24 noviembre 200311:09

ARTÍCULO DEL MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES DE RUSIA, ÍGOR IVANOV, PUBLICADO EN EL PERIÓDICO “VREMIA NOVOSTÉI” (TIEMPO DE LAS NOTICIAS) EL 24 DE NOVIEMBRE DE 2003 BAJO EL TÍTULO “DE CARA A LOS DESAFÍOS COMUNES"

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Traducción no oficial del ruso

Cómo es posible traducir la unidad de los intereses estratégicos de la comunidad mundial al lenguaje de acciones acordadas

Los atentados terroristas criminales en Estambul, que se llevaron las vidas de decenas de personas, han vuelto a invocar al mundo entero la amenaza del terrorismo y de otros desafíos peligrosos con los que tropieza la comunidad internacional.

Hoy en día difícilmente sea posible dudar de que las amenazas actuales para la seguridad de una persona y de toda civilización nuestra han adquirido carácter global. Ello significa que la lucha contra ellas exige aunar los esfuerzos de todos los Estados.

Sin embargo todavía estamos lejos de un sistema de seguridad internacional que permita reaccionar eficazmente a las amenazas existentes y prevenir oportunamente la aparición de las nuevas. Lo testimonian numerosísimos conflictos y focos de tensión regionales, incluso en el Cercano Oriente, Irak y Afganistán.

La paradoja de nuestra época consiste en que la comunidad mundial toma consciencia cada vez más agudamente de la comunidad de sus intereses estratégicos pero, al igual que antes, no dispone de instrumental suficiente para traducirla al lenguaje de acciones acordadas.

їQué es que lo estorba? їPor qué, viéndose de cara de los desafíos comunes e incluso compartiendo los valores comunes, actuamos con frecuencia de manera disociada.

Los sucesos trágicos del 11 de septiembre de 2001 en los EE.UU. revelaron al mundo entero la escala real de la amenaza terrorista global de la que Rusia prevenía desde hace mucho. Por primera vez después de la Segunda Guerra Mundial la comunidad internacional volvió a reunirse contra el enemigo común. comenzó a formarse la coalición antiterrorista global en que uno de los lugares clave lo ocupó la cooperación entre Rusia y los EE.UU.

La primera prueba seria fue la operación contra el terrorismo en Afganistán. Se debe aceptar la evaluación expresada hace poco por el Secretario de Estado de los EE.UU., Colin Powell: "Afganistán se hizo modelo perfecto de cómo la comunidad internacional puede actuar en común" (referencia de la Redacción: véase "Vremia novostéi" del 20 de noviembre).

Pensemos, no obstante, en por qué ello ha sucedido. Pues es obvio que esta unidad no pudo haber surgido de cero. Fue condicionada por que la amenaza que partía desde el territorio de Afganistán era real y reconocida por todos. Por tanto la comunidad mundial respaldó unánimemente el uso de la fuerza la cual recibió la sanción legitima de parte de la ONU. Además, inmediatamente después de la conclusión de las operaciones de combate activas fue activado, bajo la égida de la ONU, el proceso de arreglo estatal y político postbélico de Afganistán. Gracias a ello no sólo quedó garantizado el respeto a la soberanía del país sino que fueron creadas las condiciones para que el pueblo afgano consideraba la presencia extranjera como ayuda y asistencia y no como una ocupación.

Al parecer, la experiencia del arreglo afgano creaba un precedente que daba la posibilidad, a través de la cooperación en la lucha contra el terrorismo, de llegar a la formación de la estrategia a largo plazo de la comunidad mundial en la lucha contra las amenazas y desafíos globales. Sin embargo, esta experiencia resultó ser más bien una excepción que una regla. La crisis iraquí que siguió más tarde causó una división seria en la comunidad mundial puesto que puso en tela de juicio los principios fundamentales sobre los cuales se creaba la coalición antiterrorista global.

La actitud de Rusia hacia la operación bélica desplegada por los EE.UU. y sus aliados contra Irak el 20 de marzo de 2003 es bien conocida. Creíamos y seguimos creyendo que existía una posibilidad real de arreglar el problema iraquí por vía política sobre la base de las Resoluciones pertinentes del CS de la ONU. Pero lo que pasó, pasó. También hoy hace falta buscar juntos la salida de la crisis real que toca los intereses de la estabilidad global.

