22 octubre 200313:32

ARTÍCULO DEL MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES DE RUSIA, ÍGOR IVANOV, PUBLICADO EN LA REVISTA “VIDA INTERNACIONAL”, NO. 9-10, 2003, BAJO EL TÍTULO “EL NUEVO AÑO DE LA POLÍTICA EXTERIOR PARA EL MUNDO Y RUSIA”

2383-21-10-2003

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Traducción no oficial del ruso

Ya durante más de medio siglo el año de trabajo para los diplomáticos del mundo entero comienza principalmente, en septiembre cuando se abre la Asamblea General ordinaria de la ONU, en rigor, el foro de la política exterior clave para toda la comunidad internacional. Y es la Asamblea General la que traza los hitos del desarrollo mundial para el año próximo.

La diplomacia rusa es hoy día muy activa. Su campo de actividades se ha ampliado sustancialmente y el calendario de los encuentros internacionales es intenso como nunca. Pero, por supuesto, importa no la intensidad de los contactos diplomáticos sino que su contenido. Es por eso que quisiera examinar, junto con el lector, algunos problemas clave que serán los más importantes para nuestra política exterior en el año que viene.

La comunidad mundial afronta varios problemas que requieren una solución urgente y adecuada. El problema principal es determinar el modelo del orden mundial para los años y decenios próximos que responda a los intereses de todos los Estados y pueblos, grandes y pequeños.

Los sucesos de los últimos tiempos, sobre todo la crisis iraquí, han mostrado agudamente que la etapa de transición actual del desarrollo mundial desde la época de la "guerra fría" hasta el nuevo orden mundial se ha demorado bastante. En el sistema de relaciones internacionales ha surgido una tensión excesiva, una situación indefinida caracterizada por una inestabilidad permanente.

Es difícil recordar en la historia contemporánea otro período cuando en el mundo existieran tantos problemas no resueltos a la vez que amenacen de hecho la seguridad internacional. A ello hay que añadir amenazas tales como el terrorismo, el separatismo y otras formas de extremismo, el peligro de la proliferación de las armas de exterminio masivo (AEM) y sus vehículos, el narcotráfico y la delincuencia organizada.

Se está haciendo claro que es imposible únicamente reaccionar a las situaciones de crisis nuevas que surgen. Se precisa un nuevo orden mundial que garantice al nivel global estabilidad y seguridad, contribuya a la neutralización de los desafíos de hoy e impida que aparezcan los nuevos.

Rusia seguirá desempeñando el papel activo y de iniciativa en la formación de tal orden mundial. Esta actividad se debe, desde luego, a nuestros intereses nacionales. Nos importa por principio garantizar condiciones externas que garanticen seguridad y prosperidad a los rusos y contribuyan al desarrollo social y económico de nuestro país.

Pero entendemos perfectamente que sólo es posible alcanzar este objetivo si Rusia, junto con otros Estados, logra elaborar los principios básicos en los que se estructurarán las relaciones interestatales. Y en este sentido, en persona de la nueva Rusia democrática la comunidad internacional tiene a un socio seguro, predecible y responsable, abierto al diálogo y la búsqueda de soluciones mutuamente aceptables sobre la base de la Carta de la ONU y los principios del Derecho Internacional.

Estamos profundamente convencidos de que la comunidad internacional es bien capaz de estructurar un orden mundial en que cada Estado sea responsable del futuro de la Humanidad, mientras que la comunidad mundial, a su vez, proteja los intereses legítimos de cada uno de sus miembros. Dicho en otras palabras, nuestro principio radica en la prosperidad y la seguridad a través de la colaboración internacional con el mantenimiento de la idiosincrasia nacional.

Vemos en esto asimismo el sentido principal del concepto de la multipolaridad en la época de la globalización. Entendemos que aquí no hay nada en común con la confrontación de unos Estados a otros. Al contrario, la multipolaridad es para nosotros una colaboración estrecha de todos los Estados y regiones sobre la base de la igualdad de derechos, la democracia y las relaciones de socios constructivos. Es la necesidad de resolver los problemas internacionales sobre la base de una cooperación multilateral con la consideración de los intereses de todos los Estados. Sin tal cooperación amplia no nos imaginamos la estructuración del nuevo orden mundial.

