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18 junio 202000:00

Artículo conjunto redactado por el Ministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Serguéi Lavrov, y el Primer vicepresidente de Gobierno, Ministro de Asuntos Exteriores de la República de Serbia, Ivica Dacic, para el diario ruso Rossiyaskaya Gazeta y el diario serbio Kurir publicado el 18 de junio de 2020

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Nudo de Kosovo: ¿será posible hallar una solución justa?

 

Últimamente, se han avivado bastante los debates públicos acerca de los posibles desenlaces del nudo de Kosovo. Vuelven a intensificarse las actividades de EEUU y la Unión Europea que buscan asegurarse la voz cantante en el proceso del arreglo, compitiendo por el papel del líder. Al mismo tiempo, tal y como ha ocurrido antes, a menudo no toman en consideración la opinión de todas las partes involucradas, lo que pone en tela de juicio la propia posibilidad de encontrar una solución justa. Sin embargo, para evitar cometer nuevos errores, suele ser útil echarse una mirada hacia atrás, hacia el pasado más reciente, y analizar las tristes experiencias, fruto de injerencia externa en los asuntos de los países de la región. Consideramos también importante expresar nuestras valoraciones conjuntas del actual estado de las cosas, así como las posturas de principio con respecto al arreglo en Kosovo.

El problema de Kosovo lleva 20 años sin encontrar solución, impidiendo la estabilización en toda regla de la situación en los Balcanes del oeste y generando nuevas tensiones. Esta “bomba de efecto lento” fue colocada en el momento de plantearse los países que bombardearon Yugoslavia en 1999 el objetivo de garantizar la independencia de Kosovo, obviando el Derecho Internacional. Fue hecho bajo el cínico lema de “múltiples variantes”, es decir, sea con el consentimiento de Belgrado, sea sin él. En otras palabras, la opinión de Serbia desde el principio fue pasada por alto. Esta actitud deficiente que pisoteaba burdamente la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU iba dirigida únicamente a la satisfacción de los anhelos separatistas de los kosovares.

En 2008, al anunciarse de facto en Pristina su “independencia”, a Moscú y Belgrado se los trataba de persuadir con insistencia de que las potencialidades de las negociaciones estaban supuestamente agotadas. Al mismo tiempo, se pasaron por alto los llamamientos de Rusia y Serbia, lanzados también al más alto nivel, de continuar negociando, para que por fin acabara imponiéndose el Derecho Internacional y la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU. Tan sólo un par de años después el desarrollo de la situación obligó a recuperar la idea del diálogo. Bruselas asumió el papel de mediador y la Asamblea General de la ONU aprobó esta decisión en 2010 vía Resolución 64/298.

En los años transcurridos desde entonces, la comunidad internacional en más de una ocasión pudo cerciorarse de que las posibilidades de elaborar un arreglo viable únicamente serían fruto de la observancia de la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU, siendo tomados en consideración y equilibrados los intereses de las partes enfrentadas.

El concepto de la “soberanía” autoproclamada de Kosovo acabó en un fracaso. Ni en los Balcanes ni en Europa ni en ninguna parte del mundo goza de apoyo incondicional. Cerca de la mitad de los Estados miembros de la ONU no reconocen la tan mentada “institucionalidad” de Kosovo y este número va en aumento.

Cada vez mayor número de capitales se da cuenta del daño que entraña, también para ellos, el precedente de injerencia armada en los asuntos de un Estado independiente con pretextos inventados que se sentó en Kosovo.

La situación en dicho territorio es muestra convincente de la escasa eficiencia de la independencia de Kosovo.

En dicha zona impera caos político: los partidos locales se ven inmersos en deshonesta lucha por el poder, intrigas, acusaciones mutuas y rencillas entre clanes, todo en condiciones de declive económico y crimen organizado disparado. En tales condiciones, la “institucionalización”, un tema muy socorrido por los estadistas locales y por sus patronos del exterior, no es más que una quimera.

En Kosovo abundan delincuentes vinculados con los grupos terroristas de Oriente Próximo, en primer lugar, Siria, así como con las organizaciones criminales de los Balcanes y de otras partes de Europa. Este fenómeno también es prueba de que el territorio con un rico patrimonio histórico y cultural se ha convertido en una zona donde delincuentes con antecedentes criminales de toda calaña campan por sus respetos.

¿Habría que sorprenderse de que así sea, si los antiguos líderes del Ejército de Liberación de Kosovo se integraron a la perfección en las autoridades de Pristina? Para investigar los crímenes cometidos por algunos de ellos, incluidos los asesinatos y secuestros, cuyo objetivo final era tráfico con órganos, fue creado en su momento por iniciativa de la Unión Europea el Tribunal especial para Kosovo. Ocurrió tras la presentación del informe del diputado de la PACE, Dick Marty. Seguimos esperando que dicho organismo de justicia empiece a funcionar y formule acusaciones contra los criminales.

La normalización de la situación se verá propiciada por presencias internacionales. Sin embargo, ello por desgracia no ocurre. Las fuerzas destinadas a Kosovo llevan años comportándose de manera pasiva a la hora de garantizar la seguridad de los serbios, a pesar de que ésta es su tarea primordial. Una de las consecuencias de su inacción son problemas con la conservación de las reliquias de la Iglesia Ortodoxa de Serbia situadas en el mencionado territorio. Para garantizar su preservación, harían falta unos esfuerzos enérgicos y coherentes de la UNESCO, la OSCE y el Consejo de Europa.

