8 noviembre 201613:24

Discurso del ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, con motivo de la apertura de la conferencia Los Encuentros de Potsdam, Moscú, 8 de noviembre de 2016

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Muchas gracias. Creo que no he interrumpido el ritmo de la discusión. Diré varias palabras de protocolo. Apreciamos sinceramente la cooperación que se desarrolla bajo la égida de los Encuentros de Potsdam. Estoy agradecido por la invitación a este foro. Apreciamos los esfuerzos de la Fundación de Apoyo de la Diplomacia Pública Alexander Gorchakov y el Foro ruso-alemán en la organización de estos eventos.

Este foro reune tradicionalmente a las personalidades más distinguidas, crea las condiciones para abordar las cuestiones más acuciantes de la agenda bilateral e internacional. De hecho, se hizo una parte inherente de la interacción entre las sociedades rusa y alemana. Naturalmente, en la coyuntura actual en el continente europeo y en el mundo, en general, gozan de una demanda especial los esfuerzos que ayudan a superar los estereotipos y dejar aparte los clichés y la percepción de la realidad en blanco y negro.

El tema que habéis elegido para hoy – “Europa desde Lisboa hasta Vladivostok, un camino hacia la estabilidad en Europa que no tiene alternativa” – parece muy acuciante sin duda alguna. Hemos dicho en reiteradas ocasiones que después del fin de la Guerra Fría se perdió la única oportunidad real de acabar con su herencia de una vez para siempre, borrar las líneas divisorias, garantizar la paz y el bienestar de nuestro continente para el bien de la generación actual y las futuras. Hubo todas las premisas para esto, las discrepancias ideológicas se eliminaron y el Muro de Berlín que las personificaba quedó destruido.

El pasado 27 de octubre, durante la reunión del Club internacional de debates Valdái, el presidente ruso, Vladímir Putin, habló en detalle porque no se había conseguido éxito en este camino. Destacaré que nuestro país hizo una gran aportación para eliminar la herencia de la época de confrontación, entre otras cosas, mediante la retirada de las tropas y armas de Alemania, Europa del Este y países del Báltico. Durante todos estos años, hizimos todo lo posible para fortalecer el entendimiento mutuo y promover la cooperación fructífera y de ventaja mutua en varios ámbitos: desde la economía y comercio hasta el arreglo de las crisis y la lucha contra el terrorismo.

Creo que muchos de los que están aquí recuerdan que en 2008 propusimos la iniciativa de firmar el Tratado de Seguridad Europea que estipulase los respectivos compromisos políticos sobre la seguridad igual e indivisible declarados solemnemente a finales de los 1990 – principios de los 2000 en la OSCE y en el marco del Consejo Rusia-OTAN. Desgraciadamente, el proyecto de este tratado fue rechazado, porque los miembros de la OTAN decidieron que las garantías jurídicas de seguridad las podían tener sólo los que se adherirían a la Alianza Atlántica. Fue un rumbo premeditado, dirigido a preservar las líneas divisorias en Europa. Las consecuencias de esta mentalidad aún no han desaparecido. Nuestros pasos dirigidos a llevar a cabo proyectos de infraestructura a gran escala, en particular en el sector energético, incluyendo el gasoducto Nord Stream, buscaban garantizar el desarrollo sostenible de todos los países europeos. Nuestra propuesta de formar en un futuro una alianza energética de Rusia y el UE perseguía los mismos objetivos. Exhortabamos tenazmente a nuestros socios que eliminasen la barrera de los visados que fue un evidente anacronismo que limitaba la expansión de los lazos comerciales, inversionistas, culturales, humanitarios y contactos personales.

