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24 September 202017:47

Discurso pronunciado por el Ministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Serguéi Lavrov, en la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU dedicado al tema “Mantener la paz y la seguridad internacionales: gobernanza global en la época post COVID-10”, Moscú, 24 de septiembre de 2020

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Estimado señor Presidente,

Estimados Jefe de Estado,

Estimado señor Secretario General de la ONU,

Estimado señor Presidente de la Comisión de la Unión Africana,

Estimados colegas,

Sus eminencias,

Damas y caballeros:

Antes que nada, quisiera expresar mi agradecimiento al Presidente de la República de Níger, su Excelencia señor Mahamadou Issoufou, por haber organizado los debates de hoy del Consejo de Seguridad de la ONU acerca del acuciante tema de gobernanza global en la época post Covid-19.

La pandemia del coronavirus COVID-19 hizo de catalizador en los procesos de transformación que se están operando en las relaciones internacionales. No solo Estados y uniones de todo tipo están sometidos a prueba, sino también lo están los mecanismos de gobernanza global en general, en primer lugar, la ONU. Es importante sacar oportunamente las pertinentes conclusiones para poder garantizar un futuro pacífico, seguro y estable de toda la Humanidad.

La crisis que estamos atravesando puso de manifiesto algo muy relevante: la interdependencia y los vínculos que unen a todos los Estados en todas las esferas de la vida social, sin excepción alguna. Rusia lleva tiempo llamando la atención al carácter transfronterizo de las amenazas actuales, entre ellas, el terrorismo internacional, el riesgo del tráfico incontrolado de armas de destrucción masiva, la ciberdelincuencia, el narcotráfico y muchas otras. En estos momentos, al añadirse a las mismas las pandemias como la que está afrontando hoy la Humanidad, nuestros llamamientos a elaborar las respuestas conjuntas a estos retos globales van adquiriendo mayor actualidad.

Los acontecimientos de este año nos dieron a entender que no es nada fácil protegerse contra este tipo de amenazas: la infección afectó a todos y a cada uno de nosotros. Por lo tanto, hemos de superar sus secuelas conjuntamente, dejando de lado las discrepancias que se deben a la coyuntura política.

Por desgracia, este desastre que nos afecta a todos, lejos de paliar las discrepancias existentes entre los Estados, agravó muchas de ellas. Se agudizaron las crisis que ya veníamos observando antes en las relaciones internacionales. En varios países surgió una mayor tentación de buscar a los culpables de los problemas internos en otros Estados. Son evidentes los intentos de determinados Estados de aprovecharse de la situación actual para promover, con afán de lucro, sus intereses egoístas del momento para ajustar las cuentas con Gobiernos que no son de su agrado o con sus rivales geopolíticos.

A pesar de todo, se mantiene la práctica de aplicación de sanciones ilegales que minan la autoridad y las potestades exclusivas del Consejo de Seguridad de la ONU. En más de una ocasión llamamos la atención a la necesidad de suprimir las restricciones que en condiciones de la pandemia afectan con mayor fuerza a las capas más desprotegidas de la población, limitando su acceso a los alimentos y a la asistencia médica. El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, también ha exhortado en las condiciones actuales a suspender la aplicación de las mencionadas medidas. Apoyamos enérgicamente esta iniciativa suya.

Mantiene su actualidad la propuesta formulada por el Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, en la Cumbre del G-20 celebrada en abril pasado. Consiste en formar los llamados “corredores verdes” libres de sanciones y guerras comerciales. Es de lamentar que los Estados que recurren a las sanciones ilegales para practicar su política sigan indiferentes a nuestros argumentos y, algo mucho peor aún, a las necesidades vitales de la gente sencilla residente en diferentes rincones de nuestro planeta.

Estoy firmemente convencido de que el esfuerzo internacional encaminado a superar la crisis ha de tener un carácter coordinado y llevarse a cabo desempeñando la ONU el papel coordinador central. La Organización de las Naciones Unidas sigue siendo un foro universal para el diálogo que no tiene alternativa. Su importancia para la arquitectura global en condiciones de la pandemia no deja de crecer.

