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4 octubre 201716:36

Discurso pronunciado por el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, en la XVI Conferencia de los dirigentes de los servicios de inteligencia, de seguridad y del orden público de los Estados socios del Servicio Federal de Seguridad de Rusia, Krasnodar, 4 de octubre de 2017

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Estoy encantado de tener la posibilidad de pronunciar un discurso en la nueva Conferencia de los dirigentes de los servicios de inteligencia, de seguridad y del orden público de los Estados socios del Servicio Federal de Seguridad (FSB) de Rusia.

El trabajo conjunto y coordinado adquiere hoy una importancia especial. La situación en el mundo es tensa y no se hace menos complicada. No se apagan conflictos antiguos, surgen nuevos retos y amenazas.

El terrorismo internacional, naturalmente, es la amenaza principal. Hemos indicado en reiteradas ocasiones los motivos de su extensión sin precedente. Hemos aplicado esfuerzos para prevenir los intentos de cambiar, incluso con el uso de la fuerza, regímenes políticos de otros Estados de conformidad con modelos extranjeros, imponer valores ajenos, quebrantar las tradiciones y, en general, cambiar sistemas de valores morales. La similar ingeniería geopolítica ya conllevó la destrucción del sistema estatal, un vacío de poder y un caos en muchos países de Oriente Próximo y el Norte de África, lo que aprovecharon de inmediato los extremistas y terroristas.

Creo que no hay que convencer al auditorio tan competente de que la actividad terrorista ha adquirido el carácter global. Nadie podrá hacer la vista gorda ante eso o ocupar la posición de observador pasivo. Es necesario unir los esfuerzos realmente, sin algunas agendas ocultas para contrarrestar este mal común de modo eficaz. Hay que renunciar de una vez y para siempre al intento de usar los grupos terroristas como herramienta para conseguir unos objetivos geopolíticos. Entendemos bien que tales acciones siempre se volvían contra sus promotores: las miras puestas en su tiempo en los muyahidines en Afganistán dieron orígenes a Al Qaeda que asestó un golpe contra EEUU el 11 de septiembre de 2001. La agresión en Irak con el fin de derrocar a su líder Saddam Hussein conllevó la creación del Estado Islámico. La injerencia arbitraria en Libia y Siria ayudó a formar otro potente grupo terrorista, la nueva encarnación de Al Qaeda – el Frente al Nusra.

No vamos a olvidar tampoco que los que, violando burdamente las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, armaba a los radicales en Libia para usarles para derrocar el régimen de Muamar Gadafi, varios meses después tuvieron que oponer la resistencia a los mismos extremistas que invadieron Mali y desestabilizaron toda la región de Sahel con el uso del armamento que llegó de Europa.

Es hora de aprender las lecciones de esta historia reciente. Esperamos que los que han instigado a los extremistas se den cuenta de que sus maniobras geopolíticas tienen graves consecuencias y renuncien al doble rasero, al menos, en el ámbito de lucha contra el terrorismo.

La iniciativa del presidente ruso, Vladímir Putin, sobre la formación de un amplio frente antiterrorista con el papel protagónico coordinador de la ONU sigue siendo acuciante. Su cumplimiento prevé la observación de las normas del Derecho Internacional, respetando la soberanía y la integridad territorial de los Estados en cuyo territorio se lleva a cabo la lucha contra el terrorismo.

Últimamente, en particular, gracias a los esfuerzos de nuestro país, se logró causar grandes pérdidas a los terroristas en Siria. Rusia sigue aumentando los esfuerzos en esta dirección, ayudando al mismo tiempo a los sirios a resolver los problemas humanitarios e iniciar el proceso de reconciliación nacional. El proceso de Astaná iniciado por nosotros con la participación de Turquía e Irán permitió alcanzar acuerdos, de conformidad con los que se crearon cuatro zonas de distensión en Siria. En estas zonas se ha reducido drásticamente el grado de violencia, se han establecido las condiciones para el suministro de la ayuda humanitaria y la rehabilitación económica y social y, en un futuro, para restablecer la paz en todo el país. Ahora lo más importante es que las fuerzas gubernamentales y los grupos de la oposición armada aprovechen los resultados del proceso de Astaná para aunar los esfuerzos con el fin de eliminar definitivamente el foco terrorista en su patria. Esto servirá de gran apoyo a las negociaciones entre los bandos del conflicto sirio en Ginebra cuya reanudación no debería aplazarse.

