30 septiembre 201712:05

Comentario de Departamento de Información y Prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia con motivo del aniversario del Pacto de Múnich

30-09-2017

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El 30 de septiembre es una de las fechas más trágicas en la historia mundial. Aquel día de 1938, en Múnich el primer ministro de Gran Bretaña, Neville Chamberlain, y su homólogo francés, Edouard Daladier, firmaron con Adolf Hitler y Benito Mussolini un acuerdo, más conocido como el Pacto de Múnich, sobre la transferencia a Alemania de la región checa de los Sudetes. Cuando se firmaba el documento los representantes de Checoslovaquia estuvieron en la sala formalmente, sólo para suscribirlo bajo presión. Polonia y Hungría participaron también en la división arbitraria de Checoslovaquia.

La historia valora el Pacto de Múnich como la capitulación real de los países de Europa occidental ante el nazismo que cobraba fuerza. Al renunciar a contrarrestar junto con la URSS al nacionalsocialismo alemán, los líderes de los mayores países de Europa Occidental eligieron la política de apaciguamiento del agresor pensando que de ese modo podrían desviar la amenaza y dirigir la máquina de guerra alemana hacia el Este. Aquel día, el 30 de septiembre de 1938, el primer ministro de Gran Bretaña, Neville Chamberlain, firmó con Adolf Hitler un pacto de no agresión y, pasados tres meses, el 6 de diciembre, Francia firmó un acuerdo similar con Alemania.

De hecho, fue el Pacto de Múnich que permitió a Adolf Hitler a desatar la Segunda Guerra Mundial - la catástrofe global que hizo sufrir a toda la humanidad, especialmente a los pueblos de la antigua URSS que pagó con casi 30 millones de vidas de sus ciudadanos por la victoria sobre la “peste parda”.

Se necesitaron esfuerzos enormes de todas las fuerzas progresivas de la humanidad y la formación de los Aliados para oponer resistencia al agresor, derrotar a Hitler y liberar a Europa. Los Juicios de Núremberg declararon fuera de la ley a la ideología misantrópica y el nazismo.

Consideramos que los acontecimientos del 30 de septiembre de 1938 deben servir de aviso eterno sobre las consecuencias posibles de las manipulaciones políticas con la opinión pública, coqueteos con el nazismo y la complacencia infantil con el neonazismo que sigue regenerándose en el espacio europeo adquiriendo nuevas formas.

 

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