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5 julio 201917:48

Discurso pronunciado por el Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, en la inauguración de la exposición dedicada al 140º aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre Rusia y Bulgaria, Moscú, 5 de julio de 2019

1404-05-07-2019

Sus Excelencias,

Estimadas damas y caballeros,

Hoy estamos inaugurando una exposición dedicada a una fecha memorable, el 140º aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre Rusia y Bulgaria.

El 7 de julio de 1979 el representante del Imperio Ruso en Bulgaria, Alexandr Davídov, le hizo entrega de las cartas credenciales al príncipe de Bulgaria, Alejandro de Battenberg. Fue el primero en hacerlo de todos los embajadores, lo que subrayó el agradecimiento que el pueblo búlgaro sentía hacia Rusia por haber liberado el país del yugo otomano. Desde aquel mismo día empezó la historia de las relaciones diplomáticas entre nuestros países.

El destacado diplomático ruso, Alexandr Gorchakov, le hizo al enviado de Rusia las siguientes recomendaciones: “Todas sus preocupaciones han de pasar por despertar los elementos propios de la vida búlgara y, posiblemente, afianzar su autonomía”. De esta manera, desde el principio la política rusa con relación a Bulgaria fue consecutiva y abierta, mientras que su objetivo consistió siempre en lograr una Bulgaria independiente y unida.

Al mismo tiempo, por supuesto, el tema búlgaro se encontraba anteriormente entre las prioridades de la diplomacia rusa. Rusia no pudo ser testigo indiferente de la situación que vivían los cristianos en los Balcanes y en los años 1860 Bulgaria fue foco de atención de la opinión pública rusa. Alexandr Gorchakov, un hombre en absoluto no propenso al sentimentalismo, reconocía que, además de intereses directamente vitales, Rusia contaba en la región con tradiciones y con simpatías nacionales que no pasaban desapercibidas por la política rusa. El canciller ruso se daba cuenta de la importancia que tenía la región de los Balcanes y promovió el nombramiento al cargo diplomático en Constantinopla al carismático y enérgico Nikolái Ignátiev quien se quedó literalmente “enamorado de Bulgaria”. Sé que la figura de este brillante diplomático ruso goza de especial respeto en su país, señor Embajador.

Nuestro diálogo superó distintas fases y no siempre fluyó libremente. Sin embargo, en los momentos difíciles Rusia siempre estuvo al lado de Bulgaria. Fue precisamente Rusia que apoyó a Bulgaria después de la proclamación de su independencia, en 1908. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial la URSS de manera consecutiva defendió los intereses de Bulgaria en la Conferencia de Paz de París de 1946. No son pocos los ejemplos de este tipo.

Permítanme indicar que algunos investigadores extranjeros hasta el día de hoy no son capaces de aclararse con los motivos de la política de Rusia en los Balcanes. Seguramente, nunca podrán hacerlo, por medir la situación con la vara de los intereses estatales y el afán de lucro. Sin embargo, esta indumentaria aprobada en Occidente resulta insuficiente, para entender a Rusia. Lo más importante es que nuestros dos países estén ligados por un vínculo intangible, pero no por ello menos fuerte.

Hoy en día los vínculos de la amistad y el respeto mutuo, los valores culturales y espirituales comunes y una especial cercanía emocional siguen haciendo de un sólido fundamento para la cooperación ruso-búlgara en las más diversas esferas, empezando por la política y la economía y acabando por la cultura y el turismo.

Creo que la exposición que hoy inauguramos representará una digna aportación a las celebraciones del este memorable aniversario y será de interés para todas las personas interesadas en las relaciones ruso-búlgaras y en general en la región de los Balcanes.

Gracias por su atención.

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