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21 octubre 201918:30

Discurso pronunciado por el Ministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Serguéi Lavrov, en la Convención de la Asociación de investigaciones internacionales de Rusia, 21 de octubre de 2019

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Gracias por la invitación de intervenir en esta XII ya Convención de la Asociación de investigaciones internacionales de Rusia.

Apreciamos enormemente la aportación de la Asociación a nuestro esfuerzo común encaminado a hacerse una idea clara de cuanto está ocurriendo en el mundo. Los procesos que se están operando no son nada sencillos y se hacen cada vez más complicados. Dadas estas circunstancias, por supuesto, es muy importante unir el esfuerzo y las potencialidades de la diplomacia clásica y de la diplomacia científica, un término que acaba de surgir pata designar un nuevo movimiento observado a nivel mundial que aplaudimos enérgicamente. Es también muy relevante mantener los vínculos a nivel de expertos y círculos politológicos internacionales.

Lo más importante es que, ampliando el radio de nuestros contactos, logrando la participación de un mayor número de personas, propiciábamos la confianza de la cual hay escasez en la arena internacional y a través de ésta nos movíamos hacia la comprensión mutua. Y, si entre los países y los pueblos hay comprensión mutua, será más fácil encontrar respuestas óptimas a las preguntas más acuciantes que la humanidad ha de enfrentar. En este sentido, por supuesto, damos una alta apreciación a cada vez creciente aportación de la Asociación de investigaciones internacionales de Rusia a dicha causa.

La celebración de la Convención coincidió con la celebración del 75º Aniversario de la Universidad Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú (MGIMO). Muestra de ello ha sido aquella parte del concierto que he podido presenciar. Me gustaría volver a felicitar a mi alma mater con esta fiesta. La Universidad celebra sus 75 años en la plenitud de sus fuerzas, logros y también de planes nuevos que permitirán a este centro de estudios superiores seguir figurando entre los más importantes, exitosos y eficaces no sólo de la Federación de Rusia, sino del mundo.

La MGIMO tiene motivos para sentirse orgullosa: recorrió un glorioso camino, creando una escuela metodológica única que sigue probando su sostenibilidad y, por supuesto, demostrando su capacidad de perfeccionamiento constante que le permite seguir el ritmo de los tiempos que corren e incluso a veces adelantarse a los mismos.

Hoy en la canción que hemos escuchado se ha hablado de un carnet de estudiante que hace sentirse seguro. Diría también que trae buena suerte. Como también la trae otro documento no menos importante que es el diploma de la Universidad de Relaciones Internacionales de Moscú, certificado de una educación de altísima calidad y de su correspondencia con los estándares internacionales más avanzados. El hecho de tener el centro el mayor concurso de entrada de todo el país y de cursar los estudios aquí los jóvenes de más de 60 países del mundo, con toda seguridad, representa una prueba convincente del valor que tiene el centro docente en la vida de todos los aquí presentes y de nuestro país.

Los graduados de la MGIMO siempre han formado una base sólida del servicio diplomático de nuestro país. Con toda razón nos sentimos orgullosos de los éxitos de muchos de ellos. El hecho de celebrarse esta Convención en el momento de estar recordando todos nosotros a nuestros destacados compatriotas y diplomáticos merece una especial mención.

“La diplomacia: experiencias y patrimonio de la época” es el tema de esta temporada de sesiones dedicada a la memoria y al patrimonio de los más destacados diplomáticos de Rusia. Este año estará consagrado a la celebración de los aniversarios de Evgueni Primakov, Andréi Gromyko, Anatoli Dobrynin, Oleg Troyanovski, Yuli Vorontsov. Estos hombres dejaron una huella en la historia de la diplomacia rusa e incluso en la Historia de nuestra Patria. Eran unas verdaderas personalidades, personas fuera de la serie que hicieron una enorme aportación a las garantías de seguridad del país y a la creación de las premisas de su desarrollo sostenible.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia preserva cautelosamente la memoria de todos nuestros destacados diplomáticos, cuya labor abnegada y cuyos esfuerzos consecutivos en cualquier época fueron orientados a la defensa de los intereses nacionales y propiciaron el refuerzo de las posiciones de nuestro país en los asuntos internacionales, promoviendo al mismo tiempo la más amplia cooperación que permitiera asegurar las condiciones óptimas para nuestro desarrollo. Estas condiciones siempre se reducen para nosotros a lo siguiente: que haya tranquilidad, que no haya guerra, que en el mundo reine la estabilidad y predecibilidad.

