12 septiembre 201713:02

Discurso pronunciado por el jefe de la delegación rusa, jefe del Departamento para la Cooperación Humanitaria y los Derechos Humanos, comisionado del Ministerio ruso de Asuntos Exteriores para los derechos humanos, la democracia y la supremacía de la ley, Anatoli Víctorov, en la inauguración de la reunión de la OSCE para examinar el cumplimiento de los compromisos en materia de dimensión humana, Varsovia, 11 de septiembre de 2017

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Estimada señora directora, estimado señor presidente, estimados colegas,

Gracias a los acuerdos conseguidos en Mauerbach, este año, logramos realizar nombramientos importantes a nivel de nuevos dirigentes de los organismos ejecutivos de la organización. Quisiéramos felicitar de nuevo a la señora Ingibjorg Solrun Gisladottir con el nombramiento para el cargo de directora de la Oficina para las Instituciones Democráticas y los Derechos Humanos de la OSCE (OIDDH) y desearle todo éxito en esta calidad. Felicitamos con los nombramientos también al Secretario General, Thomas Greminger, al representante para los Derechos de Libertad de los Medios de Comunicación, Harlem Desir, y al Alto Comisionado para las Minorías Étnicas, Lamberto Zannier. Esperamos que, en el marco de su incumbencia, partan de la necesidad de buscar las fórmulas de compromiso razonables para mantener un equilibrio geográfico en el trabajo de los organismos que encabezan.

Estamos convencidos de que, ante todo, se debería revisar los enfoques de algunas instituciones de la OSCE en relación con los acontecimientos en Ucrania, en lo que centramos la atención, durante la reunión anterior. No podemos permitir que la OSCE, de hecho, se excluya del análisis imparcial la situación en ese país donde desde hace unos años continúa un conflicto armado interno desencadenado por las fuerzas que llegaron al poder en Kiev mediante un golpe de Estado con el uso de la fuerza patrocinado y apoyado por las autoridades de varios países de la OSCE. Estos mismos países intentan continuar aleccionándonos como observar los derechos humanos. Las violaciones masivas por Kiev de los derechos humanos y las libertades fundamentales, incluido el derecho a la vida, a la libertad de expresión, de conciencia, de religión y de convicciones, los derechos lingüísticos y otros derechos de las minorías étnicas se evalúan de modo adecuado por parte de la OSCE y sus respetivos organismos muy raramente. Suscita una seria preocupación la situación en el ámbito de libertad de los medios de comunicación en este país. Es absolutamente inadmisible cerrar los ojos también ante los numerosos casos de incumplimiento por Kiev de sus compromisos internacionales en el ámbito de prevención del racismo y la discriminación racial. Varias ideas nacionalistas, racistas, neonazis y la respectiva ideología se propaga amplia- e impunemente.

Quedan fuertes críticas contra la OIDDH que huye de dar evaluaciones integrales de la situación no sólo en Ucrania sino en todo el espacio de la OSCE, centrando la atención en varios Estados que se ubican al este de Viena.

El desequilibrio fue notable también en el ámbito de observación de procesos electorales, porque esta actividad de la OIDDH suscita cada vez más preguntas respecto a los “estándares” aplicados. Participando enérgicamente en la observación de las elecciones formando parte de las misiones de observación, no sólo en el marco de la OIDDH, estamos convencidos de que es necesario adaptar el trabajo de la OIDDH a las realidades actuales y acordar con los países miembros de la OSCE los métodos de observación electoral. Sin esto será imposible garantizar un nivel de confianza necesario hacia la OIDDH, conseguir que se observen los principios del profesionalismo y la imparcialidad del trabajo de la OIDDH. Esperamos que los nuevos dirigentes de la OIDDH apliquen esfuerzos para resolver los problemas existentes.

Hemos destacado en reiteradas ocasiones la pasividad manifestada durante muchos años por el Alto Comisionado de la OSCE para las minorías étnicas en lo que se refiere a la observación de la situación en que vive la minoría rusohablante en Lituania y Estonia, así como su estatus humillante, si no vergonzoso de “no ciudadanos”, un fenómeno ignominioso para la Europa actual. Esperamos que el nuevo Alto Comisionado preste la debida atención a estos asuntos.

