7 febrero 201820:29

Discurso pronunciado por el Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, ante los finalistas del concurso de gestores “Líderes de Rusia” sobre el tema “Líderazgo diplomático de Rusia en el mundo actual” y respuestas a preguntas, Sochi, 7 de febrero de 2018

189-07-02-2018

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Estimados amigos, colegas,

Ante todo, quisiera agradecer por la invitación a los organizadores del nuevo proyecto, concurso de gestores “Líderes de Rusia”. Francamente dicho, es un gran honor para mí, porque creo que es un proyecto de importancia nacional, sin pecar de exagerado.

Ahora que Rusia cumple tareas a gran escala en varias áreas, las ideas nuevas, originales y los proyectos innovadores en el ámbito de gestión tienen una importancia especial. Estoy seguro de que mis colegas ya han hablado mucho de esto aquí.

Al entender cómo se desarrolla la discusión, qué preguntas se hacen, creo que ustedes son capaces de realizar este trabajo. Como entiendo yo, aquí están los que pasaron con éxito serias pruebas del concurso. Esto pone de relieve que su adiestramiento profesional es de alto nivel.

Hablaré sobre la profesión del diplomático. Creo que es una de las carreras más interesantes, porque permite manifestar las cualidades de líder ya en un nivel bajo o medio. Las negociaciones hoy se llevan a cabo en muchas esferas y en las mismas participan los empleados del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia de varios rangos. Tales negociaciones ofrecen la posibilidad de autodefenirse, adquirir experiencia, aprender a resolver problemas muy importantes.

Ningunas tecnologías de información y comunicación, hasta las más avanzadas, son capaces de sustituir una comunicación personal cuando los diplomáticos sostienen negociaciones y consiguen que se resuelvan los problemas de garantizar la seguridad de su país y sus intereses en todas las áreas, fortalecer la seguridad internacional, buscar soluciones equilibradas con sus socios en varios ámbitos de la agenda global.

No quiero parecer indiscreto, pero, según se reconoce ampliamente en el mundo, la diplomacia rusa goza de gran respeto y es una de las que desempeña un papel protagónico en la arena internacional. Se logra hacerlo exclusivamente basándose en las gloriosas tradiciones multiseculares y la experiencia de nuestros predecesores.

Al responder a la pregunta  de cómo se puede lograr éxito en la diplomacia, pasar a ser un verdadero experto, la respuesta será simple, aunque incompleta. Es importante hacerlo a pleno rendimiento: estudiar constantemente, perfeccionarse, no satisfacerse con lo conseguido, ir al paso con el tiempo. Como ya he dicho, la vida internacional hoy se torna cada vez más multifacética. Por eso un diplomático debe tener mucha erudición, conocimientos profundos en varios ámbitos, incluidos (o en varios casos, ante todo) los que salen fuera del concepto de la “diplomacia tradicional”.

Cuando hace muchos siglos se formó la “diplomacia tradicional”, se ocupó, ante todo, de asuntos relativos a la guerra y la paz: el inicio y la finalización de guerras, los acuerdos en relación con los territorios ocupados y su división. Hoy en día, la diplomacia, naturalmente, presta mucha atención a los problemas de la guerra y la paz, pero ya no en el contexto de “conquistar nuevos territorios” y “concertar acuerdos” sino para garantizar la estabilidad política y militar (la llamada estabilidad estratégica). Además de estos asuntos, surgen cada vez más temas que siempre forman parte de la agenda de las negociaciones internacionales en el ámbito económico, ecológico, cultural, de altas tecnologías, sean tecnologías nucleares o de información y comunicación o el problema de destrucción de armas químicas a tenor de la Convención vigente. Durante muchos años, en la Unión Internacional de Telecomunicaciones se aborda el tema de gestión de Internet. Es muy amplia la gama de conocimientos que se requieren para conseguir éxito defendiendo los intereses de Rusia.

Una cualidad personal de importancia similar para cada diplomático es ser resistente a estrés. Hay que estar listo para trabajar intensamente, horas extra, soportar sobrecargas físicas y psicológicas, largas comisiones de servicio, en particular, a los países con un clima y una situación política y militar poco favorables. Esto supone la necesidad de saber adaptarse a un ambiente cultural ajeno, vivir lejos de la patria y, en varios casos, de la familia, cuando en los países donde trabajan los diplomáticos se libran guerras o conflictos internos.

Por ejemplo, nuestros colegas que trabajan en Irak y hasta hace poco trabajaron en Yemen, estuvieron allí sin sus familias. El trabajo en el extranjero supone la necesidad de estar lejos de sus amigos más allegados. En general, un diplomático está en servicio las 24 horas al día y los siete días a la semana. En cualquier momento, puede suceder algo en una parte del mundo a lo que un diplomático tendrá que reaccionar rápidamente y con profesionalismo, tras analizar cabal e inmediatamente la respectiva situación.

Lo más importante en nuestro trabajo es el patriotismo, porque se puede defender los intereses del país en el ámbito de política exterior sólo si un diplomático se apasiona por el destino de su Patria y se siente su parte inalienable.

