13 septiembre 201900:00

Entrevista concedida por el Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, al diario Trud, 13 de septiembre de 2019

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Pregunta: Usted ha destacado reiteradamente que el pisoteo abierto del Derecho Internacional por algunos países se ha convertido en una particularidad de la política internacional actual. También sucedía antes, pero ahora se perfila una tendencia a dictar las reglas acompañándolas de amenazas de sanciones y otros métodos de presión. ¿Cuál es, en su opinión, la forma más eficaz de contrarrestarlo?

Respuesta: Usted ha hecho una descripción muy justa de lo que viene siendo, a nuestro juicio, un fenómeno peligroso de los últimos tiempos, que son los intentos de una serie de países de crear, obviando el Derecho Internacional cuya fuente principal sigue siendo la Carta de la ONU, una realidad seudolegal que les convenga e imponerla al resto de la comunidad internacional. A la vez, se echa mano de argumentos muy cuestionables, como que las normas existentes al parecer no funcionan, el Consejo de Seguridad de la ONU está paralizado, la comunidad internacional permanece inactiva ante graves crímenes, etc. Con ello se justifican los intentos de moldear, de forma arbitraria y a la medida de uno, el Derecho Internacional vigente.

Como resultado de tales acciones, la situación en el mundo se vuelve cada vez menos previsible y ordenada. Entre los ejemplos más negativos de esta política destacan el aumento de las tensiones y la escalada de la violencia en Oriente Próximo y el Norte de África, y un auge sin precedentes de la actividad terrorista.

El apego a los principios del Derecho Internacional universalmente reconocidos es uno de los pilares de la política exterior de Rusia. Y no somos los únicos en ello. Esta filosofía la comparten una mayoría absoluta de los Estados. Buscaremos un acuerdo con ellos en aras de consolidar la legalidad internacional. En distintas plataformas multilaterales, continuaremos defendiendo de forma coherente la búsqueda de soluciones colectivas y en general la ausencia de alternativas a una construcción del diálogo interestatal basada en la Carta de la ONU y las normas del Derecho Internacional universalmente reconocidas que derivan de ella. Un fiel cumplimiento de las mismas debe excluir la práctica de la doble moral y la imposición de la voluntad de uno a los demás.

Creo que los colegas occidentales terminarán tomando conciencia de que el cumplimiento cabal del Derecho Internacional mejorará considerablemente la seguridad y la estabilidad global y regional.

Pregunta: Occidente no cesa en su empeño de incorporar a los países balcánicos, Serbia incluida, en la OTAN. ¿Cómo valora las posiciones de Rusia en la región y el nivel de las relaciones con Serbia, que es prácticamente el último espacio de los Balcanes para una cooperación amistosa con Rusia?

Estados Unidos muestra su intención de desmantelar definitivamente el marco legal del control de las armas nucleares, lo que supone una amenaza para la estabilidad y la seguridad global. Primero, se retiró del Tratado sobre Misiles Antibalísticos y después, del Tratado de Eliminación de Misiles de Alcance Medio y Más Corto (Tratado INF). ¿Dónde debe Rusia buscar aliados para hacer frente a una política tan agresiva y obstinada de EEUU? ¿En qué consiste su propio potencial diplomático?

Respuesta: Las relaciones de Rusia y Serbia se articulan de conformidad con la letra y el espíritu de la Declaración bilateral de Asociación Estratégica de 2013. No son solo unas palabras bonitas, sino un hecho incuestionable. Esta cooperación, de beneficio mutuo, se caracteriza  por una dinámica positiva: crece el intercambio comercial, aumentan las inversiones de capital, se consolidan los lazos espirituales, se amplían los intercambios culturales y educativos. Se mantienen contactos intensos a nivel de los jefes de Estado, parlamentos y ministerios, incluidos los de Exteriores.

Rusia nunca hace alianzas en contra de terceros. Estamos abiertos a un desarrollo progresivo de las relaciones con todos los que lo deseen. Serbia es nuestro socio principal en los Balcanes. Al mismo tiempo, mantenemos vínculos constructivos e intensos también con otros países en esa parte de Europa.

