30 mayo 200312:50

ARTÍCULO DEL MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES DE RUSIA, ÍGOR IVANOV, PUBLICADO EN EL DIARIO “NEZAVÍSIMAIA GAZETA” (DIARIO INDEPENDIENTE) EL 30 DE MAYO BAJO EL TÍTULO “EL PROBLEMA IRAQUÍ DE NUEVO ESTÁ EN LA ONU”

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Traducción no oficial del ruso

La unidad de los intereses estratégicos de Rusia y los EE.UU. está por encima de sus divergencias tácticas

La aprobación unánime por el Consejo de Seguridad de la ONU de la Resolución 1483 dedicada a Irak abre una nueva etapa en la evolución de la situación no sólo en aquel país sino en general en la palestra internacional.

El propio hecho de la aprobación de esta Resolución significa que el problema iraquí vuelve al campo legal de la ONU. Ello elimina la causa principal de la división en el Consejo de Seguridad. Habiendo emprendido el camino del restablecimiento de la unidad entre los miembros del Consejo, los autores del proyecto de resolución –EE.UU., Gran Bretaña y España– manifestaron, sin duda, un sentido de responsabilidad con respecto al pueblo iraquí y la comunidad mundial entera.

No era de esperar la manifestación de respuesta de un enfoque constructivo de parte de los Estados que se pronunciaban contra la acción militar en Irak. Pese a grandes dificultades relacionadas con la elaboración de fórmulas mutuamente aceptables, lograron coincidir en cuanto a los postulados básicos de la Resolución 1483.

Más aún, tras haber respaldado esta Resolución, compartieron la responsabilidad de la suerte postbélica de Irak. Desde aquel momento la noción de "coalición" aplicada a los países que participan en el proceso de recuperación postbélica de Irak pierde sentido en muchas cosas. La ayuda al pueblo iraquí pasa a ser causa de la comunidad mundial entera.

Es sobre todo importante si tenemos en cuenta la complejidad y la envergadura de los cometidos de recuperación en Irak.

La situación en aquel país sigue siendo complicada en extremo e impredecible. Se requieren acciones acordadas urgentes de la comunidad internacional, encaminadas a estabilizar la situación y a resolver de los problemas políticos, económicos, humanitarios y otros problemas graves.

Importa por principio que la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU crea para esas acciones un marco político y legal preciso.

Se confirma el respeta a la soberanía y la integridad territorial de Irak, el derecho de su pueblo a determinar independientemente su futuro político y controlar los recursos naturales del país.

La ONU, en persona del Representante Especial del Secretario General, se inviste de u papel ponderable e independiente en el arreglo postconflictivo. Las funciones del Representante Especial no sólo abarcan el temario de la ayuda humanitaria y la recuperación económica de Irak sino también los aspectos políticos del arreglo postbélico del país, incluida la asistencia en la formación de su nuevo Gobierno legítimo.

Se garantiza una sucesión necesaria en los temas del desarme y se contiene una indicación de la importancia de confirmar definitivamente el desarme de Irak y la referencia al papel de las instancias internacionales: la UNMOVIC y la OIEA.

Se prevé el seguimiento internacional, con la participación de la ONU, del gasto de los recursos del Fondo del Desarrollo de Irak y de las exportaciones del petróleo iraquí.

Sin duda, plasmando consecuentemente estos principios la comunidad mundial podrá ayudar al pueblo iraquí a determinar cuanto antes su futuro.

El restablecimiento de la unidad en el Consejo de Seguridad de la ONU tiene asimismo un significado internacional más amplio. La situación en torno a Irak, que durante largo tiempo era causa de la división de la comunidad mundial, ahora puede desempeñar el papel de un factor unificador en la solución de este y de otros problemas internacionales complicados.

Durante la crisis iraquí, desafíos, tales como el terrorismo internacional, la proliferación de las armas de exterminio masivo, la delincuencia organizada, etc., no han perdido su carácter apremiante sino que se han hecho más agudos. Lo prueba la nueva oleada de atentados terroristas perpetrados en Arabia Saudí, Chechenia y en Marruecos, como también la creciente escala de la amenaza de drogas que parte de Afganistán. Es bien obvio que esos problemas requieren una solución integral, es decir aplicar no sólo las medidas de fuerza sino también las ‘político-diplomбticas, sociales, económicas y otras.

Todo ello vuelve a resaltar la necesidad de aunar los esfuerzos de la comunidad mundial frente a las amenazas y desafíos globales. Rusia está dispuesta a trabajar en común en el marco de la ONU, el G-8 y otras estructuras de la cooperación multilateral en aras de hallar la respuesta más eficaz a estos desafíos globales.

Incluso en los momentos más agudos de la crisis iraquí nuestro país actuaba partiendo de la convicción de que la unidad de los intereses estratégicos de Rusia y los EE.UU. está por encima de sus divergencias tácticas en cuanto al método del arreglo del problema iraquí. Hoy día, cuando esas divergencias se quedan en el pasado, podemos afirmar con seguridad que las relaciones ruso-estadounidenses han pasado otra prueba seria.

Hoy existen todas las razones para hablar que los próximos encuentros del Presidente Vladímir Putin y el Presidente George Bush en San Petersburgo y en Evian les permitirán a nuestros países alcanzar un nivel nuevo de las relaciones de socios en beneficio de la seguridad regional y global.

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