En lo que se refiere a las declaraciones sobre la “independencia” y “autonomía” de los organismos ejecutivos de la OSCE hechas con frecuencia por varios países, quisiéramos subrayar que esta concepción es inconsistente. Su actividad debe desarrollarse de conformidad con las decisiones de los organismos conjuntos de la OSCE y las incumbencias aprobadas. Tanto la actividad financiada del presupuesto, como los proyectos extrapresupuestarios no pueden salir fuera de la incumbencia de la OSCE, las decisiones aprobadas por consenso y los respectivos encargos. Consideramos importante reforzar la transparencia del trabajo de estos organismos y su responsabilidad ante los Estados miembros.

Quedan todavía varias distorsiones en los enfoques de los países miembros de la OSCE hacia el trabajo en el ámbito de las Humanidades. El doble rasero, la mentoría y el fenómeno de los últimos años – los intentos de incluir en la agenda de la Organización aspectos dudosos, dirigidos con frecuencia a exacerbar los ánimos abiertamente antirrusos no contribuyen a establecer un diálogo sobre los asuntos importantes para todos nosotros.

Y todo esto pasa a pesar de que se han acumulado muchos problemas al oeste de Viena. Se trata, ante todo, de los problemas migratorios en Europa que surgieron como consecuencia de la política de injerencia en los asuntos internos de los países de Oriente Próximo y el Norte de África aplicada por varias potencias occidentales para desestabilizar y eliminar a los regímenes indeseables.  No suscita optimismo la ausencia de una postura clara y unida en la UE, un gran número de enfoques diferentes de sus países miembros hacia la solución de los problemas migratorios: desde los radicalmente liberales hasta los demasiado duros en relación con los extranjeros que llegan.

Desgraciadamente, se puede citar muchos ejemplos del trato inhumano y hasta de la violencia en relación con los inmigrantes y refugiados. Esto agrava los problemas migratorios, aumenta la demanda de los “servicios” de las crecientes redes del tráfico humano. Una preocupación especial la suscita el hecho que los colegas occidentales, de hecho, hacen la vista gorda ante las amenazas extremistas y terroristas en el contexto de un aumento drástico de los flujos de inmigrantes que se dirigen a Europa.

El tema de libertad de expresión y de los medios de comunicación se convirtió hoy en una herramienta de manipulaciones políticas sin escrúpulos. La imparcialidad de la información dejó de desempeñar el papel clave. Se observa la aspiración de EEUU y de los países de la UE a dividir el espacio informativo internacional en dos campos: los medios de comunicación apropiados (es decir, los suyos) o los medios propagandísticos que ofrecen un punto de vista alternativo a los acontecimientos que pasan en el mundo, ante todo, en relación con Rusia y sus intereses. Las agencias de noticias, canales de televisión y estaciones de radio que son supuestamente independientes, pero en realidad se subordinan a Washington y Bruselas usan el doble rasero. De eso sufren, ante todo, los propios periodistas. Les amenazan, expulsan, secuestran, torturan y hasta matan por su disidencia. Se les etiquetan como propagandistas y desinformadores y los medios de comunicación indeseables para Occidente afrontan la difamación y una presión creciente por parte de las autoridades.

Esperamos que el nuevo presidente de la OSCE para la libertad de expresión se ocupe de estos problemas y se dirija con los criterios objetivos para evaluar la situación en los Estados miembros.

Rusia destacó en más de una ocasión la necesidad de prestar una especial atención al incremento de las manifestaciones del nacionalismo agresivo y neonazismo en los Estados miembros de la OSCE.  Nuestros llamamientos a denunciar las manifestaciones y marchas neonazis, la «guerra» contra los monumentos a los que liberaron Europa, la revisión de la historia de la Segunda Guerra Mundial, la glorificación de los veteranos de la Waffen-SS y sus secuaces permanecen desoídas. Es más, los colegas occidentales justifican, cínicamente, semejantes fenómenos como manifestaciones de la libertad de opinión y un derecho a la “interpretación propia de los acontecimientos históricos”.

EEUU, Canadá y la Unión Europea llegan tan lejos en su ansia de rebajar el papel decisivo de la Unión Soviética en la Victoria en la Segunda Guerra Mundial que hace la vista gorda ante estos hechos escandalosos y coquetean con las fuerzas extremamente radicales. Basta con recordar el vídeo recientemente publicado por el sitio web de la OTAN que glorifica la actuación de la guerrilla anticomunista Los Hermanos del Bosque. Pero el ejemplo más vivo es la campaña de glorificación de los secuaces de los nazis en Ucrania que prácticamente se calla en Occidente. Sólo los trágicos acontecimientos en Charlottesville en agosto de este año conmovieron la comunidad internacional y demostraron lo peligroso que resulta tratar con condescendencia las ideas radicales. Confiamos en que nuestros colegas saquen, por fin, las debidas conclusiones.

