18 noviembre 202122:15

Discurso y respuestas a las preguntas de los medios ofrecidos por el Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, al término de la reunión ampliada de la cúpula directiva del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia con la participación del Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, Moscú, 18 de noviembre de 2021

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Buenas tardes,

Después de que el Presidente de Rusia, Vladímir Putin, inaugurara la reunión ampliada de la cúpula directiva del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia con una intervención en la que dio valoraciones y planteó objetivos y que ustedes presenciaron, tuvimos una estimulante sesión a puerta cerrada en la que intercambiamos opiniones con confianza y creatividad sobre cómo seguir promoviendo los intereses de Rusia consagrados en la Concepción de la Política Exterior de la Federación de Rusia. Hablamos de las tareas que tenemos en virtud de este documento aprobado en 2016, cuando la situación en el escenario internacional era bien diferente. Todos los cambios profundos ocurridos en los últimos cinco años están siendo plasmados en la nueva Concepción que se deberá presentar al Presidente a principios del próximo año.

Discutimos nuestras relaciones con los países occidentales en las que se está acumulando un potencial muy conflictivo. Occidente se niega en rotundo a realizar la interacción sobre una base de igualdad y beneficio mutuo, a buscar un equilibrio de intereses, y pretende promover únicamente su visión de cómo resolver los problemas. Tal situación se remonta a los años 1990, cuando las promesas que se nos daban –primero de que la OTAN no se extendería al Este, luego de que no desplegaría importantes fuerzas armadas en el territorio de sus nuevos aliados, y un largo etcétera– se rompían y se ignoraban una y otra vez. Hemos aprendido de esta lección histórica. No la definiría como amarga, pero una lección es una lección. Y sabemos aprovechar las lecciones.

Rusia saca conclusiones de todas sus experiencias y aprende las lecciones sin buscar confrontación. Pero no vamos a sucumbir a los llamados de seguir un camino que no nos conviene, que no consideramos que se ajuste a nuestro interés fundamental. Siempre tenemos la puerta abierta a la negociación sobre la base de respeto mutuo, igualdad y búsqueda del equilibrio de intereses. Y máxime cuando son muchos quienes comparten la misma visión, que son tanto el entorno más próximo de Rusia: la Comunidad de Estados Independientes (CEI); la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC); la Unión Económica Euroasiática (UEE); la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS); los BRICS; la troika integrada por Rusia, la India y China (RIC) que fue la precursora de los BRICS; como varios socios en Asia, América Latina y África. Asimismo, son varios países y organizaciones: Asean, la Unión Africana, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac)  y numerosas organizaciones subregionales que crecen, se desarrollan y cobran fuerza en el mundo emergente.

Rusia quiere que triunfe el derecho internacional. Desde el Acta Final de Helsinki de 1975, nuestros socios occidentales estuvieron diciendo en todo momento que pedían y exigían a nuestro país el respeto del derecho internacional. Ahora ya no lo dice ninguno de nuestros colegas occidentales. Lo que dicen todos ellos es que piden respeto al “orden internacional basado en reglas”. El derecho internacional es visto ahora por Occidente como una antítesis de su propia política. Y la explicación es muy simple. En la ONU, donde todo el mundo está representado, donde tienen cabida todas las opiniones, incluidas las que no coinciden con la visión occidental, hay que negociar, hay que buscar consenso y equilibrio de intereses. ¿Qué es lo que hace Occidente? Junta a unos pocos, escoge algún asunto de la agenda de la ONU, lo debate y formula esas reglas sin ningún tipo de disputa ni discusión. Pero la verdad no nace sin la discusión, por lo que los intentos de confeccionar reglas entre unos cuantos y después presentarlas como una referencia imponiéndoselas a los demás, están abocados al fracaso. Podría funcionar durante algún tiempo, mientras los países que dependen de Occidente y están bajo su influencia, sucumban a las presiones para firmar ciertas proclamas y declaraciones. Pero eso no tendrá carácter estable alguno porque solo los acuerdos alcanzados con la participación de todos los Estados mantienen su vigencia durante mucho tiempo.