Recuerdo que en el marco del proceso de Astaná cooperamos con los observadores de EEUU, Jordania y la ONU. Quisiéramos que EEUU y la coalición que encabeza coordinasen sus acciones con el Ejército sirio y la Fuerza Aeroespacial de Rusia. Además, es necesario que la coalición luche no sólo contra el Estado Islámico sino también contra el Frente al Nusra a la que no querían tocar por uno u otro motivo ya cuando la administración de Barack Obama tenía las riendas del poder.

El diálogo nacional inclusivo, la unión de todas las fuerzas étnicas, confesionales y políticas para oponer la resistencia a la amenaza terrorista son las tareas prioritarias no sólo en Siria sino también en Irak, Yemen y Libia. Los miembros responsables de la comunidad internacional deben ejercer la influencia en todas las partes de cualquier conflicto con estos fines, promoviendo su acercamiento en vez de jugar en sus discrepancias.

Para incrementar la eficacia de los esfuerzos de la comunidad internacional hemos apoyado la reforma de la estructura de organismos antiterroristas de la ONU propuesta por el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres. Calificamos el nombramiento del representante ruso, Vladímir Voronkov, para el cargo de jefe de la Oficina antiterrorista de la ONU recién creada como el reconocimiento del papel de Rusia y nuestras valoraciones en relación con las amenazas terroristas y las posibilidades de su eliminación. Agradecemos a todos por haber apoyado este nombramiento.

Nos pronunciamos de modo consecutivo por un enfoque íntegro hacia las tareas de la lucha contra el terrorismo, por lo que la diplomacia parlamentaria, la sociedad civil, las comunidades religiosas, los medios de comunicación, los círculos empresariales se adhieran a los esfuerzos de los organismos públicos. Es evidente que el papel principal en este trabajo debe seguir desempeñando el Estado y sus servicios especiales, ante todo, los que dirigen ustedes.

Hoy un problema urgente es lo que las armas de destrucción masiva se ponen en disposición de los terroristas. Hay muchos testimonios de que los terroristas del Estado Islámico fabrican armas químicas y las emplean en Siria. Exhortamos a renunciar a los intentos de bloquear la investigación honesta de todas las denuncias del uso de armas químicas. Desgraciadamente, la investigación del conocido incidente que tuvo lugar el pasado 4 de abril en Jan Sheijun ya causa un serio daño a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) a la que obligan eludir el cumplimiento directo de sus obligaciones.

Es imposible conseguir éxito en la lucha contra el terrorismo sin cortar al apoyo financiero, técnico y material proporcionado a las organizaciones  terroristas, ante todo, al Estado Islámico, el Frente al Nusra (indistintamente de sus denominaciones actuales) y los grupos afiliados con éstos. La comunidad internacional debe poner fin a la venta por los terroristas del petróleo, productos derivados del petróleo, metales preciosos, otros recursos naturales, artefactos.