Las altas exigencias a la profesión de diplomático se deben también a que la coyuntura mundial es bastante complicada. Se va formando la arquitectura mundial policéntrica, surgen nuevos centros de crecimiento económico, poder financiero y los respectivos centros de influencia política. Es un proceso objetivo que refleja la diversidad cultural y civilizatoria del mundo actual, el derecho natural de los pueblos a decidir su propio destino. Desgraciadamente, este proceso se enfrenta con una resistencia tenaz por parte de muchos nuestros socios occidentales, ante todo, EEUU, a los que no les gusta el hecho de que, pasados muchos siglos de su dominación mundial con determinadas matizaciones, no sean capaces de resolver a solas todos los problemas y dictar su voluntad a todos. El proceso de estructuración del mundo policéntrico no será rápido, aunque bien puede ser demasiado corto, desde el punto de vista histórico: se viene desarrollando y haciéndose realidad desde hace varias décadas. Claro está, también en adelante este proceso se enfrentará con la resistencia, con métodos ilegales, tales como el empleo de la fuerza en contravención a la Carta de la ONU, el fortalecimiento de la seguridad propia a costa de la de otros países. Todo esto conlleva una erosión del Derecho Internacional. Aplicamos esfuerzos para atenuar estas tendencias y conseguir mediante negociaciones el respeto hacia la supremacía del Derecho.

Las relaciones actuales entre Rusia y Occidente es un tema aparte. En la coyuntura actual, en el contexto que he mencionado, la época de predominio del “Occidente histórico”, como se llama, se sustituye por la época multipolar. Los éxitos de nuestro país en los “frentes” internos y externos les causan alergia a muchos de nuestros colegas europeos y a los que están allende el océano. El golpe de Estado perpetrado en Ucrania en febrero de 2014 fue una consecuencia y un paso nuevo en la política de disuasión de Rusia aplicada durante muchos años, poniendo de relieve las discrepancias profundas y fundamentales entre nosotros y la sociedad occidental en lo que se refiere al desarrollo de la comunicación interestatal. Deberían saber ustedes que, tras el fin de la Guerra Fría, Occidente declaró en público el inicio de una nueva época en que, como ganador de la Guerra Fría, debía gozar de supremacía. En la etapa inicial, después del colapso de la URSS, las autoridades de Rusia se hicieron ilusiones de que advino la era de prosperidad general y Rusia debía aceptar todos los valores liberales de la sociedad occidental.

En los ministerios clave del sector económico y financiero trabajaron especialistas extranjeros, ante todo, los occidentales. La política exterior se diseñó partiendo de la necesidad de “acoplarse” con Occidente en todos los aspectos principales de la vida internacional, olvidando a nuestros vecinos del Este y del Sur. Cuando, en 2000, al llegar al poder el Presidente Vladímir Putin, Rusia dejó de seguir todos los consejos de Occidente (con todas las excepciones que tuvieron lugar en los años 90, la meta principal fue la unión con Occidente), cuando Rusia hizo valer sus intereses nacionales, empezó a retornar a sus tradiciones, empezó a pronunciarse por un diálogo equitativo en vez de contentarse con la situación cuando Occidente, de hecho, creía que Rusia “estaba en su bolsillo”, comenzaron a surgir problemas.

¿Recuerdan el discurso pronunciado por Vladímir Putin en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2007, cuando el primer mandatario ruso esbozó, sin ánimos confrontacionistas, los problemas que no se debe solucionar mediante ultimátums, dictado o violación de todos los compromisos asumidos en el momento de decidir el futuro de Alemania y después de la desintegración de la URSS, sino a través de un diálogo equitativo? En aquella época, se declararon al nivel más alto los principios de una seguridad indivisible. Se declaró que ninguno de los miembros de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) fortalecería su seguridad a cuenta de la de otros, se dieron garantías de que la OTAN no se ampliaría hacia el Este. Los últimos documentos publicados por el Archivo Nacional de EEUU, confirman que tales aseveraciones sí que se hicieron. En aquel momento no se documentaron, no siempre se puede pronosticarlo todo, aunque en aquel período habría sido mucho más eficaz coger la palabra a nuestros colegas estadounidenses que creerles. Nuestro pueblo está acostumbrado a cerrar un trato con un apretón de manos esperando que cada uno cumpla lo acordado.

Hay que sacar lecciones de los errores del pasado. En vez de cumplir los compromisos asumidos (la seguridad indivisible, un trato igual a la seguridad de cada país), empezaron a expandir la OTAN hacia el Este, desplegar cerca de nuestras fronteras la infraestructura militar de la Alianza Atlántica. En 2008, en la cumbre de la OTAN celebrada en Bucarest, refrendaron tajantemente en la declaración final que Ucrania y Georgia ingresarían en la OTAN. Les advertimos que era un camino peligroso, que hacía ilusiones en las mentes calenturientas de las autoridades de estos países. Al menos, esto ocurrió en Georgia, cuando Mijaíl Saakashvili decidió que le estaba permitido todo y lanzó sus Fuerzas Armadas contra Osetia del Sur, contra el contingente de paz acantonado en esta república allí, contra los civiles. Las consecuencias son harto conocidas.

Por de pronto, la Unión Europea, siendo un organismo más adecuado, porque plantea los objetivos de bienestar de sus miembros en el ámbito económico y social, también emprendió los intentos de romper nuestras relaciones, las relaciones de Rusia con sus vecinos. Se inventó un programa bautizado como “Asociación Oriental”. Todos los planteamientos de este proyecto se formularon obedeciendo al principio de que Europa del Este debía decidir con quien quería cooperar: con Rusia o con la UE. Esto hasta se declaró en público. En 2004, durante las primeras manifestaciones de protesta en Ucrania, cuando la UE intentó reconciliar al Presidente en ejercicio de Ucrania y los opositores, el entonces Ministro de Asuntos Exteriores de Bélgica, Karel de Gucht, expresó oficialmente que Ucrania debe elegir con quién promover la cooperación: con Rusia o con la UE. Las consecuencias de esto las saben ustedes también.

