28 junio 201013:57

Comentario del Departamento de Información y Prensa del MAE de Rusia en relación con la publicación del informe del Departamento de Estado de los EE.UU. sobre la trata de personas en el mundo en 2009

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El MAE de Rusia ha estudiado con atención el informe ordinario, ya el décimo, del Departamento de Estado de los EE.UU. sobre la trata de personas en el mundo.

Esperábamos con interés la publicación de ese documento teniendo en cuenta la promesa del Departamento de Estado de los EE.UU. de analizar allí, por primera vez, la situación "en su casa". Lamentablemente, en vez de un examen profundo y objetivo de las causas del crecimiento del volumen de la trata de personas en el territorio estadounidense, lo sautores del informe se declararon alumnos sobresalientes, es decir, se catalogaron a sí mismos en el Grupo 1 conforme a la clasificación que ellos mismos inventaron.

Las estadísticas citadas en el apartado dedicado a los EE.UU. están llamadas a enfatizar el carácter episódico y no sistémico de los crímenes en materia de trata de personas.  Entretanto, no es un secreto para nadie que los EE.UU. eran y siguen siendo el mayor importador de la "mercancía viva". Los autores del informe se ingeniaron para no fijarse en las numerosas publicaciones en la prensa estadounidense sobre la presencia en el territorio del os EE.UU. de más de 11 millones de migrantes ilegales que son explotados sin piedad en las obras civiles, en los trabajos agrícolas, en el sector de servicios, etc. Prefirieron asimismo omitir los hechos, citados por los defensores locales de derechos humanos, de la incorporación anual de más de 50 mil mujeres y niños en la sex-industria estadounidense. Así que la idea del Departamento de Estado de los EE.UU. de posicionarse esta vez en el informe como un "árbitro honesto" no ha sido hecha realidad.  Por lo visto, es mucho más fácil ensañar a los demás que rectificar la situación real en su país.

Hemos hablado reiteradamente que no aceptamos el enfoque metodológico del Departamento de Estado de los EE.UU. al redactar el informe. Los Estados se dividen en grupos en función de su correspondencia a ciertas "normas mínimas" en materia de lucha contra la trata de personas o, mejor dicho, a los requisitos de la legislación estadounidense. Tal enfoque suscita rechazo no sólo de nosotros sino también de otros muchos Estados. Por ejemplo, hace unos años reaccionó muy negativamente al informe Suiza, un país bastante próspero, que se encontró en el grupo de "penalizados" por la falta de de una ley especial relativa a la trata de personas, ley que forma parte del "juego estándar" recomendado por los estadounidenses.

No nos ha asombrado el hecho de que en este informe Rusia figure entre los Estados con problemas, el llamado Grupo 2. Para ser dignos del aumento del rating debíamos cumplir el Plan de Acciones para Rusia redactado por la Secretaría de Justicia de los EE.UU., en que se nos prescribió modificar la legislación y los actos de ejecución en la lucha contra la trata de personas. Es obvio que esta exigencia fue irrealizable desde el principio: las autoridades rusas en la lucha contra la delincuencia organizada cuya parte es la oposición al treffiking nunca se guiarán por las instrucciones elaboradas en otros países, tanto menos cumplir las condiciones presentadas casi en una forma de ultimátum. Aparte de lo demás, a los socios estadounidenses les conviene mantenernos en el grupo de "penalizados" a fin de tener un pretexto hipotético de emplear contra Rusia restricciones económicas y comerciales: por ejemplo, hay que justificar por algo la persistencia de la tan mentada Enmienda Jackson–Vanik.

En lo que respecta al empleo en Rusia de la experiencia estadounidense en materia de oposición a la trata de personas, sin duda, estamos dispuestos a valernos de lo hecho en EE.UU. que puede servir en las condiciones de Rusia. Al mismo tiempo, la práctica demuestra que es irreal copiar por completo los esquemas ajenos, y, además, es difícilmente conveniente. Cada Estado tiene el derecho a formar independientemente el mecanismo nacional óptimo para combatir la trata de personas y elaborar el instrumental legislativo y otro para contrarrestar el treffiking.

Rusia está interesada en intensificar la cooperación multilateral y bilateral para prevenir y cortar la trata de personas. Opinamos que ya es hora pasar de las discusiones políticas generales sobre los problemas del treffiking a la colaboración práctica concreta de los organismos de la legalidad y los representantes de otras estructuras públicas cuyas funciones comprenden la lucha contra la trata de personas. Los contactos directos bien organizados de las subdivisiones pertinentes de la policía, los servicios migratorios y los organismos de control fronterizo de los países de origen y de destinación de la "mercancía viva", el intercambio de experiencias y los encuentros de expertos para resolver los problemas más graves pueden ser mucho más útiles que la redacción de informes "globales" sobre la trata de personas que practica el Departamento de Estado de los EE.UU.

28 de junio de 2010

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