9 marzo 201714:38

Discurso y respuestas a preguntas de los medios ofrecidos por el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, durante la rueda de prensa conjunta al término de las negociaciones con el vicecanciller y ministro federal de Asuntos Exteriores de Alemania, Sigmar Gabriel, 9 de marzo de 2017

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Estimadas damas y caballeros,

Creo que hemos celebrado unas negociaciones constructivas, sinceras y útiles. El vicecanciller y ministro federal de Asuntos Exteriores de Alemania, Sigmar Gabriel, visitó Rusia en repetidas ocasiones pero es la primera vez que lo hace en calidad del ministro de Asuntos Exteriores. Estamos abiertos a interactuar con él en nuevos formatos.

Hemos estudiado la agenda de los contactos previstos a nivel político, constatando, con satisfacción, que están volviendo a la normalidad anterior. Hemos discutido la cooperación comercial y económica. Hemos expresado la satisfacción con el hecho de que, en otoño del año pasado, reanudara sus actividades el Grupo de trabajo para cuestiones estratégicas de la cooperación económica y financiera.

Los representantes de las autoridades rusas, con regularidad, tienen contactos con los dirigentes de las empresas alemanas que operan en nuestro país. En los márgenes de la Conferencia de Seguridad de Múnich, celebrada el mes pasado en Hamburgo, me volví a reunir con los empresarios alemanes. Mi homólogo alemán, Sigmar Gabriel, y yo solemos participar juntos en los eventos organizados por los círculos empresariales rusos y alemanes. Acordamos celebrar la próxima reunión a finales de junio en la ciudad rusa de Krasnodar, donde tendrá lugar el congreso ruso-alemán de las ciudades hermanadas.

Hemos hablado, por supuesto, de los asuntos internacionales, sobre todo, de Ucrania, ya que Rusia y Alemania participamos en el proceso de Normandía y, junto a Francia y Ucrania, somos coautores de los Acuerdos de Minsk. Intercambiamos las evaluaciones de la situación, que, al fin y al cabo, coinciden en lo esencial: que es necesario poner fin a las infracciones del alto el fuego, implementar los acuerdos del Cuarteto de Normandía y el Grupo de Contacto sobre la retirada de las armas pesadas, la creación de zonas de seguridad y la necesidad de cumplir con los compromisos de mantener las armas pesadas en los lugares de su almacenamiento. Al igual que Alemania, abogamos por reforzar el papel y ampliar las posibilidades de la misión especial de monitoreo de la OSCE. Rusia está a favor de que aumente su personal para poder realizar el monitoreo permanente durante 24 horas de la situación en la línea divisoria y en los lugares de almacenamiento de armas pesadas.

En cuanto al proceso político, nos atenemos a las decisiones de los líderes del Cuarteto de Normandía tomadas en octubre de 2015 en París y en octubre de 2016 en Berlín. Estas decisiones se centran en que es necesario avanzar, de forma sincronizada, hacia el cumplimiento de los compromisos asumidos en el ámbito de seguridad y en el político. Para conseguir la simultaneidad y coordinar los respectivos pasos están trabajando los asesores de los líderes del Cuarteto en política exterior elaborando la denominada hoja de ruta de la implementación de los Acuerdos de Minsk. Confiamos en que este trabajo se acelere ya que se está alargando mucho. No quiero señalar a nadie con el dedo pero oímos lo que dicen nuestros vecinos ucranianos, la retórica beligerante de Kíev y los intentos de Ucrania de presentar la situación de modo que sólo Rusia esté obligada a cumplir los Acuerdos de Minsk, mientras Ucrania, supuestamente, ya hizo todo por su parte.

Nuestros colegas alemanes, además, no han informado sobre la reciente visita del ministro federal de Asuntos Exteriores, Sigmar Gabriel, a Kíev y su viaje hasta la línea divisoria.

Según he comprendido, coincidimos en la opinión de que el actual bloqueo de Donbás, organizado por los representantes de los batallones nacionalistas, para no decir nazi, y otras organizaciones, es inadmisible. Exhortamos a las autoridades de Ucrania a tomar todas las medidas posibles para ponerle fin.