Nos esforzamos al máximo para que los nombres de nuestros eminentes colegas se queden para siempre en la memoria popular. Celebramos a un digno nivel los aniversarios que acabo de mencionar. Para cada una de esta personalidad se pone en práctica un plan celebraciones propio. Me gustaría señalar especialmente el evento que se celebrará en una semana, es la inauguración del monumento a Evgueni Primakov. Será instalado en la zona ajardinada de enfrente del Ministerio de Asuntos Exteriores. En pasado septiembre, al margen de la temporada de sesiones de la Asamblea General de la ONU, junto con mi homólogo bielorruso, Vladímir Makey, inauguramos en la biblioteca que lleva el nombre de Dag Hammarksjöld una exposición dedicada a Andréi Gromyko. A lo largo de todo este año serán llevadas a cabo exposiciones de documentos y veladas conmemorativas. Su objetivo no sólo consiste en rendir homenaje a nuestros colegas mayores, cuyos logros ya pasaron a formar parte de los manuales de la diplomacia y las relaciones internacionales, sino garantizar la continuidad generacional.

Me siento muy reconfortado al ver en los ojos de los estudiantes de la MGIMO y otros jóvenes, con los que estoy en contacto en el marco de eventos organizador por el Gabinete de la Presidencia, en los ojos de todos los jóvenes con los que hablo y que quieren dedicar su vida a la política exterior, un sincero interés y el deseo de conocer al máximo la historia y las tradiciones de nuestra diplomacia, de nuestra Patria, de nuestro país. Esta sensación de estar presenciando cómo las jóvenes generaciones participan en la creación del futuro de nuestro país tiene un valor inapreciable para mí. Les estoy muy agradecido a todos nuestros jóvenes amigos.

La situación actual que se vive en el mundo no es sencilla. No me dedicaré a analizar los procesos que se están operando en la política exterior en nuestro planeta. Lo que sí queda claro es que vivimos en la época de cambios profundos que simboliza la transición del modelo occidental del orden mundial, dominante durante más de 500 años, a un modelo que será mucho más democrático e inclusivo. El motivo es que hoy, a diferencia de, período durante el cual unos cinco o seis países, todos occidentales, determinaban el futuro del mundo, el mismo no es que pueda ser determinado, ni siquiera puede ser abordado, si no por los G-20, estructura que engloba a los BRICS y a sus correligionarios. Estamos hablando de un mecanismo mucho más inclusivo, democrático y justo, en el marco del cual pueden ser abordados los problemas más variados del orden mundial actual, pueden alcanzarse fórmulas de compromiso que garanticen una solución sostenible, duradera y sólida de los problemas mundiales.

