22 enero 201809:00

Entrevista concedida por el Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, al periódico Kommersant, publicada el 21 de enero de 2018

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Pregunta: Ahora todos esperan con impaciencia la publicación de dos informes de la administración presidencial de EEUU: el llamado “informe del Kremlin” sobre los funcionarios y ricos empresarios rusos cercanos a las autoridades de Rusia y el informe sobre la necesidad de imponer nuevas duras sanciones económicas contra Moscú. Si estos documentos conllevan un endurecimiento de la política sancionatoria, ¿cómo será la reacción de Moscú?

Respuesta: Es una pregunta hipotética. Hemos declarado en reiteradas ocasiones que no buscamos confrontación. Consideramos que las sanciones se imponen sin ningún fundamento. Y en cuanto a los objetivos que pretenden lograr, tampoco tienen sentido, porque en los años de vigencia de esas sanciones sus autores ya habrían podido entender que esas sanciones no podrán cambiar la política honesta, abierta y constructiva de Rusia. No se puede cambiar nuestra política independiente en el ámbito internacional, basada en los intereses nacionales, mediante presión ejercida desde el exterior. Esta política la determina el Presidente de Rusia en función de los intereses del pueblo ruso. Me parece que el hecho de que nuestra política exterior tenga un alto nivel de aceptación, pone de relieve que las tentativas de cambiar esta política exterior mediante presiones sobre las élites y determinadas empresas no tienen futuro.

No estamos interesados en exacerbar la confrontación, pero al propio tiempo no podemos permanecer impasibles viendo cómo se intenta castigar a Rusia, sea el caso con nuestra propiedad o las sanciones mencionadas por Usted, o los intentos de valerse del tema de deporte. Hay muchos factores que ponen en evidencia que, además de los casos reales de consumo de dopaje por nuestros deportistas y los de muchos otros países (casos conocidos de los que nadie hace una tragedia o suscita ruido sino los examinan de conformidad con los trámites establecidos), se instrumenta una campaña sesgada que se basa en el principio que se aplica en otros ámbitos de relaciones de Rusia con sus socios internacionales. Si no me equivoco, Richard McLaren declaró en su informe que no hay pruebas, que no saben cómo se ha hecho esto, pero saben cómo habría podido hacerse. Ningún tribunal de ningún país aceptaría semejantes acusaciones, Sin embargo, estas declaraciones bastante extravagantes sirven para tomar la decisión de apartar a Rusia de los Juegos Olímpicos.

En relación con ello, se recuerda la situación con el Boeing de Malaysia Airlines cuando, pasados tres días tras la tragedia, EEUU exigió llevar a cabo una investigación declarando que sabía quién lo había hecho y estaba seguro de que la investigación lo confirmaría.

Un caso más antiguo es el de Alexander Litvinenko. En aquella época, las autoridades británicas declaraban que la investigación confirmaría lo que sabían sin cualquier investigación. La actual ola de rusofobia es descomunal. No puede ni compararse con lo que había en tiempos de Guerra Fría. En aquella época se respetaban ciertas reglas que en la actualidad se han abandonado.

Pregunta: ¿Es peor ahora que en los tiempos de Guerra Fría?

Respuesta: En lo que se refiere a las maneras, sí. Aunque, si comparamos hasta qué punto nos hemos acercado a la confrontación en su expresión material, existen varias opiniones al respecto también. En aquella época había, por un lado, una estabilidad negativa de los dos bloques rígidos, dos sistemas mundiales: el socialista y el imperialista. Actualmente, no hay discrepancias ideológicas algunas. Todos tienen la economía de mercado, la democracia, independientemente de que pensemos de ésta. Sin embargo, existen las elecciones, las libertades, los derechos estipulados en la Constitución.

