30 mayo 201810:51

Discurso y respuestas a preguntas ofrecidas por el Ministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Serguéi Lavrov, en el Foro Científico Internacional Lecturas Yevgueni Primakov, Moscú, 30 de mayo de 2018

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Estimado señor Dynkin,

Colegas, amigos,

Damas y caballeros:

Agradezco esta nueva oportunidad de usar de la palabra en el Foro Internacional que ostenta el nombre del insigne estadista, científico y personalidad pública de Rusia, Yevgueni Primakov. Para mí es de veras un gran honor. Primakov, con quien trabajé en la segunda mitad de los años 90 en el Ministerio de Asuntos Exteriores, es para mí un compañero y maestro. Lo pensarán la mayoría de los que trataron con él en alguna ocasión.

La celebración de la actual conferencia representativa bajo los auspicios del prestigioso Instituto de Relaciones Internacionales y Economía Mundial (IMEMO), que también ostenta el nombre de Yevgueni Primakov, ha pasado a ser una buena tradición. Lecturas Yevgueni Primakov se perciben como un foro donde prestigiosos expertos sostienen un serio diálogo sobre los problemas palpitantes de la política y la economía mundiales.

Hoy por hoy, políticos, expertos y estudiosos emplean los calificativos más variados e impactantes procurando definir la esencia de la etapa actual en las relaciones internacionales. Hablan de la crisis del “ordenamiento mundial liberal” y el advenimiento de la época “postoccidental”, de la “paz caliente” y de una “nueva edición de la guerra fría”. Esta abundancia de definiciones evidencia, quizás, la falta de una comprensión única de lo que acontece hoy, así como un estado muy dinámico y controvertido en que se encuentra hoy el sistema de las relaciones internacionales, un estado difícil de definir, por lo menos, en la etapa actual, con una frase altisonante. Tal vez, mejor que otros han cumplido esta tares los autores del tema central la edición actual de Lecturas Yevgueni Primakov “Riesgos de un ordenamiento mundial inestable” quienes audazmente aglutinaron en este título “inestabilidad” y “ordenamiento”, lo cual no es propio de un estudio académico.

Es evidente que el sistema está siendo sometido a la prueba de solidez. Se enfrentan tendencias de signo inverso. Ante todo, se trata de la globalización de la que venimos hablando desde hace mucho. La globalización generó una nueva etapa del progreso económico y tecnológico, acentuó la interdependencia, la necesidad de aplicar enfoques conjuntos para contrarrestar juntos los retos de la época. Otra característica objetiva del mundo contemporáneo es el afianzamiento de los principios policéntricos, de la diversidad civilizatoria basada en la identidad nacional y cultural y en la soberanía. Estos dos procesos cobran hoy la forma de una competición malsana, de una rivalidad entre los antiguos y flamantes centros de progreso económico y la influencia política derivada de este progreso. La línea divisoria pasa no sólo entre los países, sino también dentro de los Estados que aparentan ser los más exitosos. En beneficio de una falsa cortesía política se pisotean los derechos de los ciudadanos a su propia identidad histórica. Las democracias se van convirtiendo en rehenes de las minorías que deniegan los intereses de las mayorías. La revolución tecnológica trastorna los modos de vida tradicionales de las sociedades. El anterior modelo capitalista de constante aumento del bienestar no justifica hoy sus promesas.

Sobre el telón de fondo del agravamiento de estas contradicciones se va reduciendo el espacio de la cooperación internacional constructiva. Se hacen habituales acciones unilaterales que socavan las normas universalmente reconocidas y desvalorizan los acuerdos colectivos. Según dijo el Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, al usar de la palabra en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo 2018, “el juego sin reglas se convierte en regla”. La fuerza se emplea en los ámbitos más diversos, incluidos el económico e informático. Ya se asiste no a las amenazas de emplear la fuerza (prohibidas, a propósito, en la Carta de la ONU), sino a su empleo directo e infundado para satisfacer intereses pasajeros, coyunturales bajo pretextos evidentemente inventados y ridículos. Continúan las intromisiones desde fuera en los asuntos de Estados independientes, se oyen llamamientos a sustituir gobiernos legítimos y se emprenden intentos de influir, recurriendo a diversos métodos, sobre los procesos internos en otros Estados. Las tradiciones seculares de interacción interestatal, la cultura del diálogo diplomático y de la búsqueda de fórmulas de compromiso son suplantadas por el empeño en menoscabar a toda costa al oponente, demostrar la superioridad propia valiéndose de descaradas presiones sobre los “amigos y enemigos”.

Cuando la confianza es socavada y las normas y reglas tradicionales son pisoteadas, aumentan los riesgos de una escalada incontrolada. Paralelamente, las tecnologías modernas disminuyen el umbral psicológico de empleo de las armas de destrucción en masa. La guerra se percibe como una guerra informática. Surge la ilusión de que es posible mantener los planes de empleo de la fuerza en el marco de un conflicto local. Se adoptan las estrategias de aumento radical asignado a las armas nucleares, se perfeccionan los sistemas de armas nucleares, se trazan los planes de acciones bélicas en el espacio cósmico y en el ciberespacio. Todo ello puede acarrear consecuencias fatales para el planeta. Vienen a la memoria los apocalípticos pronósticos de los años 80 del siglo pasado relativos al “invierno nuclear”. Afortunadamente, este “invierno” no se hizo realidad. Pero advino la primavera árabe que trajo consigo una serie de acontecimientos trágicos y agravó el problema de armas de destrucción en masa. Me refiero a la retirada de EEUU del Plan de Acción Integral Conjunto sobre el programa nuclear iraní con vistas a provocar una confrontación total con Teherán, así como muchísimas simulaciones de empleo de armas química por el Gobierno sirio en el marco de los esfuerzos occidentales por cambiar el régimen en Damasco.

