28 diciembre 201716:08

Entrevista concedida por el Ministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Serguéi Lavrov, a la agencia de noticias Interfax, 28 de diciembre de 2017

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Pregunta: ¿Qué tareas han sido las principales para la diplomacia rusa en el año saliente? ¿Qué retos en política exterior tendrá que afrontar en 2018? ¿Advendrá la paz a Siria?

Respuesta: El 2017 ha sido un año tenso. La situación internacional no ha pasado a ser más fácil. Las principales tareas para nuestra diplomacia han sido la defensa de los intereses nacionales, de la seguridad y la soberanía de Rusia, la neutralización de las amenazas, las respuestas adecuadas a los retos externos en aras de un sostenido desarrollo interno. Y tales retos no son pocos, desde el conflicto fratricida en la vecina Ucrania que tiene una manifiesta proyección a Rusia debido a unos especiales vínculos étnicos e históricos entre nuestros países hasta un peligroso crecimiento de la tirantez en nuestras fronteras en el Oriente Lejano: en la Península de Corea. Las fuerzas irresponsables de Occidente caldean la conflictividad, empeñadas en lograr la contención sistémica de Rusia y de otros centros independientes de influencia mundial. La radicalización de la política aplicada por varios países occidentales, su desconexión de una base pragmática, aumentan las presiones sobre el Derecho Internacional, amenazan con hundir en el caos las relaciones interestatales.

En esta tesitura nada fácil el MAE ha funcionado con dinamismo. Nuestros diplomáticos están acostumbrados a interpretar las dificultades con estímulo de su labor creativa. Y, desde luego, el consenso nacional en apoyo a una política exterior de principios, honesta e independiente aplicada por el Presidente de Rusia ayuda seriamente a nuestro trabajo. Estamos promoviendo, también en calidad de miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, una agenda internacional positiva, equilibrada y proyectada al futuro para superar los problemas comunes de toda la Humanidad.

Una de las prioridades clave ha sido la cooperación a superar el duradero conflicto en Siria. Junto con Irán y Turquía hemos puesto en marcha el proceso de Astaná que ha demostrado su eficacia: se ha logrado establecer y afianzar el régimen de alto el fuego entre las fuerzas gubernamentales y la oposición armada, lo cual ha permitido centrarse en la derrota del EI. Funcionan con éxito cuatro zonas de distensión. Ha comenzado el proceso de retorno de los refugiados, de la reconstrucción de la infraestructura destruida. De este modo, gracias en buena medida a los esfuerzos de Rusia, se han sentado las premisas indispensables para implementar un arreglo político real a tono con la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de la ONU.

Igual que antes, hemos prestado una atención especial a fomentar los procesos integracionistas en el marco de la Unión Económica Euroasiática, a incrementar de la interacción dentro de la OTSC, a impulsar la cooperación dentro de la CEI en la que Rusia ha ejercido la presidencia rotatoria. Hemos proseguido una intensa labora con vistas a poner en práctica la iniciativa de Vladímir Putin encaminada a formar una Gran Asociación Euroasiática, también mediante la conjugación de las capacidades de la integración europea y la Iniciativa china del Cinturón y Ruta de la Seda.

Ha avanzado notablemente y se ha enriquecido con un nuevo contenido la más amplia asociación y la interacción estratégica con China, nuestro gran vecino. Uno de los derroteros más prioritarios seguía siendo el fomento de una asociación estratégica especialmente privilegiada con la India. Se han normalizado las relaciones con Turquía. Ha venido mejorando sostenidamente la calidad de los vínculos con la mayoría de los Estados de la zona Asia–Pacífico, América Latina, África. Hemos mantenido una enérgica interacción con nuestros socios en el marco de asociaciones multilaterales de nuevo tipo, tales como el G20, la OCSh, BRICS, donde no hay “maestros ni alumnos”, y el diálogo se mantiene en pie de igualdad de derechos.

El año entrante, el foco de nuestra mayor atención se mantendrá en una lucha sin cuartel contra el terrorismo internacional, en línea con la conocida iniciativa de Vladímir Putin para crear una amplia coalición antiterrorista abanderada por Naciones Unidas. Al igual que lo venimos haciendo, tenemos la intención de colaborar por todos los medios para lograr la distensión en torno a la península de Corea e impedir que se produzca allí un enfrentamiento armado.

Haremos lo máximo para que se recupere lo antes posible la paz y la estabilidad en Siria. Al mismo tiempo, es obvio que el avance de la solución política de la crisis en Siria depende en primer término de los propios sirios, mientras que el objetivo de los actores externos consiste en contribuir a alcanzar el consenso nacional. A este respecto, tenemos previsto continuar una enérgica labor tanto con el Gobierno como la oposición animándoles a llegar a un acuerdo y detener la confrontación. En estos momentos, en estrecho contacto con los socios del formato de Astaná, estamos trabajando en los detalles de la convocatoria del Congreso para el Diálogo Nacional Sirio en Sochi concebido para apoyar las negociaciones sirias de Ginebra bajo los auspicios de la ONU.

Seguiremos contribuyendo a la resolución por vía política y diplomática de otras crisis y conflictos que desafortunadamente desbordan el mundo. Promoveremos los valores universales como la justicia, la honestidad, una cooperación amplia e igualitaria y un desarrollo constructivo y sin conflictos. Colaboraremos para fortalecer los principios multilaterales en los asuntos internacionales en aras de una arquitectura del orden mundial más justa y democrática, que se sustente en la Carta de la ONU, refleje y respete la diversidad cultural y civilizatorio de los pueblos.

