22 September 202002:49

Videomensaje de Serguéi Lavrov para el evento de alto nivel de la Asamblea General de la ONU con motivo del 75 aniversario de la Organización global, Moscú, 21 de septiembre de 2020

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Estimado señor Presidente,

Sus Excelencias,

Damas y caballeros,

Tengo el honor de pronunciar un discurso en nombre de los Estados parte de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC): la República de Armenia, la República de Bielorrusia, la República de Kazajstán, la República de Kirguizistán, la República de Tayikistán y la Federación de Rusia.

Celebramos hoy un evento importante. Hace 75 años, se echaron los cimientos de nuestra casa global común: la Organización de las Naciones Unidas. Mirando al pasado, nos admira la firmeza con que los padres fundadores aspiraron a establecer un sistema democrático de las relaciones internacionales. Aunaron sus esfuerzos para liberar a las futuras generaciones de las atrocidades de la guerra, consolidar la fe en los derechos humanos, crear las condiciones para un orden mundial justo y el progreso social.

Pasado un tiempo, hay los que dan por sentado este gran avance. Mientras, es necesario recordar que cada paso en esta dirección fue una verdadera hazaña la principal de las que seguramente fue la Victoria sobre el nazismo. La unión de los pueblos libres ante una tragedia horrible puso inicio a la realización de los ideales que anteriormente se consideraban utópicos.

En esta coyuntura, los intentos de tergiversar la historia, subestimar el papel de los pueblos que hicieron un aporte decisivo a la Victoria sobre el nazismo parecen absurdos. La memoria de los fallecidos en aquella época terrible es sagrada. Todos tenemos que recordar las lecciones de la historia, conmemorar la hazaña de los soldados libertadores, garantizar la protección de los monumentos erigidos en su homenaje.

Lamentablemente, la Guerra Fría que se inició poco tiempo después de la fundación de la ONU no permitió realizar plenamente estas enormes capacidades constructivas. Sólo pasados 44 años, tras la caída del Muro de Berlín - símbolo de la confrontación geopolítica entre los dos sistemas irreconciliables - nació una nueva esperanza. Se trataba ya no sólo de la prevención de enfrentamientos militares sino de la superación de la desconfianza, la restricción de las ambiciones neocoloniales, el fomento de una cooperación constructiva para construir un futuro común.

Lamentablemente, hoy, en varias regiones del mundo continúan los conflictos bélicos a los que se agregan las amenazas agudas de la actualidad: el terrorismo internacional, la el narcotráfico y la delincuencia cibernética, el cambio climática. Este año, a esta lista se agregó un desafío peligroso más: la pandemia del coronavirus que provocó graves crisis en el sector económico, social y otras áreas.
En vista de eso, consideramos que es actual el llamado del Secretario General de la ONU para un alto de fuego global debido a la pandemia del COVID–19 que los Estados partes de la OTSC respaldaron unánimemente.

Con el paso del tiempo, se hace cada vez más difícil reaccionar a estos y otros problemas globales, especialmente en las condiciones cuando cunde la escisión de la comunidad internacional. Parece que esta situación se debe en mucho a la falta de deseo de varios países de respetar los intereses legítimos de otros Estados. Se promueven unas concepciones y estándares en forma de un "orden mundial basado en reglas", se emprenden intentos de injerirse en los asuntos internos de los Estados, se aplican sanciones unilaterales que violan las prerrogativas del Consejo de Seguridad de la ONU, se manifiesta la intolerancia y el odio.

Mientras, es imposible invertir el curso de la historia. En la arena internacional se fortalecen hoy los nuevos centros de crecimiento económico, crece la necesidad de arreglar los conflictos bélicos por vía exclusivamente pacífica, crece la interdependencia. El mundo está harto de las líneas divisorias, la división de los Estados en "amigos" y "adversarios", el mundo exige aumentar la integral ayuda mutua y la cooperación. Es decir, los objetivos formulados hace 75 años, cuando se fundó la ONU se hacen cada vez más acuciantes.

Por eso es aún más importante hoy confirmar nuestra fidelidad a la Carta de la ONU y las normas generalmente reconocidas del Derecho Internacional, hacer hincapié en la ausencia de una alternativa al multilateralismo real y la intensificación de los esfuerzos dirigidos a encontrar soluciones de los problemas globales con el papel protagónico coordinador de la ONU.

Estimado señor Presidente,

Un jubileo es un motivo de esbozar los contornos de la actividad de la Organización para un futuro.

En la coyuntura actual, la ONU tiene que seguir siendo un organismo eficiente que actúe de conformidad con su Carta. Es imposible permitir la erosión de los mandatos de los órganos principales del sistema de la ONU y la duplicación de sus poderes, lo que aplazará el alcance de los objetivos planteados. En su actividad la ONU debería tomar en consideración la experiencia de las organizaciones regionales, incluida la OTSC.

Un gran parte de éxitos conseguidos por la ONU está vinculada con sus misiones de mantenimiento de la paz. Se cifran hoy grandes esperanzas en las operaciones de paz encaminadas a solucionar los problemas urgentes, contribuir al arreglo de la situación a largo plazo.

Una de las tareas principales de la comunidad internacional debe ser el arreglo de los conflictos por vía pacífica, política y diplomática, en el marco de los formatos internacionalmente reconocidos, a tenor de las normas del Derecho Internacional.

La ampliación de la cooperación en el ámbito de lucha contra el terrorismo y sus vínculos con el crimen organizado debe ser una prioridad incondicional.
En vista del desarrollo de las tecnologías de la información y comunicación que se usan con frecuencia con fines terroristas, criminales y militares, es importante garantizar loa seguridad de la información a nivel internacional.

Es necesario frenar los intentos de debilitar el sistema de control de armamentos, el desarme y la no proliferación para mantener la estabilidad global. Es preciso prestar una atención especial a las tareas de repeler las amenazas de carácter transfronterizo, inclusive las vinculadas con el traslado de los combatientes terroristas extranjeros a las zonas de conflicto, las amenazas de terrorismo químico y biológico, así como garantizar el uso del espacio ultraterrestre con fines pacíficos.

En el centro de atención de la Organización debe quedar la contribución al desarrollo que es una condición importante para el fortalecimiento de la paz. Es importante finalizar lo más pronto posible el proceso de descolonización que se obstaculiza con los intentos de las antiguas metrópolis de mantener su influencia en la coyuntura actual.

Estimado señor Presidente,

A título de colofón, quisiera subrayar que el destino de la Organización está en las manos de sus Estados miembros. Tenemos que dejar discrepancias a un lado, como en 1945, y aunar nuestros esfuerzos para cumplir las tareas comunes manteniendo un diálogo equitativo y respetando los intereses mutuos. El foro de la ONU crea todas las condiciones necesarias para esto.

¡Gracias por su atención!

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