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9 diciembre 201921:34

Discurso ofrecido por el Enviado Permanente de Rusia ante la UE y Euroatom, Vladímir Chizhov, en el XIII Foro Europeo Ruso, Bruselas, 9 de diciembre de 2019

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Estimada señora eurodiputada,

Queridos compatriotas,

Damas y caballeros:

Antes que nada, me gustaría saludar de manera cordial a todos los reunidos en esta sala y cumplir con el encargo recibido del Ministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Serguéi Lavrov, leyendo su mensaje dirigido a los organizadores y los participantes del XIII Foro Europeo Ruso.

Es verdad que el tema de la “identidad rusa” preocupó a lo largo de toda la Historia de nuestro pueblo a sus mejores mentes.

La principal riqueza del pueblo ruso fue desde siempre su potentísima fuerza unificadora, su capacidad de preservar cuidadosamente y multiplicar sus riquezas, así como empaparse de los mejores logros de los pueblos que vivían a su lado, en paz y concordia. Reflexionó mucho sobre estas capacidades suyas el gran escritor ruso Fiodor Dostoievski, quien expresó esta idea del siguiente modo: “El rasgo más sublime y característico del nuestro pueblo es su sentimiento de la justicia y la pasión por ella... Es capaz de convivir con todos y compenetrar... Tiene el instinto de un humanismo universal”. La unión de los pueblos portadores de la identidad rusa siempre se basó en el sólido fundamento de la lengua y cultura rusas, así como en el sentimiento de una profunda empatía con el destino que le tocó vivir a nuestra Patria. En los numerosos períodos trágicos ello fomentó la unión y ayudó a superar las penurias y las desgracias.

En este sentido fueron especiales los acontecimientos trágicos del siglo XX que marcaron para siempre nuestra percepción de nosotros mismos y la visión que tienen de nosotros los representantes de otras naciones. Me estoy refiriendo a la salida forzada del país de los mejores intelectuales rusos que partían al exilio después de una guerra civil y fratricida y también a la más terrible de todas las guerras a las que se enfrentó la Humanidad, en la cual se sacrificó el total de 27 millones de soviéticos. Me estoy refiriendo también a la desintegración de la URSS, de la cual habló en más de una ocasión el Presidente de Rusia, Vladímir Putin, como de la mayor tragedia del pueblo ruso, teniendo en cuenta las colosales secuelas humanitarias que supuso: unos 25 millones de personas étnicamente rusas en un abrir y cerrar de ojos se vieron, contra su voluntad, fuera de su país. Es por ello, porque me gustaría recordar en esta sala que precisamente el pueblo ruso es el más numeroso y más separado del mundo y por todas partes nos seguimos enfrentando a las consecuencias de aquella tragedia.

La lucha por el espacio geopolítico post soviético que siguió a la desintegración de la URSS sigue también hoy en día, siendo sus principales herramientas que se tomaron prestadas del arsenal de la Guerra Fría, la propaganda rusófoba, las calumnias contra el pueblo ruso y la revisión de su papel en la Historia mundial.

Lamentamos tener que hacer constar que en una serie de países de la Unión Europea se está llevando a cabo un deliberado desplazamiento de la lengua rusas de todas las esferas de la vida social. Dicha postura fue ascendida al estatus de política del Estado. De esta manera, por muy extraño e ilógico que parezca, los hechos reales evidencian que en la Unión Europea que trae al mundo las ideas del liberalismo y diversidad son violadas con regularidad los derechos fundamentales de las personas rusoparlantes.

En los Estados tutelados por la Unión Europea son aprobadas unas leyes que infringen burdamente los derechos al uso de la lengua y a la educación de las minorías étnicas recogidos en convenios multilaterales. Todo ello, por supuesto es representado como medidas de protección  de las lenguas nacionales que se vieron damnificados, acorde con su nueva ideología, por la grave herencia de la URSS. Me gustaría recordar, dada esta circunstancia, que es inadmisible reforzar su propia seguridad a costa de la seguridad de otras personas, del mismo modo que es imposible afianzar su propia identidad a costa de la identidad ajena. Estoy convencido de que la identidad de un pueblo es basada en la constructividad, no en la negación ni tampoco en la destrucción. Esta lección está por aprenderse todavía por aquellas personas que a principios del siglo XXI está edificando su propia identidad, apoyándose en la barbarie. Porque esta “caza de brujas” muy digna de la época del macartismo fue lanzada contra quienes se levantaron con valentía en defensa de los pisoteados derechos de la población rusoparlante en Europa.