En el transcurso de la crisis iraquí los Estados miembros del Consejo de Seguridad de la ONU mostraron su capacidad de ponerse por encima de las divergencias tácticas, por más agudas que fueran, en aras de los intereses estratégicos comunes. Inmediatamente después de la finalización de las hostilidades activas en Irak en mayo de 2003 el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó unánimemente la Resolución 1483 que permitió en cierta medida mitigar la tensión en torno al problema iraquí y hacer volver su discusión al campo legal de la ONU. Esta línea fue desarrollada en la Resolución 1511 que abre la posibilidad de restablecer la soberanía de Irak y de un papel más ponderable de la ONU en el arreglo político.

Sin embargo, la situación en Irak continúa empeorándose. Tanto los extremistas internos como los externos de todo pelaje intentan aprovechar la discordia política.

Los formatos del arreglo, que se proponen hasta la fecha por las autoridades provisionales de Irak, no sirven. Surge la pregunta: їpor qué? Parece que el mayor defecto radica en que se preparan sin tomar en consideración la opinión de las amplias capas del pueblo iraquí y de la comunidad internacional así como sin un debido apoyo en la ONU. Y justamente gracias a esos principios se logró abrir la perspectiva del arreglo en Afganistán. Cuanto más rápido los hagamos funcionar en Irak, tanto más probabilidades habrá para salir de la crisis actual.

Rusia está convencida de que. a pesar de las dificultades de la etapa actual de la vida internacional, existen las posibilidades para acciones acordadas de la comunidad mundial. Sin embargo, importa por principio que todos los países, independientemente de su potencia política, militar o económica, tengan consciencia de que la realización de sus intereses individuales en definitiva es imposible sin encarnar los intereses colectivos de la comunidad internacional.

Por supuesto, ello se refiere, en primer lugar, a los Estados que asumen responsabilidad especial por el mantenimiento de la paz y seguridad en el mundo. El Presidente Vladímir Putin declaró interviniendo en la 58 Asamblea General de la ONU: "ser una potencia mundial significa estar junto con la comunidad mundial; ser un Estado verdaderamente fuerte e influyente significa ver y resolver los problemas de los pequeños pueblos y de los países económicamente débiles".

De ahí se desprende la necesidad de un enfoque multilateral de la solución de los problemas internacionales, por el que hoy se pronuncia la mayoría aplastante de los Estados del mundo.

La multilateralidad significa, ante todo, el reconocimiento de la imposibilidad de resolver a solas hasta los problemas regionales de envergadura relativamente limitada, ya sin hablar de las cuestiones de la seguridad global. La multilateralidad supone una consideración recíproca de las opiniones y los intereses de los socios. Responde plenamente a la imagen del mundo actual que se está haciendo cada vez más unido e interdependiente pero a la vez siendo infinitamente diverso en los planos civilizacional, cultural, religioso y otros muchos.

La segunda condición importantísima de la unidad de la comunidad mundial es la estricta observancia de los principios y las normas del Derecho Internacional. En el mundo actual el prestigio moral y el liderazgo político de un Estado deben determinarse por el grado de su apego a la legalidad internacional. Sin ello nos veremos obligados a seguir esperando ante la puerta cerrada que conduce a la solución de numerosos problemas y conflictos.

El Derecho Internacional, por supuesto, no es un dogma. Puede y debe desarrollarse considerando las condiciones que cambian. Pero no debe surgir un vacío legal. Las normas existentes del Derecho deben observarse incondicionalmente. Únicamente entonces podemos lograr la situación cuando cada Estado cumpla sus compromisos asumidos ante la comunidad mundial, y ésta, a su vez, proteja los intereses legítimos de cada uno de sus miembros.

Finalmente, la tercera condición importantísima de la unidad de la comunidad mundial es la garantía del papel central de la ONU en las relaciones internacionales. Sin duda, la ONU también debe perfeccionarse. Ello supone asimismo la necesidad de reformas el Consejo de Seguridad. Rusia se pronuncia por que esta reforma se realice sin una prisa artificial, sobre la base de la máxima concordia. El Consejo de Seguridad debe ser más representativo, pero, lo fundamental, más eficaz. Únicamente así es posible afianzar su prestigio en los asuntos mundiales.

Ahora bien, la multilateralidad, el respeto al Derecho Internacional y el papel central de la ONU son principios básicos sobre los cuales se puede lograr acciones acordadas de la comunidad mundial. En éstos no hay nada que desprecie los intereses de Rusia, los Estados Unidos o cualquier otro Estado. Por el contrario, precisamente sobre la base de estos principios la comunidad mundial puede finalmente comenzar a avanzar hacia un orden mundial más seguro y justo.

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