Es ahí donde media ahora el mayor abismo entre el derecho internacional que hemos venido forjando entre todos en forma de la Carta de la ONU tras la Victoria en la sangrienta Segunda Guerra Mundial, y los intentos de reescribir la Historia y los resultados de la Segunda Guerra Mundial y de presentarse como los únicos vencedores sirviéndose de la percepción subjetiva de cómo terminó la Guerra Fría. Es una ilusión no demasiado prometedora, y estoy convencido de que cada vez hay más políticos responsables en Occidente que lo entienden. Muchos empiezan a reconocerlo. Algunos lo hacen durante contactos privados. Pero esta verdad se abrirá el camino sólo con un esfuerzo conjunto. Cuando se reúne todo el mundo y hay diversidad de opinión, es más difícil ponerse de acuerdo que estando entre los tuyos que no rechistarán ni dirán una palabra en contra tuya. Cuando se busca entre todos un acuerdo a través de serios y complejos compromisos, se establece realmente un equilibrio de intereses y es entonces que se alcanza un acuerdo que se cumplirá y se mantendrá estable ayudando a resolver problemas globales.

Pregunta: Se ha hecho pública su correspondencia con los homólogos de Francia y Alemania. ¿Por qué? ¿Le tenían harto? ¿Qué reacciones ha tenido esta publicación?

Respuesta: Somos todos humanos. Se podría decir que me tenían harto. Pero no nos desanimamos en absoluto. Es solo que no estaba bien que mis colegas se portasen así, haciendo a diario declaraciones arrogantes, poco correctas y faltas de ética a lo largo de las últimas dos semanas (mientras se discutía su iniciativa de reunir a los ministros de Exteriores). Supuestamente estaban todos listos, Putin lo había ordenado, pero a Lavrov no le daba la gana. Es más o menos lo que decían. No incluí en la correspondencia divulgada la grabación de la conversación telefónica de Putin con Macron y Merkel que citan mis homólogos los jefes de la diplomacia insistiendo en una reunión a nivel de ministros del Cuarteto de Normandía, pero en esa conversación telefónica, respondiendo a los llamados del Presidente de Francia y la Canciller de Alemania, el Presidente Putin sugirió estudiar el formato de una reunión ministerial del Cuarteto de Normandía y dijo que daría instrucciones a Lavrov para que viera qué podíamos hacer al respecto. Pero hasta ese momento toda la conversación se centró en que el régimen de Kiev no había cumplido ninguna de las decisiones de las anteriores cumbres de Normandía. Esto es de lo que se habló. Cuando Putin dijo que me daría instrucciones para estudiar la posibilidad de una reunión ministerial, eso fue después de repetir una y otra vez a sus interlocutores que no queremos una reunión sólo para vernos las caras y hacer una foto bonita.

En cuanto a la correspondencia publicada, creo que da suficiente idea sobre el fondo de la cuestión. No se trata de quién invitó a quién, quién y por qué no pudo ir, sino del sabotaje permanente perpetrado por el régimen ucraniano respecto a los Acuerdos de Minsk. Lo que quiere no es cumplirlos, sino reescribirlos, y es por ello que busca convocar reuniones ministeriales y cumbres con la esperanza de que, una vez sentados todos en la mesa y tomando té, puedan intentar convencer a Lavrov o bien a Putin para “retocar un poco aquí y allá”, porque Kiev no puede cumplirlo de ninguna manera.

Ha sucedido recientemente algo muy feo que ha acabado en internet. He hojeado la extensa misiva de Alexéi Réznikov, otrora responsable de los “territorios ocupados”. Cuando todavía era ministro de Reintegración de los Territorios Temporalmente Ocupados, escribió una carta a la Comisión de Venecia (léanla, es un pasatiempos entretenido, unas 15 páginas en letra pequeña). El texto entero versa sobre un único tema, de que los Acuerdos de Minsk supuestamente no tienen valor legal alguno. ¿De qué más podemos hablar en este caso? Si aceptamos reunirnos en tal contexto, los representantes del régimen de Kiev dirán enseguida que si los rusos se han sentado a la mesa de negociación del Cuarteto de Normandía, es porque están de acuerdo con cómo los ucranianos interpretan los Acuerdos de Minsk. Eso no ocurrirá jamás.