Es deplorable que las declaradas especulaciones sobre el tema “la ONU como instrumento para lograr objetivos geopolíticos egoístas” no hagan más que agravar la de por sí crítica situación con la proliferación de las armas de destrucción en masa y el mantenimiento de la estabilidad estratégica.

No creo que en el mundo contemporáneo se pueda medir en serio las dimensiones de los arsenales nucleares y volver a poner a prueba la decisión de cada uno, acercando al mundo a una raya peligrosa.

Es evidente que las mayores potencias, poseedoras de armas nucleares y sus vectores, asumen una especial responsabilidad por mantener la estabilidad estratégica global. Precisamente por esta razón, el Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, en el Mensaje a la Asamblea Federal volvió a invitar a los socios a sentarse a la mesa de las negociaciones y pensar juntos en un renovado y promisorio sistema de seguridad internacional y en una evolución sostenible de la civilización.

Estamos dispuestos a promover un trabajo mutuamente respetuoso y honesto con quienes sinceramente tienen fe no sólo el equilibrio de fuerzas sino en una consensuada política multilateral basada en la comunidad de los intereses, el Derecho Internacional y proyectada hacia un futuro de paz conjunto, el progreso y la prosperidad de toda la Humanidad. Justamente esta visión permitirá materializar en mayor medida, sin renunciar a su esencia, las prioridades soberanas de todos los países y pueblos que participen en esta interacción.

Los intentos de marginar a uno artificialmente, dejarlo atrás arbitrariamente o expulsarlo a la periferia de un proceso, resolver todos los asuntos por un grupo limitado de Estados son ineficaces y en perspectiva pueden causar daño a los mismos promotores de esta iniciativa. Hay muchos ejemplos de este tipo en la historia de la política mundial, incluido el que está vinculado con el conflicto de 1853-1856 que conllevó la desintegración definitiva del llamado Concierto europeo. Rusia perdió la Guerra de Crimea y, como pudo parecer a los triunfadores, quedó expulsada a la periferia de la política europea. Dentro de un período, se logró superar esas consecuencias negativas, en particular, gracias a los esfuerzos del canciller ruso Alexander Gorchakov. Mientras, el equilibrio en Europa se perturbó mucho sin Rusia y esto puso inicio a las tendencias destructivas en el continente que conllevaron la Primera Guerra Mundial.

Mirando al pasado no podemos pasar por alto el futuro. Los expertos en prospectiva estratégica que asisten aquí pueden confirmar que, a pesar de todos los avances tecnológicos, todos los métodos de análisis avanzados, no tenemos en nuestra disposición una “bola de cristal” que permitirá pronosticar con certeza lo que nos espera en un futuro. Y, francamente dicho, está bien. El futuro se hace ahora. Lo formamos con nuestras esperanzas, nuestros planes, ideas y, ante todo, con nuestra actividad cotidiana desarrollada con el fin de hacer realidad todo eso.

No tenemos otras recetas para conseguir un arreglo sostenible y a largo plazo de actuales crisis internacionales, sólo podemos trabajar minuciosamente a tenor de enfoques multilaterales y las normas del Derecho Internacional, involucrando a todas las parte concernidas, ante todo, los bandos de un u otro conflicto. Sea el problema nuclear de la península de Corea o el Plan de Acción Integral Conjunto, el conflicto interno en Ucrania o la guerra contra el terrorismo en Siria, vemos que los ultimátums y la presión externa con el uso de fuerza son inaceptables y están condenados al fracaso, igual que los intentos de alzar las puestas a estilo de películas de vaqueros y culebrones sobre las guerras de las galaxias. Es posible que tales métodos sean eficaces en el sector de negocios, pero en las actuales relaciones internacionales es un serio riesgo escalar la situación con el fin de desescalarla.

No es fácil buscar fórmulas de compromiso y soluciones mutuamente aceptables, formar el entendimiento mutuo, contribuir al crecimiento de confianza, especialmente en las regiones donde el suelo es destrozado por proyectiles y regado por sangre humana. El resultado positivo no se garantiza. Mientras, no hay otro remedio si realmente queremos conseguir un arreglo sostenible de conflictos y el orden mundial justo y democrático.

Para sentirse seguro en el actual mundo complicado y contradictorio que cambia dinámicamente no sólo es necesario ser fuerte sino también estar abierto para la cooperación con otros, para todo lo nuevo que permitirá superar con éxito los desafíos de la actualidad. Hasta los Estados más avanzados no podrán hacerlo a solas. Entre las tareas prioritarias de la política exterior de Rusia es la necesidad de garantizar la soberanía, la seguridad y el desarrollo nacional, así como contribuir al sostenible progreso continuo con el fin de incrementar el nivel de vida de los ciudadanos. La realizamos desarrollando la cooperación pragmática y mutuamente ventajosa, la integración económica con nuestros socios y aliados mediante la imbricación de importantes proyectos innovadores, la formación de amplias áreas de cooperación, la infraestructura moderna, la comunicación digital y corredores de transporte.