Todo ello dicta la necesidad de fortalecer los institutos internacionales, sobre todo el papel central de la ONU y su Consejo de Seguridad. Justamente la ONU es capaz de ser núcleo de la vida internacional contemporánea y garante de la inmutabilidad de los principios fundamentales del Derecho Internacional.

La 58 Asamblea General de la ONU, que comenzó a trabajar en Nueva York, está marcada por la búsqueda activa de las vías para reformar la Organización. El Secretario general de la ONU, Kofi Annan, anunció la intención de constituir el "consejo de sabios" para redactar propuestas que luego serían examinadas en la ONU. Rusia, naturalmente, participará activamente en su redacción y discusión. Al mismo tiempo partimos de que la reforma no se hace por reforma sino que debe realizarse con un solo fin: aumentar la eficacia de la ONU.

Es un testimonio brillante del respaldo activo a la ONU por parte de Rusia fue la participación del Presidente Vladímir Putin en la actual Asamblea General.

En su discurso programático el Jefe del Estado ruso lanzó varias propuestas concretas encaminadas a consolidar la seguridad y estabilidad en el mundo. En particular, a iniciativa de Rusia en este año se examinará el proyecto de resolución sobre la creación de un sistema global para contrarrestar las nuevas amenazas y desafíos, en primer ligar el terrorismo internacional.

Un lugar importante en la intervención del Presidente de Rusia lo ocupó el conjunto de temas relacionados con la no-proliferación de las armas de exterminio masivo. Huelga explicar cuán peligroso sería si estas armas caigan en manos de los terroristas. El plan concreto de acciones, propuesto por Putin, para consolidar y perfeccionar los regímenes internacionales de la no-proliferación de las AEM está encaminado a prevenir esta amenaza.

El Presidente prestó especial atención a los aspectos humanitarios de las actividades de la ONU. Es bien obvio que la lucha contra las nuevas amenazas y desafíos sería eficaz únicamente si se refuerce con los esfuerzos para superar la miseria y el atraso y para aliviar el gravamen de los problemas ecológicos y otros problemas globales. En este sentido la ONU también debe actuar con iniciativa y energía.

En la actualidad el objetivo de la diplomacia rusa consiste en plasmar estas tesis importantes en asuntos reales y resoluciones de la ONU. Además, nos proponemos actuar constructivamente al máximo, confiando en el consentimiento internacional más amplio.

Los sucesos de los años pasados han confirmado claramente que cuando la comunidad mundial actúa en común, puede resolver los problemas más complicados. En cambio, cuando está desunida, es más difícil combatir las amenazas y desafíos modernos.

Es una confirmación de ello las dificultades con que tropezó la comunidad internacional debido al agravamiento de la crisis iraquí. Rusia ocupó desde el principio del conflicto una postura clara, de principio y honesta. Estábamos contra su solución militar.

Al mismo tiempo, en opinión de Rusia, ahora es necesario aunar los esfuerzos de la comunidad mundial en beneficio de un arreglo que responda sobre todo a los intereses del propio Irak y a los intereses de la estabilidad en la región. Lo principal es que el pueblo iraquí vea una perspectiva clara del restablecimiento de la soberanía del país y la transferencia del poder a sus representantes legítimos. Sin ello es imposible resolver otros problemas, tales como la garantía de la seguridad y de la recuperación económica de Irak.

La diplomacia rusa se propone seguir participando activamente en el arreglo de esta y de otras situaciones de crisis. Rusia, en cuanto participante responsable del "cuarteto" de mediadores internacionales para el Cercano Oriente, hará esfuerzos para que el proceso de arreglo del conflicto palestino-israelí no retroceda. Pues la realización de la "carta de caminos" no tiene alternativa.

Se está acercando un período importante en la vida del pueblo afgano. Contribuiremos activamente a que Afganistán pase a ser miembro digno de la comunidad mundial con institutos públicos estables, Estado que no amenace a sus vecinos y cese de producir las drogas.