Pero aun en el contexto de la ausencia de las diferencias ideológicas, se mantiene la competencia, lo que es absolutamente normal. Pero la competencia debe ser justa. Está claro que cada país tiene métodos específicos de promoción de sus intereses, los servicios secretos, los cabilderos contratados por las organizaciones no gubernamentales para promover una u otra agenda. Es normal. Mientras, cuando nos declaran que Rusia no debe restringir la actividad de las organizaciones no gubernamentales financiadas desde el exterior, pero no tiene derecho a un trato similar con sus organizaciones no gubernamentales que funcionan en otros países, esto parece un doble rasero.

Otro aspecto en que quisiera centrar la atención. Dada la ausencia de las diferencias ideológicas, se incrementan las capacidades combativas. Esto no tuvo lugar en los tiempos de Guerra Fría.

Pregunta: Pero la carrera armamentista existía, ¿no?

Respuesta: La carrera armamentista existía en el marco de la geopolítica aplicada por ambas partes. Había una línea condicional: los países de la OTAN y del Pacto de Varsovia desplegaban sus armas a ambos lados de esta línea. Al final, la URSS se reventó. Todas aquellas guerras de las Galaxias y otros inventos desempeñaron su papel, aunque no fueron decisivos. La URSS se desintegró porque el país, la élite gobernante no se dio cuenta de que eran necesarias las reformas y cuando se dio cuenta, estos cambios se efectuaron de un modo inapropiado. Y ahora, la expansión de la OTAN hacia el Este no se regula por ninguna norma. No existe una “línea roja”.

Pregunta: ¿Y la frontera de Rusia?

Respuesta: Si partimos de que no podemos tener ningunos intereses en la región Euroatlántica, entonces sí, la frontera de Rusia es la “línea roja”. Tenemos intereses legítimos, cuando la URSS se desintegró, un gran número de rusos de repente se vieron en el extranjero. Mantenemos relaciones culturales e históricas, estrechos vínculos personales y familiares con nuestros vecinos. Rusia tiene derecho a defender los intereses de sus compatriotas, especialmente cuando se someten a persecuciones en muchos países, cuando se oprimen sus derechos, como pasó en Ucrania. En el día del golpe de Estado se anunció que era necesario restringir el uso de la lengua rusa.

Pregunta: Mientras, posteriormente se ablandaron…

Respuesta: Sí, pero lo anunciaron. Lo primero que hizo el parlamento tras el golpe de Estado fue aprobar una ley de que la lengua rusa debía “estar en su puesto”. Es decir, querían otorgar al ruso el estatus de idioma inferior. Dos días después, se declaró que los rusos nunca glorificarían a Stepán Bandera y Román Shujévich, por eso hay que expulsarles de Crimea.

Después de que ofreciera una rueda de prensa, un periódico alemán escribió que Serguéi Lavrov había tergiversado la información presentando “una manifestación pacífica de los tártaros de Crimea ante la sede del Consejo Supremo de Crimea como un intento de expulsar a los rusos de la península”. Es suficiente ver vídeos de aquella época cuando el Consejo Supremo fue rodeado por rufianes que cometían tropelías, sin hablar de “trenes de la amistad” enviados a Crimea por Dmitri Yárosh.

Lo que pasó en Ucrania fue un golpe de Estado, una traición del Derecho Internacional por parte de Occidente, cuando un acuerdo firmado por los ministros de Asuntos Exteriores de los países locomotoras de la UE fue pisoteado. Posteriormente, la UE empezó a convencernos que así debía ser y que no se podía hacer nada con eso. En realidad, es una vergüenza de Europa. Constatando este hecho histórico, no nos metemos en nuestra concha sino queremos cumplir los Acuerdos de Minsk.

En cuanto a las “líneas rojas”, se puede decir que en aquel momento la “línea roja” fue atravesada, igual como fue atravesada la “línea roja” por orden de Mijaíl Saakashvili cuando se lanzó una ofensiva contra Osetia del Sur donde estaban acantonadas fuerzas de paz rusas, osetas y georgianas. Mientras, las fuerzas de paz georgianas se retiraron de aquella zona varias horas antes del inicio de aquel acto de agresión ilegítimo y provocativo.