Este trabajo conjunto se basa en una visión afín de procesos internacionales, principios de comunicación interestatal y la organización de la comunidad internacional a tenor de un firme fundamento legal y para el bien de todos sus miembros, respetando su soberanía e intereses nacionales. Nuestros socios euroasiáticos, miembros de la OTSC, UEEA, CEI, las partes de tales formatos nuevos como la OCS y BRICS comparten estas posturas.

Se puede citar como ejemplo la asociación estratégica integral de Rusia con China, la asociación estratégica de Rusia y la India, la cooperación con los Estados de la ASEAN. Últimamente se intensificaron notablemente los vínculos de Rusia con Japón y Corea del Sur. Todo eso corresponde al concepto “giro de Rusia hacia Oriente” que gusta tanto a los politólogos, aunque se trata de la participación natural de nuestro país con sus espacios enormes y la extraordinaria situación geográfica en el desarrollo de una de las regiones más dinámicas del mundo.

Evgueni Primakov es el autor del concepto de multipolaridad cuyo origen vio en la formación del triángulo RIC (Rusia, India China) que permitiría crear un contrapeso no conflictivo sino objetivo al dominio occidental. Hoy, cuando RIC dio inicio a la formación de BRICS, cuando en el G20 «BRICS +» constituye el contrapeso al G7 y contribuye a la elaboración de posturas mutuamente aceptables en relación con la economía global, finanzas y, en perspectiva, con la política global, este gran patrimonio del concepto de Evgueni Primakov se manifiesta plenamente.

Rusia sigue estando abierta a la cooperación mutuamente ventajosa con todos, incluidos los socios europeos y estadounidenses. Esto se abordó hace poco en el marco del Foro Económico Internacional de San Petersburgo. Según se pone de relieve, tenemos muchos intereses comunes tanto en el sector económico como en el ámbito de política global. Lo más importante es buscar fórmulas de compromiso en forma franca, conforme a los principios de respeto mutuo e igualdad.

Gracias por su atención. Estoy dispuesto a responder a sus preguntas.

Pregunta: Una de las secciones del Ciclo de conferencias Yevgueni Primakov se llevó a cabo bajo el nombre “Nueva bipolaridad: el mito o la realidad”. Hace tres años, en nuestro pronóstico del futuro orden mundial hecho junto con el Consejo Atlántico la bipolaridad fue uno de guiones posibles, lo que no es la mejor opción, según nuestra opinión. Me parece que el tiempo pasado a partir de aquel momento, los últimos acontecimientos, especialmente la inclusión de Rusia, China e Irán en las listas sancionatorias, ponen piedras en el fundamento de la nueva bipolaridad, en el marco de que por un lado estarán Rusia, China e Irán y por otro – EEUU y sus aliados de la OTAN. Comente este guión.

Respuesta: No creo que este guión sea apropiado para toda la humanidad y para las partes de estas iniciativas. Finalicé mi discurso introductorio citando la experiencia del G20 creada hace mucho que empezó a celebrar las cumbres sólo en 2010. Antes de esto, actuó a nivel de ministros y expertos. Todas las partes de este proceso convinieron en que en el marco del G20 hay que resolver cuestiones de principio, buscar fórmulas de compromiso, ante todo, en relación con problemas globales económicos y financieros. Hubo el entendimiento de que posteriormente estas fórmulas de compromiso se traducirán en el idioma del Derecho Internacional en el marco del grupo del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional. Naturalmente, no logran llegar a un acuerdo siempre, mientras, es mucho mejor que la ausencia de tal mecanismo, porque abarca a los protagonistas que mencionó usted. No incluye a Irán pero está claro que los miembros del BRICS, en particular, Rusia, China y la India, representan los intereses de los países no representados bien todavía en los organismos internacionales.

El G20 empezó a abordar paulatinamente temas en materia de política exterior. Este año, cuando el G20 se reunió en Argentina, esto se repitió. Creo que los procesos de politización de la agenda con la prioridad de asuntos financieros y económicos se desarrollarán cada vez más enérgicamente. Esta politización (en buen sentido) del G20 compensará en mucho las esperanzas de los que quisiera participar directamente en la toma de decisiones en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero está privado de esta posibilidad todavía. Es un problema complicado. En general, creo que se puede encontrar la solución de muchos problemas si se pone de acuerdo de que se puede buscar fórmulas de compromiso en el marco del G20 sin ruido, discusiones en el Consejo de Seguridad de la ONU y la Asamblea General de la ONU y posteriormente formalizar los acuerdos conseguidos con la participación de todos los demás miembros de la comunidad internacional. No se debe interpretarlo como una falta de respeto a los que no forman parte del G20. Estoy convencido de que la mayoría de estos países respirará con alivio al conocer que el G20 llegó a uno u otro acuerdo.

Pregunta: Un observador europeo en el ámbito de política exterior comparó al Presidente de EEUU, Donald Trump, con un mono en bicicleta. Dijo que no habría que preguntar al mono adónde iba. El mono simplemente está vestido de ropa humana, pisa pedales y va sin saber adónde. A pesar de esta imagen lejos de alguna cortesía política, ¿no le parece que la conducta del actual Presidente de EEUU, su inconsistencia, su voluntarismo (usted ha citado ya como ejemplo su decisión personal de retirarse del tratado con Irán) hicieron el mundo aún más volátil e inestable, lo que crea problemas adicionales, en particular, para nuestro Estado?

