25 febrero 202015:20

Discurso del Ministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Serguéi Lavrov, en el Segmento de Alto Nivel de la 43ª sesión del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU, Ginebra, 25 de febrero de 2020

352-25-02-2020

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Estimada señora Presidenta,

Señoras y señores,

Colegas:

Ahora que la situación en el mundo se torna cada día más complicada, los focos de tensión existentes siguen sin el arreglo mientras van surgiendo nuevos, se promueve al primer plano la tarea de elaborar enfoques renovados y actualizados de garantizar un desarrollo estable y sostenible de la humanidad. Es obvio que el destinatario final de todos los esfuerzos deba ser el individuo, el hombre, con todas sus necesidades y derechos. Rusia es consecuente en su postura sobre la necesidad de prestar atención igual a todas las categorías de los derechos humanos, no sólo a los civiles y políticos, también los económicos, los sociales, los culturales. De otra forma quedarán fuera de la protección los grupos de población socialmente vulnerables: mujeres, menores, familias numerosas, personas mayores, discapacitados, desempleados.

Lamentablemente, la actividad conjunta y creadora para garantizar los derechos humanos en su plenitud, se ve impedida por el rumbo adoptado por los países de Occidente y orientado a reemplazar las normas comúnmente reconocidas del Derecho Internacional, por cierto «orden mundial basado en reglas». Los derechos socioeconómicos básicos resultan ignorados en el contexto de una promoción de los derechos políticos interpretados desde la perspectiva del liberalismo agresivo. La retórica acusatoria, expresada, en particular, en forma de las resoluciones sobre algunos países, se usa cada vez con más frecuencia para intervenir en los asuntos internos de los Estados soberanos, imponer sanciones unilaterales ilegítimas, o, incluso, intentar sustituir los gobiernos indeseados que  no compartes los «valores» bastante dudosos, inventados por Occidente unilateralmente, e ignoran la diversidad cultural y civilizatoria del mundo actual. Esta práctica viciosa conduce a exacerbar la confrontación y, finalmente, restringe las posibilidades de los ciudadanos de ejercer sus derechos legales.

Asegurar los derechos y libertades es incompatible con la doble moral. No deja de extrañar que algunos colegas occidentales, defensores acérrimos de la democracia, según declaran, hacen la vista gorda, en conciencia, ante la escandalosa violación de los derechos humanos básicas en Ucrania. Las leyes allí aprobadas «De las garantías del funcionamiento de la lengua ucraniana como lengua oficial», «De la educación», los proyectos de ley recién presentados a la Rada Suprema «De los medios» y «De la lucha contra desinformación» tienen un carácter abiertamente discriminatorio, violan los derechos de minorías nacionales, imponen, de hecho, a censura estatal. Estas iniciativas no sólo contradicen los compromisos internacionales de Kíev, sino que también violan la Constitución de Ucrania. A pesar de la Comisión de Venecia confirmó su carácter discriminatorio, las autoridades ucranianas no han tomado ni piensa tomar ningunas medidas para corregir la situación. Considero sumamente importante que el Consejo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas formule su evaluación de esta situación inadmisible y exija cumplir estrictamente los derechos de todas las minorías nacionales sin excepción alguna. No nos olvidemos de que así lo estipulan también los Acuerdos de Minsk aprobados por el Consejo de Seguridad de la ONU, que no tienen alternativa.

Otros Estados también afrontan graves problemas. En los países bálticos se ha convertido en una norma la represión de los medios y de la heterodoxia, la violación de los derechos de minorías nacionales hasta el punto de admitir el fenómeno de «sin ciudadanía». Se sienten cada vez más libres los partidos, los movimientos y los grupos extremistas que se dedican a difundir la ideología del nazismo, supremacía racial, discriminación y xenofobia.

