ha sido utilizado y puede utilizarse en el futuro para "sacudir" la situación, de nuevo poner las prioridades, en algún lugar poner en "cero" las obligaciones. Estoy seguro que ustedes en la Conferencia hablarán de ello con más detalles.

Para concluir, diré unas palabras sobre la "fuerza blanda". Obviamente, esto es uno de los principales componentes de la influencia internacional de los Estados. Es imposible discutir con el hecho de que Rusia por ahora en esta área seriamente está rezagada. El mundo ruso es un recurso enorme para fortalecer el prestigio de Rusia en el mundo, para su conservación y desarrollo hay que trabajar activamente y viendo claramente el objetivo final, sobre una base diaria. Voy a notar que con la llegada a la "Cooperación con Rusia" de un miembro más del CPED, Konstantin I. Kosachev, han sido marcados los planes serios para utilizar este recurso. El Ministerio de Asuntos Exteriores cooperará activamente con Konstantin Iósifovich en su capacidad oficial. Es importante no sólo difundir la lengua rusa y la cultura rusa, sino también ampliar las oportunidades de obtención de enseñanza en el idioma ruso. Estamos hablando de eso en términos prácticos, al realizar las tareas de servicio.

La participación de Rusia en el espacio global de información es realmente pequeña por ahora. Pero los primeros pasos ya han sido hechos. El canal de TV "Rusia de hoy" y "Rusia Al-Yum" (Rusia de hoy en el idioma árabe) son los proyectos exitosos. En el Reino Unido "Russia Today" alcanzó el tercer lugar en popularidad. Las tecnologías modernas, incluyendo Internet, hacen los torrentes de información más democráticos. Es necesario utilizarlos activamente. Pero en general las posibilidades de ser oídos nosotros las tenemos, y se ellas están ampliándose.

Gracias.

Felicito a todos con el doble aniversario y confirmo la disposición a seguir cooperando estrechamente con el CPED.

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