12 febrero 201713:00

Entrevista concedida por el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov para el programa analítico de Irada Zeinálova “Balance de la semana” en la cadena rusa de televisión NTV, Moscú, 12 de febrero de 2017

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Pregunta: De repente, resultó que la profesión del diplomático, además de difícil y complicada, sigue siendo peligrosa. Sólo el año pasado asesinaron al embajador ruso en Turquía, Andréi Kárlov, expulsaron a nuestros diplomáticos de EEUU. El año anterior también tuvieron lugar ataques contra nuestras Embajadas y atentados contra los diplomáticos. ¿Cree que la tensa situación internacional hace que esta profesión vuelva a ser realmente peligrosa, como en los primeros tiempos de la URSS, cuando se había desatado una caza de “correos diplomáticos rojos”? 

Respuesta: Justo quería recordar a los correos diplomáticos porque, en mi opinión, la profesión de diplomático nunca ha sido tranquila, sino siempre muy responsable y complicada, también porque muchas veces se trabaja en los países donde la situación política es tensa, donde se producen golpes de Estado, cambios anticonstitucionales de régimen, confrontaciones... Ya no hablo de que en la mayoría de los países del mundo el clima es muy diferente del que estamos acostumbrados en Rusia, lo cual tampoco ayuda.

Hay períodos cuando algunos de nuestros socios se empeñan en castigarnos, como sucedió con los 35 diplomáticos rusos expulsados por el presidente de EEUU, Barack Obama, descargando sobre nosotros la cólera por algo, seguramente por el inimaginable fracaso del candidato del Partido Demócrata. No cesan, ni tampoco cesaban en los buenos momentos, los intentos de reclutar a los diplomáticos rusos, también en EEUU y los países europeos. Muchas veces este tipo de propuestas se hacen sin reparo, delante de los familiares, y forman parte de métodos inadmisibles de trabajo.

Pregunta: Yo pensaba que esto se había quedado en los 1980. Ahora, que existe la inteligencia electrónica...

Respuesta: No, aún el año pasado, con el gobierno de Barack Obama en el poder, hubo varios intentos, a los que cada vez llamamos la atención. Los estadounidenses, a su vez, se quejan de que no tratamos bien a sus diplomáticos en Rusia. Pero las condiciones en las que trabajan aquí son incomparables con las que crearon en los últimos dos años para los empleados de las misiones diplomáticas rusas en EEUU.

Usted acaba de mencionar la trágica muerte del embajador ruso en Turquía, Andréi Kárlov. En seguida la seguridad física de nuestros diplomáticos se convirtió en la prioridad número uno. Después de lo ocurrido en Ankara presentamos, por recomendación expresa del presidente ruso, Vladimir Putin, las propuestas complementarias para recrudecer las medidas de seguridad para proteger nuestras instituciones en el exterior, a nuestros diplomáticos y otros trabajadores en el extranjero. Las propuestas en cuestión fueron aprobadas y se están implementando. Este trabajo se realiza en diferentes direcciones: la seguridad física, la seguridad técnica y el diálogo con el país de acogida. La principal responsabilidad por la seguridad de todos los diplomáticos de todos los países recae sobre el Estado en el trabajan. Así los establecen las Convenciones de Viena de 1961 y 1963. En consonancia con estos documentos, siempre que surgen problemas o sospechas en materia de seguridad, nuestros embajadores recurren en seguida a los organismos competentes del país de acogida. La seguridad física significa, en primer lugar, poder contar con un cercado seguro, con la posibilidad de impedir la entrada en el territorio de las instituciones diplomáticas de visitantes no deseados, con la permanente vídeovigilancia de las zonas adyacentes a las sedes de las misiones. Desde hace mucho antes de lo ocurrido recientemente apostamos por que esta vigilancia se realizara por nuestros guardias fronterizos. Cooperamos estrechamente con la Guardia Fronteriza del Servicio Federal de Seguridad y estamos muy satisfechos con su respuesta. Vamos aumentando el porcentaje de los guardias fronterizos en el servicio de vigilancia, sobre todo, en los países donde la situación es complicada.  En los países donde continúan los conflictos armados recurrimos a las unidades de operaciones especiales. Ahora mismo están desplegadas en 12 Estados. Analizando la situación en diferentes regiones del mundo conjuntamente con los colegas de los servicios secretos tomamos la decisión sobre la necesidad de ampliar este contingente. Desearíamos que no fuera necesario, pero no todo depende de nosotros.