Rusia tiene sus intereses y hay que recordarlo. Rusia tiene las “líneas rojas”. Creo que los políticos serios en Europa entienden que es necesario respetar estas “líneas rojas” como las respetaban en los tiempos de Guerra Fría.

Pregunta: Volvamos a los estadounidenses. Los medios de comunicación estadounidenses informaron que, en marzo de 2017, Rusia entregó a EEUU las propuestas para normalizar las relaciones en el formato “non-paper” que, supuestamente, incluían varios acápites. En vista del aumento por parte estadounidense de las presiones sancionatorias y de todo lo que ocurrió en las relaciones entre Rusia y EEUU durante un año, ¿siguen vigentes estas propuestas?

Respuesta: Las propuestas siempre siguen vigentes. Nunca nos obstinamos sino tratamos de entender el contexto de las acciones emprendidas por los estadounidenses u otros colegas nuestros. En este caso, entendemos muy bien que existe toda una gama de factores que causan una agresividad sin precedentes por parte del establishment estadounidense, como se suele decir hoy.

El factor principal consiste en que el Partido Demócrata no puede reconciliarse con su derrota, habiendo aplicado tantos esfuerzos para expulsar a Bernie Sanders de la carrera presidencial, entre otras cosas, lo que no quieren recordar ahora. Fue una manipulación abierta del proceso electoral que violaba burdamente la Constitución de EEUU.

Además, la mayor parte del Partido Republicano se vio en una situación cuando eligieron a un Presidente ajeno al sistema quien no pasó por todas las etapas del establishment estadounidense y consiguió los votos del electorado durante las primarias como representante del Partido Republicano. Independientemente de lo que pensemos acerca de las acciones del Presidente de EEUU, Donald Trump, de cómo califiquemos sus acciones a las que no están acostumbrados los diplomáticos y politólogos tradicionales...

Pregunta: Él viola todos los acuerdos internacionales como “un elefante gordo en una cristalería”.

Respuesta: Independientemente de lo que pensemos acerca de estas acciones, ahora hablamos de las causas de una indignación sin precedentes de los políticos estadounidenses. A los republicanos no les gusta tampoco que al poder haya llegado un hombre quien probó que el sistema que existió durante muchas décadas (más de 100 años), cuando los dos partidos acordaron las reglas de juego (un partido llega al poder para cuatro años, posteriormente llega el otro y el primer partido se ocupa de negocios, después llega el turno del primer partido y el otro se ocupa de negocios), dejó de existir, porque llegó Donald Trump. Mientras, él no llegó para cumplir una misión, sino porque la sociedad estuvo cansada del cambio tradicional del líder.

Si analizamos la estructura de la sociedad estadounidense, entenderemos que en ésta se desarrollan interesantes procesos demográficos. No por casualidad los elementos étnicos suscitan hoy debates largos y profundos de si se renace y se agudiza el racismo que en la política estadounidense siempre estaba presente en forma abierta o latente. Estos procesos son complicados y continuarán durante mucho tiempo. Repito que una de las causas es la derrota de los demócratas con la que no pueden resignarse todavía. La segunda causa es el fracaso del sistema bipartidista. Este procedimiento amigable se aplicó durante muchas campañas electorales. El tercer elemento entre muchos otros en los que quisiera centrar la atención es la sensación de la pérdida de la posibilidad de influir en todos los procesos mundiales en interés de EEUU. Puede parecer paradójico, pero es así. Y esto se dejará sentir durante mucho tiempo.

Hasta en los tiempos de Guerra Fría EEUU fue mucho más potente en lo que se refiere a su cuota en la economía mundial y, naturalmente, la posición predominante dentro del sistema monetario internacional, cuando no había el euro, nadie oía sobre la existencia del yuan ni del rublo. Ahora a EEUU le corresponde un 18% ó 20% del PIB global. Ya no es la mitad como fue anteriormente y las cifras distan leguas de las que se registraron tras la Segunda Guerra Mundial.

