23 agosto 202107:00

Entrevista concedida por el Ministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Serguéi Lavrov, al diario húngaro Magyar Nemzet, 23 de agosto de 2021

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Pregunta: A pesar de las sanciones que la Unión Europea ha introducido contra Rusia, Hungría en los últimos años ha intentado mantener con Moscú unas relaciones económicas y políticas de carácter pragmático. ¿Existen algunos problemas que no encuentran solución que le gustaría abordar durante su visita a Budapest?

Respuesta: Tenemos muy presente que el hecho de formar Hungría parte de la UE y de la OTAN le impone a Budapest ciertos compromisos. Tienen que ver, entre otros aspectos, con las sanciones colectivas introducidas contra terceros países, incluso, si las mismas contradicen a los intereses nacionales de Hungría. En general consideramos que en el siglo XXI no debe haber cabida a tales “obligaciones a mostrarse solidarios con el bloque”. Además, las sanciones representan una herramienta escasamente válida de la política exterior y en caso de Rusia carecen de perspectiva.

En cuanto a las relaciones ruso-húngaras, sobre todo, en las esferas económica y comercial, no se perciben en ellas factores irritantes de especial importancia que no se puedan eliminar durante unas consultas de trabajo transcurridas en un ambiente normal. Nuestra “fórmula del éxito” ha pasado la prueba del tiempo. Está basada en un sano pragmatismo, en el respeto de sendos intereses, en el empeño de trabajar de manera conjunta y constructiva.

He de hacer constar con satisfacción que la cooperación entre nuestros países en la etapa actual ha alcanzado un nivel que no tiene precedentes. Ello fue posible en primer lugar a la evidente voluntad política de los líderes de Rusia y Hungría, a su disposición de promover un abarcador fomento de las relaciones bilaterales lo que corresponde, sin lugar a dudas, con los intereses de ambos pueblos.

Pregunta: Las sanciones de la UE introducidas contra Rusia afectaron de manera negativa los volúmenes del intercambio comercial entre Rusia y Hungría. ¿Qué posibilidades de fomento de las relaciones bilaterales existen en un ambiente internacional cada vez más hostil?

Respuesta: La introducción en 2014 por la UE de sanciones contra Rusia hizo que los volúmenes del intercambio comercial entre Rusia y la Unión Europea se redujeran más que a la mitad. Si en 2013 equivalían a unos 417.700 millones de dólares, en 2020, a unos 192.000 millones. Por supuesto, no solo Hungría fue víctima de este proceso, lo fueron también otros socios de Rusia en Europa.

Es importante que las sanciones de la UE afecten en mayor medida a los “miembros más jóvenes de la UE”, mientras que los “grandes europeos” saben aprovecharse incluso de esta situación. A este hecho en más de una ocasión llamó la atención mi homólogo húngaro, Péter Szijjarto, aduciendo unos datos muy ilustrativos.

Por mi parte, puedo confirmar que Rusia está dispuesta a fomentar la cooperación económica y comercial con Hungría en la medida en la que quieran hacerlo nuestros interlocutores en Budapest. Indudablemente, sigue habiendo posibilidades de recuperar los volúmenes del intercambio comercial, así como de la interacción en los campos de inversiones, cooperación científica, técnica e industrial.  Nuestras economías son en gran medida complementarias.

Es plausible que, a pesar de los obstáculos en forma de sanciones creados por Bruselas, no solo podamos poner en práctica los proyectos piloto iniciados hace tiempo, sino determinar también nuevos campos de cooperación. Dada esta circunstancia, he de señalar la fructífera cooperación que mantenemos en el campo de la lucha contra la pandemia del coronavirus COVID19. Recordemos que Hungría fue el primer y de momento único país de la UE en aprobar la vacuna rusa Sputnik. Se adquirieron considerables dosis del medicamento y se está barajando la producción de la vacuna en Hungría.

De modo que en general se podría hablar de buenas perspectivas de las relaciones económicas bilaterales. Hace llegar a esta conclusión el ritmo del crecimiento de los volúmenes del intercambio comercial que entre enero y mayo de 2021 aumentó casi en un 35% en comparación con el mismo período del año 2020.

Pregunta: La última reunión de los Presidentes Putin y Orban tuvo lugar en 2019 en Budapest. La visita del Primer ministro húngaro prevista para 2020 no se celebró por motivos de la pandemia. ¿Cuándo habría que esperar una nueva Cumbre?

Respuesta: A pesar de estar ambos líderes dispuestos a continuar manteniendo con regularidad contactos personal al más alto nivel, hemos de tener presentes los riesgos derivados de la pandemia. Partimos de que el diálogo directo del Presidente Putin y del Primer ministro Orban será reanudado en la medida en la que se estabilice la situación sanitaria y epidemiológica.