Aceptaremos una reunión sólo una vez que se nos informe de cómo Kiev va a cumplir con todo lo que se pactó en las decisiones anteriores. Esto se refiere al estatus especial de Donbás consensuado con las repúblicas, y a la consagración de ese estatus especial en la Constitución de Ucrania, que debe incorporar elementos de federalización y descentralización, tal como estipulan los Acuerdos de Minsk. También se refiere a una amnistía incondicional y a la celebración de elecciones según un procedimiento acordado entre Kiev y las repúblicas de Donetsk y Lugansk a partir de los principios de la OSCE. Eso es todo. Después de eso, el Gobierno del Estado ucraniano podrá recuperar el pleno control sobre el tramo de la frontera con Rusia que no controla actualmente. Nadie puede negarlo. Está puesto negro sobre blanco en los Acuerdos de Minsk.

Pregunta: Continúa la escalada de tensiones en el mar Negro. Occidente la sigue financiando, y ahora no sólo promete sino que envía armas. El Presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha dedicado hoy mucha atención a este asunto. ¿Cree usted que va siendo hora de recurrir a nuevos mecanismos para dejar claro que eso desestabiliza la situación en general en la región y el mundo? ¿Tiene usted alguna nueva tarea que le haya planteado hoy el Presidente de Rusia, Vladímir Putin?

Respuesta: El Presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha expuesto con suficiente detalle y claridad nuestras evaluaciones de lo que está pasando en el mar Negro, en la región homónima. Vemos provocaciones deliberadas y una situación que ha sido descrita más de una vez por los artistas, escritores y cineastas. En particular, en la película Wag the Dog (La cortina de humo). Todo lo que está pasando ahora, refleja en gran medida el deseo del régimen de Kiev de hacerse la víctima de la presunta “agresión rusa” que ellos ven unas veces y otras niegan.

¿Se acuerda de que en Occidente hubo alboroto por las supuestas grandes concentraciones de tropas rusas? Entonces los titulares del Ministerio de Defensa y del Estado Mayor de Ucrania dijeron que en la frontera no pasaba nada, que todo estaba tranquilo. Pero a algunos, entre ellos al propio Presidente de Ucrania, Vladímir Zelenski, les gustaría atizar el fuego y lanzar una provocación haciendo que Rusia pierda los estribos, con la esperanza de que Occidente acuda en su ayuda. Se han hecho unas declaraciones absolutamente irresponsables: el Secretario de Defensa de EEUU, Lloyd Austin, garantizó estando de visita en Kiev que Ucrania será parte de la OTAN; el Ministro de Defensa del Reino Unido dijo que Gran Bretaña construirá bases navales en el mar de Azov y enviará allí a 600 marines suyos para defender a Ucrania de la agresión rusa. Por un lado, parecen gente seria; por otro, eso es ridículo; y por último, es muy peligroso. Puede que lo hagan sólo con el propósito de desviar la atención de algún otro problema.

Y es que ahora los ingleses necesitan pavonearse un poco en el escenario internacional. Se retiraron de la Unión Europea, no se acaban de adaptar a su nueva posición y se han proclamado una “Gran Bretaña global”, que al parecer pretende proyectar globalmente todas sus capacidades. Toca darse aires de grandeza, lo entiendo. Todo eso parece ridículo y provocativo a la vez. Son gente adulta y deben darse cuenta de que muchos de los máximos dirigentes ucranianos están esperando a que Occidente cometa una provocación que lleve inevitablemente a una respuesta rusa. Es algo que se debería comprender en todas las capitales occidentales y sobre todo en Washington, porque sin Washington nadie dirá allí ni pío, ni moverá un dedo.

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