Hemos hablado de Siria. Ambos países, estamos interesados en que el proceso de Ginebra cobre intensidad y llegue a ser constante y eficaz. Las reuniones en Astaná celebradas en febrero y a principios de marzo y que continuarán la próxima semana, resultan bastante útiles, según nuestros colegas en la ONU y todos los países miembros del Grupo Internacional de Apoyo a Siria (GIAS). Confiamos en que las acciones coordinadas en Astaná y Ginebra contribuirán a avanzar hacia el fortalecimiento del régimen de alto el fuego, sin dejar de investigar las infracciones y tomar medidas de respuesta, y, al mismo tiempo, hacia el arreglo político, en conformidad con la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de la ONU, lo cual supone, desde luego, la intensificación de la lucha antiterrorista y el trabajo para coordinar los pasos de todas la fuerzas capaces de ayudar a luchar contra el EI y Jabhat al-Nusra.        

Interactuamos regularmente con los colegas alemanes sobre la situación en Afganistán y las cuestiones del arreglo libio. En el contexto de la presidencia alemana en el Grupo de los Veinte, hemos contrastado posturas con respecto a los puntos clave del orden del día de las previstas reuniones ministeriales y presidenciales  del Grupo.

Hemos acordado mantener el diálogo sobre todas estas cuestiones. Como ya he dicho, nos veremos a finales de junio en Krasnodar, si no se da la ocasión de hacerlo antes. 

Pregunta (a ambos ministros): Comenten, por favor, las últimas revelaciones de Wikileaks sobre las sofisticadas posibilidades de hacking de la CIA de EEUU. De los documentos resulta que los hackers estadounidenses, que trabajan para la CIA, aprendieron a forzar los sistemas operativos de iPhone y de Android, todo tipo de mensajeros, saben interceptar la dirección de vehículos e incluso realizar la escucha remota a través del televisor apagado. ¿No piensa, por ello, renunciar a usar los dispositivos móviles y equipos? ¿Le preocupa esta información?

Respuesta (después de Sigmar Gabriel): En cuanto a las sospechas de que los hackers de la CIA sean capaces de espiar no sólo a través de los smartphones, sino también de los televisores, he oído que también los hacen a través de las neveras. Al menos para generar problemas en las redes eléctricas. Intento no llevar móviles durante las negociaciones que toquen cuestiones sensibles. Hasta el momento, parece que he podido evitar situaciones desagradables.

En cuanto a las informaciones sobre el arsenal de hacking de la CIA, sí nos han llegado. Se menciona que el número de hackers al servicio de la CIA asciende a unos 5.000. También se dice que EEUU utiliza su Consulado General en Fráncfort del Meno. Parto de que, según los medios, los expertos califican esta información de verosímil. Parece que los encargados del tema en la Administración de EEUU se preocuparon por esta infiltración (por algo la consideran infiltración, no falsedad) y tomarán las medidas correspondientes para prevenirlas en el futuro.

Nos vemos obligados a tomar en consideración todo lo que se hace público. Se informa también de que la CIA, además de incentivar los ataques de los hackers, acumula las tecnologías de los hackers extranjeros y las tecnologías dañinas por ellos usadas, es decir, reciben acceso a los que se llama “estilo” o “huellas dactilares”. Por eso, cuando nos estaban acusando de algo semejante, alegaban como prueba las «huellas dactilares» de los hackers rusos. Ahora se revela que la CIA es perfectamente capaz de acceder a cualesquiera «huellas» y, seguramente, usarlas luego.

No me detendría tanto en ello si no tuviéramos que afrontar contantemente las acusaciones de que nuestro Estado realiza ciberataques e infiltra a los saboteadores. Los medios alemanes escribían que enviamos a Alemania a los agentes chechenos, intentamos desacreditar a las autoridades alemanas, influir en las elecciones, etc. Sólo quiero decir que estas acusaciones son absolutamente infundadas. Nuestras relaciones se beneficiarían si se dejara de buscar a los culpables de todos los males en Rusia.

Nunca esquivamos ningunas conversaciones. Hoy hemos invitado a nuestros colegas alemanes a dirigir a todos los que tienen preguntas (me refiero a círculos oficiales de Alemania) con respecto a las acciones de Rusia y nuestra participación en diferentes procesos, a nosotros. Serán bienvenidos si denuncian hechos concretos. En tal caso estamos dispuestos a discutirlo y estudiar. De momento, las acusaciones lanzadas contra nuestro país no han sido confirmadas con pruebas en la mano. Aunque me consta que, según las publicaciones de los propios medios alemanes, la investigación de los organismos competentes alemanes sobre nuestra supuesta influencia en las elecciones duró un año entero. Estos mismos medios reconocen que hasta ahora no se encontraron las pruebas.

Vamos a operar mejor con los hechos, no con los rumores.