Es extremadamente alarmante la situación de los cristianos y musulmanes de los países de la OSCE y las regiones vecinas. Los cristianos se enfrentan a unos retos colosales. Se convierten en víctimas de las leyes discriminatorias. Los fieles y los sacerdotes sufren ataques, persecuciones e incluso asesinatos. Sus problemas se callan en los medios occidentales. No son raros los casos de profanación y destrucción impunes de los santuarios cristianos. Al mismo tiempo crece la intolerancia respecto a los musulmanes. Se extienden os sentimientos y las manifestaciones antimusulmanas, también por parte de los representantes oficiales, la violencia, la profanación de las mezquitas y los símbolos religiosos, los llamamientos al odio en las redes sociales. Al mismo tiempo, permanece sin implementarse el encargo del Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de la OSCE emitido en Basilea en 2014 relativo a la aprobación de dos declaraciones ministeriales para luchar contra la intolerancia hacia los cristianos y los musulmanes. Provoca perplejidad la postura de los países que bloquean bajo pretextos más que dudosos el trabajo sobre estos documentos de suma importancia.

En  cuanto a la idea de adoptar una definición del antisemitismo, Rusia está dispuesta a hacer su aporte constructivo en este proceso con la premisa de que hace falta conseguir un consenso amplio con la participación de todos los círculos interesados y pensar en adoptar definiciones análogas de la intolerancia hacia los cristianos y los musulmanes.

La OSCE debería prestar mucha más atención a los derechos de los menores. Lamentablemente, siguen sobre el tapete las cuestiones como el incremento de la violencia, también sexual, contra los menores, la trata de niños, también a través de Internet, el trabajo infantil y la delincuencia infantil. Provoca preocupación la implementación en algunos países de la educación sexual obligatoria que, en muchos casos, afecta negativamente el desarrollo psíquico del menor y contradice las convicciones culturales y religiosas de los padres.

No conviene olvidarse del fenómeno de abusos por parte de las instituciones estatales o similares, competentes para separar forzosamente a los menores de sus padres a base de las denuncias casi anónimas. Es inadmisible que la justicia juvenil desemboque en la escandalosa arbitrariedad de ciertas instituciones poniendo en peligro no sólo el estado psíquico del niño sino toda su futura vida.

Tampoco resultan admisibles algunos métodos de influencia en los menores que se practican en algunos países europeos, como la exigencia de renunciar la identidad sexual del menor, la prohibición de usar los pronombres femeninos y masculinos y otros “experimentos” indignantes destinados a destruir los mecanismos de autoidentidad del menor. Esperamos que se discuta de forma substantiva todo el conjunto de problemas de defensa de los menores durante el seminario previsto para los próximos 11 y 12 de octubre en Varsovia.

En el ámbito de la igualdad de género partimos de que el Plan de Acción de la OSCE de 2004 y las decisiones aprobadas por la Organización cubren un amplio abanico de problemas en esta esfero y no existe una necesidad urgente de ampliarlo. El proyecto de ampliación del Plan de Acción, que aún está sin aprobar, necesita ser revisado, en particular, precisando la definición de “la igualdad de género” como “la igualdad entre mujeres y hombres” y tomando en consideración los aspectos económico, social y cultural de los derechos de la mujer. Es importante contemplar el principio de trato igual a todas las categorías de derechos.

En más de una ocasión hemos destacado la exagerada afición de EEUU y la UE a los atributos de la democracia usada para manipular la opinión pública y ejercer presión a los Estados soberanos. La herramienta más empleada para ello es la imposición de los principios neoliberales acompañada por una total falta de respeto hacia las particularidades tradicionales culturales e históricas de otras sociedades. La promoción forzosa de la propia, y supuestamente la única correcta, escala de valores no puede contribuir a mantener un diálogo constructivo y la comprensión entre los pueblos.

Para alcanzar los resultados positivos en la tercera “cesta” en general y en la reunión del Consejo de Ministros de Exteriores de la OSCE en Viena hace falta renunciar a la doble moral y los intereses coyunturales y regresar a un diálogo constructivo e igual y la cooperación.

Gracias por su atención.

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