Desgraciadamente, a pesar de los esfuerzos emprendidos, según varias estimaciones, el año pasado, el presupuesto del EI creció gracias a la venta del petróleo y los productos derivados del petróleo por un monto de 200 ó 250 millones de dólares de EEUU. Aunque es cuatro o cinco veces menos que hace un año, pero el financiamiento de la actividad criminal del Estado Islámico continúa. Los terroristas se adaptan a nuevas condiciones, reciben ingresos adicionales secuestrando a las personas, expanden el comercio de las antigüedades robadas, de órganos humanos, sacan beneficio participando en los negocios legales, jugando en las bolsas. En la sesión plenaria del Grupo de Acción Financiera Internacional (FATF, por sus siglas en inglés) celebrada en París hace un año se presentó la información sobre los intentos del EI de invertir recursos financieros en los negocios de construcción en Alemania, en los bienes inmuebles en Europa, EEUU y Turquía. Los beneficios obtenidos se gastan para comprar el armamento, municiones, medicamentos, se reclutan nuevos partidarios. En Francia se lleva a cabo una investigación hoy en relación con la información de que los dirigentes franceses de una fábrica de cemento en Siria pagaron tributos a los terroristas, de lo que sabían las autoridades oficiales en la administración del expresidente de Francia, Francois Hollande, según los medios franceses. Esperamos que los resultados de la investigación de todos los casos similares sean entregados al respectivo comité del Consejo de Seguridad de la ONU.

Y, claro está, hay que doblar los esfuerzos para cortar los lazos muy estrechos entre el narcotráfico y los terroristas. El agravamiento continuo de las amenazas terroristas provenientes de Afganistán coincide con un incremento a gran escala de la fabricación de drogas en este país, durante los últimos 15 años. Y todo eso pasa en la situación cuando en Afganistán están desplegadas las fuerzas de la OTAN que, durante todos estos años, eludían de modo consecuente nuestros llamamientos de incluir en su incumbencia la necesidad de la lucha contra la industria de drogas que da apoyo al terrorismo. Esta tarea queda en la agenda en plena medida y la cooperación de los servicios secretos para resolverla es muy importante.

Rusia propuso al Consejo de Seguridad a imponer a tenor del Capítulo 7 de la Carta de la ONU el embargo omnímodo económico y comercial en relación con cualesquiera territorios que estén bajo el control del EI. Nuestra iniciativa encuentra hoy una resistencia poco comprensible por parte de nuestros colegas occidentales. Mientras, nosotros estamos convencidos de que es necesario emprender unos pasos adicionales de modo urgente, ante todo, en el marco de los servicios secretos, con el fin de eliminar todos los canales del financiamiento del terrorismo. Proponemos incrementar la cooperación entre los servicios que representan ustedes para revelar a las personas físicas y jurídicas concretas que están involucradas en las relaciones económicas con el EI para poner fin a su actividad criminal. El uso más pleno de las capacidades de los mecanismos multilaterales, ante todo, los organismos antiterroristas de la ONU y el FATF.

La preocupación más grande, lo que ya ha dicho el director del Servicio Federal de Seguridad (FSB) de Rusia, Alexander Bórtnikov, la suscita el fenómeno de los terroristas combatientes extranjeros (TCE). Los ciudadanos de decenas países, incluidos los económicamente florecientes, entran en las zonas de conflicto, ante todo, en Irak, Siria, Afganistán y otras regiones del mundo. Se les “inyecta” la ideología radical, adquieren habilidades de combate. Al regresar a casa o entrar en terceros países se convierten en una amenaza permanente de la estabilidad y la seguridad de los respetivos Estados.

Exhortamos a todos los socios extranjeros a adherirse al Banco Internacional de datos para la lucha contra el terrorismo creado en 2008 por el FSB de Rusia. Contiene muchos materiales de información y análisis sobre las personas y las organizaciones que participan en la actividad terrorista, lo que da la posibilidad de intercambiar en el tiempo real la información sobre los movimientos de los terroristas combatientes extranjeros y preparar las condiciones para capturarlos.

Es evidente que son necesarias unas medidas más decisivas de la lucha contra la ideología y la propaganda extremista, especialmente en el espacio digital. A través de varios formatos de la comunicación en Internet se lleva a cabo de modo enérgico la contratación de los partidarios de los grupos extremistas en varios rincones del mundo, se organizan los atentados terroristas. La Convención para la Lucha contra el Extremismo firmada durante la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) celebrada en junio pasado en Astaná fue una aportación importante al trabajo para poner fin a tal actividad. Invitamos a todos los colegas a estudiar con atención este documento que, a diferencia de la concepción dudosa de la lucha contra el extremismo violento, no socava el papel central de los Estados ni exhorta a instigar a la sociedad civil a oponerse a los Gobiernos legítimos de los países miembros de la ONU. Ya hemos observados la primavera árabe y no creo que la gente normal quiera ver su repetición en su casa.

