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11 marzo 201918:07

Discurso pronunciado por el Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, en la ceremonia de inauguración de la exposición “Hacia las costas de América Latina”, Moscú, 11 de marzo de 2019

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Estimado señor Duda, damas y caballeros, sus Excelencias, amigos:

Estoy encantado de tener la oportunidad de pronunciar un discurso en la ceremonia de inauguración de la muestra de libros raros y manuscritos de la colección de la Biblioteca Estatal de Rusia que confirma de nuevo los sólidos  lazos que vinculan nuestro país con América Latina.

Ante todo, quisiera agradecer al director general de la biblioteca, Vadim Duda, por respaldar la iniciativa del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia de organizar este evento. La exposición es realmente única.

El fundamento de la cooperación entre Rusia y América Latina que hoy continúa ampliándose y profundizándose se estableció hace más de dos siglos, y la exposición lo pone de relieve. La distancia geográfica nunca ha servido como un obstáculo para construir los vínculos humanos más diversos. Rusia siempre respetó la soberanía y la independencia de las naciones de América Latina. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, me refiero a la época del Imperio Ruso, establecimos y mantuvimos las relaciones diplomáticas con todos los Estados de la región. Es demostrativo que, en 1907, Rusia fue la primera en invitar a los latinoamericanos a la Conferencia de Paz en La Haya, para participar en la discusión de los temas más urgentes y acuciantes de la agenda internacional.

Muchos viajeros y diplomáticos rusos destacaron la afinidad cultural y espiritual de nuestros pueblos. Citaré varios ejemplos. El Embajador Alexander Ionin quien en 1883 encabezó nuestra misión diplomática en Brasil publicó las conocidas notas en tres tomos "Viajando por América Latina".

Los navegantes, científicos y escritores rusos que viajaron a América Latina no tuvieron planes expansionistas y colonialistas sino manifestaron amor por la ciencia y la investigación, un interés genuino por la cultura y las tradiciones de esta región única y sus pueblos, buscaron las vías de desarrollo de un comercio de beneficio mutuo. Fueron las personas con destinos extraordinarios inspiradas en el deseo de ver, entender, estudiar esta región singular y autóctona.

En el siglo XIX, el investigador ruso, Platón Chijachov, atravesó México en caballo, llegó por mar a Guayaquil de Acapulco y fue el primero de los rusos quien atravesó los Andes. Pasados muchos años, su compatriota escribió que había oído en México sobre "un oficial de guardia Chijachov quien era alegre, hablaba español y les gustaba mucho a las mujeres". A principios del siglo XX, la traductora y periodista Lidia Lasheyeva, una mujer rusa, recorrió toda la América Latina en bicicleta.

Las expediciones del genetista soviético, Nikolái Vavílov, permitieron encontrar los centros de origen de plantas cultivadas en el Nuevo Mundo y crear el primer banco de semillas en el mundo.

Los ilustres poetas y pintores rusos cantaron la belleza de América Latina: Konstantín Bálmont, Vladímir Mayakovski, Vasili Vereschaguin. El escritor Vladímir Krímov en su obra 'En el país de amor y terremotos' publicado en 1915 escribe que en los países del Caribe "siempre hace sol, hace calor, hay muchos sentimientos y amor". Me parece que es oportuno recordarlo en los últimos días del carnaval en Río de Janeiro.

En los siglos XIX y XX, durante la primera y la segunda oleada de emigración rusa, los expertos de las áreas más diversas - desde la ciencia y la industria hasta el sector agrícola y militar - llegaron a América Latina e hicieron un aporte considerable al desarrollo de los Estados latinoamericanos y, en el caso de Paraguay, desempeñaron un papel importante en la vida política del país. Estuve en Asunción y sé que 17 calles en Paraguay llevan nombres de los rusos que están dedicados a la época de la sangrienta Guerra del Chaco (conflicto bélico entre Paraguay y Bolivia en 1932-1935) cuyo desenlace lo determinó en gran medida el talento militar del general ruso, Iván Beliáev.

En muchos países de la región viven hoy las comunidades de nuestros compatriotas que conservan la lengua y la cultura rusa y desempeñan un papel importante para promover el diálogo entre las llamadas sociedades civiles.

En vista de las ricas tradiciones formadas, durante muchos siglos, la cooperación humanitaria entre Rusia y los Estados de América Latina, estoy convencido de que podremos profundizar progresivamente nuestras relaciones. Naturalmente, tales eventos como la exposición actual hacen un importante aporte a los esfuerzos conjuntos para fortalecer la confianza y el entendimiento mutuo.

Quisiera agradecer de nuevo a todos quienes hicieron posible organizar esta muestra. Espero que ustedes tengan hoy la posibilidad de ver los libros y manuscritos únicos.

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