29 abril 201314:41

Intervención y respuestas a las preguntas de los medios de comunicación del Ministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Serguéi Lavrov, en la conferencia conjunta al término de las conversaciones con la Presidenta de la Comisión de la Unión Africana, Dlamini Zuma Moscú, a 29 de abril de 2013

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Señoras y señores:

Es un placer recibir en Moscú a la Presidenta de la Comisión de la Unión Africana, Dlamini Zuma. Resulta simbólico que su visita se produzca en vísperas de un importante acontecimiento para el continente africano y para toda la comunidad internacional: el próximo 25 de mayo se cumplen 25 años de la creación de la Organización para la Unidad Africana, que en 2002 se convirtió en la Unión Africana (UA).

Las relaciones entre Rusia y África se basan en la sólida tradición de amistad y de respeto mutuo, que tiene sus raíces en el siglo pasado, cuando nuestro país defendió con firmeza la liberación de los países del continente de la dominación colonial, la consolidación de su independencia política y la creación de unas condiciones para su desarrollo socio-económico. Rusia ha contribuido mucho a que se alcancen estos objetivos.

En un clima amistoso, hemos abordado detenidamente las cuestiones de la agenda internacional y regional, constatando la similitud o la coincidencia fundamental de nuestras posturas en la mayoría de los temas. Hemos señalado el carácter constructivo de la colaboración entre la UA y la ONU en los esfuerzos de mantenimiento de la paz en el continente africano. Rusia apoya activamente esta colaboración en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Estamos interesados en establecer una asociación con la Unión Africana, que desempeña un importante papel en los asuntos regionales e internacionales y en las cuestiones de resolución de conflictos. Consideramos imprescindible potenciar los esfuerzos colectivos de los propios pueblos africanos en la búsqueda de soluciones a diferentes crisis: en Malí, Congo, República Centroafricana, Somalia y otras zonas del continente.

Nuestra postura básica consiste en que las principales formas de resolver estos problemas las deben fijar los propios países africanos, y la comunidad internacional debe respetar sus decisiones y prestar pleno apoyo a los esfuerzos de resolución de conflictos.

Apreciamos la línea consecuente, desarrollada por la Comisión de la UA y su presidenta, de consolidación de las posturas de los países africanos en los foros internacionales. Vamos a seguir apoyando por completo a los países africanos en la resolución de sus problemas para garantizar el desarrollo sostenible, la paz y la estabilidad, tanto a nivel bilateral como en el marco de los foros internacionales, incluida la ONU, el "G-8" y el "G-12"

Rusia promueve el desarrollo social y económico de los países del continente y la resolución de los problemas en el ámbito de la salud y en otros sectores. Y no sólo lo hace de forma bilateral, sino también mediante los fondos de la ONU y de las estructuras de instituciones como la Organización Mundial de la Salud o el Programa Mundial de Alimentos. También participamos en todos los proyectos sobre África que se llevan a cabo en el marco del "G-8" y el "G-12".

En la reunión de hoy, hemos tratado las perspectivas de participación de las compañías rusas en los principales proyectos de infraestructuras en el continente africano. Hemos advertido la demanda de empresas rusas en esta región, y para ello estamos dispuestos a crear unas condiciones favorables.

Esta actitud quedó de manifiesto en los contactos con los líderes africanos que el presidente de Rusia mantuvo en marzo de este año en Durban, en la cumbre del BRICS, donde se celebró el primer foro BRICS-África. Vladímir Putin propuso diversas iniciativas destinadas a que en esta estructura -con participación de la Unión Africana, las organizaciones suprarregionales y la Comisión Económica de la ONU para África- se elaboren proyectos colectivos y se realicen estudios para determinar las mejores formas de un enfoque complejo para desarrollar el importante potencial de una región en rápido crecimiento, rica y prometedora.

En conjunto, estamos satisfechos de los resultados de las conversaciones, que, una vez más, han confirmado la disposición y el interés de Rusia y la Unión Africana en ampliar una cooperación mutuamente beneficiosa.

Pregunta: (a Serguéi Lavrov y a Dlamini Zuma): ¿Cuál es la eficacia prevista del despliegue de las fuerzas de paz (más de 12 000 personas) en el norte de Malí? ¿Cuándo se crearán las fuerzas africanas de intervención inmediata para situaciones como las de Malí o las posibles crisis en el norte de Nigeria relacionadas con el grupo islamista radical Boko-Haram?

Serguéi Lavrov: (responde después de Dlamini Zuma): Sólo puedo añadir que confiamos en el éxito de la misión de despliegue en Malí autorizada por la ONU. Por iniciativa de la Federación de Rusia, su mandato se ha revelado como completamente ajustado a los principios de pacificación que deben observarse en cualquier medida. Esta misión está destinada principalmente a prestar apoyo a las autoridades de Malí, sobre las que recae la gran responsabilidad de garantizar la seguridad y luchar contra la amenaza terrorista.