Pregunta: ¿Si alguna de las capitales europeas hace declaraciones negativas sobre Rusia, de qué forma las interpreta? ¿Como una especie de malentendido? ¿Existe alguna explicación de estas actitudes cada vez más negativas hacia Rusia?

Respuesta: El presidente de Rusia, Vladimir Putin, en más de una ocasión comentó las razones de estas actitudes cada vez más negativas tan difundidas en Occidente. Yo también abordé el tema en cuestión, en concreto en la Conferencia de seguridad de Múnich. Resumiendo, le puedo decir que el proceso iba avanzando de a poco desde que a principios de los 2000 nuestros interlocutores europeos se dieron cuenta de que Rusia no les haría caso de manera sumisa e incondicional, porque nuestro país tiene en la arena internacional sus intereses y son legales, un hecho que quiero subrayar especialmente. Rusia está interesada en conseguir que los intereses estén equilibrados y no acatar con sumisión las indicaciones de los países occidentales.

Seguramente, incluso entonces les pareció una reacción extraña. En los años 90 sólo se dejaba notar la propensión de Moscú a hacerle caso a Occidente casi en todos los asuntos internacionales. Daba la sensación de que este orden se había establecido para siempre y llevaría al fin de la Historia vaticinado por Francis Fukuyama. No ocurrió y el mundo está entrando de forma paulatina en la fase “postoccidental”, en la que no hay espacio para el modernismo. Ni lo habrá. Nos hemos de acostumbrar a la formación de un mundo con múltiples polos de desarrollo. De modo que los principales agentes internacionales deben darse cuenta de su responsabilidad colectiva por la paz y la estabilidad y poner en práctica la pertinente política.

A lo largo de los últimos quince años hemos ido promoviendo las ideas que arraigaron en los 90 en condiciones de la unión de civilizaciones que se tradujo en la aprobación en el marco de la OSCE y del Consejo Rusia-OTAN de documentos sobre la adhesión de todos Estados de la zona euroatlántica al principio de la seguridad paritaria e indivisible. Al seguir ampliándose la OTAN y indicar nosotros a nuestros interlocutores estadounidenses que su decisión afectaba a nuestros intereses y que nos gustaría abordar las formas de cumplir con el compromiso político por todos asumido, el de no reforzar la seguridad de un país en detrimento de la seguridad de otros países. Se nos respondía siempre que aquellas medidas no iban dirigidas contra nosotros. La OTAN no se ampliaba para perjudicar a Rusia, ni tampoco el escudo antimisiles se creaba contra Moscú. Más tarde, en 2008, en Bucarest, los líderes de la OTAN tomaron la tristemente conocida decisión de admitir al organismo a Ucrania y Georgia. Un par de meses más tarde, Mijaíl Saakashvili que era el entonces presidente georgiano, agredió a su propio pueblo. Atacó a Osetia del Sur y al contingente de la paz allí destinado. Conocen bien el final de la historia.

Aquella parte de la élite política ucraniana que es dada al nacionalismo radical se dejó llevar por la euforia más tarde, en 2014, momento en el que el mensaje de que Ucrania llegaría a integrarse en la OTAN, de modo que “todo estaba permitido”, provocó un golpe de Estado al día siguiente después de que el presidente legítimo del país llegara a un acuerdo con la oposición. El acuerdo en cuestión fue firmado en presencia de los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, Polonia y Francia. Después de que el golpe de Estado echara por tierra todos los acuerdos y el nuevo poder se propusiera dos objetivos, el de prohibir la lengua rusa y el de hacer a toda la población del país pensar “a la occidental”, ni Alemania, ni Francia, ni Polonia hicieron críticas algunas. Ni falta que hace decir que por supuesto nadie amonestó a los golpistas ni les exigió que volvieran a los acuerdos que eran fruto de meticuloso trabajo asesorado por París, Berlín y Varsovia.

Era también una especie de mensaje y lo seguimos notando hasta hoy. Hemos consentido todos los acuerdos habidos y por haber. El presidente Putin en persona hizo un esfuerzo enorme para que las negociaciones de Minsk que duraron 24 horas acabaran en unas fórmulas de compromiso de obligatorio cumplimiento. Sin embargo, nuestros interlocutores occidentales nos comunican que no levantarán sus sanciones, cosa que no pedimos que hagan, por otra parte, hasta que Rusia cumpla los Acuerdos de Minsk.

La verdad sea dicha, ayer el portavoz del Departamento de Estado de EEUU dijo, contestando a una pregunta, que los Acuerdos de Minsk han de cumplirse por todas las partes firmantes. Considero que estamos ante un enorme progreso. Añadió “Rusia incluida”, pero considero que lo hizo por inercia. Porque los que han de cumplir, son los bandos enfrentados en el conflicto, es decir Donbás y el Gobierno ucraniano.