En muchas ocasiones trabajamos con las empresas privadas de vigilancia de los países de acogida, sobre todo para que realicen la vigilancia del perímetro exterior de las instalaciones. Puntualmente, de haber motivo especial para ello, acompañan a los empleados de las Embajadas a diferentes eventos.

Por desgracia no se puede prever todo. La vida es mucho más complicada que cualesquiera esquemas. Intentamos tomar todas las medidas de seguridad que nos parecen necesarias.

Pregunta: Las autoridades de Kíev quieren arrebatar a la Embajada rusa una parte de su territorio correctamente arrendado en su momento. Es una proyección de la política de Ucrania hacia Rusia, todo, al final, se descarga sobre los diplomáticos. ¿Cree que el agravamiento de la situación en Donbás, el tono de las discusiones en Kíev están anulando los Acuerdos de Minsk? ¿Ha dejado de funcionar este mecanismo?

Respuesta: Es difícil encontrar otra explicación a los que están haciendo. A pesar de los proclamados recientemente alto el fuego, retirada de armas pesadas hasta los lugares fijados por los Acuerdos de Minsk, recibimos a diario los informes que constatan lo contrario: que la parte ucraniana, las Fuerzas Armadas de Ucrania aumentan la presencia de sus militares y armas pesadas justo en las inmediaciones de la línea divisoria y en las poblaciones, infringiendo abiertamente los acuerdos firmados por el mandatario ucraniano, Piotr Poroshenko, y sus representantes. Cuando les hacen preguntas, también los socios occidentales, responden que lo están haciendo por si las milicias empiezan las provocaciones como, según ellos, había ocurrido en más de una ocasión.  Pero todo el mundo se da cuenta que la crisis actual fue provocada por los que se encuentra al oeste de la línea divisoria. Hablo expresamente de “los que están al oeste” y no de las Fuerzas Armadas ucranianas, porque están también los batallones voluntarios Azov, Donbás, que no se subordinan al mando militar y hacen lo que les pase por la cabeza. En particular, se les ocurrió cortar la comunicación ferroviaria con el este de Ucrania, que, aunque malamente, pero aseguraba conexión entre Donbás y el resto del país. Los “orientales” tuvieron que suspender por los mismos los suministros de carbón porque los “occidentales” no dejan pasar tampoco los trenes cargados de carbón. Hace poco anunciaron que iban a comprarlo en EEUU, como antes lo planeaban hacer en Sudáfrica, sólo por no comprar a Donbás. ¿Qué más decir? La verdad es que aquella vez las razones económicas resultaron más convincentes pero ya vuelven a querer buscar suerte al otro lado del océano.

Poco tengo que añadir a las palabras del presidente ruso, Vladímir Putin, pronunciadas en una rueda de prensa en Budapest, de que las autoridades ucranianas extorsionan a Occidente haciéndose pasar por víctima y por lo mismo pretenden llamar la atención para no caer en el olvido. Quieren resarcirse ante la nueva administración de EEUU por haberse opuesto públicamente al candidato republicano y actual presidente estadounidense, Donald Trump, en la etapa de la campaña electoral.