En lo que se refiere a los intentos de involucrar a los países balcánicos en la OTAN, el rechazo que siente Moscú respecto a esos esfuerzos destructivos es bien conocido. En este sentido, aplaudimos una apuesta responsable y soberana de Serbia por mantener la neutralidad militar. Desafortunadamente, pocos de sus vecinos son capaces de resistir la presión exterior, y pese a la voluntad de la mayoría de sus ciudadanos se dejan arrastrar a la órbita de la Alianza Atlántica con sus garantías de seguridad ficticias.

Y ahora en cuanto a la segunda parte de la pregunta. Persiguiendo el objetivo de asegurarse la plena libertad de acción en el ámbito militar, Washington ha tomado rumbo deliberadamente hacia la destrucción metódica de la totalidad de la arquitectura de estabilidad estratégica. La retirada de EEUU del Tratado INF es un buen ejemplo de ello. La incertidumbre que Estados Unidos está provocando pone en entredicho el futuro del Tratado START que vence ya en febrero de 2021. Esta política destructiva entraña un mayor desequilibrio del sistema de relaciones internacionales, el aumento del potencial conflictivo, el desencadenamiento de una nueva carrera de armas nucleares.

En estas condiciones nosotros, claro está, haremos todo lo necesario para garantizar nuestra seguridad nacional, que no quepa la menor duda al respecto. Washington ya intentó romper la paridad estratégica y lograr la supremacía militar absoluta, con la ayuda del escudo antimisiles global. No lo consiguió. Recibió una respuesta adecuada y eficaz en forma de medidas para reforzar la capacidad defensiva rusa que el Presidente Vladímir Putin había anunciado en el discurso ante la Asamblea Federal el 1º de marzo del año pasado.

Subrayaré que los intentos de someter a Rusia, influir en las decisiones que tomamos, son absolutamente inviables. Lo que también nos da confianza es el hecho de que nuestra visión de cómo se debe construir el diálogo interestatal –sobre la base de la Carta de la ONU y los principios del respeto mutuo y de la consideración recíproca de los intereses– es compartida por una mayoría abrumadora de los miembros de la comunidad internacional que están cansados de las amenazas y el chantaje. Seguiremos aprovechando al máximo el potencial de la pertenencia al Consejo de Seguridad de la ONU y el Grupo de los Veinte, y fortaleciendo la cooperación con los aliados y socios de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, la Comunidad Económica Euroasiática, la Comunidad de Estados Independientes, BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghái, RIC, otros países de Asia, África y América Latina.

Instamos a los colegas estadounidenses a tener presente el papel especial conjunto que tienen nuestros países en el mantenimiento de la seguridad global. Contamos con que Estados Unidos revise su enfoque contraproducente y muestre responsabilidad. Nos mantenemos abiertos a un diálogo constructivo con Washington sobre todas las cuestiones del control de armas.

Pregunta: Siria está recuperando, poco a poco y con dificultad, la vida pacífica y saliendo de la crisis política. Representantes de la oposición siria vienen a menudo a celebrar consultas en el MAE de Rusia, ofrecen ruedas de prensa. ¿Qué es lo que quieren conseguir de la parte rusa si se oponen al Gobierno de Bashar Asad? ¿Cuál es la postura de Rusia respecto al futuro de Siria?

Respuesta: La guerra en Siria realmente ha terminado. El país está recuperando paulatinamente una vida normal y pacífica. Los focos de tensión aislados persisten solo en los territorios fuera de control del Gobierno de la República Árabe Siria, como por ejemplo Idlib o la orilla este del río Éufrates.

En este contexto, pasan al primer plano las tareas de brindar una asistencia humanitaria integral a Siria y de hacer avanzar el proceso político para resolver la crisis y lograr una estabilización fiable y duradera en este país, así como en el conjunto de la región de Oriente Próximo.

Desde el inicio mismo del conflicto armado en la República Árabe Siria, Rusia ha abogado consecuentemente por que este fuera superado con medios políticos y diplomáticos, y apoyado la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de la ONU que recoge la hoja de ruta para solucionar la crisis. Además, por iniciativa de Rusia y de los otros dos países garantes del formato de Astaná –Irán y Turquía– en enero de 2018 en Sochi se celebró el Congreso del Diálogo Nacional Sirio cuyos participantes acordaron  crear el Comité Constitucional.