Desgraciadamente, nuestro intento sincero de establecer una amplia asociación (aspirábamos a realizarlo, de hecho), nuestro intento de convertirla en la asociación realmente estratégica no recibió un apoyo necesario por parte de los países occidentales. No voy a generalizar, algunos Estados estaban dispuestos a aceptarlo, pero la solidaridad del bloque, la postura basada en el principio “todos o nadie”, obligó al final, a nuestros socios occidentales rechazar nuestra propuesta y seguir dividiendo a todos en “amigos” y “enemigos”. Como sabéis, se hablaba mucho de esto hace poco, las declaraciones que la OTAN no iba a expandirse hace Este no fueron más que palabras. En el marco del proyecto Asociación Oriental, se emprendían intentos de poner a los países del espacio postsoviético ante una elección artificial: “estar con nosotros o contra nosostros”, lo que fue de nuevo un juego sin algún resultado.

En general, en cuanto Rusia salió al camino de desarrollo progresivo, al superar las consecuencias de la crisis de los años noventa, afrontamos una nueva espiral de la política de disuasión dirigida contra nosotros. Entre otras cosas, unas de las manifestaciones de este rumbo fueron el golpe de Estado y la toma violenta del poder en Ucrania, apoyados por Washington y Bruselas, la introducción de sanciones unilaterales antirrusas. La realización de los planes de EEUU para desplegar el segmento europeo del sistema global de defensa antimisiles, las acciones de la OTAN para militarizar rápidamente las regiones de Europa del Este, países del Báltico, zonas del mar Negro y del mar Báltico forman parte de esta política también.

La élite europea discutió este desarrollo de los acontecimientos. Seguíamos estas discusiones. El resultado para hoy, al menos, consiste en que la élite europea,  en su mayoría, no pudo oponer a la presión proveniente desde el otro lado del océano y se adhirió a la política antirrusa. Mientras, la propia Europa (no es algún secreto) no aumenta su peso en la arena internacional, sino afronta varios desafíos graves: desde las consecuencias de la crisis financiera hasta el crecimiento de la amenaza terrorista y una afluencia masiva de inmigantes. Es evidente que en el actual mundo interconectado es imposible crear islas aisladas de seguridad y se puede resolver problemas comunes sólo en conjunto. Vemos las pruebas de esto diariamente.

Partimos lógicamente que es poco probable que se logre garantizar a Europa, incluida la Unión Europea, un puesto digno en el nuevo orden mundial policéntrico sin aunar las capacidades de todos los Estados. La historia demostró en reiteradas ocasiones que los intentos de aislar a Rusia tenían, de manera invariable, graves consecuencias para todo el continente europeo, mientras que una involucración enérgica de nuestro país en sus asuntos se acompañaba con largos períodos de la estabilidad.

Para construir una “Europa grande” desde el océano Atlántico hasta el Pacífico, y es otro modo de presentar el tema que habéis elegido para hoy, es necesario cumplir con varias condiciones. Ante todo, se debe empezar no sólo en palabras sino con los hechos a crear la arquitectura de seguridad igual e indivisible, según lo estipulado en las decisiones de la OSCE y del Consejo Rusia-OTAN. Hay que llegar a un acuerdo de observar rigurosamenre el Derecho Internacional, incluidos los principios de soberanía nacional y de la no injerencia en los asuntos internos, renunciar al apoyo inconstitucional del cambio del poder en otros Estados.

El presidente ruso, Vladímir Putin, confirmó en reiteradas ocasiones que estamos dispuestos a concertar tales acuerdos, confirmar de nuevo todos los compromisos estipulados en la Carta de la ONU. Lo dijo durante la reunión del Club Valdái en Sochi que he mencionado. Nuestro líder confirmó varias veces también que estamos dispuestos a formar un espacio común económico y humanitario desde Lisboa hasta Vladivostok. Creemos que hay todas las premisas necesarias para realizar esta tarea estratégica. Se trata de orígenes civilizatorios y culturales comunes, un alto grado de la complementariedad recíproca de las economías, la fidelidad a las únicas normas de comercio, de conformidad con las normas de la OMC, el interés hacia la búsqueda de las vías de crecimiento innovador.

En este ámbito, damos una importancia especial al tema, el lema, la tarea que se puede caracterizar como la “integración de integraciones”, es decir, el establecimiento de una interacción real entre la Unión Europea y la Unión Económica Euroasiática. En octubre de 2015, el respectivo documento preparado por la UEEA fue entregado a la Comisión Europea con la propuesta de iniciar las discusiones en su base. Seguimos esperando una respuesta substancial de nuestros colegas en Bruselas.

