9 febrero 201811:15

Discurso pronunciado por el Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, en la ceremonia de colocación de flores ante las placas memoriales, Moscú, 9 de febrero de 2018

200-09-02-2018

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Estimados colegas, amigos,

Celebramos tradicionalmente el Día del Diplomático con la ceremonia de colocación de flores. Rendimos tributo a nuestros amigos y colegas, todos los que ofrendaron su vida durante la Gran Guerra Patria, fallecieron cumpliendo su deber profesional o fueron víctimas de represiones políticas.

Colocamos ofrendas florales en homenaje a nuestros amigos no sólo en la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores en Moscú. Nuestros empleados y dirigentes del Ministerio visitan sus tumbas en las capitales de otros países. Los respectivos eventos se celebran también a nivel alto. Siempre prestaremos una atención especial a la conmemoración de los fallecidos.      

Este año se celebran muchos aniversarios y fechas conmemorativas. Acabamos de celebrar en Rusia el 75º aniversario de la victoria en la Batalla de Stalingrado que marcó el comienzo de un viraje radical en el curso de la Gran Guerra Patria (1941-1945) y la Segunda Guerra Mundial, en general. Este año, celebraremos también el 75º aniversario de otros dos acontecimientos muy importantes que tuvieron lugar en otoño de 1943. Me refiero a la Conferencia de los Ministros de Asuntos Exteriores de la URSS, EEUU y Gran Bretaña celebrada en Moscú y la reunión de los Tres Grandes (la Unión Soviética, Estados Unidos y el Reino Unido), la llamada Conferencia de Teherán, donde se abordaron y se concordaron los principios fundamentales de la organización internacional que posteriormente fue bautizada como la ONU.

La experiencia de mantener alianzas y la cooperación, la percepción de un enemigo y una amenaza común obligó a los países que hasta en aquella época estuvieron a los lados opuestos de la barrera ideológica, profesaron principios ideológicos distintos, a aunar los esfuerzos y lograr victoria en la historia mundial.

Estoy convencido de que esta experiencia tiene importancia también ahora. Es una lástima que se observe la tendencia a renunciar a la experiencia acumulada en los años de nuestra cooperación. La renuncia a los esfuerzos colectivos, la aspiración a promover una agenda sesgada y unilateral, resolver los problemas propios a costa de otros pueden conllevar unas consecuencias muy tristes y previsibles, similares a las que fueron resultado de la vergonzosa Confabulación de Múnich de hace 80 años.

Nunca vamos a eludir un diálogo honesto. Entendemos la necesidad de aunar los esfuerzos en la lucha contra el terrorismo y otras amenazas comunes para toda la humanidad. Vamos a profundizar nuestros contactos de asociación, de trabajo y vínculos amistosos con todos los países que compartan nuestra postura y consideren que la coexistencia pacífica, la promoción de un desarrollo más eficaz de sus Estados es más importante que algunos juegos geopolíticos. Siempre estaremos dispuestos para una interacción estrecha y honesta en pie de la igualdad, el respeto mutuo y el equilibrio de intereses.      

Quisiera volver a agradecerles su participación en la ceremonia en homenaje a nuestros amigos.

¡Les felicito con motivo del Día del Diplomático!

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