Respuesta: Nos comparan con un oso, dicen también que osos van en bicicleta o motos. En lo que se refiere al quid de su pregunta, dejando aparte imágenes, quisiera citar de nuevo al Presidente ruso, Vladímir Putin, quien dijo que un juego sin reglas se convierte en la regla. Esto no alegra, pero se trata del líder elegido por el pueblo de la potencia mundial más grande. A pesar de la imprevisibilidad, a veces la inconsistencia del rumbo que promueve Washington, tenemos que interaccionar con éste u estamos dispuestos a hacerlo. Los contactos se mantienen en varios ámbitos, aunque no son muchos. Nos pronunciamos por ampliarlos.

Naturalmente, tenemos que tener en cuenta que muchos factores, actores influyen en la política interna de Washington y esta influencia no siempre se ejerce en la misma dirección, a veces es contradictoria. Un gran número de decisiones en el ámbito de política exterior se toma en Washington en vista de la situación política interna y esto se manifiesta más en la antesala de las elecciones intermedias. Sería mejor tener una visión más previsible en relación con la política exterior de EEUU, pero la realidad no deja de ser realidad.

Pregunta: En el contexto de las divergencias entre la Unión Europea y EEUU sobre traes problemas clave – el acuerdo sobre el programa nuclear iraní, la Franja de Gaza y la guerra comercial entre estos polos del globo -, en su opinión, ¿se perfila ahora la tendencia hacia el acercamiento entre Rusia y la Unión Europea, sobre todo, a la luz de la reciente visita a Rusia de los líderes de la Unión Europea: el Presidente de Francia, Emmanuel Macron, y la Canciller de Alemania, Ángela Merkel?

Respuesta: Yo hablaría no del acercamiento sino de la normalización de las relaciones. Todos se habrán cerciorado muchas veces en la vida cotidiana, en los asuntos internacionales, que cuando decides optar por uno, ora rechazando ora desatendiendo a los demás ora castigándoles por algo que tú mismo desapruebas, reduces el espacio para promover sostenidamente tus intereses, para maniobrar.

En el Foro Económico Internacional de San Petersburgo, yo, igual que muchos analistas (leí en los medios las valoraciones dadas por invitados extranjeros), asumí a nivel de conciencia la necesidad de no ofenderse sino procurar comprender los motivos de la actuación de cada miembros de la comunidad internacional. Es menester resolver los problemas a través del diálogo directo en vez de declarar que estamos por cooperar con Rusia tan pronto este país cumpla todas sus exigencias: cuando cumpla los Acuerdos de Minsk, se retire de Crimea, obligue al Presidente de Siria, Bashar Asad, a aceptar el arreglo político, etc. En una determinada etapa, se agregó la exigencia de que el Presidente del Consejo de Estado de la RPDC, Kim Jong-un se porte “correctamente”. Muchos otros temas eran aprovechados públicamente para exigir que cediéramos en estos asuntos. Las cosas no se hacen así. Personas sabias lo entienden. Se dan cuenta de que es necesario negociar y no declarar nuestra culpabilidad, porque “higly likely”. Por si fuera poco, Gran Bretaña que abandona la Unión Europea, como por arte de magia se las ingenió para persuadir a casi toda la UE a expulsar a diplomáticos rusos, alegando únicamente a “higly likely”, como ellos mismos dicen. En realidad, lo único que pueden esgrimir es la ausencia absoluta de los hechos (recuerdo que la investigación no está concluida hasta ahora). Siguiendo el mismo esquema, actúan nuestros colegas holandeses, al anunciar en la rueda de prensa que “higly likely” lo hizo Rusia y exigir que reconozcamos que los misiles Buk procedían de nuestra unidad militar, sin más. Toda la información que facilitamos para la investigación (tampoco concluida) es rechazada. Ellos decidieron anunciar públicamente aquello de lo que hablaban todavía en 2014. Creo que decidieron hacerlo justamente ahora de cara a los importantes eventos internacionales que va a acoger Rusia para estropearnos el humor. Son tentativas fallidas.

Al explicar que se trata de una conclusión preliminar, Australia y los Países Bajos acto seguido nos remitieron una nota exigiendo entablar conversaciones con ellos sobre el importe de la indemnización a los familiares de las víctimas. ¿Cómo reaccionar a esto? ¿Y con estos modales ellos esperan un trato normal? Deberían aprender a portarse como es debido. Ya he dicho que muchos perdieron la cultura de la diplomacia. Es de lamentar, es una cosa contagiosa. Las acusaciones descabelladas en relación con el “caso de los Skripal” (luego investigaremos), el Boeing malasio (sabemos que la culpa es de Rusia, pero investigaremos y luego lo relataremos todo), el empleo de agresivos tóxicos en los suburbios de Damasco, en la ciudad de Duma (lo hizo Asad, el caso tiene que ser investigado, pero mientras no se ha iniciado, someteremos Duma a bombardeos), una nueva tragedia ocurrió ayer en Kiev donde el periodista Arkadi Babchenko fue asesinado a tiros en el portal de su casa. Aunque la investigación ni siquiera ha comenzado, el primer ministro de Ucrania asevera que es obra de los servicios secretos rusos.

