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16 octubre 201912:11

Discurso pronunciado por el Ministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Serguéi Lavrov, en la XVIII Conferencia de los dirigentes de los servicios de inteligencia, de seguridad y del orden público de Estados extranjeros, Sochi, 16 de octubre de 2019

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Estimado señor Bórtnikov,

Estimados colegas:

Los foros anuales de los dirigentes de los servicios de inteligencia, de seguridad y del orden público que convoca el Servicio Federal de Seguridad (FSB) de Rusia, con razón se consideran un formato único y pertinente del diálogo internacional entre los profesionales del más alto nivel.

El tema de la presente conferencia – “Enfoque sistémico de la organización de la lucha contra el terrorismo” – reviste importancia especial para garantizar la paz internacional, la seguridad global y regional.

La tarea clave consiste en ir incrementando los esfuerzos conjuntos para obstruir toda clase de canales de sustento del terrorismo, tales como el reclutamiento de personas, el moldeo ideológico, el soporte financiero y logístico.

En calidad de ejemplo positivo, quisiera señalar la celebración en Moscú, en septiembre pasado, de la segunda edición conferencia internacional llamada a impedir los suministros de armas a los grupos terroristas.

Para impulsar una cooperación eficaz en todos los derroteros de la lucha antiterrorista, se creó el marco legal internacional: se aprobaron las respectivas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, los universales Protocolos y Convenciones antiterroristas, se adoptó la Estrategia Global de las Naciones Unidas contra el Terrorismo.

Los servicios de inteligencia y Cuerpos de seguridad también cuentan con los correspondientes mecanismos del Consejo de Seguridad de la ONU: el Comité contra el Terrorismo, los Comités de sanciones contra el Estado Islámico, Al-Qaida y los talibanes, así como el Comité para supervisar la aplicación de la resolución 1540 sobre la prevención de la proliferación de armas de destrucción masiva a agentes no estatales.

A la recién instituida Oficina de lucha contra el terrorismo (OLCT) que forma parte de la Secretaría de la ONU, le corresponde una de las misiones centrales en la arquitectura antiterrorista internacional en proceso de renovación. Una importante función de la OLCT es la ejecución de proyectos de asistencia técnica a los Estados miembros concernidos, incluyendo los países de Asia Central, en materia de consolidación de la seguridad fronteriza, cierre de canales de suministro de armas a los terroristas y lucha contra la propaganda terrorista. Las aportaciones voluntarias que hace Rusia al presupuesto de la OLCT, se canalizan justamente al cumplimiento de estas acuciantes tareas.

Otra aportación de nuestro país a los esfuerzos comunes fue la ya mencionada por el general de Ejército, Alexander Bórtnikov, creación por el FSB del Banco Internacional de datos relativos a la lucha contra el terrorismo, en cuya actividad participan decenas de Estados y entidades multilaterales. Quisiera llamar una atención especial sobre la capacidad de este banco de datos de seguir los desplazamientos de los terroristas extranjeros prácticamente on-line por toda la geografía mundial para localizar y detenerlos.

La importancia de esta función aumenta a la luz de los acontecimientos en el noreste de Siria. Durante varios años llamamos la atención sobre lo peligroso que es la política practicada por EEUU y los miembros de la coalición liderada por este país, con vistas a desintegrar la República Árabe Siria, crear cuasi Estados en la orilla oriental del Éufrates, incitar el separatismo entre los kurdo y provocar su enfrentamientos con las tribus árabes. Los frutos de semejante política miope los cosechamos hoy todos nosotros: la misma trajo consecuencia un nuevo conflicto armado, en el curso del cual los yihadistas del Estado Islámico acantonados en esta área, comienzan a dispersarse por el Oriente Próximo, África del Norte y otras zonas del mundo.

Parte de la responsabilidad por tal estado de cosas recae asimismo sobre aquellos países europeos que últimamente rabiaron por eludir la repatriación de sus propios ciudadanos que combatieron en las filas del Estado Islámico y fueron a parar a los campamentos en el Este de Siria. Consideramos que los países que otorgan ciudadanía a futuros terroristas, deben responsabilizarse de ellos.

El arreglo de la situación actual, igual que de la crisis siria, en general, es posible exclusivamente con el respeto de la soberanía y la integridad territorial de Siria. Rusia, actuando estrictamente a tenor del Derecho Internacional y la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, seguirá promoviendo la búsqueda y el cumplimiento de acuerdos entre Damasco y los kurdos y contribuirá al restablecimiento de la interacción entre las autoridades de Siria y Turquía para garantizar la seguridad en su frontera común, como está estipulado en el Pacto de Adana de 1998.

Esta postura, junto con la involucración en el diálogo de todos los grupos étnicos y confesionales de Siria no sólo permitirá restablecer la soberanía y la unidad de Siria sino coordinar con la máxima eficacia las acciones dirigidas a eliminar definitivamente la amenaza terrorista en Siria.