Pregunta: Una serie de países europeos sienten desconfianza hacia Rusia. En estos momentos están sometiendo a críticas la construcción del gasoducto Nord Stream2, asegurando que Europa se volverá todavía más dependiente de Rusia. ¿Qué habría que hacer para recuperar la confianza?

Respuesta: Percibimos la construcción del gasoducto Nord Stream2 como un proyecto exclusivamente comercial que ofrece mutuo beneficio a las partes. Las aseveraciones de que aumentará la dependencia de Europa de los suministros de gas procedente de Rusia carecen de fundamento. Sería más correcto, a nuestro modo de ver, hablar de una interdependencia positiva, puesto que Rusia también está interesada en que los europeos adquieran sus productos, en ese caso concreto, los hidrocarburos.

Con la entrada en funcionamiento del Nord Stream2 se garantizará la diversificación adicional del gas ruso, sin que aumenten de momento sus suministros. Los suministros estables de gas a los consumidores europeos se efectuará por la ruta más corta, lo que permitirá reducir “la huella ecológica” causada por su transporte. Además, no renunciamos a los acuerdos existentes de suministros de gas ruso a Europa. Sin embargo, en el futuro los países de tránsito habrán de competir por el mismo, en vez de imponer sus condiciones.

De esta manera, desde el punto de vista estratégico, el gasoducto reforzará la seguridad energética de Europa para décadas. Es por ello, porque las capitales europeas interesadas en el proyecto se pronuncian con determinación por que la obra sea finalizada.

En cuanto a la confianza, es un asunto delicado. Es bien sabido que se gana durante años y se pierde en un momento. Puesto que estamos hablando de la energía, merece la pena recordar que a partir de los años 60 del siglo pasado nunca ofrecimos ni un motivo para dudar de nuestra condición de suministrador fiable de hidrocarburos. Recuerden las heladas que tuvieron lugar en febrero y marzo de 2018, se conocen como The Beast from the East, es decir, la bestia venida del este. ¿Quién suministró de manera urgente gas adicional a Europa que se estaba quedando fría?

Dicho sea de paso, nuestra confianza hacia muchos europeos en la esfera de la energía también está minada. En mayo de 2019 la UE aprobó las enmiendas de la Directiva del llamado tercer paquete energético. Se aprobaron a posteriori, tras haberse realizado las principales inversiones. De esta manera se asestó un golpe contra uno de los principios fundamentales de la economía de mercado, defensa de los derechos de un inversor concienzudo. Por supuesto, ello no reforzó nuestra confianza en nuestros socios.

Para recuperar la confianza necesitaríamos tiempo. El primer paso constructivo que dio Europa podría ser la renuncia a los intentos de politizar la interacción económica y comercial con Rusia. Ya lo dijo el Presidente Vladímir Putin en su intervención en la sesión en línea del Foro Agenda de Davos 2021 en pasado enero: “se ha de tener una actitud honesta con respecto al diálogo que mantenemos. Hace falta renunciar a las fobias del pasado ..., mirar hacia el futuro”.

Por nuestra parte, siempre estamos abiertos a una cooperación constructiva basada en la paridad, el respeto mutuo y el respeto de los intereses de las partes. Ahora le toca a la UE dar el paso.

Pregunta: Ucrania no reconoce a las minorías rusa y húngara como pueblos indígenas, por lo cual la Ley de educación y lengua limita el uso de las lenguas maternas de dichos grupos étnicos. ¿Cabe, a su modo de ver, alguna posibilidad de que esta situación desfavorable cambie?

Respuesta: Esta degradación constante que se viene observando en la esfera de los derechos humanos fundamentales en Ucrania no puede menos de preocupar. El pasado 21 de julio el Presidente de Ucrania, Vladímir Zelenski, firmó la discriminatoria Ley “De pueblos indígenas de Ucrania”. Junto con las anteriormente aprobadas Leyes de lengua oficial y educación, menoscaba considerablemente los intereses de los rusos, los húngaros y otros pueblos que residen históricamente en el territorio ucraniano. De hecho, estamos hablando de una segregación artificial de la gente y de dos variantes de derechos humanos, lo que recuerda y mucho la teoría y la práctica extendidas en la Alemania nazi.

Son completamente inadmisibles los pasos que da Kiev, implantando en el país la ideología de la intolerancia nacionalista, ante todo, con respecto a los rusos. Recordemos que a principios de agosto el Defensor de la lengua oficial, Tarás Kremín, propuso a los habitantes del país que no hablen ucraniano abandonar su territorio. El Presidente Vladímir Zelenski en la entrevista publicada el pasado 5 de agosto manifestó que los rusos “deberían irse y buscarse un sitio en Rusia”. Catalogamos estas declaraciones como incitación al odio. Dicho sea de paso, la legislación de los países miembros de la UE es un hecho punible.