Esta tendencia promovida por esta clase de actores internacionales, es muy de lamentar, pero muchos la hacen suya, sobre todo aquellos que, como nuestros vecinos ucranianos, gozan de una plena impunidad por parte de sus tutores occidentales y desoyen sus consejos de cómo poner orden en su casa. Ellos se dan perfecta cuenta de que los tutores occidentales necesitan Ucrania para promover rusofobia y generar toda clase de situaciones incómodas para nuestro país. Las personas versadas en la historia deben entender que todo ello es inútil y carece de sentido.

Pregunta (traducción del inglés): Como Usted ha dicho con razón, la guerra de Crimea fue un momento cuando Rusia quedó expulsada de Europa. Tuvo unas serias consecuencias en la reorganización del continente y fue uno de los factores que condujo primero a la guerra franco-prusiana y luego a la Primera Guerra Mundial. Muchos en Francia están en contra de apartar a Rusia de Europa. El Presidente de la República, Emmanuel Macron, habló recientemente en San Petersburgo justo de lo contrario, de que Rusia es parte inseparable de Europa. Tenemos un problema que es Ucrania. Debemos superar esta mentalidad limitada y dejar de prorrogar las sanciones contra Rusia de forma automática cada seis meses. Para ello hace falta controlar la retirada de las tropas y dar pasos políticos para estabilizar la situación en Donbás, devolver la soberanía a Ucrania y normalizar las relaciones con Rusia. Lo deseo yo y muchas personas en Francia. ¿Qué estaría dispuesta a hacer Rusia para ello?

Respuesta: Temo equivocarme pero me ha parecido que ha formulado su pregunta justo de acuerdo con la lógica tantas veces esgrimida por nuestros colegas europeos. A saber: ellos desean normalizar las relaciones con Rusia pero para ello hay que arreglar la crisis ucraniana, ya que las sanciones de impusieron contra Rusia exclusivamente a raíz de esta crisis y se prorrogan, como usted ha dicho correctamente, cada seis meses. Nuestros socios de la UE afirman que consideran excesivo prorrogar las sanciones pero alegan el principio de consenso. Yo nunca inicio la conversación sobre las sanciones, pero si hablamos del consenso, significa que si uno  considera algo improcedente, ya no hay consenso. Así que, en cuanto a la prorrogación automática obligada de las sanciones a pesar de considerarlas impropias, es un tema aparte.

Sea como fuera, las sanciones se impusieron contra Rusia. Nunca han sido impuestas contra otros países del Cuarteto de Normandía, ni, mucho menos, contra la parte ucraniana. Estamos hablando de un documento aceptado por todos unánimemente como la hoja de ruta para el arreglo de la crisis en Donbás. Me refiero al Complejo de Medidas de Minsk que los líderes de Rusia, Ucrania, Francia y Alemania redactaron personalmente durante unas negociaciones maratonianas de 17 horas en febrero de 2015. En él está dicho todo. Desde entonces, en múltiples ocasiones declaramos treguas que se infringían, muchas veces iniciamos la separación de fuerzas y armas que terminaban regresando donde habían estado. Según se desprende de los informes de la Misión Especial de Monitoreo de la OSCE, la culpa fue de las dos partes del conflicto, el gobierno ucraniano con sus tropas y sus unidades especiales y las milicias de las autoproclamadas Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. Si se leen los informes de la Misión Especial de Monitoreo de la OSCE (y nosotros los leemos), ahora se ven muchas circunstancias importantes que antes no estaban. Cabe recordar que la misión de la OSCE consiste en monitorear la situación en todo el territorio de Ucrania, en lo que insistimos regularmente, y la Organización ha empezado a incluir en sus informes las información de cómo se tolera en Ucrania el neonazismo, el radicalismo y de otros episodios desagradables, relacionados, en particular, con los intentos de expropiar los bienes de la Iglesia, etc.

Llevamos varios años llamando la atención a que habría que ver en los informes no sólo el resumen de que a consecuencia de los tiroteos murieron o resultaron heridos tantos civiles, se destruyeron escuelas, hospitales, guarderías. Nos gustaría ver un desglose geográfico: en qué lado la destrucción de la infraestructura civil es mayor. Recientemente, en una negociación con nuestros colegas franceses con la participación del Presidente de Francia, Emmanuel Macron, les presentamos el informe que envía la OSCE a todos sus miembros. En él consta que entre enero y mediados de mayo Donbás sufrió cinco o seis veces más de los ataques contra las instalaciones civiles (según el número de las instalaciones impactadas) por parte de las fuerzas gubernamentales ucranianas. A consecuencia de los tiroteos por las fuerzas ucranianas del territorio de Donbás, murieron cinco civiles. En la parte ucraniana no murió ningún civil resultando uno herido. Hemos «obligado» a la OSCE a incluir esta información en sus informes, lo hemos conseguidos con mucha dificultad. Hay que reconocer el mérito del equipo directivo de la OSCE que estuvo sometido a una enorme presión por parte de los ucranianos y sus amigos occidentales que se oponían a que se realizara tal desglose. Pero ahí está.