Consideramos que la formación y la puesta en marcha del comité ideado para elaborar la reforma constitucional será una etapa importante en el avance del proceso político dirigido y llevado a cabo por los propios sirios con colaboración de la ONU. De hecho, convocarlo dará una oportunidad a los bandos sirios –el Gobierno y la oposición– de iniciar por primera vez un diálogo directo sobre el futuro de su país.

En este sentido, Moscú da mucha importancia al mantenimiento de contactos regulares con los bandos sirios, incluida la oposición. Destacamos la ausencia de alternativas al proceso político e instamos a asegurar una representación lo más amplia posible de todos los grupos de la sociedad siria en este. Partimos de que la oposición desempeña un papel importante, al participar en los contactos sirios en Ginebra, las reuniones internacionales sobre Siria del formato de Astaná (su brazo armado). Sus representantes también tienen que integrar el Comité Constitucional que se está formando. Es por ello que pensamos que los opositores pueden y deben hacer una contribución constructiva al proceso de solución política integral, de conformidad con la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de la ONU.

En general, Rusia defiende la recuperación de una Siria soberana y territorialmente íntegra, una pronta mitigación de las consecuencias de las atrocidades terroristas, el regreso de todos los sirios a su país de origen y la reincorporación de este a la familia de los Estados árabes, lo que será una clave para garantizar la seguridad y la estabilidad en Oriente Próximo.

Pregunta: ¿Cómo evalúa la interacción entre la Federación de Rusia y la República Popular China a nivel diplomático, incluyendo en los escenarios internacionales? Las terceras fuerzas no cesan en su empeño por sembrar discordia en las relaciones bilaterales de Rusia y China. ¿En qué dirección se va a desarrollar la cooperación entre los dos países?

Respuesta: Hace mucho tiempo que tenemos establecidas unas relaciones constructivas, de confianza y compañerismo con los colegas del MAE de China, circunstancia que permite cumplir con rapidez y calidad las tareas planteadas ante nuestros entes. Mantenemos contactos de lo más estrechos con nuestros amigos chinos.

Tan solo el año pasado hubo seis reuniones con el miembro del Consejo de Seguridad y ministro de Asuntos Exteriores de la RPC, Wang Yi, y en lo que va de este año ya hemos celebrado cuatro conversaciones sustanciales. Además, en virtud de una agenda que se aprueba todos los años, funciona con éxito el mecanismo de consultas bilaterales entre los dos ministerios de Exteriores. Se realizan alrededor de 40 a 50 encuentros al año con un enorme alcance temático a nivel de viceministros y directores de departamentos específicos. Y todo eso sin contar la interacción permanente entre diplomáticos rusos y chinos en todo el mundo, así como la coordinación regular entre nuestras delegaciones en distintos foros internacionales. El tejido de la interacción bilateral es tan sólido que las terceras fuerzas sencillamente no tienen dónde meter cizaña.

En junio pasado en Moscú los jefes de Estado de Rusia y China constataron la transición de las relaciones ruso-chinas a un nuevo nivel. Este hecho se hizo constar en la Declaración Conjunta firmada por ambos líderes en la que se definieron nuevos objetivos y direcciones de desarrollo de la colaboración bilateral, como apoyo estratégico y ayuda mutua, integración profunda y acercamiento, apuesta por un enfoque innovador, beneficio universal y provecho mutuo. El documento describe con detalle tareas específicas, en particular en el escenario internacional, cuya implementación ya hemos comenzado junto con los colegas chinos.

Pregunta: Rusia ha declarado recientemente que las dos islas que reclama Japón no serán entregadas a este país. ¿Cuál es la base para negociar el tratado de paz bilateral entre nuestros países?

Respuesta: En noviembre del año pasado durante una reunión en Singapur el Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, y el Primer Ministro de Japón, Shinzo Abe, acordaron acelerar las negociaciones sobre el problema del tratado de paz sobre la base de la Declaración Conjunta de 1956 firmada entre la URSS y Japón. La iniciativa de los dos líderes consistía en tratar de acercar posturas partiendo de un documento que actualmente constituye el marco legal de los nexos bilaterales.