Rusia apoyó a quienes se opusieron al golpe de Estado en Ucrania en 2014. El Occidente, sin titubear, dijo que ya no se podía invertir la marcha de los sucesos, a pesar de que los ministros de Exteriores de Alemania, Polonia y Francia actuaron como garantes del acuerdo roto por los opositores. Se anunció que todos debían someterse a los nuevos poderes establecidos en Kiev apoyándose en las bayonetas de los radicales y neonazis quienes en esta capital siguen campando por sus respetos y van imponiendo su orden. Apoyamos a quienes se negaron a reconocer los resultados del golpe anticonstitucional, a quienes pedían que les dejasen en paz para que viesen en qué desembocarían todos estos sucesos (es que no agredieron a nadie, fueron ellos los agredidos y precisamente a ellos les tildaron de terroristas), cuando les apoyamos en su deseo de ver garantizados sus derechos en el Estado ucraniano, apoyamos las aspiraciones de los crimeos quienes, a diferencia de Kosovo que proclamó su independencia a título unilateral, sin ninguna consulta pública, convocaron el referéndum (el porcentaje de los acudieron a las urnas y los resultados del mismo son harto conocidos) sobre la independencia y la posterior reunificación con Rusia en plena consonancia con la resolución del Tribunal Internacional que había visto el caso de Kosovo. Entonces, el Occidente se dio a la tarea de castigarnos, procurando forzarnos a reconocer que cometimos un error.

Estos intentos no cejan hasta hoy, más adelante hablaremos de ellos. Aunque cada vez más personas van tomando conciencia de los absurdos que son los intentos de castigar a Rusia, poner escollos a nuestro desarrollo económico y social.

Los métodos a que se recurre para lograr estos objetivos, son muy variados: las sanciones, el despliegue del sistema global de defensa antimisiles a lo largo de nuestras fronteras tanto en el Este como en el Oeste, las guerras de información, las acusaciones gratuitas de ciberataques poco menos que contra todo el Occidente y, por supuesto, la desacreditación de nuestros atletas olímpicos sin presentar hechos concretos algunos. Procede destacar que ahora el Occidente ha adoptado la costumbre de no presentar los hechos.

Voy a apartarme un poco del texto para citar este ejemplo. En una ocasión, a comienzos del año en curso, el Secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, poco después de haber asumido el cargo, manifestó que EEUU disponía de pruebas irrefutables que confirmaban la injerencia de Rusia en los comicios presidenciales. Durante nuestra próxima entrevista le pedí que me presentara estas pruebas. Tillerson contestó que estas pruebas fueron obtenidas por canales confidenciales y que estaba seguro de que nuestros servicios secretos sabían perfectamente de qué se trataba. Si alguien cree que en semejante situación se puede hablar seriamente, entonces no entiendo nada en la comunicación interestatal.

En este mismo tono tajante, sin presentar las pruebas, nos dicen que el Tribunal de Arbitraje Deportivo en Lausana ha justificado a los 32 deportistas y entrenadores nuestros, pero no es obligatorio guiarse por este veredicto, ya que el COI no está seguro de que los deportistas no hayan consumido dopaje. O sea, no hay pruebas, sino dudas, sospechas. Suena parecido a lo que decía en 1937 el Fiscal General de la URSS, Andréi Vyshinski: “La confesión es la reina de las pruebas”.

Ahora resulta que ni siquiera se necesita la confesión. La sospecha es la reina de las pruebas. No es muy correcto proceder así. De todas formas, procuramos enrumbar a nuestros colegas occidentales hacia unas relaciones más constructivas.

A mi modo de ver, no sólo en Rusia, sino también en el exterior se llega a comprender que los intentos de aislar a Rusia carecen de todo sentido, tampoco se logra amalgamar una amplia coalición antirrusa. Un determinado grupo de países nunca había conseguido ni conseguirá jamás complacer sus intereses egoístas a costa de nuestro país. Mantenemos un diálogo constructivo con la mayor parte de nuestros socios extranjeros en todos los continentes. Este diálogo se basa en el respeto recíproco de los intereses de cada cual, en el apego a la sucesiva democratización de la vida internacional.

A propósito, cuando nuestros colegas occidentales constantemente se injieren en la vida doméstica de unos u otros Estados, exigiendo que en cada país se respeten los derechos humanos, se garantice la supremacía de la ley y de la democracia, proponemos que estos mismos principios de supremacía de la ley y de la democratización se apliquen también en la vida internacional. Nuestros interlocutores occidentales rehúyen hablar sobre el particular. Porque democratizar la vida internacional significa dejar de imponer su voluntad a todos y proceder a negociar.

Nuestros colegas no están dispuestos a hacerlo en todas las cuestiones. Ello no obstante, constantemente invitamos al Occidente a dialogar. Estamos dispuestos a dialogar en pie de equidad y respeto de los intereses de cada cual. Percibimos el apoyo de nuestros ciudadanos en lo que se refiere a la labor de la diplomacia rusa. Es una gran ayuda a nuestro trabajo. La confianza de la sociedad es la más sólida garantía de que ningunas amenazas, chantaje, sanciones o presiones nos obligarán a renunciar a aquello que consideramos justo y correcto. Con tanta más razón que para nosotros la soberanía nacional no es un lujo, sino condición imprescindible de la existencia del Estado.

La historia secular, una situación geoestratégica única asegurada por nuestros antepasados, junto con las potencialidades militares, políticas, económicas y culturales de Rusia descartan  que sea un Estado periférico o, como pretendiera definirnos el anterior Presidente de EEUU, Barack Obama, una “potencia regional”.