Es importante por principio que en este año ha comenzado el diálogo sobre el programa nuclear de Corea del Norte. Evaluando positivamente los resultados de las negociaciones de seis partes en Pequín, Rusia se pronuncia por que sean continuadas y contribuirá al máximo a la búsqueda de los compromisos posibles para aproximar las posturas de las partes.

El arreglo de los problemas regionales, al igual que la estabilidad y predecibilidad en los asuntos mundiales en general, depende bastante del grado de colaboración entre Rusia y los EE.UU. Moscú está interesada en buscar, junto con Washington y otros socios en el marco del Consejo de Seguridad de la ONU, el G-8 y otros mecanismos de la cooperación multilateral una solución constructiva a los problemas internacionales.

El encuentro en Camp David de los {residentes Vladímir Putin y George Bush, del 26 al 27 de septiembre, mostró la especial responsabilidad de Rusia y los EE.UU. por garantizar seguridad y estabilidad en el mundo. A pesar de las dificultades y pruebas por las cuales atravesaron en ;os últimos tiempos las relaciones ruso-estadounidenses, se logró mantener los principios básicos de nuestra cooperación: la confianza, la apertura y el respeto a los intereses de cada cual.

Paralelamente a la profundización del diálogo sobre los problemas internacionales clave, el objetivo importante de la cumbre consistía en traducir la visión general de las nuevas relaciones estratégicas entre Rusia y los EE.UU. al lenguaje de asuntos reales para fomentar la cooperación bilateral en los diversos campos. Los Presidentes encomendaron a sus Gobiernos sobre el particular tras definir los campos clave en que se puede progresar ya próximamente. Entre estos campos figuran la cooperación energética, la exploración del espacio extraterrestre, las tecnologías de información y de comunicación y la eliminación de los obstáculos para el comercio y las inversiones.

En general, tal como subrayó Vladímir Putin, en la cumbre se logró avanzar seriamente en la formación de las relaciones de socios reales entre Rusia y los Estados Unidos.

Prueba la el nuevo dinamismo de nuestras relaciones el hecho de que durante el primer semestre de este año el giro mercantil aumentó en más de un tercio. Todo ello confiere seguridad de que los nuevos cometidos para fomentar la colaboración de Rusia y los EE.UU., planteados por los Presidentes, serán asimismo plasmados en la práctica.

Debemos resolver problemas no menos importantes también en la formación de una nueva cualidad de las relaciones de Rusia y la Unión Europea y en la encarnación de los acuerdos alcanzados en la cumbre Rusia–UE en San Petersburgo. Esos acuerdos consisten en crear condiciones reales para estructurar Gran Europa que reúna a todos los países de nuestro Continente, tanto los que forman parte de la Unión Europea como los que no son sus partícipes.

Para Rusia esto tiene un significado de principio. Si bien nuestro país, en virtud de causas objetivas, no piensa en el futuro inmediato plantear el tema de su adhesión formal a la UE, Rusia ha sido y será una potencia europea. Aquí están concentrados nuestros intereses estratégicos y económicos. Los rusos están ligados con numerosos hilos históricos, económicos y culturales con sus vecinos en Europa. Estamos francamente interesados en mantener las relaciones más estrechas y mutuamente ventajosas con la Unión Europea, a la cual se adhieren miembros nuevos que tienen tradiciones antiguas de las relaciones con Rusia. Es por eso que nos hemos incorporado activamente en la formación, junto con la UE, del sistema de espacios comunes: en la economía y comercio, en materia de seguridad interna y externa, la justicia, la ciencia y la cultura. Confiamos firmemente en llegar a la cumbre Rusia– Unión Europea, que se celebrará en Roma en noviembre, con resultados concretos en este y en otros campos.

Un derrotero especial de nuestro diálogo con la Unión Europea es la creación de las condiciones para pasar en el futuro al régimen sin visados de los viajes. No podemos admitir que en el camino de la generación actual y las futuras generaciones de los europeos que quieren edificar juntos su casa europea se erijan "murallas y barreras" nuevas, esta vez de visados.