La sensación de que un centro no puede resolver todos los problemas se manifiesta también en la campaña rusófoba. Además, existe China y otros países grandes muchos de los que, posiblemente, prefieren hacer la vista gorda de los excesos estadounidenses. En nuestro caso, es difícil porque las dos primeras causas (la derrota de los demócratas y el fracaso del sistema) conllevaron de algún modo a que nos presentaron como los culpables. Varias personas mantuvieron contactos con varios representantes de la élite política estadounidense. El Embajador de Rusia en EEUU, Serguéi Kisliak, mantuvo contactos con el asesor de seguridad nacional del Presidente Donald Trump, Michael Flynn. Es normal y no tuvo que provocar tales reacciones, además, en comparación con lo que los diplomáticos estadounidenses hacen en Rusia, con las acusaciones que intentan presentar al Embajador y la Embajada de Rusia en EEUU, es un balbuceo.

Ya que no reaccionamos a las inamistosas medidas coactivas aplicadas contra el Embajador ruso, quien se negó a cambiar su actitud, renunciar a su independencia y disculparse por lo que nunca ocurrió, esto les excitó aún más. Empezaron a cargarnos con todos los pecados y fracasos de EEUU. Nos utilizan como un pararrayos en el contexto de los acontecimientos en México, Francia...

Pregunta: Hasta en Malta.

Respuesta: Por doquier. Constantemente se oye Rusia, Rusia, Rusia. Es simple y fácil para una propaganda torpe. Como se dice, los electores reaccionan a lemas muy simples de CNN: “Rusia se ingiere de nuevo...”. Si estas declaraciones se repiten mil veces, se recuerdan.

Pregunta: Suena como si Usted personalmente justificase al Presidente Donald Trump. Mientras, nadie les obligó firmar una ley sobre el suministro de armas a Ucrania y una ley de sanciones en agosto pasado.

Respuesta: Idealizo a nadie. Creo que hay que entender que en la situación cuando se aprueban las leyes por la mayoría de votos (un 95%), el Presidente ya no piensa de que se trata en la respectiva ley, en qué medida es real, legal, legítimo o justo sino entiende que su veto será superado en todos los casos.

Pregunta: ¿Y la ley sobre el suministro de armas a Ucrania? Barack Obama no la promulgó.

Respuesta: La respuesta es la misma. Sabe perfectamente que el Congreso le obligará a hacerlo. Si el Presidente Donald Trump renuncia a hacer lo que quiere la mayoría aplastante de los miembros del Congreso, y allí existe esta mayoría, su veto será superado. En este caso, entra en vigor la mentalidad interna estadounidense. Si el veto del Presidente se supera, independientemente de si fue justo, justificado y respondía a los intereses de EEUU a largo plazo, es el fracaso del Presidente. Ya está.

Cuando el Presidente de EEUU, Donald Trump, me recibía en la Casa Blanca, hablaba con el Presidente ruso, Vladímir Putin, en Hamburgo y posteriormente por teléfono, no vi que el Presidente de EEUU, Donald Trump, planeaba emprender algo que socavase sus declaraciones electorales sobre las buenas relaciones con Rusia. Mientras, la situación es así. La combinación de al menos tres factores – la derrota de Hillary Clinton, la no pertenencia del Presidente de EEUU, Donald Trump, al sistema y la necesidad de explicar el por qué a EEUU no le cuaja todo en la arena internacional (hay otros factores también) – provoca lo que ocurre ahora. A medida que EEUU se involucre en este proceso deplorable y vea que Rusia actúa con tranquilidad, sin histeria (en algunos casos reaccionamos, pero diría que la reacción fue mínima), que continuamos avanzando sin cambiar de rumbo, promoviendo nuestra política de arreglo de conflictos, trabajando en los mercados de los que los estadounidenses quisieran expulsarnos, esto empieza a irritar a las personas que promueven la agenda rusófoba. Es lamentable. Nos alegra el que últimamente, varios miembros del Congreso, algunos politólogos y diplomáticos de EEUU empiecen a reconocer en voz baja, en las conversaciones confidenciales que esta situación no es normal y es necesario enmendarla. Todos destacan que los que intentaron arrinconarnos no tenían razón, porque se ve que no se puede aislarnos. Es suficiente ver la agenda de reuniones y viajes del Presidente ruso, Vladímir Putin, de otros miembros del Gobierno para entender que no se logró aislarnos. Dicen que lo entienden todo, que se pasaron de rosca en este ámbito, pero nos proponen hacer algo para que se pueda decir que Rusia ha cedido. Esta psicología, naturalmente, causa la impresión de que la mentalidad jingoísta no obra a favor de EEUU. Proponen hacer algo en relación con Ucrania.