Es u tema interminable. He aquí dos ejemplos más de cómo se están implementando los Acuerdos de Minsk y los compromisos aprobados por los líderes de los países del Cuarteto de Normandía para impulsar el avance práctico del Complejo de Medidas de Minsk. En octubre de 2016 en Berlín los jefes de Estado acordaron iniciar la retirada de tropas y armamentos. Los propios líderes señalaron tres localidades en el mapa para crear allí zonas piloto, donde durante dos semanas se realizaría la retirada. Me acuerdo de los nombres de estas localidades: Pokrovskoye, Zolotoye y Stanitza Luganskaya. En las primeras dos la retirada se llevó a cabo muy rápido. En Stanitsa Luganskaya los representantes de Kíev, de repente, anunciaron que la retirada sería posible sólo de haber silencio absoluto (ninguna infracción del alto el fuego)  durante siete días. Desde entonces la misión de la OSCE constató en más de 20 ocasiones de manera oficial (también durante las reuniones del Grupo de Contacto y las conferencias telefónicas de los expertos del Cuarteto de Normandía) haber registrado períodos de una semana y más de silencio absoluto. Cada vez los representantes ucranianos respondían que eran las estadísticas de la OCSE, mientras ellos sí registraban infracciones. No estoy exagerando, así son las cosas. Y es por eso que la retirada de las fuerzas en Stanitsa Luganskaya no se ha realizado hasta ahora.

Al aprobar recientemente la ley «Sobre la reintegración de Donbás», que se interpreta por los portavoces ucranianos como una herramienta militar para la solución del problema de Donbás, los ucranianos simplemente anularon los Acuerdos de Minsk. Y en estos últimos meses, en las localidades donde se había realizado la retirada, las tropas regresaron a sus antiguas posiciones.

Cuando hablamos con colegas franceses y alemanes ellos entienden perfectamente todo. Pero una vez dicho que los que pasó en Ucrania no fue un golpe de Estado sino un triunfo de la democracia que está gobernando el país, es difícil luego asumir el error.

Por lo tanto es imprescindible ir desescalando la situación. Nos hablan del deseo de normalizar la situación pero piden ayuda para salvar las apariencias en un aprieto en el que se metieron solos. Y aun así estamos dispuestos a buscar el compromiso.

Otro ejemplo. En octubre de 2015, en París, el Presidente de Rusia, Vladímir Putin, el Presidente de Francia, François Hollande, la Canciller de Alemania, Ángela Merkel, y el Presidente de Ucrania, Piotr Poroshenko, discutieron las posibilidades de sincronizar acciones para una desescalada militar en el ámbito de seguridad en Donbás y para las reformas políticas que el líder ucraniano se había comprometido a realizar, al firmar los Acuerdos de Minsk, incluidos los  de la amnistía, el estatus especial de Donbás establecido en la Constitución y la organización de las elecciones. Entonces, a nuestra pregunta por qué no se aprobaba la ley sobre el estatus de Donbás, que ya estaba preparada, el señor Poroshenko dijo que primero había que convocar elecciones y luego ya firmaría la ley. Lo explicó alegando que no podía conceder un estatus especial a Donbás sin saber a quién iban a elegir allí. ¿Es normal desde el punto de vista democrático? Cualquier votante quiere saber qué competencias tendrá el candidato al que vota.

El Ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, propuso el compromiso: la ley sobre el estatus especial entraría en vigor de forma provisional el día de la votación, al cerrarse los colegios electorales, y de forma definitiva, después de publicarse el informe final de la OCSE sobre los resultados de las elecciones (habitualmente un par de meses después). Todos aceptamos su propuesta. Un año más tarde, en 2016, en Berlín, el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, preguntó por qué la parte ucraniana había bloqueado todo ese tiempo los intentos del Grupo de Contacto y el Cuarteto de Normandía de formalizar la propuesta de Steinmeier. El presidente de Ucrania, Piotr Poroshenko, respondió que no sabía qué informa emitiría la OCSE: ¿y si concluiría que las elecciones habían sido deshonestas e injustas? A lo cual el líder ruso replicó que debíamos partir de que el informe tendría que constatar unas elecciones honestas y justas para que la ley entrara en vigor. Entonces se amplió la «fórmula de Steinmeier»: la ley entraría en vigor de forma provisional el día de la votación y de forma definitiva, el día de la publicación del informe de la OCSE si constataba que las elecciones habían sido honestas, libres y justas. Pasó un año y medio. Nuestros esfuerzos de plasmar esta fórmula sobre papel son rechazados por Kíev.

Ahora nuestros colegas alemanes y franceses proponen convocar la reunión de los titulares de Exteriores del Cuarteto de Normandía. Esta reunión tendrá sentido sólo en el caso de que los dos fracasos que acabo de mencionar (la retirada de las fuerzas en Stanitsa Luganskaya y la legalización de la «fórmula de Steinmeier») se reparen aprobando el Cuarteto de Normandía la respectiva declaración. Si esta declaración sobre estos dos temas que representan una vergüenza para nuestro trabajo en el Cuarteto no tiene sentido  reunirnos.

Sabemos que nuestros colegas occidentales – los franceses, los alemanes, otros europeos – llaman la atención sobre estas circunstancias a la parte ucraniana durante los contactos privados y le incitan a actuar de forma más congruente. Pero se considera una incorrección política criticar públicamente a los que «han traído la libertad a la nación ucraniana». Nadie ha reaccionado ante la aprobación de la ley «De la reintegración de Donbás», que, insisto, se define por las autoridades ucranianas como un método militar de solución de este problema. Nadie ha reaccionado ante la ley «De la educación» que discrimina las lenguas de todas las minorías nacionales. Nadie ha reaccionado ante la  anulación de la ley «Sobre las bases de la política lingüística estatal» que garantizaba el derecho de las minorías nacionales en Ucrania a vivir y trabajar usando su propia lengua.

