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Entrevista concedida por el Ministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Serguéi Lavrov, a la página web del Club Internacional de Debates Valdái en el marco de la XIV sesión anual, Sochi, 17 de octubre de 2017

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Pregunta: Le agradecemos mucho haber encontrado tiempo para responder a preguntas de la página web del Club Valdái.

Respuesta: No hay forma de escapar de ustedes…

Pregunta: ¿Qué designios abrigan nuestros socios estadounidenses al exacerbar los ánimos antirrusos en la sociedad, al emprender acciones inamistosas y hasta absolutamente ilegales con respecto a los diplomáticos rusos?

Respuesta: Creo que lo hacen para socavar las posiciones de la Administración Trump. Pese a toda la inconsecuencia de los pasos dados por la Administración actual de la Casa Blanca, pese a toda su extravagancia, Donald Trump no ha renunciado a sus consignas, enarboladas tanto durante su campaña electoral como ya después de electo, a las intenciones de mejorar las relaciones con Rusia y cooperar con nuestro país.

En un ambiente en que la mayoría de los demócratas no pueden quitarse de encima el enfurecimiento provocado por la derrota de su candidato en las presidenciales, mientras una considerable parte de los republicanos experimenta rechazo hacia el perfil no sistémico de la Administración actual, incluido el propio Presidente, esta histeria antirrusa y la que Ud. acaba de mencionar y que prosigue en EEUU, refleja las luchas políticas internas. De ello habló el Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, y lo corroboran todos nuestros análisis. Ha transcurrido casi un año desde el momento cuando en EEUU empezaron a investigar los vínculos de Trump con Rusia, la intromisión de Rusia en la campaña electoral a favor de los republicanos. Se convocan audiencias, se efectúan investigaciones especiales, fue designado un fiscal especial, se interrogan decenas de personas. Y durante todo este tiempo, con tanta cantidad de personajes involucrados en este proceso, no ha habido una sola filtración siquiera sobre un hecho que corroborara dichas acusaciones. Para mí es un índice serio. Toda la sociedad estadounidense, sobre todo en lo relativo a la política exterior, tiene por referente las filtraciones. Es imposible hermetizar los procesos iniciados para investigar la denominada “injerencia rusa”. Entonces,  los estadounidenses simplemente no disponen de tales hechos.

Pregunta: A su modo de ver, ¿qué consecuencias acarrearían los ánimos de autodeterminación y hasta separatismo que van ganando terreno en Europa?

Respuesta: No sé qué clase de consecuencias esto acarrearía. Cifro grandes esperanzas en que no provoque grandes conmociones en Europa. Estamos interesados en una estable Unión Europea. Por lo visto, una posible solución consistiría en conjugar la tendencia a la sucesiva integración con los ánimos a favor de una mayor soberanía que se manifiestan ahora en diversos países. En las estructuras centrales de la Unión Europea con sede en Bruselas fueron delegadas no pocas incumbencias. Como cualquier institución burocrática, la Comisión Europea busca no sólo emplear sino incrementarlas, no siempre contando con el visto bueno de los países miembros. Se produce una reacción inversa.

Quizás, para la Unión Europea sería un proceso nada fácil pero útil el de hallar una dorada medianía entre la centralización de toda una serie de incumbencias, de un lado, y un gran respeto – como se observa ahora – hacia la soberanía y los derechos nacionales de los Estados miembros, del otro.

Pregunta: ¿Cómo se resolverían los incipientes problemas sociales, en primer lugar, el de desigualdad, en diversos países y, particularmente, dentro de la Unión Europea?

Respuesta: Me cuesta comentar cómo resolverían sus problemas internos otros países. Tenemos nuestros propios programas de solución de los problemas sociales. Estos problemas se complicaron cuando se alteró la coyuntura mundial, y unas sanciones ilegítimas fueron introducidas en la práctica de nuestras relaciones con Europa y otros países occidentales. Ello obstante, ahora el Gobierno dispone de un buen plan de acciones para seguir adelante, aprobado por el Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin. Vladímir Putin considera la solución de los problemas sociales una de nuestras prioridades. Como ya he dicho, tenemos elaborado un plan ad hoc. Me cuesta pronosticar qué planes trazaría Europa y como cumpliría estas tareas, pero estoy seguro de que allí también están pensando en ello. Lo que ahora sucede en Francia en relación con la iniciativa adelantada por el Presidente, Emmanuel Macron, y encaminada a reformar la legislación laboral, evidencia palmariamente mente que será un proceso nada fácil.

Pregunta: Últimamente, se habla mucho sobre la necesidad de reformar la ONU. ¿Qué funciones principales de la ONU o formas de su ejecución han de ser reformadas y por qué? Si la decisión sobre la reforma de la ONU llega a adoptarse, ¿cuánto tiempo ello requeriría?

Respuesta: La reforma no es una acción aislada. Para mantener vitalidad, toda estructura debe autoperfeccionarse. Lo mismo pasa en la ONU. Últimamente, esta entidad reformó el sector de defensa de los derechos humanos, instituyó el Consejo para Derechos Humanos de la ONU. Fue reformada la división de ordenamiento mundial – es un periodo entre la terminación de un conflicto y el comienzo de la recuperación económica - , quedó instituida la Comisión de la ONU para el ordenamiento mundial.

Se están discutiendo toda una serie de otras reformas, incluida la de la propia Secretaría General, para hacerla más eficaz, menos burocratizada, evitar el paralelismo de funciones. Una de las reformas más importantes de la época contemporánea, cuando el cargo de Secretario General de la ONU lo ocupó António Guterres, fue la institución del cargo de secretario general adjunto de la Oficina de Lucha contra el Terrorismo, destinada a coordinar la labor de todo el sistema de la ONU que engloba decenas de estructuras, establecimientos especializados, programas, fundaciones que buscan centralizar los esfuerzos antiterroristas. También es una reforma importante que acaba de iniciarse y que debe ser llevada a vías de hecho.

No puedo por menos de mencionar la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU. Este proceso que puede ser efectuado únicamente a base de consenso, tal como lo dispuso la Asamblea General de la ONU cuando daba inicio a este proceso. El asunto es nada fácil. Creo que en los próximos año o dos, no será factible llegar a un acuerdo, pero el proceso prosigue. Los intereses de todos los países han sido entendidos y tomados en consideración. Nos pronunciamos porque el objetivo fundamental de la reforma radique en enmendar la situación en que las regiones en vías de desarrollo – Asia, África, América Latina – están a todas luces insuficientemente representadas en este principal organismo de las Naciones Unidas. Esta postura la comparten nuestros socios chinos y la mayor parte de los países del Tercer Mundo. Seguiremos manteniéndola.

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