Consideramos primordial que la creación y el despliegue de esta misión vayan unidos a unas medidas prácticas para restablecer el orden constitucional y para establecer un diálogo político general entre las autoridades centrales de Bamako y los representantes del norte que se desvinculen de los grupos terroristas. Ya se ha adoptado una "hoja de ruta", y en consonancia se ha creado una Comisión para el Diálogo y la Reconciliación en Malí. Estamos de acuerdo con la Unión Africana en la necesidad de un progreso más rápido en otras direcciones, reflejadas en la "hoja de ruta", que incluya el funcionamiento de la mencionada Comisión, el acuerdo de las reformas institucionales, el establecimiento de una fecha para las elecciones, etc.

Pregunta: El Enviado especial para Oriente Medio del Presidente de Rusia, el Viceministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Mijaíl Bogdánov, ha mantenido conversaciones en Teherán y Beirut, y uno de los principales temas tratados ha sido la cuestión siria. Los medios de comunicación libaneses han informado de que la postura de Rusia sobre Siria se ha modificado tras estas conversaciones. ¿Es esto verdad?

Serguéi Lavrov: Supongo que tanto en Líbano como en otros países de la región existen políticos que quieren adaptar la realidad a sus deseos. Esto sucede en cualquier país, por lo que no tiene nada de asombroso.

Nuestra postura no ha experimentado ningún cambio. Desde el principio del conflicto (en Siria), hemos llamado a todos los que pueden influir en la situación a que no tomen partido, a que exijan a todas las partes en conflicto el cese de la violencia y el inicio de las negociaciones sin condiciones previas. Esta postura de Rusia acabó prevaleciendo en la reunión de Ginebra, y fue recogida en el comunicado final que se aprobó el 30 de junio de 2012. Esta postura sigue teniendo plena vigencia en el momento actual. Quiero señalar que cada vez un mayor número de nuestros socios se inclinan a renunciar a la necesidad de unas condiciones previas y a buscar la forma de comenzar a aplicar en la práctica los acuerdos de Ginebra.

Pregunta: ¿Cómo valora las declaraciones de los EE. UU. y Reino Unido sobre el uso de armas químicas por parte del ejército sirio? ¿Qué consideración le merece la creación de una Comisión de la ONU para la investigación del uso de armas químicas en Siria?

Serguéi Lavrov: No recuerdo semejantes declaraciones y afirmaciones inequívocas. Estos países comentan con precaución las informaciones recibidas. No es la primera vez que "estalla" el tema de las armas químicas. Este tipo de información no siempre es fundada, ni mucho menos.

En diciembre de 2012, en la región de Homs se utilizaron supuestamente armas químicas. Más adelante, esos informes fueron refutados, y todos se olvidaron de ellos felizmente. Nadie aportó ninguna prueba al respecto. Los servicios de inteligencia, incluidos los de nuestros socios occidentales, revelaron la ausencia de amenazas y, en general, la consistencia de tales afirmaciones.

El 19 de marzo, cuando se utilizaron (hoy todos estamos de acuerdo, y los medios de observación remota lo confirman) sustancias tóxicas cerca de Alepo, el gobierno sirio se dirigió al secretario de la ONU pidiéndole que enviase urgentemente al país una misión de expertos. El asunto no se trata en ninguna comisión y no ha ido a ninguna parte. En aquel día, el Secretario General de la ONU declaró públicamente que le satisfacía la solicitud y que crearía un grupo de expertos, con especialistas de la organización en la prohibición de armas químicas, y lo enviaría a investigar ese incidente concreto.

Lamentablemente, bajo la presión de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, guiados por motivos no del todo claros, la carta de respuesta al gobierno sirio enviada por el Secretario General de la ONU contenía unas declaraciones públicas no confirmadas del día anterior sobre el envío de un grupo para investigar el incidente concreto, a solicitud del gobierno de la República de Siria. En esa carta se exigía que los inspectores de la ONU pudiesen acceder a cualquier lugar de Siria, dirigirse a cualquier instalación, a cualquier objetivo y a cualquier persona jurídica y física dentro del territorio de Siria. Además de esto, el Secretario General de la ONU añadió que era necesario investigar otras informaciones sobre el empleo de sustancias tóxicas, como en el caso de diciembre en la región de Homs, caso que, como he dicho, hacía tiempo que había quedado en el olvido.

A este respecto, la exigencia del secretario general, con la referencia al episodio ya olvidado, de introducirse en el régimen sirio recuerda claramente a lo que sucedió en Irak cuando buscaban armas de destrucción masiva. No cabe duda de que hay Estados y agentes exteriores que consideran que todos los medios son buenos con tal de derrocar al régimen sirio. Pero el tema de la utilización de armas de destrucción masiva es demasiado serio como para tomárselo a broma. Es inadmisible utilizar este tema, especular con él con fines políticos.

La culpa del intento de llevar a cabo este juego político que alarma a todo el mundo, de que no se investigue el incidente concreto del 19 de marzo, reside en los países que intentan disuadir al Secretario General de la ONU de una respuesta simple y directa a una solicitud concreta y directa.

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