29 septiembre 201713:43

Comentario del viceministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Oleg Siromólotov, en relación con la iniciativa franco-británica contra la propaganda del terrorismo en la red Internet

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Por su prestigioso nivel ministerial, las actividades de septiembre de la Asamblea General de la ONU en Nueva York sirven como la principal plataforma para presentar unas u otras iniciativas internacionales. En este sentido, para nosotros no fueron una sorpresa en absoluto el lugar y el momento elegidos para dar a conocer la «propuesta franco-británica» de intensificar la lucha contra la propaganda terrorista en internet. Se hizo al estilo de las mejores campañas de promoción. Aunque nuestros socios llevaban madurando esta idea supuestamente «sensacional» desde hacía bastante tiempo. En particular, le dio publicidad activamente ya entonces presentándola como algo extraordinario a primera ministra del Reino Unido, Theresa May, durante la cumbre del Grupo de los Siete en Taormina en mayo pasado. Medidas similares se promueven también a través de la Unión Europea.

Pero el caso es que todo eso la necesidad de una lucha colectiva y enérgica contra el uso terrorista del espacio mediático, internet y las redes sociales nosotros, Rusia, lo estamos planteando desde hace mucho, desde hace años, y sólo ahora ha habido una reacción, aunque ésta aparentemente no tenga relación con nuestras propuestas e iniciativas.

Hay que reconocer que de por sí este «giro de 180 grados» en la retórica de las potencias occidentales no puede dejar de ser un motivo de alegría para nosotros, ya que tal vez alguien en Occidente, en sus gobiernos, se haya dado cuenta por fin de las cosas que parecen bastante evidentes y que, reitero, Rusia y varios países más llevaban años repitiendo. Lamentablemente, da la impresión de que esta impactante toma de conciencia llega sólo después de una nueva cadena, nueva oleada de atentados en ciudades europeas. En cualquier caso, puede que más valga tarde que nunca.

Pedíamos desde hacía tiempo que la comunidad internacional prestara atención a uno de los «propulsores» claves del actual auge explosivo del terrorismo y el extremismo en el mundo, que desde siempre ha radicado en la incapacidad de los países de formar un frente común y único para contrarrestar la difusión masiva de la ideología y la propaganda terrorista. A causa de esta desunión y la supuesta indecisión de la comunidad internacional pero en realidad debido a la falta de voluntad política de algunos, la «internacional terrorista» ha logrado en los últimos años resultados impresionantes en el uso de los medios técnicos y las comunicaciones más avanzados para sus fines criminales mediáticos, propagandísticos, movilizacionales.

Recordaré que hace un año el ministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Serguéi Lavrov, hizo desde la tribuna de la Asamblea General de la ONU un importantísimo llamamiento a causar la derrota del terrorismo no sólo por vía militar, sino también librando una batalla «por las mentes y los corazones» de la gente. A continuación, en octubre de 2016 la Federación de Rusia presentó ante el Consejo de Seguridad de la ONU el proyecto de resolución correspondiente sobre la lucha contra la ideología terrorista. En aquel momento las medidas eficaces que proponíamos y que fueron aprobadas a nivel nacional, en particular para impedir la incitación al terrorismo y prevenir su apología pública, bloquaer y eliminar contenidos terroristas en internet, fueron rechazadas, de plano y prácticamente sin debatir, por los Estados occidentales bajo el pretexto de la protección de la «libertad de expresión» realzada entonces como valor absoluto.

Cabe destacar que esta actitud de «oídos sordos» coincidió sospechosamente con la repugnante campaña de calumnias lanzada en el espacio mediático occidental para desprestigiar la actuación de la Fuerza Aeroespacial de Rusia en Siria, llegando incluso a justificar acciones terroristas «contra los rusos». Seguimos sosteniendo que semejantes manipulaciones cínicas de Estados extranjeros han jugado y juegan a favor de los terroristas, favoreciendo la radicalización de la opinión pública e instigando, directa y peligrosamente, a la realización de atentados terroristas. Es bueno que por fin nuestros socios voy a decirlo con cierto grado de optimismo, empiecen a tomar conciencia de ese límite más allá del cual, sin lugar a dudas, no hay ni debe haber cabida para el dichoso doble rasero en materia antiterrorista.

Volviendo a la flamante iniciativa «franco-británica». En un principio, apoyamos muchos de los enfoques y prioridades formulados en ella. Es cierto que todos compartimos el objetivo común de lograr que se detenga la propaganda terrorista, con frecuencia impune, en internet y las redes sociales. Es algo que se debe hacer con ayuda de medidas legislativas y policiales decididas y, simultáneamente, como parte de una colaboración público-privada responsable con las empresas de internet. Con todas las empresas, por cierto, especialmente las grandes, y también sin doble rasero ni acusaciones artificiales e injustificadas contra, por ejemplo, ciudadanos rusos. Como complemento a estos esfuerzos, un gran papel les corresponde, a nuestro juicio, a los medios tradicionales y digitales en primer término, para difundir la contrapropaganda y crear «inmunidad ciudadana» ante la ideología terrorista.

No obstante, todo eso quedará como un eslogan bonito pero vacío si nuestros socios continúan dividiendo los desafíos terroristas en el espacio mediático entre los que amenazan a los «suyos» y los que afectan a los «otros». No es un ámbito donde esté justufucada la pugna por el liderazgo, puesto que ningún país del mundo es capaz de erradicar en solitario las fuentes y los soportes de la propaganda terrorista, ni de frenar la difusión de las ideas y la ideología terroristas.

En este sentido, nos vuelve a despertar la alarma el lapsus linguae que se les escapó «a lo Freud» a los británicos, de que el círculo de los socios para colaborar en la prevención del uso terrorista de las tecnologías de la información y la comunicación sería «limitado», naturalmente según el criterio de selección de ciertos «Estados democráticos aliados». La lógica del «pensamiento de bloques» vuelve a estar vigente en todo su esplendor. A este respecto, quisiéramos advertir de que en este caso, una vez más, no habrá ningún resultado real. Al contrario, si resulta que estas inciativas llevan incorporado el «agujero» que los países occidentales  suelen aprovechar para interferir en los asuntos internos de Estados, desestabilizar a regímenes «indeseables» y justificar a los terroristas en función del contexto político favorable, toda esa estructura de la «lucha contra el terrorismo en internet» será puro artificio, aunque con llamativas estadísticas de algunos contenidos terroristas bloqueados por las compañías occidentales a petición de sus gobiernos.

Tenemos la intención de analizar más detenidamente la propuesta franco-británica. Por nuestra parte, estamos dispuestos a presentar contrapropuestas basadas en la avanzada experiencia rusa de bloquear y eliminar contentidos terroristas y extremistas. A la vez, seguimos abiertos a dialogar con los socios occidentales, desde una defensa firme del protagonismo del Estado y sus organismos competentes en la lucha contra el terrorismo y el extremismo, con un papel importante, pero auxiliar y consultivo de las instituciones de la sociedad civil y del sector privado.

 

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