Mientras se mantenga esta «postura de avestruz», aun habiendo buena voluntad por nuestra parte (la que he ilustrado con varios ejemplos que demuestran nuestra voluntad de abordar de forma flexible la implementación de los Acuerdos de Minsk), es muy difícil obtener resultados positivos.

Pregunta: Acaba de dibujar un cuadro bastante alarmante de la confrontación ruso-estadounidense y de la cercanía a ciertas “líneas rojas” que se registra actualmente. ¿Cuál es el ritmo del desarrollo de las relaciones bilaterales de los últimos meses, semanas? Porque seguramente se ha formado una evaluación en base a sus propios contactos con los representantes de Washington, así como de los contactos entre sus compañeros de otros organismos públicos que también participan en el diálogo.

Respuesta: Por desgracia, la confrontación se ha convertido en algo muy normal, parece ser ésta la respuesta más breve a su pregunta. Ello no depende de nosotros. No queremos confrontación ni en nuestras relaciones con EEUU ni con ningún otro país. De vez en cuando captamos los mensajes de Washington, también de parte del Presidente de EEUU, Donald Trump, sobre la necesidad de normalizar las relaciones. Estamos dispuestos a hacerlo y permanecemos a la espera de propuestas concretas. Estamos dispuestos a reanudar los contactos en todas las esferas, porque al acordarse hace unos meses, por fin, la reanudación de los contactos profesionales en el campo de la seguridad cibernética y acudir nuestra delegación al lugar del encuentro, la parte estadounidense no se había presentado. Dicho sea de paso, al reunirme hace poco con el Ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Heiko Maas, le pregunté por qué la parte alemana había cancelado en el último instante la reunión de los grupos interministeriales de ambos países compuestos por expertos en la seguridad cibernética. La respuesta me dejó atónito: el Ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, señor Haas, me dijo que la reunión había sido cancelada porque tres días antes de su celebración un grupo de piratas informáticos, uno conocido bajo el nombre de Snake, había atacado los recursos electrónicos del Ministerio de Defensa y de Asuntos Exteriores de Alemania. Era la primera vez que oí aquel nombre y me enteré de que se nos acusaba a nosotros. Se aplicó la lógica de “highly likely”, es decir, de “altamente probable”. Es decir, si es “highly likely”, que Rusia primero asuma toda la culpa y sólo después se hablará con ella sobre la cooperación en la esfera, en la cual la conducta de Rusia se considera indeseada. De modo que esperaremos, tenemos mucha paciencia. Al mismo tiempo, creo que será útil que se vayan reuniendo representantes de la sociedad civil, politólogos y expertos. Los politólogos estadounidenses muestran su interés en tales reuniones.

Pregunta: Haciendo uso de la palabra en el Foro Económico de San Petersburgo, el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, dijo que Rusia podría encargarse de la seguridad europea. Su comentario provocó risas en la sala. ¿Era una broma o lo dijo en serio?

Continuando con el tema y siguiendo la tonalidad de su discurso de hoy que me pareció bastante alarmante, en la parte que alertaba del posible conflicto, ¿cree que podría realmente estallar una gran guerra en Europa? Si cree que podría ocurrir, ¿quién se enfrentaría a quién y cuándo podría ocurrir?

Respuesta: No hace falta que continúe. Respondiendo a la primera parte de su última pregunta, Dios no lo quiera. No es ninguna broma, estamos hablando de la seguridad que ha de garantizarse en común. No lo hemos inventado nosotros, es una declaración política aprobada al más alto nivel, también en el marco de la OSCE, es decir, con la participación de EEUU. La declaración rezaba que la seguridad es indivisible y que nadie ha de reforzar su seguridad a costa de otros países. Lo firmaron en 1990 en París los Jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros de la OSCE. Más tarde dicho compromiso se confirmó en más de una ocasión. Sin embargo, al proponer nosotros hace 10 años conceder a dicho compromiso político carácter jurídicamente vinculante, mediante la firma del pertinente Tratado, la respuesta fue un “no” rotundo. Ello se argumentó con que únicamente los miembros de la OTAN podían contar con garantías jurídicas de la seguridad. He aquí la filosofía y la mentalidad que conducen a las líneas divisorias, a la separación de Europa, a la expansión de la OTAN hacia el este. Todo se hace en contra de las promesas hechas en su momento a la URSS. Así están las cosas. Es por ello porque no bromeamos con el tema y porque deseamos garantizar juntos la seguridad. La memoria debería obligar a algunos a asumir sus promesas.

Pregunta: ¿Existe algún peligro de guerra en Europa?

Respuesta:  Ya he dicho, Dios no lo quiera.

Pregunta: ¿Y las palabras de “Rusia ayudará a los europeos a reforzar la seguridad”?

Respuesta: Lo acabo de explicar, la seguridad sólo puede reforzarse por todos juntos. En estos momentos que Europa aspira a dejar de depender de EEUU y a librarse de los caprichos de Washington en la esfera de seguridad y empieza a formar su propia postura en lo tocante a la defensa, basándose en sus propias fuerzas e incluso abordando tales proyectos como el “Schengen militar”. Me refiero a que en toda la UE habría que crear una red logística para la circulación de fuerzas y recursos por si acaso, pero Dios no lo quiera. La OTAN enseguida se unió a la iniciativa, pero la aseguro que no podrán hacer nada sin la Alianza. Y otra vez será mentalidad de bloques y actitud de bloques la que se aplicará para garantizar la seguridad. Habrá invitaciones de Polonia y de otros países del tipo: aquí tienen 2.000 millones de dólares, póngannos una base aquí y orienten las armas contra el agresor que es Rusia. Es una psicología muy triste.