El pasado 7 de febrero el presidente ruso, Vladimir Putin, mantuvo una conversación con la canciller alemana, Ángela Merkel, que no negaba la necesidad de influir en el gobierno de Kíev, aunque insistía en sus habituales proclamas a que Rusia influyera en las milicias. El presidente ruso la informó sobre la marcha de los acontecimientos. No quiero revelar los detalles de la conversación pero la Canciller no discutió nuestra visión de la situación. Justo después me llamó mi colega alemán, Sigmar Gabriel, y continuamos las conversaciones puesto que los líderes de nuestros países que habían acordado intensificar los esfuerzos en el marco del Cuarteto de Normandía. Estamos dispuestos a hacerlo pero, desde luego, primero hace falta garantizar la seguridad “en el terreno”. Es, por cierto, a lo que siempre se atenía el presidente ucraniano, Piotr Poroshenko, cuando se negaba a agilizar las reformas políticas hasta que no hubiera seguridad absoluta. En cuanto se dio cuenta de que, para garantizar la seguridad, era necesario cumplir con todo lo acordado, de que llegaba la hora de llevar a cabo las reformas políticas: la ley de amnistía, la ley del estatus especial de Donbás y las enmiendas correspondientes en la Constitución, todo ello en cooperación con Donetsk y Lugansk. En cuanto el presidente Poroshenko se dio cuenta de ello, se dio cuenta también de que tendría contados sus días como político se presentaba tales propuestas al Parlamento. Por lo visto fue cuando se le ocurrió que había que cerrar los ojos a los excesos de los batallones voluntarios, o, incluso, sugerirles que procedieran con los tiroteos echando culpa, como siempre, a las milicias y Rusia para que Occidente volviera a reprochar a Kremlin.

El único resultado positivo que observo y que está costando mucha sangre y sufrimientos, es que en Occidente empiezan a comprender lo que vale el gobierno ucraniano y sus promesas de cumplir los Acuerdos de Minsk.

Al mismo tiempo no vemos alternativa al Complejo de Medidas de Minsk. Nuestros colegas europeos y, espero, los estadounidenses lo confirman. Digo que lo espero porque hasta el momento no está formado el equipo estadounidense encargado de Ucrania. En breve seguramente hablaré con el nuevo secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, para discutir esta y otras importantes cuestiones de la agenda internacional y bilateral. Espero que la incipiente toma de conciencia de lo que realmente ocurre en el Este de Ucrania coja fuerzas.

Pregunta: De momento su nuevo homólogo estadounidense, Rex Tillerson, no se ha llegado a manifestar. Todo lo protagoniza Donald Trump: hace paces, monta escándalos, cancela visitas presidenciales. ¿Cree que el Departamento de Estado tendrá algún peso habiendo un presidente con la cuenta en Twitter?

Respuesta: Muchos de los altos cargos del MAE ruso también tienen una cuenta en Twitter. Es una herramienta útil en el mundo moderno pero no sustituirá el trabajo colectivo. Estoy convencido de que EEUU lo entiende perfectamente.

Rex Tillerson fue designado hace un par de semanas. Estamos en contacto con los que son responsables de mantener el trabajo cotidiano del Departamento de Estado. Pero no están designados aún los principales ayudantes de Tillerson ni definidas las principales líneas de la política exterior.

Pregunta: ¿Con quién puede discutir entonces la situación en Ucrania, en Donetsk, en Siria?

Respuesta: Muy pronto serán nombrados. Comprendo que este proceso dura cierto tiempo ya que todo el equipo de Obama, encabezado por el Departamento de Estado, abandonó la Casa Blanca, según su declaración, por iniciativa propia. Por lo visto, lo hicieron como paso preventivo antes de que les pidieran retirarse. Permanecieron allí los diplomáticos de carrera pero los jefes de departamentos no están nombrados aún. Rex Tillerson es nuevo en este campo, se está poniendo al tanto de los problemas que tendrá que abordar. Pero estoy convencido en que no tardaremos en empezar a trabajar.

Pregunta: No sé cómo se suele hacer entre los cancilleres pero, puede Usted llamar directamente a su homólogo ucraniano y decirle que sus argumentos no funcionan, la apuesta a Alemania tampoco, y todo ya está claro. Pués vamos a parar. Mientras se está formando el nuevo equipo del Departamento de Estado de EEUU, vamos a dejar de matar. El hashtag de la semana es #dejardematar. ¿Hace Usted las preguntas directas para recibir las repuestas directas sobre el porqué de sus acciones cuando los Acuerdos de  Minsk aún no tienen ni dos años.