Igual de importante es la necesidad de respetar concienzudamente el derecho internacional, sin pasar por alto que sus herramientas deben ser perfeccionadas. El ejemplo más brillante es la Carta de las Naciones Unidas que sigue siendo base sólida de las relaciones internacionales y de garantías de paridad en los asuntos mundiales. Lo que ocurre es que existen ciertos matices que se deben a que el mundo ahora es más policéntrico que en el momento de la firma y la ratificación de la Carta de las Naciones Unidas. Hoy el mundo en vías del desarrollo merece que sus intereses sean tomados en consideración en los organismos creados para gestionar las relaciones internacionales. Un vertiginoso crecimiento de las principales economías, en primer lugar, de Asia, y también de América Latina y de África exige que esta nueva realidad económica y financiera sea reflejada en las estructuras que controlan el proceso del arreglo de los problemas mundiales. Seguramente, uno de los problemas más acuciantes que está solucionando en estos momentos la ONU es la reforma de su Consejo de Seguridad. Si miramos ahora la composición del Consejo de Seguridad, veremos que de sus quince miembros cinco, es decir, una tercera parte, representan a los países de la OTAN y de la Unión Europea. Esta tercera parte no es normal ni es democrático. Es por ello, porque apoyaremos de manera consecutiva el deseo de los países de Asia, África y América Latina de erradicar esta injusticia y de garantizar la presentación adicional de los países de los continentes en vías del desarrollo en este principal órgano de la ONU.

Hablando de la ONU, no puedo menos de confirmar nuestra postura consistente en que todos los conflictos del mundo actual, sin excepción alguna, deben solucionarse de acuerdo con las decisiones tomadas por el Consejo de Seguridad de la ONU. Ello se refiere al arreglo sirio, al arreglo de las crisis en torno a Kosovo, Libia, Yemen. La situación en torno al programa nuclear iraní, por supuesto, debe solucionarse en el marco de los acuerdos alcanzados y fijados por el Consejo de Seguridad de la ONU. El mismo principio debería aplicarse a otro problema muy acuciante de la actualidad, las tensiones en el Golfo Pérsico. No entraré en los detalles de las decisiones tomadas, únicamente mencionaré en este sentido la Resolución del Consejo de seguridad de la ONU que aprobó con unanimidad los Acuerdos de Minsk encaminados a arreglar la situación en el este de Ucrania.

Están también los conflictos en África. Por desgracia, no son pocos y su número no disminuye. Sin embargo, para cada uno de ellos existen parámetros de arreglo seguros recogidos por el Consejo de Seguridad de la ONU. Nos pronunciamos por que el Consejo de Seguridad de la ONU avance hacia este objetivo en una estrecha cooperación, quizás más estrecha que de momento, con la Unión Africana.

Pasado mañana se inaugurará la primera en la Historia Cumbre Rusia-África. En este evento prestaremos especial atención a los mencionados problemas. Como dijo ayer en su discurso el Presidente de Rusia, Vladímir Putin, apoyaremos la postura africana en la solución de los problemas africanos. Nunca cometeremos los errores del pasado, cuando a los africanos se les imponían decisiones desde fuera. Siempre intentaremos conseguir que la comunidad internacional preste asistencia en el cumplimiento de las decisiones tomadas por los propios africanos.

Se puede hablar infinitamente de las tareas que está enfrentando la diplomacia. A modo de resumen, me gustaría subrayar una cosa: hoy queda evidente que no existen soluciones militares para los problemas mundiales, de modo que el papel de la diplomacia crece enormemente. De ahí la especial responsabilidad que hemos de asumir todos nosotros, quienes nos dedicamos a la política exterior a través de las estructuras diplomáticas, parlamentarias, científicas y de la diplomacia social. Ya lo hemos comentado hoy.

Creo que los vínculos que la Universidad de Relaciones Internacionales de Moscú estableció con los participantes extranjeros aquí presentes representan una aportación inapreciable a nuestro esfuerzo común encaminado a movilizar las posturas colectivas que tengan en cuenta los intereses de todos los Estados, a la hora de ofrecer solución a los problemas más variados. Si nos guiamos por la noción del bien común de la toda la humanidad, dejamos aparte la coyuntura geopolítica que impone la necesidad de solucionar problemas de la política interior, teniendo en cuenta los ciclos electorales en diferentes países, podremos alcanzar resultados factibles.

Me gustaría concluir este discurso, alabando el espíritu de compañerismo, de solidaridad corporativa y positiva que es inculcada en esta gran Universidad.

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