La Declaración Conjunta de 1956, como es sabido, puso fin al estado de guerra y restableció las relaciones diplomáticas entre los dos países. Establece un algoritmo claro. Primero, la firma de un tratado de paz en el que en particular debe reafirmarse el reconocimiento por Japón de los resultados de la Segunda Guerra Mundial, incluyendo la soberanía de Rusia sobre las islas Kuriles del Sur. Y solo después, la búsqueda de vías para solucionar el problema del deslinde fronterizo.

Como parte de la implementación del acuerdo alcanzado en Singapur, se celebraron tres rondas de mis negociaciones con el ministro de Asuntos Exteriores de Japón (en Moscú, el 14 de enero y el 10 de mayo, y en Múnich, el 16 de febrero), así como una serie de contactos a nivel de viceministros que pusieron de relieve importantes divergencias en las posturas de las partes. Los resultados fueron notificados a los líderes de los dos países, que tras su reunión en Osaka en junio acordaron continuar con el diálogo sustancial.

Lo que es importante es que desde 1956 ha pasado mucho tiempo. Consideramos imprescindible hoy en día no solo concertar un tratado de paz que se firma al finalizar una guerra, sino un documento que refleje el nivel actual de las relaciones entre Rusia y Japón y –lo más importante– las directrices de su ulterior desarrollo. Se trata de poner unos cimientos cualitativamente nuevos para la interacción bilateral, a fin de garantizar un progreso integral y duradero de la cooperación en todas las áreas. A su vez, esto permitirá crear las condiciones para la solución de problemas bilaterales complejos.

A este respecto, quisiera destacar ciertos avances en el asunto de la puesta en marcha de las actividades económicas conjuntas con Japón en las islas Kuriles del Sur, lo que ambos líderes anunciaron en Osaka. Se han acordado modelos de negocios en dos de los cinco sectores aprobados al más alto nivel, el turismo y el reciclaje de residuos. Como proyectos piloto se han llevado a cabo un seminario de operadores turísticos y una visita de especialistas rusos a Hokkaido para conocer tecnologías de tratamiento de basuras. En septiembre y octubre está previsto realizar las dos actividades restantes, el viaje de prueba de turistas japoneses a Iturup y Kunashir, y también la visita de vuelta de expertos japoneses a las Kuriles del Sur para consultas sobre la gestión de residuos.

Estamos listos para seguir adelante con el minucioso trabajo conjunto a fin de elevar las relaciones a un nivel cualitativamente nuevo. Partimos invariablemente de que la posible solución al problema del tratado de paz debe ser apoyada y aceptada por los pueblos de ambos países.

Pregunta: La reciente reunión de los líderes de Rusia y Bielorrusia disipó las dudas respecto a la necesidad y las perspectivas del Tratado de la Unión. ¿A nivel diplomático, se logra siempre encontrar posturas cercanas o similares? Bielorrusia no ha reconocido la independencia de Abjasia y Osetia del Sur, la postura de Bielorrusia sobre la Crimea rusa es la misma que antes. ¿Acaso eso complica la interacción bilateral o no hay motivos para que ello ocurra?

Respuesta: Se refiere, obviamente, a las conversaciones de los Presidentes Vladímir Putin y Alexander Lukashenko en el marco del VI Foro de las Regiones de Rusia y Bielorrusia sostenidas en San Petersburgo el pasado 18 de julio. El propio evento y la tonalidad de los debates demostraron lo cercanos que son nuestros países y pueblos. Jamás hemos tenido dudas acerca de la importancia de fortalecer el Estado de la Unión, y para comprobarlo basta con consultar el Concepto de la Política Exterior de la Federación de Rusia ratificado por el Presidente Vladímir Putin en noviembre de 2016 en el que la labor en el marco de este formato de integración figura entre las prioridades incuestionables. Nos consta que los amigos bielorrusos mantienen enfoques similares.