Nuestras actitudes responsables y equilibradas reciben un apoyo de lo más amplio.  De esta forma, podemos decir con toda seguridad que Rusia ha recuperado el rol histórico y necesario de garante de la estabilidad global.

Pregunta: Estados Unidos afirma que no piensa marcharse de Siria. ¿Está dispuesta Rusia a "convivir" con los norteamericanos en Siria y buscar una cooperación exitosa con ellos para infligir la derrota definitiva a los terroristas y mantener la paz y la seguridad en ese país durante el período posguerra?

Respuesta: Hemos reiterado más de una vez y a distintos niveles que si el objetivo de EEUU en Siria es, tal como lo afirma, combatir el terrorismo, tenemos posibilidades reales de cooperar con ellos en este campo.

Los presidentes Vladímir Putin y Donald Trump aprobaron el 11 de noviembre en los márgenes de la cumbre de la APEC en Da Nang una declaración conjunta en la que se plasmó la apuesta por continuar colaborando sobre Siria. Además, el 8 de noviembre Rusia, Estados Unidos y Jordania firmaron el Memorándum trilateral sobre principios de la distensión en el sur de Siria destinado a consolidar el éxito de la iniciativa de alto el fuego en esa región. La zona de distensión que de facto funciona allí desde el verano pasado ha demostrado plenamente su eficacia. 

Partimos de que EEUU debe abandonar el suelo sirio en cuanto allí sean aniquilados por completo los restos de la actividad terrorista, y queda ya muy poco para conseguirlo. Cabe recordar que el Consejo de Seguridad de la ONU no ha autorizado la actividad de Estados Unidos ni de la coalición que lidera en Siria. El Gobierno legítimo sirio tampoco los ha invitado a su país.

En este sentido, nos sorprenden las declaraciones del jefe del Pentágono, James Mattis, de que las unidades del Ejército estadounidense tienen la intención de permanecer en Siria "hasta que haya progreso en la solución política". Es como si Washington se adjudicara el derecho de determinar el grado de ese progreso y quisiera controlar parte del territorio sirio mientras no consiga el resultado que busca. Las cosas no se hacen así. De conformidad con la resolución 2.254 del Consejo de Seguridad de la ONU cuya aprobación EEUU defendió, la decisión sobre el futuro modelo de Estado de Siria corresponde únicamente al pueblo sirio. Es la idea por la que seguiremos rigiéndonos en nuestros contactos con Estados Unidos.

Pregunta: ¿Ha cumplido el presidente de EEUU, Donald Trump, las expectativas de Rusia respecto a las relaciones bilaterales o la ha decepcionado? ¿Cómo va a afectar a las relaciones ruso-estadounidenses la entrada en vigor prevista para principios del año próximo de las nuevas sanciones de EEUU contra el sector de la energía y la industria de defensa de Rusia, así como la publicación de ciertas listas de la élite rusa?

Respuesta: Por lo general, las decepciones surgen si las expectativas son elevadas, cosa que no teníamos con respecto a las relaciones ruso-estadounidenses.  

A la hora de desarrollar el diálogo con Washington –indistintamente del Gobierno que tenga–, nos servimos de enfoques pragmáticos y valoraciones realistas sin hacernos ilusiones. Nosotros éramos conscientes desde el primer momento de que sería extremadamente difícil superar el gravísimo legado que dejó  la Administración de Barack Obama en el ámbito de las relaciones bilaterales.

Seguimos dispuestos a recorrer nuestra parte del camino para sanarlas. Recordamos con regularidad a los colegas estadounidenses que desarrollar con normalidad el diálogo entre nuestros países y cooperar de forma eficiente en los asuntos internacionales es posible sólo si nos basamos en el principio de respeto y consideración de los intereses nacionales de la otra parte.

Los cambios para mejor no se logran por el momento debido a la histeria rusófoba de la que es presa la élite política de Washington y que ha adquirido una naturaleza paranoide sin exagerar. Esto es precisamente lo que impide avanzar en los ámbitos importantes para ambos países y provoca más tensiones a nivel internacional. EEUU emprende medidas inamistosas contra nuestro país. La implementación de la Ley para Contrarrestar a los Adversarios de Estados Unidos mediante Sanciones repercutirá inevitablemente en las relaciones. Al mismo tiempo, en Washington parecen sobrestimar sus capacidades, puesto que la economía rusa no sólo se ha adaptado, sino que ha recuperado la trayectoria de crecimiento y empieza a tener una nueva calidad.

Ante cualquier acción hostil contra Rusia o sus ciudadanos, hemos respondido y responderemos –de la forma óptima para nosotros–. Al propio tiempo, contamos con que en Washington con el paso del tiempo se den cuenta de lo inútil que es presionar a nuestro país. Lo cierto es que cuanto antes algunos políticos estadounidenses abandonen la ilusión de   que se puede amedrentar a Rusia con restricciones o demostraciones del poderío militar, mejor será para todos, incluidos ellos mismos, ya que esto no sólo tendría un efecto positivo para el clima de las relaciones ruso-estadounidenses, sino que también permitiría resolver con más eficacia problemas globales y regionales acuciantes a los que se enfrenta el conjunto de la comunidad internacional.

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