15 julio 202113:23

Comentario de la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, María Zajárova, sobre la situación en Cuba

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Hemos tomado nota con sorpresa de las declaraciones oficiales de EEUU en relación con la situación en Cuba, en vista de los últimos acontecimientos. La parte estadounidense a todos los niveles, inclusive el comunicado oficial anunciado en la rueda informativa del Departamento de Estado el pasado 13 de julio, presenta descaradamente los acontecimientos que tuvieron lugar en Cuba como consecuencia de los errores cometidos por el Gobierno.

Un cinismo especial de Washington consiste en que, durante todo el período de existencia de la Cuba revolucionaria, aplicaba premeditadamente una estrategia de ahogamiento del país, discriminación de su pueblo y destrucción de su economía. Vale la pena recordar los 60 años del embargo económico y financiero sobre la República, la elevación a nivel de la legislación nacional con la aplicación extraterritorial de restricciones duras a través de la ley Helms-Burton? ¿Qué se puede hacer con la política infinita y absolutamente arbitraria de sanciones que se extiende, en particular, a los productos más necesarios de consumo masivo, incluidos los alimentos y medicamentos? ¿Cómo se puede evaluar la inclusión de Cuba políticamente motivada y repetida en unas listas nacionales del terrorismo que impiden a la plena integración de la República en los procesos políticos globales?

En las condiciones de una catástrofe epidemiológica global que exige reconciliarse y aunar los esfuerzos todas las medidas discriminatorias de Washington se aplican y hasta se endurecen. EEUU aborda las necesidades humanitarias, pero exacerba la tensión y la confrontación para satisfacer sus propios intereses egoístas.

La lógica es simple. Se aprobó en reiteradas ocasiones por Washington en situaciones diversas, pero con el mismo objetivo: inspirar "revoluciones de color" en relación con regímenes no deseados. Al inicio, se imponen sanciones contra estos, se crean o se aportan desde fuera problemas artificiales que agravan la situación económica y social. En esta coyuntura se provoca la tensión, se excitan ánimos antigubernamentales. Cuando se acumula una masa crítica, toda la responsabilidad se echa al Gobierno nacional. Se le ponen etiquetas, se desacredita su actividad y la situación se lleva al colapso.

El mismo algoritmo se intenta aplicar ahora en relación con Cuba. A pesar de todas las medidas que se aplican por las autoridades centrales de Cuba para mantener la economía del país y prestar apoyo a la población, Washington acusa a ellos en esta situación crítica. Supuestamente la propia Habana se niega a aceptar la ayuda estadounidense, no desea participar en los mecanismos internacionales de distribución de vacunas y aplica, en general, una política antipopular.

Los estadounidenses no dicen nada, como siempre, de sus propias acciones subversivas y objetivos coyunturales. Sin hacer comparaciones, quisiéramos recordar a nuestros colegas estadounidenses de los recientes acontecimientos que tuvieron lugar en su propia vida política interna. ¿Dónde hubo sus preocupaciones de valores democráticos, el pluralismo político y libertades democráticas, cuando en EEUU buscaban a los participantes del "asalto al Capitolio" del pasado 6 de enero que, debido a sus credos políticos, se acusaban del "terrorismo interno" y a los que se imputa actualmente a la responsabilidad penal, en particular?

Las acciones de Washington en relación con Cuba es una nueva escenificación política, la política de doble rasero que se aplica por los estadounidenses con frecuencia con el uso selectivo de normas legales, con una interpretación preconcebida y diferente de los acontecimientos iguales o parecidos.

Nuestra postura en relación con tales valoraciones es bien conocida. Exhortamos a Washington a ocupar las posturas objetivas, liberarse de la hipocresía, del "doble fondo" en la política, dar a los cubanos, su Gobierno y su pueblo a comprender independientemente lo que pasa y resolver su destino. Lo único que se exige de EEUU y sus partidarios es no injerirse en los asuntos del Estado soberano. Si a Washington le preocupa realmente la situación humanitaria en Cuba y quiere ayudar a los cubanos, debería comenzar con sí mismo, levantando el embargo que rechaza toda la comunidad internacional desde el inicio.

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