En más de una ocasión llamamos a esta situación la atención de los organismos internacionales sectoriales, la ONU, la OSCE, el Consejo de Europa, la UNESCO. Seguiremos exigiéndole a Kiev que cumpla con sus compromisos y respete los derechos humanos, incluidos los derechos culturales y a la educación de las minorías étnicas. Es importante que las autoridades ucranianas atiendan a las críticas emitidas en público, también por los políticos europeos. La llamada diplomacia silenciosa que tanto gustan de mencionar nuestros interlocutores occidentales en caso de Ucrania evidentemente falla.

Los intentos de los países miembros de la UE de llegar a un acuerdo tácito con Kiev y lograr que las lenguas habladas en la Unión Europea no sean sometidas a las restricciones, mientras que la única lengua prohibida sigue siendo el ruso, provocan discriminación doble de los ciudadanos rusoparlantes de Ucrania, en comparación con el ucraniano y las lenguas comunitarias.

Eb función de la Ley de educación vigente en Ucrania, a partir del 1 de septiembre de 2020, en el país desaparecieron los colegios que imparten las clases en ruso. Los niños pueden cursar estudios en su lengua materna solo en la primaria, estudiando intensamente al mismo tiempo el ucraniano. Mientras tanto, los escolares que cursan estudios en una de las lenguas oficiales de la UE, no habrán de hacerlo hasta 2023. Los escolares rusoparlantes fueron privados de este derecho.

Otra “excepción” de la ucranización total es el estatus de “pueblo indígena” de Ucrania. Únicamente fue otorgado a los tártaros de Crimea, los karaites de Crimea y los Crymchak. Son ilustrativas las pertinentes estadísticas del número de personas residentes en Ucrania: 3.000 tártaros de Crimea (de 280.000 personas), cerca de 400 karaites de Crimea (de 2.000 personas) y 120 Crymchak de (1.500 personas).

Me gustaría recordar que en Ucrania residen millones de rusos, mientras que la lengua rusa es dominada y usada por la mayoría de los habitantes de Ucrania.

Pregunta: El Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, y el Presidente de EEUU, Joe Biden, en la reunión celebrada en Ginebra en pasado junio manifestaron que no querían otra Guerra Fría. ¿Es comparable la situación actual en el campo de la política de seguridad con las tensiones observadas durante la Guerra Fría?

Respuesta: No creo que sean apropiados los paralelos históricos de este tipo. La Situación política y militar en el mundo hoy ofrece cierto parecido con la época de la Guerra Fría, pero también ofrece importantes diferencias. Sea como sea, hoy estamos lejos del punto más agudo de la confrontación entre la URSS y EEUU que desembocó en la Crisis de los misiles de 1962, momento en el que el mundo se vio literalmente al borde de una guerra nuclear. Sin embargo, no podemos pasar por alto las discrepancias existentes entre los principales actores mundiales que, por desgracia, no dejan de ahondarse.

Uno de los motivos es la política aplicada por Washington. Consiste en intentar disuadir a Rusia y China. Parte de dicha política es el desmantelamiento unilateral del sistema de acuerdos en la esfera de control de armamentos, así como el incremento del poderío estadounidense en los segmentos europeo y del Pacífico.

Sin embargo, al término de la Cumbre celebrada en Ginebra por los Presidentes de Rusia y EEUU se aprobó una declaración común que confirma la adhesión mutua de los países al principio proclamado por primera vez hace 35 años. Indica que en una guerra nuclear no puede haber ganadores, de modo que no debe desatarse nunca. Fue el segundo paso encaminado a recuperar una actitud responsable hacia los aspectos clave de la seguridad internacional dado este año por la parte estadounidense.

Entre los momentos alentadores, destacaría la primera reunión celebrada por decisión de los líderes el pasado 28 de julio en Ginebra en el marco del diálogo ruso-estadounidense sobre estabilidad estratégica. Debe iniciarse una labor conjunta en el campo de seguridad cibernética, siendo el objetivo planteado comenzar una cooperación sistémica para combatir los retos comunes. El Presidente de Rusia dejó muy claro, también en público, que es posible lograr resultados en todos los campos, pero únicamente a través de las negociaciones y la elaboración de un equilibrio de intereses de ambas partes.

Sea como sea, somos realistas y entendemos perfectamente que camino hacia la desescalada no es nada fácil. A diferencia de la época de la Guerra Fría, no todo depende de los acuerdos entre Rusia y EEUU, aunque es un factor importante. Hoy existen muchos más actores y factores que influyen en la situación en la esfera de la seguridad internacional. En su calidad del miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, Rusia sigue haciendo su considerable aportación al mantenimiento de la seguridad global, poniendo en práctica una política responsable, pragmática y predecible., creando además condiciones para un desarrollo pacífico de todos los Estados.

 

 

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