Estamos ofreciendo nuestras reacciones, al vernos rodeados de armamentos y unidades de la OTAN. Los últimos acontecimientos, resultado de la Cumbre de Varsovia, suponen que zonas cercanas a nuestras fronteras serán destinadas las unidades terrestres de los países otanianos, Alemania incluida.

Cuando llamamos a que se retorne a los principios formulados en las Cumbres de la OSCE y el Consejo Rusia-OTAN que establecen que nadie reforzará su seguridad a costa de otros, se nos contesta que es un lema político y que no tiene sentido fijarlo de forma jurídica ni abordar las formas de ponerlo en práctica. ¿Y nosotros qué es lo que se supone que tenemos que hacer? ¿Pedir perdón y asumir la culpa? Tenemos una visión algo diferente de la situación.

Hemos formulado numerosas iniciativas, en concreto, hemos promovido la idea de elaborar el Acuerdo de seguridad europea, cuyo proyecto presentamos hace varios años. Nuestros interlocutores occidentales simplemente se negaron a hablar de ese tema, indicando que el lema político sobre la seguridad paritaria lo seguirá siendo, mientras que garantías jurídicas de la seguridad únicamente las ofrece la OTAN. ¿Qué le parece? ¿Acaso no estamos ante la violación de todos los compromisos asumidos por el mundo tras la Guerra Fría? De hecho, las líneas divisorias que el mundo prometió y se comprometió a eliminar, se están manteniendo e incluso acercando a las fronteras de Rusia.

 Hablando de Alemania, basta con recordar las recientes palabras de la ministra federal de Defensa, Ursula von der Leyen, quien señaló en una de sus entrevistas que Rusia no está interesada en una Europa estable. No dejan de parecer graciosas dos cosas: primero, es que se pasan por alto nuestras propuestas anteriores y actuales de crear un sistema de seguridad paritario e indivisible y segundo, resulta que Rusia no es Europa.  Sin comentarios.

Si hablamos de los pasos que habría que dar, comparto plenamente la opinión del señor Gabriel. Es necesario hablar e intentar entender las preocupaciones reales y no ficticias del interlocutor. No se puede dar portazos, algo que se hizo tras la agresión mostrada por Georgia en Cáucaso en 2008, cuando nuestros interlocutores en la OTAN se negaron a seguir cooperando en el marco del Consejo Rusia-OTAN. Se cometió el mismo error tras el golpe de Estado perpetrado en Ucrania. Se nos ofreció la reanudación de las actividades del Consejo tan sólo un par de años después. Nos mostramos dispuestos a hacerlo. Ya se han celebrado tres Cumbres a nivel de Embajadores. Pero si cada vez representantes de la Alianza nos van a insistir en que sólo se reunirán para abordar la crisis ucraniana, será continuar con la política paranoica y agresiva de antes. La OTAN no tiene nada que ver con el arreglo de la crisis ucraniana. Si la idea es aprovechar al Consejo Rusia-OTAN para provocar una nueva confrontación no queremos tener nada que ver. Si se trata de cosas importantes, como por ejemplo la seguridad en el cielo sobre el mar Báltico y en general en la región, en verano pasado nuestros militares, tras las pertinentes solicitudes por parte de nuestros interlocutores occidentales formularon unas propuestas muy concretas que permiten garantizar la seguridad. Se habló de transpondedores y otras medidas que refuercen la confianza y la seguridad. Y la gente que nos llamaba a dar pasos necesarios para garantizar la seguridad en el mar Báltico, dejó de mostrar interés alguno por el tema. Hasta hoy, no hemos recibido reacciones concretas a nuestras propuestas.

Si seguimos abordando por doquier el tema de Ucrania, conociendo como conocemos la forma en la que lo hace la OTAN, seguramente no avanzaremos hacia el objetivo que acaba de comentar mi homólogo alemán, que es entenderse mejor y buscar el balance de los intereses. Porque nosotros estaríamos dispuestos a buscarlo y contamos con que el interés en normalizar las relaciones que con cierta periodicidad expresan nuestros interlocutores encuentre su forma práctica en base a los principios de respeto mutuo y búsqueda del equilibrio.