Exhortamos a los colegas occidentales a influir en sus patrocinados. En respuesta escuchamos las tímidas justificaciones sobre la preocupación por la libertad de expresión y reuniones pacíficas. En la práctica resulta que las democracias occidentales de esta forma dan carta blanca a la difusión de la ideología nazi, la glorificación de los fautores de los nazis, las marchas de con antorchas bajo las banderas de Waffen SS. Semejante corrección política, de hecho, justifica la ideología inhumana.

En beneficio de los intereses lucrativos se intensifican los intentos de revisar no sólo las decisiones de los juicios de Núremberg, sino, en general, los resultados de la Segunda Guerra Mundial reconocidos internacionalmente. La campaña de falsificación de la Historia cobra cada vez formas más cínicas. La Europa civilizada calla tímidamente observando la cínica «guerra» contra los monumentos y complejos memoriales en honor a los que pagaron sus vidas para salvar los pueblos del continente del exterminio total. El silencio acompaña también  la perpetuación de memoria de los asesinos y criminales involucrados en la implementación de la teoría de la supremacía racial. Es imprescindible poner fin a esta bacanal de amnesia. La Victoria en la Segunda Guerra Mundial deberá declararse Patrimonio de la Humanidad.

Provocan una seria preocupación los intentos de usar el factor religioso en calidad de herramienta de los juegos políticos. Se agrandan las brechas entre confesiones, se profanan cada vez con más frecuencia los santuarios religiosos en diferentes regiones del mundo. Los creyentes y el clero sufren ataques, persecuciones, asesinatos. En algunos países de Oriente Próximo se redujo drásticamente o desapareció casi por completo la presencia de los cristianos que habían residido allí durante siglos. La comunidad internacional y el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU tienen la obligación de poner barrera en el camino de los extremistas que están levantando la cabeza. Pero de momento en la postura de algunos colegas nuestros, lo quieran o no, prevalece el deseo de justificar los excesos de los grupos radicales y terroristas. De otra manera es difícil explicar las propuestas de ponerse de acuerdo con los bandidos, como sucede al discutir la situación en Idlib. No es la preocupación de los derechos humanos sino la capitulación ante los terroristas, si no la estimulación de su actividad, burdamente en contra de los convenios universales y numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.

Al auge del terrorismo en Oriente Próximo y África del Norte, consecuencia de la agresión de la OTAN contra Libia en 2011, está directamente vinculado con la crisis migratoria sin precedentes. Para su arreglo a largo plazo es necesario eliminar las causas profundas que obligan a los ciudadanos a abandonar sus países de origen. Se coloca en el primer plano la tarea de estabilizar la situación en los Estados de la región a través de estimulación del diálogo nacional inclusivo, y, lo más importante, de poner fin a la intervención ilegal en sus asuntos internos y de cumplir con los principios de la Carta de la ONU. Estos planteamientos, en lugar de los intentos de usar los eslóganes de defensa de los derechos humanos en los juegos geopolíticos, permitirán encontrar una solución duradera de los problemas de ciudadanos de a pie, garantizar sus derechos empezando por el principal, el derecho a la vida.

Estimada señora Presidenta:

Los retos y las amenazas actuales tienen un carácter global y transfronterizo. Para superarlos con éxito es importante fomentar las instituciones multilaterales existentes, cultivas en las relaciones interestatales el ambiente de confianza y compresión mutua, rechazar decididamente la doble moral. Su aporte a estos esfuerzos, lo puede y debe hacer el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU. Consideramos el Consejo como una herramienta clave destinada a asegurar el diálogo constructivo, despolitizado, multilateral a base de los criterios universales y aprobados comúnmente. Es inviable imponer a quien sea los llamados valores que reflejan el estado de la moral social de un reducido grupo de Estados, por muy alta que sea la estima que tiene de si mismo este grupo.

Las discusiones sobre los derechos humanos deben ser representativas y pluralistas. En aras de ello la Federación de Rusia presentó su candidatura para la elección al Consejo entre 2021 y 2023. Me gustaría asegurar: nos esforzaremos al máximo para promover las iniciativas colectivas en su actividad con fines de elaborar los enfoques consensuales y la renuncia a la confrontación.

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