A diferencia de algunos colegas nuestros, jamás hemos aprovechado ni aprovechamos nuestras ventajas naturales en perjuicio de otros. Fuimos unos de los autores de la arquitectura internacional de seguridad en el periodo de postguerra, nuestra actuación actual es responsable y predecible, tal como corresponde a un miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Nuestra actuación se apoya sobre el papel protagónico de la ONU, en los valores de la verdad y la justicia y promueve una agenda internacional que aglutine a los países y no los divida según el principio de “líder-guiado”.

Hoy por hoy, muchos países, cuando no la mayoría, afirman que ven en Rusia uno de los garantes clave de la estabilidad, valedora del Derecho Internacional, de los tradicionales ideales espirituales y morales.

Continuamos dedicando especial atención a la tarea de aglutinar a la comunidad mundial frente a la amenaza terrorista. Esta amenaza tiene unas proporciones descomunales. Nuestro país lo experimentó en su propia carne a mediados de los 90 del siglo pasado, cuando los trágicos acontecimientos se cobraron la vida de miles de nuestros ciudadanos. En la lucha contra este mal, también en adelantes obraremos decidida y consecuentemente. Cumpliendo la importantísima tarea de atajar la ideología terrorista, compartimos con nuestros socios las experiencias atesoradas por nuestra sociedad que históricamente existió en pie de los principios de coexistencia pacífica de las culturas, religiones y etnias.

Nos pronunciamos por formar un frente antiterrorista unido sobre la base de los intereses comunes, ejerciendo la ONU el papel coordinados, sin dobles raseros, observando estrictamente los principios fundamentales del Derecho Internacional, respetando la soberanía de las naciones y la identidad nacional de los pueblos. Una prueba del reconocimiento de nuestro aporte a la lucha antiterrorista ha sido el nombramiento del diplomático ruso Vladímir Voronkov como Secretario General Adjunto de la ONU, responsable por la labor de la Oficina de Lucha Contra el Terrorismo de la ONU.

Gracias al papel decisivo de las Fuerzas Armadas rusas se logró erradicar el nido del Estado Islámico situado en Siria. Estamos propiciando de manera activa la estabilización de la situación. Hace un año lanzamos junto con Turquía e Irán el Proceso de Astaná que permitió crear cuatro zonas de distensión. No en todas ellas se observa la tregua, se registran algunas recaídas, dado que quedan todavía terroristas pertenecientes al Frente al Nusra, no al Estado Islámico. Sin embargo, todos coinciden en que después de la creación de las zonas de distensión el nivel de la violencia ha bajado radicalmente.

En estos momentos estamos dando solución al problema de la ayuda humanitaria y de la promoción del proceso de las negociaciones políticas bajo la égida de la ONU. Intentamos ayudar e instar a dicho organismo a que actúe de una manera más activa. Un paso en esta dirección fue el Congreso nacional para el diálogo sirio celebrado el pasado 30 de enero en Sochi. Fue un evento apoyado por el Secretario General de la ONU, Antonio Gutteres, y por su enviado para Siria, Staffan de Mistura. Reconocen el Congreso como un factor que ayuda a la ONU a cumplir las decisiones sobre Siria adoptadas por el Consejo de Seguridad de la ONU.

Continuamos trabajando en la distensión en la Península de Corea. Promovemos junto con China la idea de la falta de alternativa al diálogo político. Tenemos elaborada una iniciativa común. Nos damos cuenta de cómo EEUU intenta apretar cada vez más las tuercas de las sanciones, amenazando con usar la fuerza. Espermos que dicho guión del desarrollo de la situación que, de acuerdo con los expertos, se llevará la vida de hasta un millón de personas, no se vuelva realidad y que Washington por lo menos consulte con los países afectados, en primer lugar, la RPCh y Japón. El uso de la fuerza en esta región de mundo equivaldría a una catástrofe.

He mencionado ya la situación en Ucrania. Nos pronunciamos por un cumplimiento incondicional de los acuerdos alcanzados. Uno de los problemas más acuciantes es la escasa gana de nuestros interlocutores de cumplir con sus obligaciones. Necesita que se le dedique más atención. Lo que tiene que observarse es el Conjunto de medidas para el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk elaborado para arreglar la crisis en el sudeste de Ucrania. El principal obstáculo es el “partido de guerra” que sucumbe ante la presión de las fuerzas radicales, incluidos los grupos neonazis que tan a gusto se sienten en el país, y busca evadir sus responsabilidades de entablar diálogo directo con Donetsk y Lugansk. Al mismo tiempo, no renuncian al uso de la fuerza para la solución de la crisis. Un asunto aparte es la reciente aprobación de la llamada Ley de reintegración de Donbás que admite, entre otras medidas, el uso de las Fuerzas Armadas ucranianas. Otro tema es el bloqueo económico y comercial completo de dichas zonas declarado en enero de 2017 que representa una burda violación del Conjunto de medidas aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU. Instamos a nuestros interlocutores occidentales, EEUU en primer lugar, que gozan de una gran influencia en Kiev, así como a Francia y a Alemania, en su calidad de coautores de los Acuerdos de Minsk, a que ejerzan esta influencia en las autoridades ucranianas, para lograr que cumplan con sus obligaciones.

Se encuentran entre nuestras indudables prioridades la ampliación de la integración euroasiática. Está cogiendo ritmo la Unión Económica Euroasiática, en la que Rusia ha asumido este año la presidencia. El organismo cuenta ya con varias decenas de socios interesados en crear con la UEE zonas de libre comercio o firmar acuerdos de cooperación.