Respuesta (después de la respuesta de Sigmar Gabriel): Уya estamos manteniendo los debates. No me refería a Occidente geográfico, sino al histórico. En rasgos muy generales, es Europa de Oeste, EEUU, Australia, Nueva Zelanda y Canadá, puede ser catalogado como Occidente histórico que durante varios siglo llevó la voz cantante en los asuntos internacionales. Sin embargo, ahora estamos en la época de la aparición de nuevos centros de fuerza. Partimos de que los derechos humanos y la democracia fueron acordados de manera universal básicamente mediante la aprobación por la ONU en 1948 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y si analizamos los valores promovidos actualmente por nuestros interlocutores occidentales, nos daremos cuenta de que no todos son admisibles para otras civilizaciones ni para los partidarios de los valores compartidos de las religiones mundiales. De modo que el término “occidental” ha de ser precisado.

En cuanto a los acontecimientos en la plaza Tahrir, posiblemente estaban luchando por los valores occidentales, pero acabó en el poder el movimiento Hermanos Musulmanes.

Pregunta: ¿Qué papel podría desempeñar la nueva Administración de EEUU con respecto a la situación en el este del país?

Respuesta (después de la respuesta de Sigmar Gabriel):  Tenemos presente la forma según la cual funciona el sistema del poder en EEUU. Es que un enorme número de cargos oficiales ha de ser nombrados tras las escuchas en el Senado y eso lleva su tiempo. Desde el punto de vista político, el Departamento de Estado no ha tenido todavía muchos nombramientos, además del Secretario de Estado y el primer vice secretario. Las vacantes han de ser cubiertas. Y esta circunstancia no nos permite desplegar una cooperación activa con Washington, aunque no hay casi ningún conflicto en el cual se pueda mediar, sin que participe EEUU. El caso de Ucrania y las relaciones entre Moscú y Washington también son un asunto importante.

En los últimos 3 años, después de la aprobación de los Acuerdos de Minsk, además del Cuarteto de Normandía e independientemente de si había o no consenso sobre temas concretos funcionó el canal de consultas bilaterales con EEUU. El objetivo eran siempre los mismos: conseguir que se cumplan los Acuerdos de Minsk. Estoy seguro de que la participación de EEUU, de la intensidad que sea, en la promoción del cumplimiento de los Acuerdos de Minsk, sería muy bienvenida.

Pregunta: Comente la declaración del señor Gabriel que se mostró bastante crítico con la presencia de las tropas rusas en las fronteras occidentales de nuestro país. La calificó de “desproporcionada”.

Respuesta: Tenemos otras estadísticas sobre este asunto. No habría que repetir una y otra vez las declaraciones de que Rusia está acumulando fuerzas, para atacar a Occidente. Nuestros interlocutores ucranianos pueden pasarse días enteros, haciéndolo. Habría que considerar la propuesta que formulamos hace tiempo. Sentémonos en el marco del Consejo Rusia-OTAN y en vez de hacer declaraciones proucranianas y progolpistas, prestémosles tiempo al objetivo de la creación del Consejo, es decir, abordemos la situación en la esfera de la seguridad en la zona euroatlántica. Para ello habría que desplegar los mapas y ver quién y dónde tiene destinadas qué unidades. Y luego comparar los datos.

Algo de sentido común ya se está mostrando y está en marcha un todavía cauteloso intercambio de información sobre las maniobras celebradas por Rusia y sus aliados, por una parte, y por la OTAN, por otra. Es un proceso muy útil, pero nos habríamos de sentar a una mesa y los militares habrían de establecer qué fuerzas están desplegadas en qué partes de Europa. Y no quedará espacio a dudas ni a preguntas. De lo contrario, sólo se seguirá acusando a Rusia de todos los males habidos y por haber, sin que haya interés real en normalizar la situación.

Pregunta: ¿Qué le parece, habrá continuidad entre el actual ministro de Asuntos Exteriores de Alemania y su antecesor o las relaciones bilaterales se verán deterioradas?

Respuesta: En cuanto a la continuidad en las relaciones con los altos cargos de la diplomacia alemana, la estoy percibiendo. Espero que se mantenga y que cobre fuerza.

Pregunta: Comente el hecho de seguir la parte alemana, sobre todo, los medios, acusando a Rusia de influir en las elecciones en Alemania, así como de crear noticias falsas.

Respuesta de Sigmar Gabriel: Los medios alemanes únicamente tienen que rendir cuentas a sí mismos. Ésta es la diferencia entre Alemania y otros países. El Gobierno federal, en nombre del cual hablo, no ha formulado este tipo de acusaciones.

Respuesta (después de la respuesta de Sigmar Gabriel): Creo que es lo correcto.

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