Respuesta: Hablé con el ministro ucraniano de Asuntos Exteriores, Pável Klimkin, durante la última reunión en el marco del Cuarteto de Normandía. Además del formato cuatripartita siempre hay posibilidad de conversar con los participantes a solas. El y yo discutimos precisamente esta cuestión. Los dos estamos de acuerdo que es necesario superar los problemas. Llamar y apelar a la conciencia es perder el tiempo. Las declaraciones públicas de los dirigentes ucranianos, incluido el señor Klimkin, ponen de manifiesto que se están arrinconando, por su propia voluntad, en el callejón sin salida de la ideología rusófoba. Siguen echando la culpa descaradamente a Rusia y a Donbás en contra de los informes de la Misión Especial de Monitoreo de la OSCE que siempre ha mantenido la neutralidad. Cuando los expertos de la misión registran tiroteos e indican los puntos de proveniencia de los disparos sin decir abiertamente que el tiroteo fue iniciado por las Fuerzas Armadas de Ucrania, incluso esta “neutralidad” revela la imposibilidad de seguir disculpando el Ejército ucraniano y los batallones voluntarios.

No evito hablar con Pável Klimkin pero considero inútil apelar a su conciencia porque los ucranianos ya se comprometieron hasta tal punto que no podrán retroceder si no les presionan fuertemente los patrocinadores occidentales.

Pregunta: Es sorprendente, porque el país está destruyéndose, de hecho. Ya ha entrado en picado y ha superado el punto de no retorno o está cerca de esto. ¿Cómo explican esta postura muy extraña en las conversaciones con usted? Ya es evidente todo.

Respuesta: No dan algunas explicaciones. Cuando se hace posible hablar sobre las relaciones, en general, sobre el destino de Ucrania, empiezan a cubrirse con las declaraciones que todos los problemas se deben a Rusia y sus intentos de socavar la soberanía de Ucrania. Mientras, hay que pensar sobre el destino de todo el país en vez de declarar que el “agresor” está en el este y no hay que emprender nada hasta el fin de la lucha con la “agresión”. No recuerdo ahora la cifra exacta, pero un 30% de las provincias ucranianas como mínimo se dirigieron oficialmente a Kiev con la propuesta, la exigencia de establecer las relaciones contractuales entre las provincias y el Gobierno central. Tales tendencias se manifiestan en la provincia de Odesa y de los Cárpatos. Así las cosas, no se trata sólo del este y del sur, sino también de la parte occidental del país también.

Estuvimos hace poco en Budapest formando parte de la delegación del presidente ruso, Vladímir Putin. Nuestros colegas húngaros expresaron una seria preocupación con la situación en la que se encuentra la minoría húngara en la región de los Cárpatos. Dijeron que esta minoría, de hecho, sobrevive sólo gracias a la ayuda humanitaria por parte de Hungría. Se subrayó que todo esto se hace de modo transparente para el Gobierno ucraniano. Pero todas las solicitudes de Budapest dirigidas a Kiev de hacer algo por parte del Gobierno ucraniano para sus ciudadanos de origen húngaro quedan sin respuesta todavía.

Hay que pensar sobre la descentralización, naturalmente. Recordaré que en abril de 2014 (lo olvidan con frecuencia), inmediatamente después de la primera ola de indignación por el golpe de Estado cuando Occidente empezó a defender a sus organizadores, se celebró la primera reunión de Rusia, EEUU, la UE y Ucrania en el curso de la que se emprendió el intento de encontrar el formato de los siguientes esfuerzos para arreglar la situación. Para el período actual sería un formato extraordinario, pero en aquel momento se reunieron los siguientes jefes de departamentos diplomáticos: John Kerry, Catherine Ashton (en aquella época fue la Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad) y el ministro de Asunto Exteriores interino de Ucrania, Andréi Deshitsa, quién posteriormente fue enviado a Polonia como embajador. En aquel momento fue nombrado de modo independiente y en violación de la Constitución por las nuevas autoridades de Kiev. Tras varias horas de negociaciones, se aprobó la declaración en la que la parte ucraniana asumió el compromiso de impulsar de inmediato el proceso de descentralización implicando a todas las regiones de Ucrania y los demás acogieron este compromiso con entusiasmo. Esto se fijó en papel con la participación de EEUU, la UE, Rusia y Ucrania. Se dieron cuenta entonces de que hacía falta preservar la integridad del país y para ello había que delegar poderes. Posteriormente habrán decidido que, con el apoyo y el dinero de Occidente, les saldría el asunto sin descentralización alguna. Estoy seguro de que nada se puede hacer ya a menos que nuestros socios occidentales echen la bronca.