Estamos reforzando la cooperación en el marco de la Unión de Rusia y Bielorrusia, la CEI y la OTSC que realmente propician la estabilidad en Eurasia, así como la lucha contra el terrorismo internacional, el narcotráfico y la migración ilegal. Interaccionamos en la arena internacional con los países miembros de la OTSC, homologando nuestras posturas en la ONU y la OSCE.

Para Rusia la región Asia-Pacífico tiene una importancia estratégica y prioritaria para todo el siglo XXI, tal como lo declaró el Presidente de Rusia, Vladimir Putin. En su calidad de un Estado de dicha zona, Rusia aprovechará las enormes potencialidades del desarrollo de la región en cuestión, desarrollando el Lejano Oriente y Siberia Oriental.

Las relaciones entre Rusia y China están atravesando en estos momentos su mejor etapa en toda la Historia. Nuestra línea política común se propone velar por el cumplimiento incondicional de las normas fundamentales del derecho internacional y de la Carta de la ONU, sea en Siria, en la Península de Corea o en cualquier otra parte, llegando a desempeñar un papel importante en los asuntos internacionales y regionales.

Estamos ampliando nuestra cooperación estratégica con la India y Vietnam, y los lazos integrales con la mayoría de los Estados de Asia, América Latina, Oriente Próximo y Medio.

Estamos trabajando en la puesta en práctica de la iniciativa promovida por el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, sobre la gran cooperación euroasiática que supone la participación en el proceso de los miembros de la CEEA, la OCS y la ASEAN. Los países de la UE son libres de unirse en el futuro a dicha iniciativa.

Me he fijado en que han concluido hoy las negociaciones sobre el acuerdo entre los partidos en Alemania. La Unión Demócrata Cristiana y el Partido Socialdemócrata acordaron los principios de coalición, entre los cuales se encuentran el deseo de propiciar la formación de un espacio económico común desde Lisboa hasta Vladivostok. Es una antigua iniciativa de Rusia. El hecho de haberse hecho público en Alemania dicha tesis precisamente ahora, en plena presión con sanciones, es, a mi modo de ver, importante y significativo.

En el marco de la integración euroasiática se están tomando medidas enérgicas para homologar las actividades de la Unión Económica Euroasiática con la Iniciativa china “Cinturón y Ruta de la Seda”. Ya se ha puesto en común el acuerdo sobre la cooperación económica entre la UEEA y la RPCh, se están poniendo en práctica los acuerdos de cooperación en las esferas del comercio, inversiones, servicios entre la UEEA y los países miembros de la ASEAN alcanzados en Sochi en mayo de 2016.

Rusia, la India y China representan un formato relativamente nuevo promovido por Evgueni Primakov que hasta hoy está dando unos resultados muy positivos. Se celebran reuniones a nivel de Ministros de Asuntos Exteriores y ministerios y organismos sectoriales. Los tres países en cuestión dieron vida a los BRICS.

La OCS está trabajando de manera activa, pasando a formar parte de ella en 2016 la India y Pakistán, lo que le concedió un carácter aún más eficaz. Me gustaría comentar nuestras labores en el marco de los G-20 formados en 2009-2010. Su formación en calidad de estructura que realiza sus labores en forma de Cumbres anuales demostró que a pesar de su desgana de no ceder su liderazgo a nivel mundial, los países occidentales se ven obliagodos a tener en cuenta las realidades de la formación de un mundo policéntrico, dado que los G-20 está formado por los G-7 y los países más importantes en vías del desarrollo, entre ellos, los BRICS. Los principales problemas que necesitan solución en la esfera de las finanzas y relaciones económicas internacionales, primero son “rodados” precisamente en dicho formato en base al consenso universal. Es un evidente reconocimiento de las realidades de un mundo policéntrico en formación.

Ya he mencionado nuestra disposición de vertebrar nuestras relaciones con Occidente, EEUU y la UE en base al principio de equilibrio de intereses y de respeto mutuo. No hay otro camino. El Presidente de Rusia, Vladimir Putin, señaló en más de una ocasión que estamos abiertos al diálogo constructivo con Washington. Por desgracia, no hemos percibido hasta el momento ningún paso significativo. El año pasado EEUU bajo pretextos completamente inventados adoptó una serie de medidas abiertamente antirrusas completando las adoptadas por la Administración de Barack Obama. No las voy a enumerar, todos ustedes siguen la situación y las conocen. No queremos agravar la confrontación ni tampoco estamos interesados en ello, dado que Rusia y EEUU, en su calidad de potencias nucleares, son responsables por mantener la estabilidad estratégica. Por supuesto, sigue siendo demandada la cooperación entre Moscú y Washington en el arreglo de agudas crisis regionales y en la lucha contra el terrorismo. Seguimos contando con ciertos canales de diálogo sobre los problemas de la estabilidad estratégica, el arreglo coreano, la situación en Siria y demás. De momento, por desgracia, nuestros interlocutores estadounidenses buscan demostrarnos que su postura en cualquier tema concreto es la única correcta y no hemos de buscar fórmulas de compromiso, sino adoptar sus posturas. Sin embargo, dejamos abiertos dichos canales y los usamos. Hay un cierto resultado positivo, lo que es confirmado por los acuerdos entre Rusia, EEUU y Jordania con relación a la zona de distensión situada al sudoeste de Siria, aunque queda todavía una serie de problemas que intentamos solucionar con la ayuda de los militares.

Estamos dispuestos a cooperar con la UE con la intensidad que les parezca conveniente a nuestros interlocutores europeos, entre los cuales se elevan cada vez más voces a favor de la normalización de las relaciones. He citado ya los acuerdos alcanzados en la formación de un Gobierno de coalición en Alemania. Cada vez mayor número de personas se da cuenta de que no será posible construir una Gran Europa, obviando a Rusia, no será posible ni desde el punto de vista de la seguridad ni desde el punto de vista de la economía. Correspondería con los intereses de Rusia que la UE reforzara su independencia en la arena internacional, lo que propiciaría una mayor transparencia y predictibilidad de nuestras relaciones.

