17 mayo 201912:07

Discurso pronunciado por el Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, en la 129a reunión del Comité de Ministros del Consejo de Europa, Helsinki, 17 de mayo de 2019

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Estimado señor Presidente, estimado señor Secretario General, estimadas damas y caballeros:

Hace 70 años, el Consejo de Europa se fundó para descartar para siempre la posibilidad de que se libre una guerra mediante el fortalecimiento de la unidad de los pueblos de Europa.

Lamentablemente, la agenda unificadora concebida por los padres fundadores no se cumplió plenamente. En el mismo año 1949, se fundó la OTAN que se hizo símbolo de las líneas divisorias y la tensión en el continente.

Una vez finalizada la guerra fría, surgió una nueva oportunidad de construir una casa paneuropea. Mientras, los que siguen fieles al principio 'divide y vencerás', hicieron todo lo posible para mantener las líneas divisorias en Europa y hoy continúan profundizándolas. Intentan sustituir el Derecho Internacional por un 'orden basado en reglamentos' que sirve a sus intereses. Esto conlleva a que nuestra Organización basada en una cultura del consenso pierde su peso.

Esta postura se manifestó cuando se impusieron sanciones contra los diputados rusos en la PACE en violación de la Carta del Consejo de Europa. Como consecuencia, en 2014, más de una mitad de jueces del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (CEDH) y el Comisario para los Derechos Humanos se eligieron sin nuestra participación. Pronto se celebrarán las elecciones del Secretario General. Es evidente que la no participación de la delegación rusa en la votación tendrá las consecuencias a largo plazo.

La crisis del sistema se reflejó en la actividad del órgano principal del Consejo de Europa - el Comité de Ministros. Se multiplican los documentos no consensuados. La cooperación intergubernamental realmente equitativa en el marco del Consejo de Europa deja de percibirse como valor. La organización está en el cruce de caminos: se fortalecerá como mecanismo de formación de la unidad o se degradará bajo la presión de los que aspiran a adaptar al Consejo de Europa para servir a los intereses de un pequeño grupo de países.

Respaldamos a todos los que se pronuncian por poner fin a la confrontación inútil, por la integridad del Consejo de Europa. Para esto es necesario regresar a los principios iniciales de la Organización, entre los que el principio clave es la igualdad de todos los Estados miembros.

Estamos convencidos de que en Europa deben entender que es poco probable garantizar la seguridad real en Europa en todas sus mediciones sin Rusia. Espero que los europeos sean capaces de manifestar la independencia en los asuntos claves para el futuro del continente.

No tenemos intenciones de abandonar el Consejo de Europa, como suelen difundir rumores. Renunciamos a ninguno de nuestros compromisos, incluidos los financieros.

Apreciamos el aporte positivo que sigue haciendo el Consejo de Europa al desarrollo del Derecho nacional de Rusia, la reforma del sistema judicial, del sistema de los organismos implicados en el cumplimiento de las penas, la solución de muchos otros asuntos humanitarios.

Estamos interesados en continuar nuestro trabajo en el Consejo de Europa a tenor de las normas del Derecho Internacional, objetivos y principios de la Carta de la ONU que deben interpretarse y aplicarse en conjunto.

La tarea más acuciante es devolver la cultura del consenso al Consejo de Europa. Sentimos que, debido a la postura no constructiva de varias delegaciones, no conseguimos sacar los principales documentos del actual período de sesiones a nivel de apoyo por consenso. Mientras, es evidente que la resolución sobre los derechos y obligaciones contra que se pronunciaron sólo varios países miembros abre el camino hacia el arreglo de la crisis actual en nuestra organización de conformidad con su Carta que, subrayo especialmente, debe observarse no sólo por los Estados miembros sino también por los organismos estatuarios. Ahora la PACE debe reaccionar.

La unidad de Europa es especialmente importante en vista de nuevos desafíos, incluido el narcotráfico, la inmigración no controlada, la esclavitud actual, riesgos de uso malicioso de la inteligencia artificial. Los problemas antiguos no se han eliminado. Pasadas siete décadas tras la Gran Victoria, en Europa siguen levantando la cabeza las fuerzas interesadas en glorificar el nacismo y sus cómplices. En Letonia se rinde homenaje a los veteranos de la Waffen SS. En Ucrania, tras el golpe de Estado, se desenfrenaron los nacionalistas radicales bajo las banderas de los cómplices nazis que quedan impunes tras cometer crímenes sangrientos. Es lamentable que muchos defensores de valores europeos traten de olvidar de que el 2 de mayo de 2014 en Odesa decenas de civiles se quemaron en vivo. Mientras, el Consejo de Europa y nuestro Comité planearon finalizar la investigación de este crimen y conseguir que los responsables sean castigados. ¡No olvidemos de nuestras decisiones!

En muchos países continúa la ofensiva contra la libertad de medios de comunicación, derechos lingüísticos, educativos, religiosos de las minorías étnicas. Las autoridades salientes de Kiev promulgan precipitadamente las leyes que conllevan la prohibición de todos los idiomas, a excepción del ucraniano, en todas las áreas de vida. Queda el fenómeno vergonzoso de la no ciudadanía. Se hicieron más frecuentes los casos de manifestación del antisemitismo. Es hora de volver la cara al problema global de persecución de los cristianos también (¿por qué nos incomodamos hacerlo?), a la tarea de luchar contra la islamofobia. Todo eso exige la injerencia de los organismos europeos de derechos humanos y, ante todo, del Consejo de Europa.

Estimados colegas, ha llegado el momento para superar las discrepancias y contribuir al restablecimiento de la plena unidad de la Organización. 

Quisiera agradecer a la presidencia finlandesa los esfuerzos importantes emprendidos en esta dirección y un trabajo a gran escala llevado a cabo, en general. Deseamos éxitos y la continuidad a la nueva presidencia que asume Francia.

Naturalmente, me adhiero a las palabras de agradecimiento a Thorbjorn Jagland por su valioso aporte a la búsqueda de la salida de la crisis actual y por la labor en su cargo durante los últimos diez años, en general.

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