Hoy importa como nunca ajustar el mecanismo que permita cumplir adecuada y eficazmente el volumen creciente de trabajos conjuntos entre Rusia y la Unión Europea. Está llamado a convertirse en tal estructura el Consejo Permanente de la Colaboración, instituido en la cumbre de San Petersburgo. Contamos con que este organismo nos permita realizar con éxito, sobre la base equitativa y en el régimen de tiempo real, el diálogo abierto y detallado en los diversos formatos sobre la fórmula Rusia–países de la UE y la Comisión Europea.

Todavía queda mucho por hacer en el plano de la nueva cualidad de la colaboración Rusia–UE en materia de la política europea en la seguridad y defensa. En este sentido tenemos un ejemplo bueno: la cooperación en ampliación, mutuamente útil y, lo fundamental, equitativa de Rusia y la OTAN. Hoy día el Consejo Rusia–OTAN ya ha pasado a ser elemento ponderable de la seguridad paneuropea.

El carácter multivectorial de los intereses rusos en la política exterior condiciona la necesidad de seguir incrementando las relaciones con nuestros vecinos y socios de la Comunidad de Estados Independientes.

La propia vida dicta la importancia de intensificar los procesos de integración en la CEI y la Comunidad Económica Eurasiática, además, no sólo en materia social y económica sino también en los ámbitos cultural y humanitario. Un hito importante en el fomento de esos procesos fue la resolución de Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Kazajstán de la formación de un espacio económico común. La Organización del Tratado de Seguridad Colectiva afronta asimismo tareas importantes, sobre todo para contrarrestar los ataques incesantes del terrorismo internacional contra nuestros países.

Procuraremos asimismo que la Organización de la Cooperación de Shanghai siga desarrollándose. Sin sus miembros Rusia, China y varios Estados de Asia Central. En general, el vector asiático es una de las prioridades de la diplomacia rusa. La cooperación multifacética y mutuamente ventajosa se hizo rasgo distintivo de las relaciones con nuestros amigos asiáticos{ China y la India. La reciente visita del Presidente Vladímir Putin a Malasia mostró una vez más las buenas perspectivas de nuestra colaboración con los países de la a ASEAN. La Federación de Rusia, participante activo en la CEAP, incrementa cada día su presencia en los mercados de los países de Asia y el pacífico.

Esta es la lista, nada completa, que afronta la política exterior rusa. Muestra patentemente lo multifacética que es la diplomacia moderna y el significado que tiene para la suerte de cada Estado. De ahí las exigencias crecientes a la carrera del diplomático que combina no sólo conocimientos cada vez más nuevos sino también, lo cual es no menos importante, la búsqueda creadora de las respuestas a los problemas complicadísimos que la vida contemporánea presenta. Los trabajadores de la dependencia diplomática rusa siempre se distinguían por un enfoque creador. No es casual que de sus filas salió una pléyade brillante de científicos, escritores y poetas.

En este año celebramos el 200 aniversario del célebre poeta ruso Fiódor Tiútchev, diplomática de carrera quien dedicó al servicio diplomático 36 años de su vida. Cumplía misiones de responsabilidad en el exterior en particular en las delegaciones diplomáticas rusas en Munich y Turín y ocupaba cargos altos en el aparato central del Ministerio. Siempre se distinguía por el profesionalismo y los intereses multifacéticos, como también por el amor abnegado por Rusia. "Soy ruso –escribía–, ruso de corazón y alma, devoto profundamente a mi tierra".

Hoy día podemos objetar a Don Fiódor tan sólo una cosa: pese a su imagen especial, a la Rusia nueva se la debe comprender con la mente. La deben comprender tanto sus ciudadanos como nuestros socios extranjeros. En esto radica el sentido fundamental de nuestra diplomacia pública. Justamente en la predecibilidad y la consecuencia forman el prestigio de nuestro país en la palestra internacional/

Pero, en efecto, en Rusia hay que creer. Y estoy seguro de que esta fe nos permitirá hacer renacer un Estado potente y próspero que protege los intereses de sus ciudadanos.

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