A pesar de la complicada situación en la esfera de la seguridad, según he mencionado ya, continuaremos con el diálogo con EEUU sobre la estabilidad estratégica. Rusia ha concluido la realización de su parte de compromisos en la esfera de la destrucción de las armas químicas. A EEUU le toca hacer mucho todavía, para acabar de cumplir sus obligaciones. Estamos cumpliendo cabalmente nuestros compromisos derivados del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, dialogando con EEUU sobre algunos aspectos del cumplimiento de sus compromisos por la parte estadounidense. Nos gustaría mantener viable el Tratado sobre Misiles de Alcance Medio y Más Corto (INF). Estamos dispuestos no sólo a rechazar los intentos de EEUU de cuestionar nuestro cumplimiento honesto de dicho documento, sino a explicar las cosas y acordar la manera de mantener viable dicho documento, suponiendo que las pretensiones muy graves y concretas que fueron formuladas en público contra la parte estadounidense también serán consideradas por Washington. De modo que el diálogo se seguirá manteniendo.

Por supuesto, insistiremos en que todas las partes cumplan rigurosamente el Plan de Acción Integral Conjunto para el arreglo de la situación en torno al programa nuclear iraní. Una actitud negligente hacia dicho documento conllevaría consecuencias nefastas y escasamente predecibles para todo el sistema de la no proliferación de armas de destrucción masiva.

Entre otros temas me gustaría señalar la importancia de la lucha contra los intentos de glorificar a los nazis, así como contra el nacionalismo, racismo y xenofobia. Promovemos todos los años el proyecto de la pertinente Resolución de la Asamblea General de la ONU que es aprobada cada vez por mayor número de países. En la última Asamblea su número ascendió a 140 países. Únicamente 2 países, EEUU y Ucrania, votaron en contra, mientras que los países miembros de la UE por alguna razón inexplicable se abstuvieron alegando la necesidad de respetar la libertad de la expresión. Al mismo tiempo, la libertad de la expresión no puede aplicarse a las actividades prohibidas por los Juicios de Núremberg.

Otra prioridad estratégica de nuestro país es la lucha contra los delitos informáticos. Estamos promoviendo dicho tema en la ONU, donde se están aprobando Resoluciones sobre la seguridad informática internacional. Se ha creado ya el segundo grupo de expertos encargados de trabajar con el problema en cuestión. Hace bastante tiempo formulamos la necesidad de aprobar un Convenio universal sobre la cooperación en la esfera de la lucha contra el crimen cibernético, incluidas las actividades de los piratas informáticos. EEUU que le incrimina a Rusia precisamente este tipo de actividades delictivas, contra el cual proponemos luchar de manera conjunta, evitan conversaciones concretas sobre el tema. Sin embargo, no perdemos la esperanza. Estamos dispuestos a considerar en todo momento y de manera detallada y no declarativa las tareas prioritarias en dicha esfera: lucha contra el crimen cibernético y contra el uso del espacio informativo con fines delictivos, incluido el terrorismo, la pedofilia, el tráfico de personas y demás.

Fomentamos el frente internacional en defensa de los cristianos, los adeptos de otras religiones que hoy sufren, sobre todo, en Oriente Próximo, en el Norte de África. A estos fines promovemos un diálogo respetuoso, intercivilizatorio e interconfesional. Lo hacemos junto con la Iglesia Ortodoxa Rusa, otras confesiones tradicionales de Rusia, en cooperación con el Vaticano, los países como Bielorrusia, Armenia, Líbano. Cada año, en Ginebra el Consejo de la ONU convoca conferencias especializadas en la defensa de los cristianos y los adeptos de otras religiones en Oriente Próximo.

Priorizamos la protección de los derechos e intereses de nuestros compatriotas, la ampliación de los intercambios culturales, el apoyo de la comunidad rusa empresarial en los mercados mundiales, especialmente en el contexto de una competencia que, muchas veces, se convierte en desleal.

Naturalmente, contrarrestamos la viciosa e ilegítima práctica de algunos Estados que organizaron persecuciones de los medios de información masiva rusos intentando expulsarlos de su espacio mediático. Presentamos las iniciativas correspondientes al Comité especializado de la ONU, la OSCE, el Consejo de Europa.

Desde luego, desarrollamos lo que se denomina cooperación interregional, cuando las regiones colindantes de dos o más países realizan proyectos conjuntos, pragmáticos, no politizados y, de este modo, hacen su aporte a la amplia gama de las relaciones entre Rusia y los países extranjeros ayudando a crear un ambiente de confianza y comprensión mutua.

Continuaremos implementando la línea definida por el Presidente de Rusia, Vladímir Putin, en la Concepción de la Política Exterior de la Federación de Rusia aprobada en noviembre de 2016. Les aseguro que las dificultades que afronta el país, en general, y la diplomacia, en particular, representan un estímulo para trabajar con más creatividad. Esto lo afirman también nuestro Presidente y el Jefe del Gobierno. Son nuestros referentes cuando solucionamos cuestiones que se plantean ante la diplomacia rusa. Nuestros ciudadanos no deben dudar de que en cualesquiera circunstancias que se den, los intereses, la seguridad, la soberanía de nuestro país estarán a salvo.