Pregunta: ¿“Ceder” quiere decir, por ejemplo, fortalecer el control sobre las acciones de los milicianos en Donbás, obligarles a cesar el fuego, retirar todo el armamento y observar rigurosamente todas las cláusulas fundamentales de los Acuerdos de Minsk?

Respuesta: No estamos en contra de que todos retiren el armamento y  cesen el fuego, no sólo los milicianos de las repúblicas de Donetsk y de Lugansk sino el Ejército ucraniano también. Hay muchos testimonios de sus colegas, incluidos los de la BBC y otros medios de comunicación, que visitaron, también este año, la línea divisoria, de que los batallones como Azov y varios otros no los controla nadie, excepto sus jefes. Las Fuerzas Armadas de Ucrania no tienen influencia sobre ellos, dichos batallones no acatan las órdenes de nadie. Valga como ejemplo el bloqueo que impusieron y que criticó el Presidente de Ucrania, Piotr Poroshenko. Juraba en público poner fin a este bloqueo (contradice completamente los Acuerdos de Minsk), enviaba algunas fuerzas para levantarlo, pero fracasó. Posteriormente, decidió que sería mejor dar una vuelta de 180 grados y promulgar un decreto legalizando el bloqueo. Así las cosas, hay que cesar el fuego y retirar las tropa y el armamento pesado, pero es necesario que lo hagan ambos bandos.

He dicho en la rueda de prensa que los intentos de reducir toda la paleta geopolítica a Ucrania exhortándonos a retirar a un batallón de Donetsk o Lugansk para darles la posibilidad de ir suavizando las sanciones, son humillantes para las personas que lo declaran ocupando altos cargos.

Pregunta: ¿Será destinado este año a Donbás un contingente de paz?

Respuesta: Eso no depende de nosotros. Si dependiera de nosotros, el contingente habría sido destinado allí hace tiempo ya.

Pregunta: ¿Y qué es lo que impide ahora que así sea? ¿Podría Rusia ceder en algo, para salvar este obstáculo?

Respuesta: Sólo hay un impedimento: nadie quiere hablar en detalle de nuestras propuestas.

Pregunta: ¿Acaso no han formulado los estadounidenses sus enmiendas? ¿Se están abordando?

Respuesta: Nadie ha formulado ningún tipo de enmiendas y es lo que queremos, enmiendas. He hablado con mi homólogo ucraniano, Pável Klimkin, y con los Ministros de Asuntos Exteriores francés y alemán. Dicen que es un paso constructivo, correcto, pero se necesita algo más. Bueno, sentémonos a hablar y nos dirán cómo lo ven y veremos en qué medida corresponde ello con la puesta en práctica de los Acuerdos de Minsk. En todo caso, el proyecto de la Resolución indica que todos nosotros hemos de atenernos al Conjunto de medidas para el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk que supone la necesidad de que todos los pasos dados sean acordados por Kiev, Donetsk y Lugansk. Nos responden que es necesario pensar en cómo se hacen no sé qué cosas más. Es decir, hay mucho ruido y pocas nueces, nadie se sienta a la mesa a negociarlo con nosotros. Las ideas que se formulaban independientemente del trabajo en nuestro proyecto de la Resolución son de otro tipo, mientras que nuestro proyecto deja claro que los Acuerdos de Minsk son fundamentales. Parte de los acuerdos prevé el despliegue de una misión de observadores de la OSCE, cuyos colaboradores deberían ir acompañados por guardias armados, dado que no siempre les toca trabajar en condiciones seguras. Es decir, vayan donde vayan los observadores de la OSCE, tendrían que ir acompañados por las fuerzas de la ONU. Es la lógica de la jurisdicción de los Acuerdos de Minsk. Y a nosotros nos dicen que, si aceptamos la propuesta de un contingente de paz, que asuma este contingente la responsabilidad por todo cuanto ocurra a la derecha de la línea de la separación y que además se encargue de la seguridad en todo el territorio hasta la frontera con Rusia. Y entonces se celebrarán las elecciones y todos contentos.