Pregunta (traducida del inglés): ¿Cómo evalúa la situación en torno a Irán, dadas, en concreto, las especiales relaciones que unen a Rusia con Israel y con Arabia Saudí? ¿Cuál es su postura con respecto a la agravación de la confrontación entre Israel e Irán en Siria?

Respuesta: Es verdad que tenemos buenas relaciones con todos los países que ha enumerado. Sin embargo, con ninguno de ellos, ni con ningún otro país, tenemos posturas coincidentes por completo en todos los temas. Nuestro principio es hablar con todos sin excepción alguna, sobre todo, en caso de haber discrepancias en las actitudes. No estamos de acuerdo con las evaluaciones basadas en la creencia de que Irán es el origen de todos los problemas de la región, es decir, en Siria, Palestina, Líbano e Iraq. Incluso otros países se mencionan. Y de que es alto el peligro de la escisión del Islam, porque las relaciones entre la mayoría de las monarquías del Golfo Pérsico e Irán han adquirido carácter interreligioso, al convertirse los sunitas y los chiíes en los peores enemigos. Es de lamentar profundamente dicha circunstancia.

En más de una ocasión llamamos a la Organización para la Cooperación Islámica y la Liga de los Estados Árabes a que presten atención a la mencionada circunstancia y regresen a las iniciativas que formuló hace tiempo el Rey Abdalá II de Jordania con el objetivo de unir a todos los musulmanes. Dicha tarea no ha perdido su actualidad. De la misma manera, al abordar en conversaciones con nuestros interlocutores israelíes la situación regional, exponemos nuestra postura que prioriza la necesidad de invitar a negociar a todos los bandos enfrentados en un conflicto, en vez de aislarlos.

Ahora, por desgracia, algunos países, EEUU entre ellos, están orientándose al aislamiento de Irán, contando con que será posible “aplastarle” y forzar a cambiar de alguna manera su política. Una de las condiciones consiste en que Irán ha de cambiar su comportamiento en la región. Es lo mismo que cuando a Rusia se le pide que cambie su comportamiento donde sea, para que se le hable con normalidad. Es necesario sentarse a la mesa de las negociaciones. Hace muchos años les propusimos convocar una conferencia similar a la OSCE, pero para los países del Golfo Pérsico, en la que tomen parte los países árabes de la zona, Irán, la Liga Árabe, la Organización para la Cooperación Islámica, los cinco miembros permanentes del CS de la ONU, la Unión Europea. Esta idea no ha perdido la actualidad. Y ahora muchos la están recuperando, sin embargo, las tensiones son tan intensas que es muy difícil esperar en el futuro algunos cambios.

En cuanto a la confrontación entre Israel e Irán en Siria, tenemos acuerdos con relación a la zona de distensión sudoeste. Dichos acuerdos fueron alcanzados por Rusia, EEUU y Jordania, estando Israel al tanto de su preparación. Los acuerdos en cuestión suponen que dicha zona de distensión ha de consolidar la estabilidad. Las fuerzas no sirias han de abandonar la zona. Creo que debería pasar cuanto antes y nos dedicamos a ello junto con nuestros interlocutores jordanos y estadounidenses.

Pregunta (traducida del inglés): Ahora está a punto de salir para Pyongyang, en vísperas de la histórica Cumbre que se celebrará en dos semanas en Singapur. ¿Cuál es el objetivo de su visita? ¿Y cuál es el papel de Rusia en la desnuclearización de la Península de Corea?

Respuesta: En cuanto a la visita, se me invitó y acepté la invitación. El objetivo de esta visita, al igual que de cualquier otra, consiste en abordar el estado de las relaciones bilaterales y la situación en la pertinente parte del mundo.

Rusia es participante de las negociaciones a seis bandas, un mecanismo que nadie ha suprimido. De acuerdo con la lógica que elaboró dicho mecanismo, mantenemos los actuales cambios en las relaciones entre Coreas, entre Pyongyang y Washington. Contamos con que dichas negociaciones que fueron anunciadas y luego confirmadas como fijadas no acaben en un ultimátum, porque es imposible solucionar de una tajada el problema de la desnuclearización de la Península de Corea. Es un objetivo que precisa de actitud paulatina, consecutiva y paciente.

Hace menos de un año Rusia y China formularon su “hoja de ruta” consistente en avanzar hacia la paz y la estabilidad, desnuclearizar la Península de Corea. El documento preveía como primer paso renuncia a la retórica beligerante y provocaciones por ambos lados y promoción de contactos entre los protagonistas, como segundo paso. Dichos contactos habían de ayudar a superar las discrepancias de antaño y a entablar el diálogo. Sin embargo, en la etapa final la “hoja de ruta” prevé la obligada celebración de negociaciones en las que tomen parte representantes de los seis Estados participantes en el proceso, porque el proceso de la desnuclearización de la Península de Corea ha de ir acompañado por el funcionamiento de mecanismos que garanticen la paz y la estabilidad en todo el noreste asiático.

A mí me invitaron y acepté gustosamente la invitación. Será muy útil conocer la actitud de nuestros vecinos norcoreanos a todos esos asuntos.

 

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