No podemos menos de prestar atención a las manifestaciones de la discriminación en el marco de la UE de los medios que emiten en ruso. Me estoy refiriendo a su persecución bajo el pretexto de la amenaza de la desinformación a favor de Rusia. El Parlamento Europeo ha acumulado una gran cantidad de resoluciones que promueven las peores formas de censura y presión contra los periodistas rusoparlantes. La situación a veces está rayando en lo absurdo, al ser declarados “propaganda de Kremlin” los dibujos animados y los programas de humor rusos.

Una señal no menos preocupante es el cada vez más frecuente llamamiento a buscar activamente una “quinta columna” que interviene, supuestamente, en los procesos democráticos que se operan en los países miembros de la Unión Europea. Esta acusación no fue confirmada por los datos de la UE. Es un camino a la nada. Sólo queda esperar que el sentido común acabe prevaleciendo.

No dejamos de llamar la atención de los organismos sectoriales de la Unión Europea a los mencionados hechos. A modo de respuesta, por desgracia, se nos indica de manera algo aviesa que los países miembros de la UE disfrutan de competencias exclusivas en mencionado campo. Y nadie de los presenten en esta sala desconocen las formas de las que las competencias en cuestión son puesta en práctica.

Un acontecimiento histórico de gran importancia que se perpetró en la conciencia nacional rusa y se convirtió en uno de los principales factores de integración de la actual nación rusa es la Victoria contra el nazismo en 1945. Es por ello, porque percibimos con tanta sensibilidad los intentos de reescribir la Historia, un ejemplo brillante de los cuales fue la reciente Resolución del Parlamento Europeo “Sobre la importancia de la preservación de la memoria histórica para el futuro de Europa” que igualó al nazismo y al comunismo. Esta peligrosa permisividad con respecto a la política de la glorificación del nazismo y de sus allegados, las marchas de los veteranos de las Waffen SS condenados por los Juicios de Núremberg, la glorificación de los colaboracionistas, una “guerra” desatada contra los monumentos a los héroes que sacrificaron sus vidas por la liberación de Europa son fenómenos extremadamente peligrosos para las actuales sociedades europeas. Me gustaría recordarles que en los años 30 del siglo pasado los alemanes no se dieron cuenta de cómo acabaron en pleno nacional socialismo, después de haber seguido un camino perfectamente democrático.

El año que viene vamos a celebrar una importante fecha, el 75º Aniversario de la Gran Victoria. Exhorto a nuestros interlocutores europeos a honrar con dignidad la memoria de los héroes caídos, los libertadores de Europa.

Queridos amigos:

Indudablemente, hoy estamos enfrentados a la importantísima tarea de preservar la identidad nacional rusa, la  capacidad de seguir siendo un pueblo que tiene su propio carácter y sus propias tradiciones, no perder los rasgos auténticos que tenemos, ni la continuidad histórica y el vínculos de las generaciones que ostentamos. La lengua rusa debe seguir siendo la lengua de comunicación internacional dentro de Rusia y fuera de ella, conservándose su carga constructiva y unificadora.

La clave del éxito de cualquier interacción sigue siendo la búsqueda conjunta de respuestas a los retos comunes y no el ahondamiento de los abismos. El actual programa del Foro está encaminado precisamente a ello, es decir, a la atracción de la atención a los problemas que preocupan a la numerosa comunidad rusa residente en Europa. Esperamos que las ideas expresadas aquí sean oídas y representen una aportación a la normalización de las relaciones entre Rusia y la Unión Europea. No se puede permitir que la peligrosa inercia de la confrontación se imponga al sentido común ni obstaculice el desarrollo de la interacción que corresponde con los intereses de todos los pueblos de Europa, sin excepción alguna. El mundo ruso y la cultura rusa siempre están abiertos a a la cooperación, la interacción y la prosperidad universal.

Me gustaría desearles a los participantes en este Foro unas labores fructíferas y unas ideas creativas.

Gracias por su atención.

 

Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE)

Consejo de Europa (CE)

OTAN

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