Pregunta: ¿Acaso no es una postura sensata?

Respuesta: ¿Sensata? ¿Cree que es sensata?

Pregunta: El contingente de paz de la ONU es una fuerza que podría hacerse cargo de la seguridad en la región.

Respuesta: Los Acuerdos de Minsk rezan que primero ha de ser declarada la amnistía, tras lo cual ha de entrar en vigor la Ley sobre el estatus especial, un documento que fue aprobado, pero no entró en vigor. Más tarde la Ley debería incorporarse a la Constitución, para que, hecho seguido, se celebren las elecciones. La gente, a la que ahora se la intenta “ahogar” con un bloqueo ilegal, a la que se les cortan los cables, impidiéndoles que tengan acceso a la telefonía móvil y que estén en contacto con el mundo exterior, por lo menos es lo que hace el Estado ucraniano, pues esta gente ha de saber que no son criminales de guerra ni son terroristas. Sin embargo, ésta es la forma en la que se les calificó, al empezar Kiev una operación antiterrorista en la región. Me gustaría llamar su atención a que desde esta zona no se lanzó ningún ataque contra nadie, fueron ellos los atacados. Esta gente ha de saber que la amnistía cubre todo lo cometido por ambos bandos. Han de saber además que cuentan con un estatus especial que garantiza (y es algo recogido en los Acuerdos de Minsk) el uso libre de la lengua y cultura rusas y unos vínculos especiales con Rusia, independientemente de las autoridades que estén en Kiev. Han de saber que tendrán voz y voto a la hora de ser nombrados los jueces y los fiscales y que tendrán milicias populares. Éstos son los principios básicos. Y no son nada difíciles de cumplir. Y además, si no me equivoco cerca de 20 provincias ucranianas solicitaron hace 1.5 años a Kiev de manera oficial que sean iniciadas las negociaciones sobre la descentralización para conseguir que les sean delegadas ciertas potestades. Firmaron los pertinentes acuerdos con Kiev. Lo que se dice, la federalización. Se la puede llamar descentralización, porque parece que el otro término da miedo. Y cuando se nos promete que todo se hará, se declarará la amnistía, se concederá el estatus especial, se celebrarán las elecciones, pero sólo después de que la zona sea cedida a las fuerzas internacionales para que manden allí, no lo aceptaremos. Sería el punto de no retorno, lo tienen muy claro y por eso lanzan esta propuestas, con las evidentes ganas de especular con el tema.

Los Acuerdos de Minsk fueron aprobados por el CS de la ONU. En el documento se dice inequívocamente que todo lo que se quiera hacer habrá de acordarse por Kiev y determinadas zonas de las provincias de Donetsk y Lugansk. Nos fiamos de la ONU y de la OSCE que, dicho sea de paso, trabaja bastante bien en unas condiciones muy delicadas. Pero no se puede pasar por alto la parte política de los Acuerdos. Nos genera dudas la promesa de cumplirlos, en cuanto la administración de la ONU tenga bajo su control dicho territorio. Si los promotores de esta idea son capaces de convencer a Donetsk y Lugansk, que así sea. Porque es lo que está previsto por los Acuerdos de Minsk y aprobado por el CS de la ONU. Aunque yo sigo creyendo que los defensores de esta iniciativa únicamente pretenden conseguir que estos territorios se asfixien.