Sabemos y entendemos que Europa se posicionó de tal modo en apoyo a Ucrania que ahora le es difícil pronunciarse en contra del presidente del país, Piotr Poroshenko, en público. Mientras, estaremos dispuestos a aceptar el resultado conseguido por la influencia confidencial, a diferencia de la manifestada en público. Lo más importante es que cese la violación de los acuerdos de Minsk, que se cumplen plenamente, incluida su parte política.

Pregunta: A propósito, en lo que se refiere a los acuerdos confidenciales, la descentralización y los pasos posibles, observamos lo que pasa en Siria. Este proceso empezó a desarrollarse de modo distinto: se concertaron los acuerdos de Astaná, durante esta semana Jordania planea unirse a nivel operativo, posiblemente porque los hachemitas, descendientes del profeta, gozan de prestigio en el mundo islámico y planean garantizar la reconciliación de los tribus del sur. Resulta que en Astaná se logró llegar a un acuerdo y este acuerdo sobre Siria empezó a cumplirse. Rusia y Turquía asestan golpes aéreos en conjunto, EEUU inventa algo, Jordania garantiza algo. ¿Se puede sacar la conclusión de que estamos preparándonos hacia un progreso en la solución del problema sirio?

Respuesta: No voy a pronosticar un progreso, pero la situación actual es mucho más favorable para un arreglo real de la crisis. En septiembre del año pasado, estuvimos a punto de iniciar este trabajo, pero los estadounidenses no pudieron cumplir un acuerdo ya coordinado con nosotros, al confirmar de nuevo que la administración de Barack Obama fue incapaz de cumplir sus compromisos asumidos en relación con muchos asuntos acordados con nosotros. No voy a analizar las causas de esto, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, ya habló sobre este tema, pero la administración de Barack Obama no pudo cumplir acuerdos honestamente. En el marco de la ONU, el progreso fue nulo, entre otras cosas porque Barack Obama no quería empeorar las relaciones con varios países de la región (si no me equivoco, a partir de abril del año pasado, los representantes de la ONU no pudieron convocar ni siquiera una ronda de las negociaciones, atribuyéndolo al hecho que los opositores, especialmente del llamado Comité Supremo para las Negociaciones (CSN) que representan sólo una parte de la oposición no querían sentarse a la mesa de las negociaciones hasta que Bashar Asad mantuviese las riendas del poder. Volvió a entonar la misma cantilena. Mientras, hay la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que señala claramente que no es necesaria su dimisión preliminar y que el destino de Siria lo resolverá el propio pueblo sirio después de las elecciones, a tenor con la nueva Constitución. En aquel momento nos dimos cuenta de que no podíamos fiarse siempre de los que actúan tan sólo de forma burocrática, aunque la resolución del Consejo de Seguridad encomendaba que la ONU se ocupase de las negociaciones y asumiese la iniciativa. Nos dimos cuenta de que teníamos que emprender algo (se puede calificarlo como terapia de choque) y aprovechamos las oportunidades de las relaciones ruso-turcas. Sabiendo que Turquía ejercía y sigue ejerciendo la influencia en muchos jefes troperos a través de nuestros Ministerios de Defensa, acordamos establecer el régimen de alto el fuego, el respectivo documento fue firmado el pasado 29 de diciembre. Antes de esto, se celebró en Moscú la reunión tripartita de Rusia, Turquía e Irán a nivel de los ministros de Asuntos Exteriores y ministros de Defensa en el curso de la que acordamos conseguir la tregua, decidimos que este acuerdo debía estar abierto para todos los grupos armados de la oposición y declaramos que Rusia, Turquía e Irán estarían dispuestos a desempeñar como garantes de los respectivos acuerdos. Tras la suscripción de los acuerdos del alto el fuego, se celebró nuestra primera reunión en Astaná a la que llegaron por primera vez los representantes del Gobierno y de los grupos armados, es decir, los que hasta aquel momento se habían enfrentado sólo en el campo de batalla con armas en las manos se encontraron en la mesa de las negociaciones. Aunque se trataba sólo de una aparición ceremonial, fue muy simbólico, porque anteriormente muchos radicales en las filas de la oposición extremista lo habían rechazado categóricamente.