El Internet y otras tecnologías de comunicación digitales se usan con cada vez más frecuencia como herramienta de la propaganda de ideas del extremismo, entre otras cosas, así como para reclutar a los ciudadanos a las filas del terrorismo. Creo que la ONU debe manifestar el liderazgo en la elaboración de las normas de conducta responsable en el espacio digital que responde a los intereses de seguridad de todos los Estados. Rusia preparó un proyecto de convención universal sobre la lucha contra el crimen organizado, incluido el hackeo. Esperamos iniciar su discusión en formato universal: durante el período de sesiones de la Asamblea General de la ONU.

Desgraciadamente, a muchos nuestros colegas occidentales no les gustan (o gustaban) ideas de trabajo colectivo, porque quieren gozar de monopolio en el espacio digital, tener derecho a decir la verdad en última instancia. Mientras, cuando Rusia, China o algún otro país introducen medidas a nivel nacional para impedir el uso de Internet para la propaganda terrorista o extremista las capitales occidentales les acusaron con frecuencia de violar la libertad de expresión. Hace poco, Gran Bretaña y Francia anunciaron sobre sus iniciativas para controlar y regular las redes sociales que a primera vista son hasta más duros que las normas vigentes en nuestro país. No nos gusta el comportamiento descrito por George Orwell: todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros. Es un gran escritor inglés que conocía bien a su patria.

Nos pronunciamos por trabajar juntos en el ámbito de lucha contra el terrorismo, en los marcos universales de la ONU. Pero nuestros colegas occidentales lo evitan de todos los modos, prefieren algunos formatos estrechos, “de bolsillo” donde no habrá enfoques alternativos, donde todos aceptarán su opinión. Por ejemplo, en septiembre pasado, en la antesala de la semana de alto nivel de la Asamblea General de la ONU, se anunció sobre la creación de un Foro Global de Internet con la invitación de grandes empresas occidentales. Mientras, los mayores operadores del segmento ruso y chino de la red global no estuvieron en la lista de los invitados. Es decir, pueden acusar a Moscú y Pekín de socavar mediante el hackeo la democracia estadounidense y la de los demás países sin presentar una sola prueba tras un año entero de las investigaciones, pero temen por una u otra razón sentarse a la mesa y hablar francamente.

Exhortamos a renunciar a la política de bloques y a las líneas divisorias en el ámbito de seguridad de la información. Es necesario cooperar en esta dirección importante de la lucha contra el terrorismo a tenor del Derecho Internacional y de conformidad con el existente marco jurídico internacional relacionado con la lucha antiterrorista, ante todo, la Estrategia Global de las Naciones Unidas contra el Terrorismo (2006) y las resoluciones 1624 (2005) y 2354 (2017) del Consejo de Seguridad de la ONU.

Lo más importante es darse cuenta de que es primordial llevar a cabo un trabajo conjunto y equitativo en materia de la lucha contra el terrorismo dejando de lado las ambiciones, intrigas y todo lo secundario.

Tenemos en nuestra disposición muchas herramientas de interacción con las que podríamos fortalecer la seguridad de nuestros países y ciudadanos. Estoy seguro de que su conferencia hará una aportación útil a la coordinación de los esfuerzos en esta dirección.

A propósito, se anunció hace poco que, el año que viene, el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, planea celebrar por primera vez una reunión de los jefes de departamentos antiterroristas de los países miembros de la ONU bajo los auspicios de esta organización. Esto pone de relieve que la experiencia del FSB de celebrar las conferencias (ahora es la 16ª) goza de demanda a nivel de la ONU. Espero que todos los que asisten aquí contribuyan a incrementar la eficacia de la cooperación multilateral en el ámbito de lucha contra el terrorismo.

Les deseo un trabajo exitoso y gracias por su atención.

 

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