Me gustaría hacerles recordar una cosa curiosa. Los Acuerdos de Minsk estipulan las siguientes medidas: amnistía, estatus especial, elecciones. Y por ese orden. Durante las labores del grupo de trabajo del Cuarteto de Normandía la parte ucraniana propuso que se hiciera al revés y primero se garantizara la seguridad, incluido el control sobre la frontera. Más tarde, se dijo, se daría solución al resto de los problemas. Llevamos años explicándoles que el control total de Ucrania sobre esta parte de la frontera con la Federación de Rusia representa el último punto de los Acuerdos de Minsk. Es decir, primero tiene que celebrarse todo lo anteriormente expuesto. Luego hicieron la pregunta de cómo podían conceder a estos territorios un estatus especial, si no sabían quiénes ganarían en las elecciones locales. Les preguntamos si querían decir que sólo concederían estatus especial a los líderes que les cayeran bien. La respuesta fue afirmativa. No es muy digno de los diplomáticos hacer este tipo de cosas, si el Presidente de su país ha firmado una secuencia de pasos completamente distinta. Sin embargo, aceptamos una fórmula de compromiso conocida en la actualidad como “fórmula Steinmeier”. Indica que la Ley sobre estatus especial entrará en vigor de manera temporal el día de las elecciones y de forma permanente, tras hacer público la OSCE, cuyos observadores acudirán a las elecciones, el pertinente informe. El proceso suele llevar un par de meses.

La parte ucraniana aceptó. Fue algo que acordaron los Jefes de Estado durante su reunión en París. Durante un año se intentó plasmar dicho acuerdo sobre papel, pero los ucranianos se resistían. Los líderes volvieron a reunirse en 2016 en Berlín. Les preguntamos, por qué no se avanzaba en este sentido y nos contestaron que desconocían el contenido del informe. Entonces propusimos refrendar por escrito que la Ley sobre estatus especial entraría en vigor temporalmente el día de las elecciones y de manera permanente, el día de la publicación del informe, con la condición de que el informe calificara las elecciones como libres y honestas. Lo pactamos. Desde aquel momento pasó más de un año, pero ésta última fórmula tampoco la quieren plasmar sobre papel. Ha sido uno de los ejemplos, el de la política.

El segundo también es muy significativo, es de la esfera de la seguridad. En Berlín acordamos empezar en octubre de 2016 a retirar en serio ya los armamentos pesados, evitando recaídas y su devolución a la zona de la línea de la separación. Acordamos tres puntos piloto, las localidades de Zolotoye, Pokrovskoe y Lugovskaya. En los dos primeros sitios todo se hizo rápido y bien, mientras que en el tercero no sale nada.

La parte ucraniana empezó a decir que necesitaban 7 días de silencio, para que empezaran a retirar los armamentos pesados. La OSCE ha hecho constar en varias ocasiones, también en público, que desde entonces ha habido pausas de 7 e incluso más días de duración. Kiev replica a ello que no son sus estadísticas y que las suyas han registrado algunos disparos sueltos. De modo que es pura profanación y lo saben los alemanes, los franceses y la OSCE. Sin embargo, dado que todo está muy politizado, nuestros interlocutores occidentales no pueden forzar a las autoridades ucranianas a que cumplen aquello que prometieron a los líderes de Francia, Alemania y otros países.

Es de lamentar ello. Entiendo que, si uno ha apostado por algún político en un momento dado, por ejemplo, ha apoyado públicamente a la gente que llegó al poder en Ucrania tras un golpe de Estado, es difícil retirarle el apoyo, sin perder la cara. Lo entendemos y no armamos escándalos sobre el sabotaje completo del cumplimiento de los Acuerdos de Minsk. Al mismo tiempo, seguiremos insistiendo en que se cumpla lo acordado. Es que hay demasiados acuerdos alcanzados con un enorme esfuerzo que están atravesando ahora una época difícil, los Acuerdos de Minsk, los acuerdos sobre Irán y demás.