Uno de los desafíos más agudos es la situación en Libia y en torno a este país. La institucionalidad de Libia destruida hace ocho años tras una operación arbitraria de la OTAN no se ha restablecido todavía. La confrontación encarnizada de los bandos del conflicto libio que continúa actualmente conllevó el vacío de seguridad en este país debido a que los grupos terroristas cobran fuerza en este territorio y los extremistas de Irak y Siria se dirigen hacia allá. Libia puede convertirse en la base principal del terrorismo en el norte de África desde donde esta infección se propagaría a muchos países del continente.

En vista de eso, es necesario relegar al segundo plano las consideraciones de rivalidad geopolítica. Sólo un diálogo inclusivo de todas las fuerzas políticas de Libia con apoyo coordinado de todos los actores externos es capaz de superar la crisis profunda y liberar al pueblo libio del mal del terrorismo.

Estimados colegas:

El enfoque sistémico de la lucha contra el terrorismo debe incluir medidas para prevenir la radicalización conducente al terrorismo, incorporando en esta labor a los activistas de la sociedad civil. Quisiera destacar aparte que el papel protagónico y la principal responsabilidad de organizar la ejecución de la lucha contra el terrorismo les corresponden a los Estados, sus servicios de inteligencia y Cuerpos de seguridad. Las organizaciones de la sociedad civil están llamadas a complementar y ayudar, pero en modo alguno suplantar las funciones del Estado.

Importancia especial adquiere la lucha contra la ideología extremista, incluyendo en el espacio informativo. Una vez eliminada la amenaza de creación del califato, el Estado Islámico se transforma en una ramificada red terrorista clandestina, opta por promover el reclutamiento, ante todo, de los jóvenes, utilizando para estos fines, entre otros instrumentos, las redes sociales.

Reviste cada vez mayor actualidad la elaboración de enfoques sistémicos únicos contra el uso de Internet con fines terroristas o extremistas.

Lamentablemente, de momento, en esta vía hay obstáculos. En particular, nuestros socios occidentales  prefieren cooperar en cónclave cerrado, sin atraer a Rusia y China a la elaboración de normas y reglas para las mayores compañías IT del mundo. Ello no obstante, estamos seguros de que el sentido común acabará por imponerse. Quisiera subrayar que el primer paso positivo en este sentido ya se ha dado: en junio pasado, en la cumbre del G 20 en Osaka, con nuestro enérgico apoyo se aprobó la Declaración sobre la prevención del uso de Internet con fines terroristas o extremistas. La Declaración refrenda las prioridades clave de la cooperación internacional, incluyendo el papel rector de los Estados en la lucha contra el terrorismo y la condena del terrorismo en todas sus formas sin excepción. Esto significa renunciar a los dobles raseros. Precisamente bajo este ángulo vamos a interpretar el mencionado compromiso asumido por los líderes del G 20.

La Convención de la OCS sobre acciones para impedir el extremismo firmada en 2017 fue un sustancial aporte a estos esfuerzos. El documento tiene un carácter abierto y refleja las probadas estrategias colectivas de lucha contra el terrorismo y el extremismo que lo nutre. Invitamos a todos a adherirse a esta Convención.

La lucha contra el extremismo, por supuesto, debe asentarse sobre una rigurosa observancia del Derecho Internacional, la renuncia a la ideologización y a la politización de la lucha contra el terrorismo, a la división de los terroristas en “malos” y “no muy malos”. Son muy peligrosos los intentos de imponer a la comunidad internacional la tesis de que las amenazas terroristas, supuestamente, dimanan de la política practicada por los denominados “regímenes autoritarios”. Dichos intentos se emprenden bajo la cobertura de la concepción de “ejercicio de la lucha contra el extremismo violento” promovida por algunos países. Los hechos evidencian que el surgimiento de las principales organizaciones de la internacional terrorista, tales como Al-Qaida, Jabhat al-Nusra, el Estado Islámico, fue resultado inmediato de las aventuras bélicas instrumentadas por miembros de la OTAN en el Oriente Próximo. Recordamos estas causas reales de un impetuoso brote del terrorismo en la región no porque queramos exacerbar las pasiones, sino con la única finalidad de sacar lección de la triste experiencia de los últimos años y entablar una auténtica interacción eficaz, en consonancia la iniciativa adelantada por el Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin durante la Asamblea General de la ONU y relativa a la constitución de un frente antiterrorista universal.

Rusia aboga consecuentemente por mantener una cooperación antiterrorista de buena fe, por renunciar a las agendas disimuladas, a valerse de los grupos terroristas para alcanzar objetivos geopolíticos, a entrometerse en los asuntos internos de los Estados soberanos, también bajo el pretexto de luchar contra el terrorismo o el extremismo. Estamos dispuestos a promover una constructiva interacción en pie de igualdad con todos los socios extranjeros sobre una sólida base de la Carta de la ONU.

Le deseo a la Conferencia de ustedes una exitosa labor.

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