La estrecha interacción entre los ministerios de Exteriores de los dos países es una de las 'estructuras maestras' de la alianza y asociación estratégica ruso-bielorrusa. Cada dos años se adoptan programas de actuaciones coordinadas en materia de política exterior de los países miembros del Tratado de creación del Estado de la Unión. Cada año se realizan reuniones conjuntas de las cúpulas de los ministerios de Exteriores y consultas a nivel de divisiones específicas de los entes diplomáticos en las que, en un ambiente de confianza y verdadero compañerismo, se elaboran enfoques comunes sobre problemas regionales e internacionales.

Por cierto que Minsk vota de forma coherente en la ONU en contra de las resoluciones abiertamente provocativas "Situación de los derechos humanos en la República Autónoma de Crimea y la ciudad de Sebastopol" y "Situación de los desplazados internos de Abjasia y Osetia del Sur". Por lo tanto, no hay que lamentar dificultad alguna en nuestro diálogo.  

Pregunta: Hoy en día, los diplomáticos rusos tienen que defender la posición del país cada vez más en una clara minoría. ¿En qué encuentra fuerzas la diplomacia rusa y qué filosofía mantiene?

Respuesta: Ya contesté parcialmente a esta pregunta. Ante todo, no estamos en minoría. Los países de Occidente, con los que las relaciones no atraviesan hoy en día su mejor momento, son solo una parte insignificante de la comunidad internacional. La abrumadora mayoría de los países que representan el 80% de la población del planeta se muestran comprensivos ante nuestros pasos diplomáticos y apoyan nuestros enfoques respecto a los problemas claves de la actualidad.

Y no es de sorprender. Ofrecemos al mundo una agenda positiva, unificadora y abierta al futuro, que se basa en los principios de la Carta de la ONU, el respeto mutuo y la consideración de los intereses. El carácter no confrontacionista de nuestra política exterior se debe a que su objetivo clave y primordial es asegurar condiciones exteriores favorables para un desarrollo interior progresivo de nuestro país y el aumento del bienestar de nuestros ciudadanos. Rusia –un garante esencial de la seguridad internacional– seguirá contribuyendo a consolidar los principios justos y democráticos de las relaciones internacionales, y a tal fin continuaremos coordinando pasos con los aliados y partidarios.

Contamos con que tarde o temprano, los colegas occidentales y en primer lugar estadounidenses acaben por tomar conciencia de la necesidad de rechazar la lógica confrontacionista, lo que nos abrirá oportunidades fundamentalmente nuevas para hacer frente a los desafíos y amenazas actuales, la mayoría de los cuales son de naturaleza transnacional y requieren que todos los Estados sin excepción aúnen esfuerzos.

Pregunta: ¿Cómo ve la diplomacia rusa dentro de 20 ó 30 años?

Respuesta: Dinámica, altamente profesional, lista para dar respuestas adecuadas a los desafíos del momento.

Es obvio que en las próximas dos o tres décadas el mundo experimentará transformaciones que afectarán todos los aspectos de la actividad humana. Ya hoy en día la agenda internacional se vuelve cada vez más multidimensional. Naturalmente, los diplomáticos rusos tienen que perfeccionarse constantemente, adquirir nuevos conocimientos, dominar nuevos ámbitos de trabajo.

Al mismo tiempo, avanzar no significa renunciar a las tradiciones. En todos los tiempos, el patriotismo, la fidelidad al deber y el excelente dominio de idiomas extranjeros han sido propios del personal del ente diplomático nacional. Estoy seguro de que estas cualidades las tendrán plenamente los que vengan a tomarnos el relevo.

El Ministerio de Exteriores tiene creado un sistema realmente único de centros educativos que proporciona el ciclo completo de formación, reciclaje y capacitación avanzada. Me refiere en primer lugar al Instituto Estatal de Relaciones Internacional de Moscú, la Academia Diplomática, la Escuela Superior de Idiomas. Seguimos fomentando y consolidando la buena práctica de tutoría y de transmisión de experiencia a los empleados jóvenes existente en el MAE. Continuaremos incentivando a los jóvenes con talento y destinando a los mejores de ellos a áreas de responsabilidad.

Creo que podremos asegurar la continuidad generacional en la Plaza Smolénskaya.

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