Pregunta: El jueves pasado el Parlamento ucraniano aprobó la llamada Ley de la Reintegración de Donbás. La reacción de las capitales europeas fue tranquila, mientras que Moscú la sometió a intensas críticas. ¿Por qué? ¿Cuáles podrían ser, a su modo de ver, los resultados práctica de su aprobación?

Respuesta: La Ley de la Reintegración, vista a través del prisma del Derecho, echar por tierra los Acuerdos de Minsk que fueron apoyados de manera unánime por el Consejo de Seguridad en la Resolución aprobada varios días después de la reunión en Minsk de los líderes del Cuarteto de Normandía. Es algo que cae por su propio peso.

En cuanto a la reacción, he señalado en más de una ocasión que no nos cabe la menor duda, más aún, sabemos a ciencia cierta que tanto en las capitales europeas como en Washington se dan perfecta cuenta del juego al que juegan las autoridades ucranianas. Tampoco se les escapa la manera en la que intentan evadir el cumplimiento de sus obligaciones en cuanto a los Acuerdos de Minsk. Espero que se le llame la atención a los dirigentes de Ucrania en contactos privados con los representantes de Berlín, París, Washington y otros países. Sin embargo, dado que apostaron por este régimen que demuestra ser incapaz de llegar a fórmulas de compromiso, Occidente ya no puede criticar en público a sus protegidos. Es triste. Es comprensible que dicha reacción sea consecuencia del deseo de preservar su autoridad y mantener su perfecta reputación, pero la vida es la vida. Intentaremos conseguir que todo lo recogido en los Acuerdos de Minsk sea cumplido en su totalidad. Los intentos de “desviar el proceso”, de buscar otras agendas, nuevos métodos o formatos, son inadmisibles.

Seguiremos defendiendo con tranquilidad e insistencia el conjunto de medidas honesto, al pie del cual estamparon su firma el Presidente Poroshenko y los líderes de Donetsk y Lugansk.

Pregunta: Mi última pregunta tiene que ver con Irán, tema que ya ha mencionado. ¿No se vería Rusia beneficiada de alguna manera, si fracasara el pacto con Irán, por culpa de EEUU? ¿Washington quedaría como una capital aislada y odiosa, mientras que Teherán se sentiría más propenso a negociar?

Respuesta: Hay quienes tienen esta visión, pero no forman parte de los dirigentes de Rusia. Muchos expertos en politología nos preguntan por qué tantos nervios, indicando que, cuanto peor, mayores serán los beneficios. Es decir, EEUU se mostrará incapaz de llegar a fórmulas de compromiso y cumplirlas, dejando en evidencia su papel destructivo a nivel mundial, sea en caso de Irán o de Siria, donde sus acciones unilaterales han hecho a Turquía montar en cólera.

Pregunta: Y, por otra parte, Irán se mostrará más propenso a negociar.

Respuesta: No es ésta la cuestión. Si se destruye el tejido mismo de los acuerdos internacionales, alcanzados por los países más influyentes durante uno u otro conflicto, la situación podría describirse como sálvese quien pueda. Cada uno sólo velaría por sus intereses y eso sería muy triste. Lo considero inadmisible, da igual que sea Irán, Siria, Libia, Yemen o la Península Coreana. En este último caso también hubo un acuerdo, el de 2005, y recogía con claridad los requisitos formulados para la RPDC y para otros bandos. Un par de semanas después de su firma, los estadounidenses “desenterraron” de repente una antigua historia con una cuenta bancaria en Macao y procedieron a congelar las cuentas norcoreanas. Se puede discutir interminablemente, si era justo o no, y si tenía razón Corea del Norte o EEUU. El hecho es un hecho: un acuerdo que ponía fin a la confrontación y a las provocaciones falló en ponerse en práctica. Hablando en términos generales, el principal problema de hoy es la capacidad de respetar los acuerdos alcanzados.

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