Claro está que la construcción de la casa común europea no tendrá éxito si no se garantiza la libertad de movimiento de los ciudadanos (a propósito, todos firmamos esta tesis ya en el Acto Final de Helsinki), la defensa de derechos de las minorías étnicas, la lucha intransingente contra todas las formas y manifestaciones del razismo, xenofobia, nacionalismo y chovinismo.

Hoy es necesario aplicar esfuerzos enérgicos para restablecer la confianza mutua en Europa que resultó socavada seriamente debido a la crisis en Ucrania. Todos estamos de acuerdo que en la agenda queda el cumplimiento inmediato y pleno de los Acuerdos de Minsk, en el marco de los que, según sabemos, Kiev asumió los compromisos concretos de conceder un estatus especial a Donbás, al fijarlo en la Constitución de Ucrania, promulgar la ley de amnistía, celebrar las elecciones locales. Subrayo que se trata de las normas básicas europeas que prevén que los ciudadanos tienen derecho a la autonomía y el uso de la lengua materna sin obstáculos. Rusia está interesada en arreglar el conflicto cerca de sus fronteras más que otros países, a pesar de que se puede oír las declaraciones que queremos dilatar artificialmente este conflicto, manteniéndolo en un estado calentado o congelado para siempre. Se trata de los intentos de cargar la culpa en la cabeza ajena de modo inapropiado.

Al final, diré varias palabras sobre las relaciones ruso-alemanas. Estamos convencidos de que el desarrollo progresivo de estos vínculos satisface los intereses básicos de nuestros pueblos y es un factor importante del mantenimiento de la seguridad y la estabilidad europea.

Estamos interesados en mantener y multiplicar las potencialidades positivas de interacción acumuladas por muchos años, nos pronunciamos consecutivamente por mantener y profundizar el diálogo equitativo y de respeto mutuo. Estamos dispuestos a abordar distintas iniciativas y propuestas, así como resolver de modo constructivo las cuestiones que surgen.

Sabemos que actualmente en Alemania crece el entendimiento que la normalización de las relaciones con Rusia no tiene alternativa (nosotros estamos convencidos de esto), que es necesario restablecer en plena medida los formatos de cooperación que resultaron exitosos. Recibimos de modo regular las respectivas señales de los representantes de la opinión pública alemana, de la comunidad empresarial, de los ciudadanos. Lo alabamos de todos los modos. Quisiera aseguraros que no provocamos estos ánimos positivos con nada, excepto la declaración en público de nuestra disposición a restablecer las relaciones normales de respeto mutuo.

Da alegría que sigan desarrollándose los lazos interparlamentarios, interdepartamentales e interregionales, los contactos entre los representantes del sector cultural y humanitario, científico y educativo, histórico y memorial. En junio pasado, se inició el Año ruso-alemán de intercambios juveniles bajo los auspicios de los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania y Rusia, Frank-Walter Steinmeier y mí, que siguió el Año Dual de la lengua y la literatura rusa y alemana que se finalizó el año pasado. Está bien que haya reanudado su actividad el foro de opinión pública “Diálogo de San Petersburgo”, es el foro más importante para profundizar los contactos en el marco de la diplomacia pública. Destacaré que estamos satisfechos con que se hayan rechazado a los intentos de cambiar la orientación de este formato a promover las relaciones de modo positivo, convertirlo en algo parecido a las relaciones entre un maestro y un alumno. El foro conservó su orientación constructiva.

Como ya he dicho, los Encuentros de Potsdam hacen una gran aportación a los esfuerzos comunes. Espero que vuestra orientación al diálogo, teniendo en cuenta un alto contenido intelectual de las discusiones, os ayude a encontrar las respuestas convenientes a los problemas complicados que afrontamos y de los que, como entiendo yo, nadie de los que están aquí experimentan la satisfacción.

Quisiera volver a desearos discusiones eficaces.

 

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