La eficiencia de la Misión de la Administración Provisional de las Naciones Unidas en Kosovo, cuyo mandato es determinado por la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU, también deja mucho que desear. Sería difícil esperar otro desarrollo de los acontecimientos, puesto que Pristina pasa por alto libremente la mencionada decisión del Consejo de Seguridad de la ONU. Los países occidentales no ocultan que se hacen de la vista gorda al tratarse de los kosovares y se muestran permisivos con su conducta insolente, dejando impunes los casos de intimidación del personal de la ONU.

En estas circunstancias provoca profunda preocupación el hecho de haberse usurpado las instalaciones de Bondsteel creadas como una base de las fuerzas de la paz, pero convertidas en una zona de acceso limitado y lugar de formación de las “Fuerzas Armadas” de Kosovo. En realidad se trata de una suerte de “reciclaje” del Ejército de Liberación de Kosovo que desató a finales de los 90 del siglo pasado un conflicto como resultado del cual la zona en cuestión se desintegró del territorio de Serbia.

Hasta el día de hoy sigue abierta la pregunta sobre la responsabilidad de los países de la OTAN que emplearon en Serbia durante los bombardeos de 1999, sobre todo en Kosovo, municiones que contenían uranio empobrecido. La población local sigue sufriendo a causa de las consecuencias de contaminación radioactiva. Los efectivos del contingente de paz también sintieron los efectos nocivos de la misma. El veredicto judicial dictado en Francia confirma que la agresión de la OTAN marcó para muchos años la tierra serbia con esta mortífera huella.

Políticos irresponsables que apuestan por la retórica relacionada con la Gran Albania echan con regularidad leña al fuego del latente conflicto. Los políticos occidentales no consideran necesario llamar la atención de algunas figuras que hacen sus declaraciones desde Pristina y Tirana y pregonan la idea de la Gran Albania. Mientras tanto, el potencial destructivo de dicha ideología es capaz de echar por tierra el sistema de estabilidad regional que se fue formando durante décadas.

A lo largo de los últimos meses la Unión Europea y EEUU hacen intensa propaganda de la reanudación del diálogo entre Belgrado y Pristina. Por supuesto, apoyamos las medidas políticas del arreglo, pero consideramos que las negociaciones deben basarse en el principio del cumplimiento voluntario de los acuerdos alcanzados con anterioridad. El acuerdo clave es la creación de la Comunidad de Municipios Serbios que tenga todos los derechos y goce de las necesarias potestades. La responsabilidad directa de la Unión Europea, parte mediadora en el proceso de las negociaciones, consiste en hacer que las autoridades de Kosovo cumplan con sus obligaciones. De momento, sin embargo, no se observa progreso alguno en la creación de dicha Comunidad.

Antes de que empiece una nueva etapa del diálogo, sería necesario cancelar las medidas discriminatorias antiserbias que fueron introducidas por las autoridades de Pristina en los últimos años. La Unión Europea debe garantizar en su calidad de intermediario que los kosovares ni vuelvan a dicha práctica viciosa.

Esperemos que el Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, y el Enviado Especial de la Unión Europea para el diálogo entre Belgrado y Pristina, Miroslav Lajcak, hagan de “corredores de bolsa honestos”.

Al mismo tiempo, hemos de señalar que la adhesión de Serbia a la Unión Europea se sigue aprovechando por ciertas fuerzas en calidad de palanca de presión en Belgrado, para que reconozca la “independencia” de Kosovo. Resulta, que para pasar a formar parte de la UE Serbia como país candidato debe renunciar a una parte de su territorio. Los autores de este absurdo requisito ven cierta amenaza en la posible corrección de la línea política aplicada hacia Kosovo. Esta preocupación no es más que hipocresía, sobre todo, si recordamos quién y de qué manera logró la desintegración de Yugoslavia.

Sea como sea, Rusia y Serbia siguen partiendo de la necesidad de observar la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU. La búsqueda de fórmulas de compromiso representa potestad exclusiva de Belgrado y Pristina. Son estas dos capitales las partes encargadas de formular y tomar la decisión definitiva que sea aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU. Moscú aceptará únicamente aquella variante del arreglo que sea aprobada por Belgrado.

En cuanto a la asistencia externa a las negociaciones, ha de consistir en controlar de manera imparcial que sean respetados los límites del diálogo que marca el Derecho Internacional y no sean impuestos ningunos esquemas elaborados de antemano.

Moscú y Belgrado son socios estratégicos. Estamos orientados a fomentar esta cooperación que beneficia a las dos partes en una amplia gama de sectores. Esta intención no depende del deseo de Serbia de negociar su adhesión a la Unión Europea, puesto que seguirá fomentando sus vínculos con Rusia y la Unión Económica Euroasiática.

Seguiremos cooperando intensamente en el arreglo de Kosovo, siempre guiándonos por la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU.

 

 Serguéi Lavrov                                    Ivica Dacic

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