Dada esta circunstancia, calificamos como completamente injustas las afrentas cada vez más frecuentas que se lanzan contra el sistema de la ONU en general y contra todas sus estructuras sectoriales. En primer lugar, me estoy refiriendo a la Organización Mundial de la Salud. De acuerdo con las evaluaciones de la mayoría aplastante de los países, en todas las etapas de la crisis la OMS actuó de manera profesional y tomó en el debido momento pasos preventivos eficaces, siempre en estrecho contacto con todos los Estados miembros.

Es evidente que las capacidades del sistema internacional de la salud habrían de reforzarse en el plano cualitativo. Rusia ha hecho ya su considerable aportación a dicha labor siendo el primer país del mundo en desarrollar y patentar la vacuna contra el coronavirus, Sputnik V. Confirmamos nuestra disposición a cooperar en la esfera epidemiológica con todos los Estados y organizaciones internacionales concernidas. Pasado ayer, usando de la palabra desde la tribuna de la Asamblea General de la ONU, el Presidente Vladímir Putin ofreció vacunación gratuita al personal de las Naciones Unidas. Es nuestra respuesta a la solicitud de nuestros colegas de la ONU, ante la cual no hemos podido quedar indiferentes. Según subrayó el Presidente Vladímir Putin, Rusia no podía quedar indiferente a estos llamamientos. Propuso asimismo organizar una videoconferencia de todos los países que se ocupan de desarrollar y producir la vacuna contra el coronavirus. Esta propuesta sigue sobre la mesa de las negociaciones.

La pandemia que estamos viviendo en estos momentos, ha sido este factor negativo, este “cisne negro”, si se quiere, que nos planteó la disyuntiva de cerrarnos, acusando a los demás de todos los males habidos y por haber, o de superar la crisis conjuntamente, uniendo los esfuerzos en aras de un próspero futuro de todos los países y pueblos. A pesar de lo obvio que es el camino correcto, supone un máximo grado de voluntad política y perspicacia estratégica.

Consideramos que habría que empezar con un diálogo honesto y abierto, mantenido en primer lugar por los miembros permanentes del Consejo de Seguridad que, a tenor de la Carta de la ONU, asumen una especial responsabilidad por mantener la paz y la seguridad internacionales. Continuación lógica de este postulado es la iniciativa rusa de convocar una Cumbre del G-5, de lo que también habló  el Presidente Vladímir Putin en el discurso pronunciado ayer ante la Asamblea General.

Una conversación presencial entre los líderes sobre los principios de la interacción interestatal, así como sobre las vías de solucionar los problemas más acuciantes de la Humanidad, sería un paso importante y reforzaría la estabilidad estratégica en la época de post pandemia de COVID-19. Estamos convencidos de que tal reunión debería celebrarse en cuanto lo permita la situación epidemiológica internacional.

Es necesario consolidar los existentes formatos de comunicación basados en los principios de paridad, cooperación y consenso. Catalogamos como tales la interacción en el marco del G-20, BRICS y la OCS. Estamos convencidos de que el futuro de la gobernanza global está relacionado precisamente con los organismos que permitan reaccionar flexiblemente a las amenazas que vayan surgiendo, sin afectar al carácter actual de la arquitectura internacional que prioriza el papel protagónico de la ONU.

En octubre próximo, las labores del Consejo de Seguridad de la ONU serán presididas por Rusia. Aplicaremos el máximo esfuerzo para garantizar un trabajo coordinado y eficaz de este importantísimo organismo de la Organización de las Naciones Unidas, en base a la interacción constructiva de todos sus miembros, a las normas del Derecho Internacional y, en primer lugar, a los objetivos y principios recogidos en la Carta de la ONU.

Quisiera volver a agradecer a la presidencia de Níger esta iniciativa sumamente útil.

Gracias por la atención.

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