Pregunta: Usted ha hablado sobre nuestras relaciones con EEUU. Da la sensación de que Rusia ha llegado a asociarse en EEUU con la imagen del enemigo pero que también EEUU, a través de los medios, lo asociamos con la misma imagen. ¿Qué proyectos positivos, excepto la lucha común contra el terrorismo e intentos de arreglar la situación en Siria, podrían acercarnos? ¿Hay algo que contribuya a ello?

Respuesta: Estoy completamente de acuerdo en que muchos están pensando en ello y que es necesario pensar en ello. Uno de estos días, leí en el diario Moskovski Komsomolets el artículo de un periodista muy respetado por mí, Mijaíl Rostovski, quien expuso una visión similar sobre nuestras relaciones con EEUU. Señaló que, en el contexto de semejantes presiones sobre Rusia, debemos preservar nuestro orgullo y dignidad, luchar por nuestra verdad. A la vez añadió que, dado el papel tan enorme que desempeñan las relaciones ruso-estadounidenses no sólo para estos dos países sino para el mundo en general, habría que dar pasos constructivos. No lo hemos divulgado todo pero no es ningún secreto. Desde que la nueva Administración estadounidense empezó a trabajar, propusimos toda una serie de pasos que permitirían ir restableciendo la confianza sin hacernos ilusiones de que esto podría hacerse de una sentada. En abril pasado, entregué al secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, la lista de cuestiones que propusimos valorar y, en función de ello, empezar a intercambiar opiniones sobre las que se incluirían en la agenda bilateral. Hay muchas cuestiones muy complicadas, como el secuestro de nuestros ciudadanos en el extranjero por sospecha de cíberdelitos; la no aplicación del acuerdo ruso-estadounidense sobre la prestación de ayuda recíproca en los casos penales al que se debe recurrir de haber sospechas de actividades delictivas perpetradas por nuestros ciudadanos (tenemos que recibir la información y celebrar consultas); el problema de adopción cuando niños rusos fallecen en las familias adoptivas mientras los tribunales absuelven a los padres expresamente involucrados en las actividades malévolas y delictivas; nuestra propiedad que fue, de hecho, expropiada y muchas otras cuestiones. Entregamos la lista sin ninguna intención de politizar o ideologizar. Propusimos sentarnos para discutir las cuestiones con tranquilidad. Se celebraron formalmente un par de reuniones sin resultado alguno. La parte estadounidense no puede ni quiere por ahora aprobar ningún acuerdo sustancial. De ahí que la lista siga allí donde estaba.

Un par de meses más tarde, cuando en julio se reunieron el Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, y el Presidente de EEUU, Donald Trump, propusimos, en caso de tener la parte estadounidense ciertas sospechas de la participación de Rusia en algunas actividades delictivas, incluida la intervención en las elecciones en EEUU, recrear el grupo de trabajo para la cíberseguridad instituido en 2013 pero que nunca se ha reunido porque la administración de Barack Obama, a pesar de aprobar el relativo acuerdo, no estaba interesada en colaborar con nosotros sobre el tema. Nos pareció que en Hamburgo la parte estadounidense, en cambio, respaldó esta idea. Sin embargo, cuando se divulgó, el Congreso de EEUU criticó la Casa Blanca por querer cooperar con Rusia en un ámbito en el que supuestamente intervenimos en los asuntos estadounidenses.

También recordamos que en 1933, el Presidente de EEUU, Franklin Roosevelt, y el Comisario del Pueblo para Asuntos Exteriores de la Unión Soviética, Maxim Litvínov, al establecer las relaciones diplomáticas, intercambiaron cartas, a instancias de la parte estadounidense. En las cartas cada una de las partes, en expresiones idénticas, asumía el compromiso de no intervenir en los asuntos internos de cada cual, no incentivar ningún movimiento que, por tener algún tipo de afinidad hacia la otra parte, podría convertirse en valedor de sus intereses en el territorio ajeno, y mucho más. De hecho, lo que nos incriminan ahora fue calificado de inadmisible, por escrito, en las relaciones entre Rusia y EEUU. Propusimos entonces, en caso de haber semejantes sospechas, repetir, para empezar, lo hecho en 1933, es decir, intercambiar, en alguna forma, los compromisos. Nos contestaron que les parecía bien porque nosotros interveníamos en sus asuntos internos.

Por lo tanto, tal vez se nos pueda reprochar por no ser muy creativos pero nuestros intentos de impulsar un diálogo despolitizado, de momento, no llevan a ningún lado. Al mismo tiempo, como ya he dicho, mantenemos el diálogo sobre la estabilidad estratégica, aunque hay cuestiones que requieren una consideración profesional, son ningún tipo de politización. No siempre se logra hacerlo, pero estamos dispuestos.

Mantenemos el diálogo sobre la Península de Corea, sobre Siria, aunque, repito, los interlocutores estadounidenses parten de que este diálogo debe reducirse a que aprobemos todas sus propuestas. Aún así, no cerraremos la puerta, «la esperanza es la última que muere», especialmente dado que tenemos sólidos argumentos para justificar nuestra postura.

Pregunta: Los ciudadanos europeos de a pie creen que los esfuerzos de EEUU por dividir Europa y Rusia son nocivos también para los países europeos. La postura oficial de los políticos europeos sobre la cuestión es bien conocida. Me gustaría conocer la postura extraoficial. Se dan cuenta de que esto es beneficioso, sobre todo, a EEUU pero no a Europa? ¿Tal vez, se lo confiesen cuando no están ante las cámaras de televisión?