Tenemos que emprender nuevos esfuerzos. Hace poco, finalizó la segunda reunión en Astaná que se celebró sin las partes de conflicto sirio, tan sólo con la participación de Rusia, Turquía e Irán, donde se acordaron los últimos detalles del mecanismo de observación del cumplimiento de la tregua. Tales detalles acordados, en general, cobrarán fuerza en breve y se aplicarán en realidad. Trabajamos simultáneamente en la preparación de un nuevo contacto entre el Gobierno y los opositores armados, seguimos impulsando a nuevos grupos armados a adherirse a este proceso. Ha mencionado usted a Jordania que ayudó a hacer participar en este proceso a los grupos armados que forman parte del llamado “frente del sur” en los que Jordania tiene la influencia, porque actúan directamente a través de la frontera con Siria. Quisiera que todo esté claro: dijimos en todos los niveles que no intentábamos suplantar los esfuerzos de la ONU (aunque nuestra iniciativa fue dictada en mucho por lo que no era posible tolerar más la inacción) y entendíamos que el número de los participantes de las negociaciones que representan tanto las partes de conflicto sirio como los actores externos debería ser mayor que el número de los promotores de este proceso quienes actúan en Astaná. Simultáneamente con el proceso de Astaná que quisiéramos mantener como locomotora, nos preparamos a las negociaciones bajo los auspicios de la ONU cuando se convoquen. Actualmente, este evento está programado para el próximo 20 de febrero. El enviado especial del Secretario General de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, debe cumplir lo que le incumbe a tenor con la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de la ONU que consiste en decidir definitivamente sobre la composición de la delegación opositora. No deben tomarse en consideración cualesquiera caprichos de varios grupos opositores, ante todo de los opositores externos que desde hace mucho viven fuera de Siria, pero se unen a fin de participar en las reformas. Si esto vuelve a obstaculizar la celebración de las negociaciones bajo los auspicios de la ONU la reputación de la Organización de las Naciones Unidas quedará seriamente dañada. Espero que el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, y el propio Staffan de Mistura lo entiendan perfectamente.

Pregunta: El esquema resultante es muy complicada desde el punto de vista psicológico. Rusia llega a acuerdos con Turquía e Irán, Jordania se desempeña como garante, los estadounidenses son observadores todavía, pero pueden adherirse cuando se forme el Departamento de Estado. Al mismo tiempo parece que Irán debería preocuparse por lo que hemos establecido las relaciones tan amistosas con Turquía. Mientras, EEUU declara que Irán es el mayor patrocinador del terrorismo. ¿Qué se puede hacer en esta situación para acabar con la guerra siria lo más pronto posible?

Respuesta: ¿Ve usted cómo son nuestros socios con los que tenemos que trabajar? ¿Qué podemos hacer? Naturalmente, hay discrepancias. Tiene usted razón, los estadounidenses asistían a la primera reunión en Astaná en calidad de observadores. Les invitamos enviar a su representante para participar en los contactos siguientes en cuanto formen un equipo para asuntos de Oriente Próximo y Siria. Tienen peores relaciones con Irán que los que fueron durante el gobierno de Barack Obama. Mientras, nos pronunciamos por guiarse por el sentido común.

Si para el presidente de EEUU, Donald Trump, la tarea prioritaria en la arena internacional es la lucha contra el terrorismo, tenemos que confesar que digamos en Siria el Ejército sirio con apoyo de la Fuerza Aeroespacial de Rusia lucha contra el Estado Islámico, ante todo, pero también lo hacen por ejemplo las unidades de Hezbollah con apoyo de Irán. En este caso será necesario elegir entre las prioridades. Si analizamos la situación real, tal organización como FATF sospecha a Irán de apoyar las organizaciones terroristas. Es un grupo para luchar contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo. Irán está en la lista de los Estados bajo control. Hace varios días, se produjo una nueva ronda de la discusión de acciones emprendidas por Irán de conformidad con las recomendaciones de esta organización. El resultado fue positivo.

Así las cosas, tenemos que analizar los hechos concretos. Cuando dicen (como nuestros colegas israelíes, por ejemplo) que las armas que Rusia suministra a Rusia seguramente llegarán a Hezbollah en Líbano y que va a atacar a Israel desde Líbano, cada vez respondemos que estamos rotundamente en contra de la violación de los términos y condiciones de los contratos que no permiten al país receptor traspasar nuestras armas a alguien sin nuestra autorización. Por eso pedimos que nos presenten hechos concretos. Lo mismo se refiere a Irán o a un otro país. Si hay alguna sospecha, vamos a estudiarla, pero no es pragmático excluir simplemente a Irán de la coalición antiterrorista (y los estadounidenses tienen fama de ser pragmáticos). Estoy convencido de que Donald Trump es absolutamente sincero cuando confirma cada vez su disposición de combatir al Estado Islámico. Estamos listos a cooperar con él. En cuanto las circunstancias lo permitan, estoy seguro de que la interacción y la coordinación entre los militares volverán a establecerse de nuevo.

Pregunta: Los diplomáticos suelen saber más que los demás y contar menos. Viole usted esta tradición. ¿Se prepara la reunión del presidente de Rusia, Vladímir Putin, con el presidente de EEUU, Donald Trump?

Respuesta: ¿Quiere usted que le diga lo que sé menos?

Pregunta: Me parece que usted siempre lo sabe todo. Si no participamos en las elecciones de EEUU de lo que nos acusan, quizás podamos explicarle que no debería empeorar las relaciones con Irán, comenzar el desarme nuclear. Evidentemente no tiene un equipo que le pueda decir que hay cosas de los que no hablan en voz alta.

Respuesta: Respetamos las posturas de todos los países y siempre estamos dispuestos a sentarnos y discutir cualesquiera enfoques, hasta los que contradicen absolutamente a los nuestros. Estoy seguro de que nuestro diálogo con la administración de Donald Trump que ya se ha iniciado continuará, será más intenso cuando se formen todos los eslabones de la administración que se ocupan de asuntos exteriores. Ya he dicho que estamos acordando la fecha y el lugar de mi contacto con Rex Tillerson. Ya se han establecido contactos por otros canales, incluidas las conversaciones telefónicas sobre nuestra interacción en el ámbito militar. En lo que se refiere a los contactos entre los presidentes, hablaron por teléfono el pasado 28 de enero. Hubo una conversación detallada, bienal, en el curso de la que se destacaron las direcciones principales de nuestra agenda. Hablaron de lo que había que abordar la situación en torno a Irán si surgen cuestiones, en torno a Corea del Norte y, en general, el problema de la proliferación de las armas de destrucción masiva. Nadie dice que si no coincidimos no vamos a negociar. No es así. La diplomacia precisamente busca los puntos de coincidencia incluso en cuestiones que a primera vista parecen difíciles de acordar. Los presidentes coincidieron en que deberían reunirse lo más pronto posible. Nos encomendaron concretar la fecha y el lugar de su encuentro que sea mutuamente aceptable, mutuamente conveniente. Estamos trabajando en esto. Creo que tras nuestro contacto con el Secretario de Estado de EEUU que espero que tenga lugar próximamente esta cuestión será más claro.

Pregunta: ¿Ya ha reunido usted con el Secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson?

Respuesta: No, no nos hemos reunido todavía, pero como nos han dicho en el Departamento de Estado, él, como yo, planea asistir a los eventos que se celebrarán este mes en Alemania. Allí tendrá lugar una reunión de los ministros de Asuntos Exteriores del G20 en Bonn y la Conferencia anual de Seguridad de Múnich que se celebrarán una tras otra. Habrá muchos participantes allí, incluido Rex Tillerson, como esperamos. Tendremos una buena oportunidad de hablar al margen de uno de estos foros.

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