Respuesta: ¿Cómo quiere que lo diga cuando estoy ante las cámaras de televisión? En mi discurso introductorio he dicho que nos gustaría mucho ver en el escenario internacional a una Europa independiente. Europa no está de acuerdo con mucho de lo que EEUU hace respecto a Rusia, esto se dice públicamente. En particular, en lo que se refiere a las sanciones cuando los europeos insisten en que cualquier paso de los estadounidenses se discuta y se acuerde con ellos y que no perjudique económicamente las empresas europeas, o respecto a problemas tan agudos como el programa nuclear iraní, que amenazan con desembocar en situaciones críticas. Europa no está para nada encantada con las exigencias de EEUU de modificar sustancialmente este programa, lo que cancelaría todos los compromisos alcanzados durante las negociaciones. De lo contrario, EEUU abandonaría el acuerdo. Reitero que esto acarreará unas consecuencias imprevisibles.

Los europeos que participaron en el grupo 5+1 que negoció el acuerdo con Teherán - Gran Bretaña, Francia y Alemania -, aceptaron participar en el grupo de trabajo conjunto con EEUU al que no invitaron ni a nosotros, ni a los chinos a pesar de que también habíamos participado en esta labor. Este grupo de trabajo, según anunció Washington, se dedica a modificar el acuerdo para adaptarlo a los requisitos de EEUU. Irán no lo aceptará, los chinos y nosotros también creemos que será contraproducente, ya que el equilibrio alcanzado dentro del Plan de Acción Integral Conjunto es muy frágil. Fue refrendado mediante una resolución unánime del Consejo de Seguridad de la ONU y, de hecho, tiene el vigor de una ley internacional. Es extremadamente peligroso alterar sus componentes. Los europeos se dan cuenta de que necesitan proteger de alguna manera sus intereses, ya que EEUU no siempre los toma en consideración. Pero, al mismo tiempo, el denominado vínculo transatlántico funciona cuando Europa quiere hallar compromisos con EEUU. No estamos en contra. Lo importante es que estos compromisos no se paguen por los demás ni con los acuerdos tan relevantes como el del programa nuclear iraní.

Pregunta: Entiendo que la diplomacia es un partido de ajedrez en que cada uno defiende sus propios intereses. ¿Qué es lo que permite en nuestros tiempos tan públicos, cuando las tecnologías difunden la información en un cerrar y abrir los ojos, hacer afirmaciones infundadas y no presentar pruebas? ¿En qué confían las autoridades de EEUU y por qué esto no socava su reputación dentro del país?

Respuesta: Me resulta difícil contestar a esta pregunta. Ya he contado cómo nos responden cuando pedimos que se presenten «las pruebas irrefutables de nuestra injerencia en los asuntos internos de EEUU», según expresó Rex Tillerson. También he dicho que en semejantes casos pedimos que se nos presenten pruebas concretas, sea en el caso de dopaje o en cualquier otro. Por ejemplo, recientemente, según comunican varias organizaciones no gubernamentales, se registraron varios episodios de un supuesto empleo de armas químicas en Siria. Sin ningún tipo de investigación previa, EEUU declaró culpables al Presidente sirio, Bashar Asad, y a Rusia, ya que somos responsables por el Gobierno sirio (lo llaman el régimen sirio). En seguida la representante permanente de EEUU en el Consejo de Seguridad de la ONU, Nikki Haley, prorrumpió en tajantes invectivas respecto a Rusia. Propusimos encargar la investigación a los organismos especializados haciendo una visita al lugar de los hechos. Nos respondieron que disponen de unos datos fidedignos,  aunque no pueden revelar la fuente de los mismos, ya que en seguida será perseguida por el régimen oficial de Damasco. Nada más que decir.

Desde luego, en semejantes condiciones cuesta muchísimo mantener un diálogo  sensato, pero la mayoría de los países comprenden nuestra postura y no se dejan llevar por las acusaciones gratuitas de EEUU, sea sobre Siria, Irán o lo que sea. Irán es acusado de terrorismo. De las organizaciones terroristas calificadas como tales por la legislación de EEUU, tan sólo una de las 15 puede asociarse de alguna manera a Irán. Las demás, no. Y todos declaran a Irán su enemigo. Nuestro intento de hablar sobre el tema con los estadounidenses y comprender su lógica topa con la falta de entusiasmo por su parte. En todo caso, hay que hablar de estas cosas, también en el contexto de Siria, donde, por lo visto, los estadounidenses pusieron proa hacia la división del país. Simplemente, renunciaron a sus aseveraciones de que su único objetivo en Siria (donde estaban sin la invitación del gobierno legítimo) fue derrotar el EI y el terrorismo. Ahora afirman que mantendrán su presencia hasta convencerse de que en Siria ha empezado un proceso estable del arreglo político que conduciría al cambio del régimen. Usted comprenderá de qué se trata. El coqueteo de EEUU con diferentes segmentos de la sociedad siria que se oponen al gobierno, también con armas en la mano, conduce a unos resultados muy peligrosos. Existen planes de división de Siria, lo sabemos y vamos a hablar con nuestros colegas estadounidenses a ver cómo se lo imaginan.

Pregunta: Nuestro país siempre resulta engañado por todos, los estadounidenses, la ONU el COI. ¿Qué se debe que hacer para poner fin a esto?

Respuesta: Lo que no vamos a hacer es la guerra. Después de esta reunión me reúno con tres finalistas que me pidieron ser su tutor. Hemos seleccionado a tres de los que lo solicitaron. Una mujer joven de estos tres propuso el lema que describe la postura de Rusia en los asuntos internacionales. Suena muy simple: «La fuerza de Rusia está en la verdad». ¿Se acuerda del proverbio ruso? «El Dios no está en la fuerza sino en la verdad».

Gracias por su atención e interés.

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